CHAPTER 6: DISCUSSION AND CONCLUSIONS
6.2 DISCUSSION AND CONCLUSIONS: OBJECTIVE 2
Como se ha desarrollado hasta ahora, el escenario en el que se manifiesta la desigualdad de género es convergente a todos los espacios de desarrollo para hombres y mujeres y termina afectando a estas últimas en mayor medida, situación que las vulnerabiliza social y económicamente, lo cual se evidencia en el mercado laboral como uno de los factores principales que repercute en la condición de pobreza.
Para poder hacer frente a esta situación, se hace indispensable por parte de estas generar herramientas que puedan compatibilizar sus labores fuera y dentro del hogar. Es así como uno de los dispositivos que se ha popularizado más desde fines del siglo pasado hasta la actualidad, es el emprendimiento como opción para entrar al mercado del trabajo y generar ingresos para el sustento del hogar.
Este instrumento se muestra a finales de los años ochenta con mayor fuerza y se empieza a observar como una posibilidad de optener recursos trabajando de forma independiente o por cuenta propia. Así van surgiendo programas de emprendimiento que apoyan las iniciativas y proyectos con recursos económicos y capacitación en diversas áreas de producción.
Pues bien, esta forma de ingresar al mercado es bastante antigua, y se entenderá bajo el término francés “entrepreneur” utilizado en la edad media, referida a los comerciantes que asumían el riesgo de viajar entre ciudades y realizar negocios financiados por un tercero (Duran, 2008). Entonces, el
29 emprendedor es un comerciante que sale de su zona de “confort” y toma riesgos, debiendo recordar que, en ese entonces, este espacio era un lugar ocupado solo por hombres. Las mujeres se encuentran confinadas al cuidado de sus hijos y el hogar, por lo tanto el emprender, resultaba ser una acción de desarrollo masculina. Esto también atribuido a los riesgos que implicaban los viajes, los asaltos y los problemas en las diversas ciudades donde éstos debían negociar.
Uno de los economistas que más contribuyó a la idea de emprendimiento fue Joseph Schumpeter, quien expone como pieza fundamental la capacidad de innovar del emprendedor, de desarrollar nuevos productos que generen transformaciones profundas en el mercado y en la organización de este (Castillo,1999).
Para Castillo y Rusque (2002), el emprendedor es alguien que sabe utilizar la información y que es importantísimo dentro de la creación del mercado, a través de la capacidad innata para visualizar las oportunidades y así obtener beneficios de ellas. El Banco Interamericano de Desarrollo plantea que los emprendedores son fundamentales en el flujo internacional de comercio e inversión, que en el caso de América Latina y el Caribe pueden acelerar el crecimiento económico y mejorar las condiciones sociales, siendo la creación de estos negocios un pilar fundamental para el sector privado. Los emprendedores incrementan la productividad y aportan gran parte de las economías del siglo XXI (Kantis, 2004).
En este contexto, es indispensable mencionar que existen tipos de emprendimiento que se han logrado categorizar y tienen diferentes objetivos para alcanzar. Según Parra (2013) existirían tres tipos de emprendimiento: por oportunidad, por necesidad y los emprendimientos sociales. El primero se genera como una oportunidad de trabajo, de crear y potenciar alguna idea, el emprendimiento por necesidad se desarrolla como la única posibilidad para optener un trabajo y aquellos de carácter social, surgen con el fin de apoyar alguna idea o realizar un emprendimiento que aporte algún bien social.
Por otro lado, el emprendimiento ha estado ligado a las diferentes crisis internacionales que han afectado las diversas economías, como la latioamericana. Según datos del Global Entrepreneurship Monitor (2000), en Argentina durante el 2001, un 45% de quienes emprendía lo hacía por
30 necesidad, mientras que en EEUU esto cubría el 11% y en la India el 66% (CEPAL, 2010).
En Chile el emprendimiento ha significado el 20% de la fuerza activa de trabajo. La mayoría de los emprendedores se encuentra en los sectores de bajos ingresos, ya que se presenta como la única alternativa para sostenerse en los límites de la inclusión social (Corral, 2010). Por lo tanto, el emprendimiento ha sido parte de la sostenibilidad de la economía.
Las mujeres han visto en el emprendimiento una oportunidad de trabajo, principalmente aquellas que viven situación de pobreza y vulnerabiladad. Según estudios como GLOBAL ENTREPRENEURSHIP MONITOR, Mujeres y Actividad Emprendedora en Chile (2010-2011), la mayoría de las mujeres emprendedoras se concentra en los niveles socioeconómicos C3 y D, que son los sectores socioeconómicos de más bajos ingresos.
