Para los griegos el estudio del mundo en el que se hallaban era una de las áreas en las que convergían, por un lado, su afán de dominación sobre el resto de los pueblos y, por otro, su inquietud y preocupación por conocer mejor la belleza y los saberes ocultos en la naturaleza que les rodeaba. El género de la epopeya, no sólo como poesía, sino como narración y explicación de hechos reales, es una muestra de ello. Así mismo, en la historia, la geografía y la política aparecían sintetizados ambos rasgos del pueblo griego, en cuyas composiciones se entremezclaban el buen sentido observador del viajero con su ánimo de conquista y subyugación del otro. 132 Grecia fue única en ilustrar la vida social de los pueblos con quienes entraba en contacto y no sólo dejaba testimonio de sus visitas y expediciones en monumentos, monedas o inscripciones, sino que eran partidarios de transmitir a las generaciones futuras toda la información recogida durante estos viajes a través de las redacciones de los testigos presenciales, aunque adulteradas frecuentemente con leyendas e historias de carácter mítico.133 Y es que a los antiguos griegos les encantaban los relatos de viaje, y más aún cuando en ellos se contaban peregrinajes extremos y peligrosas aventuras por los rincones más inhóspitos y desconocidos del orbe, las cuales aportaban noticias nuevas de gentes y países extraños, así como de una fauna y flora fantástica y no menos insólita. Seguramente, como bien dice García Gual, “a través de esas noticias los griegos fueron imaginado y descubriendo el mundo”. 134
Lo cierto es que desde la Odisea hasta las diversas crónicas redactadas con motivo de la expedición de Alejandro a la India en busca del confín oriental del mundo, las narraciones de viajes, tanto reales como míticos, fantásticos o utópicos, ejercieron una fascinación muy considerable dentro del pensamiento griego.
En la Antigüedad, viajar a tierras distantes era cuanto menos una experiencia peligrosa y donde el azar tenía mucho que decir. Apenas existían caminos en aquellos lugares y los medios de locomoción eran todavía muy primitivos, las noticias acerca de aquellos lugares eran tremendamente escasas, no existían mapas que reflejasen los principales hitos geográficos y obstáculos de esos territorios, tampoco salvoconductos que permitiesen el libre tránsito por ellos. Además, a todo esto hay que añadir el hecho
131 Cruz, 2010: 16-17. 132 Ordoñez, 2009: 6-7. 133 Román, 1999: 72. 134 García, 2008: 21.
de que los viajeros tenían que preguntarse siempre al arribar a un nuevo país si aquel lugar estaría poblado por gente hospitalaria o si, por el contrario, serían seres salvajes y violentos.135 Esto hacía que los itinerarios de las jornadas se debieran trazar allí mismo, sobre el terreno, a medida que avanzaba la expedición y el viaje progresaba en la exploración de nuevos espacios desconocidos hasta entonces.
5.2.1. Viajes míticos y leyendas
Si hacemos un breve repaso a la evolución que sufrieron estos relatos de viajes y por consiguiente, el conocimiento que se tenía del mundo y en especial del límite más oriental, desde época arcaica hasta el cambio que se produjo con la expedición de Alejandro Magno, podemos atisbar claramente un cambio progresivo en la concepción y asimilación de los territorios más lejanos y desconocidos. En un primer momento, el viaje a los confines había sido prerrogativa exclusiva de los héroes ya que únicamente ellos, a causa de sus cualidades sobrehumanas, eran capaces de hacer frente a los peligros de un periplo de esas características. En este aspecto fueron los héroes pertenecientes a la cultura helena los que se convirtieron en los más famosos viajeros que alcanzaron en más de una ocasión las lejanas regiones de los confines del mundo. Dentro de esta tradición se engloban personajes como Perseo, quien tuvo que utilizar las alas de Hermes para llegar a los confines de Occidente, donde habitaba la Gorgona Medusa; Heracles, quien viajó más allá de los límites del mundo conocido para combatir contra seres monstruosos y civilizar a los pueblos bárbaros mediante la fundación de ciudades; o Dionisio, el cual también había llegado a la India, fundado una ciudad (Nisa) y había realizado una procesión triunfal por este territorio donde el vino, la música y toda clase de excesos báquicos fueron una constante. De esta forma, este tono épico que caracterizaba todas las informaciones acerca del mundo circundante marcó los primeros siglos de la cultura literaria y oral griega y sirvió para proporcionar un marco referencial dentro del que se podían ir ubicando las diferentes noticias nuevas que llegaban poco a poco de las regiones limítrofes del mundo habitado.136
5.2.2. Los primeros viajeros
Conforme iba avanzando la civilización griega, podemos distinguir un cambio en el conocimiento del orbe y es que empieza a haber algunos viajeros de carne y hueso, ya no héroes míticos, que emprendieron viajes reales a comarcas lejanas y los contaron. Es posible que algunos comerciantes o mercenarios viajaran hasta el interior del imperio asirio o babilonio a lo largo del período arcaico, aunque las evidencias son escasas. Lo que sí es más probable es que el viaje hacia el interior de Asia fuse mucho más fácil tras
135 En palabras de García Gual, “viajar lejos era enfrentarse a lo otro y a los otros, tratar con gentes
bárbaras que no hablaban en griego y tenían costumbres peculiares; y en esas brumosas y quiméricas lejanías podía uno llegar a toparse con seres no humanos del todo, sino con criaturas bestiales, hombres de cabeza de perro o descabezados con un ojo en el pecho, porque en los extremos del mundo pululaban, según creencia general, los monstruos y las maravillas”. García, 2008: 22.
