Chapter 4: Simulation study: an overview of design
4.6 Discussion and conclusion
Desde los tiempos de la explotación colonial, el sector rural constituye el pilar central de la integración de lo que hoy es Argentina al sistema
económico mundial (Ferrer, 1999). Las formas de explotación econó- mica y de organización de la sociedad de carácter rural han ido variando: las explotaciones basadas en el trabajo forzado junto con grupos y or- ganizaciones de tipo campesino indígenas, con el paso del tiempo, y es- pecialmente después del proceso independentista, dieron lugar a un gradual desarrollo de las fuerzas productivas y de consolidación de las relaciones sociales capitalistas en el medio rural. En gran medida la in- tensidad con que se ha expandido el capitalismo en cada región ha guar- dado relación directa con el interés que los mercados internacionales han tenido sobre cada una de ellas.
Dotados, en muchos casos, de un potencial productivo extraordi- nario se ha desarrollado en los territorios rurales argentinos un modelo agropecuario dominado por la concentración de los medios de produc- ción en pocas manos, y una creciente dependencia de insumos tecno- lógicos industriales. Esto último ha impulsado notablemente los niveles de producción agrícola exportable, al tiempo que viene acarreando gra- ves perjuicios para buena parte de las poblaciones rurales y los ecosiste- mas naturales. Esta combinación de concentración de los medios de producción y aplicación de paquetes tecnológicos cada vez más com- plejos y costosos constituyen los pilares de la expansión del capitalismo agrario a través de un modelo de producción a gran escala de cultivos exportables.
La situación social que se desprende de esta expansión a nivel agro- pecuario construye simultáneamente riqueza y pobreza como señala Francisco Caporal (1998). El agronegocio a gran escala abre la posibi- lidad de consolidación de grupos locales dominantes, las burguesías ur- banas, vinculados a los negocios agroexportadores. Asimismo, pero dependiendo del modelo de Estado presente, el agronegocio significa la inyección de un importante financiamiento a las arcas públicas que se vuelcan fundamentalmente al mundo urbano, en gran medida para contener la llamada “población sobrante” del sistema económico, quie- nes a su vez forman parte de las migraciones rurales originadas en gran medida por este modelo de acumulación.
A esta situación social se suma la problemática ambiental. Como ya señalamos, en Argentina el capitalismo agrario se expande sobre la base de un modelo de producción de monocultivos para exportación a gran escala; el llamado modelo de los agronegocios. Este sistema de mo- nocultivo implica de forma concatenada una destrucción acelerada de
ecosistemas naturales, pérdida de biodiversidad, desertificación de sue- los, incremento de la toxicidad ambiental y alteraciones climáticas.
Decíamos que el desarrollo capitalista se ha dado de una manera desigual en las distintas regiones del país. En la región pampeana, aque- lla que mayores ventajas ofrece para la explotación agroalimentaria a gran escala, el desarrollo de las fuerzas productivas se encuentra muy avanzado. La población del tipo “campesina” es prácticamente inexis- tente y la población rural tiende a reducirse cada vez más dada la susti- tución de mano de obra que permite realizar la tecnología.
Este escenario, dominado por empresas transnacionales, empresa- rios agrícolas locales, burguesías rentistas y contratistas, no puede ser extrapolado de manera directa a otras regiones del país. En muchas de ellas el interés capitalista ha estado ausente hasta hace poco tiempo, si- tuación que se viene modificando rápidamente con los cambios climá- ticos y las innovaciones tecnológicas8.
Un aspecto fundamental para entender lo que ha sucedido en las últimas décadas en el espacio rural tiene que ver con el reordenamiento internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial. Entre otros fac- tores se dio, a partir de la década del 40, un importante salto tecnológico en la producción agrícola que se denominó posteriormente “revolución verde”.
La revolución verde se basó, inicialmente, en la introducción de va- riedades modificadas genéticamente de maíz y trigo, implantadas en mo- delos de producción de monocultivos. Las mismas requieren, además de estos Organismos Genéticamente Modificados (OGM), “paquetes tec- nológicos” basados en la aplicación controlada de agua, fertilizantes y pla- guicidas. Esta introducción llevó a un salto productivo que, sumado a una gran ampliación de las tierras cultivadas, incrementó la producción global de granos en un 250% entre 1950 y 19849. El incremento pro- ductivo tuvo como contrapartida el avance de un modelo de producción agraria que ha llevado a una fuerte pérdida de biodiversidad, un acelerado proceso de concentración de los medios de producción agrarios y un sis- tema productivo dependiente de las empresas proveedoras de los insumos tecnológicos. Asimismo, este modelo de producción conllevó una nece- sidad creciente de escala productiva para obtener rentabilidad con la con- secuente expulsión de población campesina que aceleró su migración de manera ininterrumpida hacia los centros urbanos.
tales las políticas públicas de desarrollo rural tendientes, fundamental- mente, a modernizar y “sacar del atraso” a los sectores rurales latinoa- mericanos. De manera general esos proyectos apuntaron, por un lado, a la investigación en tecnologías agrícolas, y por el otro, a la difusión de esas tecnologías para que fuesen adoptadas por la población rural.