Tambien en este mismo estudio de Mujeres y Actividad Emprendedora en Chile (2010-2011) se consultan respecto de las motivaciones para emprender por parte de estas mujeres, la primera corresponde a la rentabilidad del negocio y la segunda respecto de las motivaciones personales, esto se ligaria al cuidado de los hijos y las responsabilidades domésticas.
El emprendimiento les permite realizar actividades productivas asociadas a la transformación de una materia prima en un producto o bien de consumo inmediato, como por ejemplo productos de pasteleria o panadería, o en su defecto la comercialización de un producto comprado en el mercado mayorista para la venta al por menor, por lo cual reciben un ingreso. Y en segundo lugar, les permite flexibilidad horaria para realizar las labores fuera y dentro del hogar.
Estudios como el realizado por Comunidad Mujer (2009), reafirman que en las emprendedoras el poder conciliar la labor familiar y el trabajo está en la base de su acción emprendedora. Y, si bien se entiende que este trabajo les permite desarrollarse en un espacio que les guste, tener un emprendimiento es importante para conciliar el tiempo necesario para cuidar a los hijos, aunque la realidad es mucho más compleja, ya que dependera del tipo de emprendimiendo, lugar, horario, lo que puede resultar muy extenuante para ellas.
31 Para las mujeres la compatibilidad de tareas es la única opción para desempeñarse en el mercado laboral, en el caso de nuestro país la encuesta de microemprendimiento (2016) muestra que el 62,7% de las mujeres decide emprender por necesidad, frente al 46,9% de los hombres (Ministerio de Economía, 2016) ya que, por un lado necesitan los ingresos y por otra parte necesitan calzar los tiempos de cuidado familiar.
En Chile el emprendimiento ha sido parte de la política pública, como una herramienta para la superación de la pobreza, reforzada tanto por el Estado como por los privados. Esto se ha potenciado a través de Prodemu y su programa de emprendimiento “aprendiendo a emprender”, aplicado a 4.640 mujeres (Casen,2013,) entregándoles herramientas para comenzar un emprendimiento.
Se entiende que las personas que deciden realizar un pequeño negocio, estos en su mayoría informales, realizados en sus casas o en la calle, se encuentran mucho tiempo antes tratando de incluirse en el mercado de alguna forma, quieren salir de la condición de pobreza que viven y que han perpetuado, si bien los ingresos en muchas ocaciones son precarios, sirven para la subsistencia del hogar.
Por lo tanto, el microemprendimiento es una estrategia de sobrevivencia en la pobreza, que se encuentra en directa relación con el desarrollo del mercado. Según el estudio “Voces de la Pobreza” (FSP, 2010) en la pobreza, las personas logran adecuarse a una cultura determinada, esto es el contexto o escenario social donde se desarrollan y desde donde realizan su diario vivir, y una de esas dimensiones corresponde a la cultura del esfuerzo y la pobreza dignificada.
Esta conceptualización de pobreza refiere al arquetipo del emprendedor, quien lucha por sobrevivir con entereza y sin renunciar a las aspiraciones de integración social, valorándose el trabajo y estudio como estrategias relevantes que permitirán dinamizar el fenómeno de la pobreza y aspirar a algún tipo de movilidad ascendente (Fundación para la Superación de la Pobreza [FSP], 2010).
Este modelo se ve bastante afianzado en las mujeres en pobreza que tienen un emprendimiento, se evidencia en la crítica que realizan a otras en su misma situación como poco perseverantes o desganadas. Aun cuando viven
32 viven desesperanzas en el proceso de inclusión al sistema, plantean que el elemento diferenciador de la cultura del esfuerzo (FSP, 2010) es distinguirse, en contraposición con aquellos que viven del “aprovechamiento”.
Por lo tanto, el emprendimiento es parte de una cultura determinada, con códigos claros en donde el esfuerzo es el motor principal de cualquier acción que se realice, donde cobrá sentido absoluto la “libertad” y el concepto de ser su “propio jefe”, lo que es bastante promocionado desde el propio mercado, ya que implica que cualquiera puede serlo, aunque en la realidad los costos para muchas de estas mujeres en cuanto a su calidad de vida, son altísimos.
Como se ha comentado durante el capítulo, el microemprendimiento, si bien no surge como respuesta directa a la pobreza, observamos como aparece como una opción de sobrevivencia sobre todo en el caso de los más vulnerables de la sociedad como las mujeres. No obstante, un elemento que nace para combatir la pobreza desde la banca son los microcréditos, que van en apoyo directo de los micronegocios y su desarrollo, a continuación se analizará este fenómeno y su relación con el género.
3.2. Microfinanzas para el desarrollo del emprendimiento