Para asegurar el control del territorio conquistado legalmente por Heritage, en un primer nivel (ver figura A) Kinshasa (Congo oriental) y Kampala (Uganda), se enfrentarán a través de las “etnias”, los Lendu y los Hema, que ocupan el territorio. Estos grupos se disputan las mismas tierras desde hace lustros y sin la presencia de empresas extranjeras. Si bien es cierto hay enfrentamientos en la
región, así como otros problemas socio-demográficos que ocasionan también la violencia.489 Pero
el diferendo sin tiempo que divide a las comunidades se verá esta vez violentamente exaltado por los actores económicos.
En un segundo nivel de esta arena sangrienta se encuentran los actores regionales. El este congolés está poblado por una multitud compleja de grupos movilizados s desde que la Alianza Congolesa por la Democracia (RCD), sostenida hasta ese tiempo por una alianza de facto entre Ruanda y Uganda, se divide en mayo de 1999, como producto de enfrentamientos en Kisangani. La RCD se ramificó en una constelación de milicias “étnicas”, sostenidas tanto por Uganda como por Ruanda.
Le Monde diplomatique, mayo de 1998, p. 24-25.
488 Thomas Wagner, « BC-Irak-Oil-Industrie, The Associate Press, 23 de diciembre de 2005.
489 Pierre Bigras et Étienne Rusamira de l’Observatoire de l’Afrique centrale
En el tercer círculo se puede reconocer a los padrinos financieros e industriales africanos y occidentales.
En el primer nivel, el conflicto entre los Lendu y los Hema, así como entre los clanes, son atizados desde hace varios años por las hostilidades en Ruanda entre los Tutsi y los Hutu. Las analogías entre las comunidades respectivas son frecuentes: como los Hutu, los Lendu tradicionalmente trabajaron la tierra, mientras que los Hema son conocidos como criadores de ganado, a instancias de los Tutsi ruandeses.
Los grupos están listos para las armas, debe ser así. Las empresas occidentales instrumentalizan a las comunidades para asegurar sus concesiones al tiempo que utilizan los viejos mitos de guerras tribales a la africana para enmascarar su responsabilidad. “Es cierto que una disputa larga y enconada sobre la propiedad de tierras ha provocado la discordia entre los dos grupos. Sin embargo, recientemente, los hema, y sobre todo su subclan extremista genere, alegan el antagonismo tradicionel sobre las tierras y la contienda entre los dos grupos para justificar la importación de armas y adiestrar a sus milicias con el objetivo no declarado de consolidar su poder económico en la región”.490
La cuestión no tardó en degenerar en un miserable campeonato. Una asociación local de derechos humanos denunció 19 agresiones de los Lendu contra los Hema entre junio de 1999 y enero de 2000. En respuesta, entre junio de 1999 y abril de 2000, las milicias Hema contraatacaron 26 veces. El ejército ugandés (UPDF) habría participado en 24 agresiones bajo la cobertura de una venganza tribal Hema.491
Muchos clanes tuvieron que posicionarse en este tablero ensangrentado. Al lado de los Hema, constituidos bajo la bandera política de la “Unión de Patriotas Congoleses” (UPC), se ubica la RCD- Goma pro-ruandesa. Los Lendu fueron flanqueados por el ejército gubernamental de Kinshasa y recibieron el apoyo objetivo de RCD-ML, una facción disidente de la RCD Goma, así como del MLC, dos movimientos apoyados por Uganda, que atacaban regularmente las posiciones Hema.
Pero Uganda se mostraría extremadamente versátil en este conflicto y sostendría a todos los actores presentes. En el momento en el cual comienzan las hostilidades en 1999, Uganda se inclina por los Hema y crea a su medida la provincia de Ituri. En ese marco, el comandante del ejército ugandés (UPDF), James Kazini, nombra a Adela Lotsove gobernadora de Ituri, para para reemplazarla de inmediato por Wamba dia Wamba, Mbusa Nyamwisi, John Tibasiima, Jean-Pierre
Bemba, Thomas Lubanga y Chief Kahwa,492 en sólo algunos meses, hasta que el coronel ugandés,
Edison Musoora, ocupará no oficialmente la función de gobernador a principios de 2001.
El apoyo a los Hema es, de corta duración. En junio de 2002, Uganda encarcela a Tomas Lubanga del UPC Hema y lo entrega a Kinshasa. Pero de nuevo apoya al UPC dos meses más tarde, al tiempo que persigue al gobierno de Ituri, sus antiguos protegidos.
En cinco años, Uganda arma a una decena de grupos locales diferentes (a cinco de los cuales
490 Panel de expertos sobre la explotación ilegal de recursos naturales y otras formas de riqueza de la República Democrática del Congo, delegado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, 2002, op. cit., capítulo 119, p. 25.
491 International Crisis Group, Congo Crisis, Military Intervention in Ituri, ICG Africa Report n° 64, Nairobi, New York y Bruxelas, 13 junio de 2003, p. 4.
entrega un gran número de armas), lleva a grupos rebeldes desde la capital Kampala, decide sus fusiones, expulsa a los aliados que se han vuelto demasiado poderosos, etc. Pero aún más, el ejército ugandés fogonea voluntariamente el conflicto entre los Hema y los Lendu, antes de la
firma de los acuerdos de paz, armando simultáneamente a las dos partes,493 de tal modo que se
vuelve indispensable a una salida de la crisis.
El conflicto gana en intensidad y las poblaciones civiles terminan atrapadas en medio del campo de batalla: en 2002 se cuentan más de 50.000 muertos, 230.000 desplazados, 76 escuelas primarias y 32 establecimientos secundarios destruidos, así como medio millón de casas
incendiadas494 y, encima de ello, los últimos proveedores de ayuda humanitaria amenazan con huir.
Los jefes de guerra, sobre todo Bemba y Kabila- desvían a sus cuentas los salarios de los militares y sus raciones alimentarias, “obligando” a los soldados en el centro de la batalla a sobrevivir a golpe de raptos y de saqueos.495 “Las alianzas y las lealtades entre y al interior de los partidos políticos y
entre facciones de guerra cambian permanentemente, lo que acrecienta la incertidumbre”.496
La crisis culmina en marzo de 2003 cuando el ejército ugandés se alía súbitamente al clan Lendu para desembarazar a Bunia, la capital de Ituri, de su población Hema.
Los Hema encuentran entonces refuerzos del costado de Ruanda, que tiende también a cambiar de campo. Una situación completamente fuera de control. Un grupo declara un día la guerra a sus aliados de ayer, en función de alianzas circunstanciales y de intereses financieros siempre provisorios. Human Rights Watch trata de desenredar este en un informe consagrado a las alianzas políticas vigentes en la región.497