la conquista y dominación de Asia Menor por parte del imperio persa.137 Entre algunos de los primeros autores de periplos por tierras lejanas podemos destacar a Escílax de Carianda (VI a.C.), Heródoto de Halicarnaso (V a.C.) o Ctesias de Cnido (V a.C.). Con sus relatos, cambiaba así el escenario geográfico con la sustitución de unos difusos y necesariamente imprecisos confines oceánicos, por los que deambulaban los héroes, por un nuevo marco en el que los límites aparecían definidos por la presencia de determinados rasgos, físicos y humanos que podían ser ahora sí, en mayor o menor medida, identificables.
Escílax de Carianda, quien vivió a finales del siglo VI a.C., fue uno de los precursores en este cambio de mentalidad. Este navegante de origen cario recibió el encargo, de manos del propio monarca persa Darío, de explorar la cuenca del río Indo y de todo el litoral oceánico que abarcaba desde su desembocadura hasta el interior del mar Rojo. Esta expedición tenía como objetivo principal el llevar a cabo la exploración preliminar de aquellos territorios para que sirvieran luego de base para su conquista, siendo un ejemplo más de la poderosa logística de la maquinaria imperial persa. A pesar del aparente carácter científico de dicha misión, lo cierto es que la descripción elaborada por Escílax se ajustaba perfectamente al viejo esquema heroico de un territorio provisto de los productos más fabulosos y preciados pero cuyos territorios estaban repletos de obstáculos difíciles de franquear y grandes peligros. En efecto, Escílax fue la fuente primordial sobre la India para una larga tradición posterior,138 entre las que se halló Heródoto, autor que recogió la información transmitida por este primero.139 La presencia de Escílax en aquellas regiones y la autoridad de su testimonio constituyó quizá el elemento más importante en el proceso de incorporación de los confines a la ecúmene griega mediante una cierta idea de continuidad espacial.140 De esta forma la antigua indeterminación y rasgos extraordinarios que caracterizaba las rutas heroicas fueron sustituidas por un itinerario explorado que sustentaba su viaje en lugares concretos del mapa.
Ya en el siglo V a.C., en tiempos de Heródoto, los dominios de la ecúmene se extendían hasta límites inconcebibles gracias a la expansión imperial persa y la idea de confín del mundo quedaba casi equiparada a la de frontera militar productiva. Dicho límite marcaba el punto más lejano a partir del cual la labor de conquista no merecía ya más la pena, debido a la pobreza o esterilidad de los territorios o bien se presentaba imposible a causa de los importantes obstáculos (orográficos, hidrográficos, marítimos…) a los que había que hacer frente. Sin embargo, la vieja idea de que eran los cofines del mundo los que albergaban las cosas más terribles y maravillosas seguía estando ahí. Si hay un viajero por excelencia que se preocupase por narrar, de una forma bastante objetiva, las observaciones hechas durante sus viajes a otros países este fue
137 Sabemos de la existencia de numerosos griegos en el corazón del imperio persa en calidad de
embajadores, comerciantes, mercenarios y especialistas de diversas clases. Gómez, 2010: 49.
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El relato escrito por Escílax es el que propició que más adelante apareciesen esa serie de seres fabulosos encontrados en la India en otros autores posteriores como en Pseudo Calístenes y en los bestiarios medievales. García, 2008: 26-27.
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Heródoto, IV, 44.
Heródoto. Este quiso ser un historiador y etnógrafo que reunió todo lo visto en sus travesías con las noticias leídas o escuchadas en primera persona de otros. Sin duda, el ser testigo presencial (autopsía) constituye la mejor prueba de veracidad de los hechos, aunque, una vez más Heródoto no renuncia a contarnos anécdotas pintorescas y noticias fabulosas, aunque expresando al margen más de una vez sus dudas acerca de estas. Se cree que, fuera de los límites del mundo griego, viajó a Egipto y pudo haber estado también en Oriente, utilizando las ventajas que le brindaba la organizativa estructura militar y administrativa persa, aunque se desconoce hasta donde pudo haber llegado.141 Lo cierto es que, en general, Europa debe sus primeros conocimientos acerca de la India a este historiador y geógrafo griego,142 ya que en su Historia ofrece una diversidad de datos muy grande acerca de este subcontinente y de la gente que lo habitaba143 aunque, como ya hemos apuntado unas líneas más arriba, parte de esta información parece apoyarse en los escritos anteriores de Escílax.
