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1. Y el quinto ángel (del Chakra) tocó la trompeta (vocalizó la letra quinta) y vi una estrella (la imaginación) que cayó del cielo (cabeza) en la tierra (en el bajo vientre o infierno); y le fue dada la llave del pozo del abismo (la llave del infierno que es el pensamiento).

2. Y abrió el pozo del abismo (del bajo vientre por el pensamiento) y subió humo (del fuego del sexo) del pozo como el humo de un gran horno; (y penetró en el sistema nervioso) y se obscureció el sol (el entendimiento) y el aire (pensamiento) por el humo del pozo (ardor libertino del sexo).

3. Y del humo (libertino) salieron langostas (entidades creadas por el libertinaje) sobre la tierra (el físico) y les fue dada potestad como tienen potestad los escorpiones de la tierra (para aguijonear, envenenar y atormentar).

4. Y les fue mandado que no hiciesen daño a la hierba de la tierra (a la percepción), ni a ninguna cosa verde (y al sentir que mantienen vivo el deseo del hombre) sino solamente a los hombres que no tienen la señal de Dios en sus frentes (aquellos que no seminizaron sus cerebros convirtiéndose en instrumentos de sus bajas pasiones).

5. Y les fue dado (a aquellas entidades creadas durante el acto lujurioso) que no los matasen, sino que los atormentasen cinco meses (cinco ciclos que se relacionan con los cinco sentidos del hombre. El ser que se entrega a sus bajas pasiones será atormentado por aquellas entidades que ha criado durante la satisfacción de su placer. Estas criaturas demoníacas castigan al hombre por medio de sus cinco sentidos astrales. El hombre durante el pensamiento y el acto aspira átomos afines a sus pensamientos. El hombre que no lleva el sello de Dios, el que no forma por el pensamiento y la aspiración una aura pura y limpia, atrae a su cuerpo de deseos aquellas entidades que le causan el suplicio de Tántalo. Los elementarios bajos del éter le convierten en neurasténico y muy sensible al dolor. Los del fuego le comunican el apasionamiento y la fogosidad; las entidades del aire le hacen inquieto, impetuoso. Los del agua le comunican la crueldad y los de la tierra le vuelven egoísta y ambicioso. Todos esos vicios le encadenan en el bajo plano del mundo del deseo, que es el verdadero infierno durante los cinco ciclos o meses, hasta sufrir la horrible segunda muerte de su segundo cuerpo de deseos) y su tormento (de las entidades) era como tormento de escorpiones, cuando hieren al hombre.

6. Y en aquellos días, buscarán los hombres la muerte (el aniquilamiento para no sufrir el ardor de las pasiones unido al remordimiento) y desearían morir, la muerte huirá de ellos.

7. Y el parecer de las langostas (entidades astrales o formas del pensamiento) era semejante a caballos aparejados para la guerra: y sobre sus cabezas tenían como coronas (anillos) semejantes al oro y sus caras de hombres. (Estas formas del pensamiento están visibles al ojo del clarividente. Cada pensamiento determina el color. La naturaleza del pensamiento determina la precisión de los contornos. Todo pensamiento emanado vuelve al pensador para recompensarle o castigarle según sus intenciones).

8. Y tenían cabellos (emanaciones áuricas) como cabellos de mujeres y sus dientes eran como dientes de leones (prestos para clavarlos en su víctima o en el ser que los ha creado o emanado).

9. Y tenían corazas (bien precisas en sus contornos por la premeditación) como corazas de hierro; y el estruendo de sus alas, como el ruido de carros que con muchos caballos corren a la batalla.

10. Y tenían colas semejantes a las de escorpiones (para clavarlas en su propio creador) tenían en sus colas aguijones; y su poder era de hacer daño a los hombres cinco meses (o atormentar a los cinco sentidos sin aniquilarlos como en las leyendas de Sísifo, de Tántalo y de Prometeo).

11. Y tienen sobre sí por rey al ángel del abismo (el Enemigo Secreto o demonio que es el conjunto de los hechos maléficos y brutales del hombre. Este enemigo reside en la base de la espina dorsal y rige a todos los átomos o ángeles de la tinieblas) cuyo nombre en hebraico es Abadón (Ab: padre; addon = destrucción, o matador de los sentidos profanados por las pasiones de la carne) y en griego, Apallyón.

12. El primer Ay! es pasado (el primer tormento terminó): he aquí vienen aún dos ayes después de estas cosas.

13. Y el sexto ángel que (regente del Centro Vital tocó la trompeta (respondió a la vocalización de la seta vocal) y oí una voz de los cuatro cuernos del altar (de las cuatro divinidades o cuatro poderes de la Mente Superior) de oro (del sol o luz) que estaba delante de Dios.

14. Diciendo el sexto ángel que tenía la trompeta: Desata los cuatro ángeles (divinidades atómicas que rigen las cuatro modalidades de la vida) que están atados en el gran río Eufrates (la espina dorsal o cerebro espinal).

15. Y fueron desatados los cuatro ángeles (divinidades atómicas solares) que estaban aparejados (en la espina dorsal o el Río Eufrates) para la hora, y día y mes y año para matar la tercera parte de los hombres (el primer Ay! quema y mata las sensaciones bajas, el segundo Ay! aniquila lo falso, lo vil y las supersticiones de la mente carnal que están dominando al mundo mental inferior de los hombres).

16. Y el número del ejército de los de a caballo (bajo el comando de las cuatro divinidades) era doscientos millones (de las ilimitadas formas creadas por el pensamiento humano). Y oí el murmullo de ellos.

17. Y así vi los caballos en visión y los que sobre ellos estaban sentados, los cuales tenían corazas de fuego de jacinto y azufre (las entidades atómicas tenían los aspectos o caracteres asfixiantes y aniquiladores) y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones (feroces formas) y de la boca de ellos salía fuego y humo y azufre (para quemar los poderes intelectuales y pensamientos formas inferiores).

18. De estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres (de los pensamientos que los crearon, porque el pensamiento es el hombre): del fuego (el ardor de la ira) del humo (del oscurantismo y la ignorancia) y del azufre (las supersticiones) que salían de la boca de ellos.

19. Porque su poder está en su boca (que emanaba fuego, humo y azufre) y en sus colas (que envenenaban): porque sus colas eran semejantes a serpientes y tenían cabezas, y con ellas dañan (aguijonean con el remordimiento a aquél que las creó).

20. Y los otros hombres (de pensamientos tenaces) que no fueron muertos con estas plagas, aún no se arrepintieron de las obras de sus anos, (o la creación de nuevas formas dañinas de sus pensamientos) para que no adorasen a los demonios (entidades de las tinieblas) y a las imágenes de oro y de plata, y de metal, y de piedra, y de madera; las cuales no pueden ver ni oír, ni andar, (porque estos pensamientos de la mente carnal piden las posesiones materiales y no buscan el oro del espíritu que es la Sabiduría).

21. Y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.