Heródoto propone, por tanto, un marco cartográfico nuevo. Este destaca por ser mucho más reconocible, esquemático y coherente que las anteriores representaciones del mundo como la de Hecateo. En su mapa de la ecúmene, las masas continentales y peninsulares (con la Hélade como centro) se articulan en torno a dos ejes perpendiculares en el centro: Columnas de Heracles-costa meridional de Asia Menor; río Istro-río Nilo. Aparece así una nueva delineación del espacio mediterráneo donde la anchura viene a ser el doble de la altura y donde se perciben bien las nuevas masas continentales que estaban en ese momento emergiendo gracias a las nuevas informaciones recogidas por los viajeros griegos y persas. Es así como Heródoto puso los principios para el desarrollo de un auténtico “lenguaje geográfico”, a medio camino entre la experiencia acumulada y el esquematismo obligado de la época.144
141 Es posible que estuviese en Babilonia, la cual le produjo una gran impresión, y tal vez también en
alguna de las capitales persas. García, 2008: 28.
142 Román, 1999: 72.
143 Heródoto, III, 94,2; III, 98,2-4; III, 99,2; III, 100 y III, 101,2. 144
De esta forma se rompía el geometrismo propio de los primeros mapamundis griegos desde una perspectiva histórica. Cruz, 2010: 19.
Figura 12. Representación probable del mundo de Heródoto (Cruz, 2010: 18, fig. 2)
A una generación posterior a Heródoto perteneció Ctesias de Cnido (450-398 a.C.), quien fue médico del rey persa Artajerjes II, puesto que le permitió recoger todas las noticias que llegaban de las zonas lejanas del imperio a la corte. Es cierto que Ctesias no viajó personalmente a aquellos lugares pero logró reunir suficiente información como para escribir un libro, Indiká, que reunía una gran variedad de datos sobre la India y al que debe este autor su fama, aunque como relator fabuloso y poco digno de crédito en más de una ocasión. Además de este, también escribió una narración etnográfica e histórica mucho más amplia sobre Persia, titulada Persiká, compuesta por veintisiete libros. La India descrita por este autor cuenta con todos los ingredientes para ser un país de los confines ya que nos lo presenta como un territorio próspero en extremo en productos valiosos pero de una dureza feroz, donde habitan toda clase de animales, plantas y gentes de características extraordinarias como los cabezas de perro, los pigmeos o individuos que podían ocultarse el rostro tras sus enormes orejas. Además, la increíble fuerza y tamaño del sol así como la longevidad antinatural de algunos de sus habitantes ayudaban a completar el marco típico de esta clase de territorios situados en los confines. Sin embargo, el avance está nuevamente en que se trata también de una zona conectada con el resto de la ecúmene a través del dominio que los persas ejercían sobre esos territorios. 145
5.2.3. Los conocimientos previos de Alejandro
Llegados a este punto, si intentamos hacernos una idea de cuáles eran los conocimientos geográficos previos de Alejandro acerca de los territorios por los que iba a discurrir su campaña, podemos hacernos una idea de la tremenda dificultad logística que iba a poseer el llevar a cabo con éxito una empresa conquistadora de tal magnitud. La vedad es que apenas sabemos nada acerca de la formación de índole geográfica que poseía Alejandro en el momento previo a su partida de Macedonia. Es muy probable que las enseñanzas de Aristóteles en este campo influenciase de manera decisiva la perspectiva inicial con la que Alejandro afrontaba su campaña en lo relativo a su visión global del orbe junto con algunos de sus principios reguladores básicos, como el hecho de que los grandes cursos fluviales procedían de las cadenas montañosas más importantes o que, al final, el océano debía encontrarse siempre en todos los confines de la tierra. Con esta prerrogativa inicial, la expectativa de hallar el gran mar una vez alcanzase las enormes cordilleras de Asia era seguramente uno de los resultados esperados, así como la hipótesis de encontrar las fuentes del río Nilo en la India.146
145
Ctesias estuvo también provisto, como Escílax, de todas las ventajas de la logística imperial persa, lo que le permitió establecer una línea de continuidad entre aquellas tierras marginales y el centro desde el que se ejercía su dominación e integrarlas así, a través de su testimonio, dentro de los dominios reconocibles del mundo habitado. Gómez, 2008: 67-68.