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SERVICIOS ECOSISTÉMICOS Y BIENESTAR HUMANO

En este capítulo se presenta el marco conceptual referencial de la investigación. Acá se discuten los principales conceptos y enfoques vinculados al presente estudio. Cuando se ha priorizado un abordaje cualitativo, como en este caso, el llamado marco teórico pasa a denominarse contexto conceptual, y es visto como un sistema de conceptos, supuestos, expectativas, creencias y teorías, así como investigaciones previas, literatura y experiencia personal que respaldan la investigación (Maxwell, 1996)47. Los principales conceptos, incluso la terminología, expresados a continuación representan, más que un ‘marco’ desde donde se realiza el análisis, una introducción al contexto en el cual ciertos conceptos adquieren relevancia actual en función de la investigación, conceptos que en muchos casos han sido modificados durante el proceso investigativo.

El capítulo está organizado en 3 secciones principales. En la primera se introduce los conceptos de ecosistema y de bienestar humano, resaltando la importancia e interdependencia entre ambos. La segunda sección se concentra sobre el enfoque de los SE. Acá, luego de una introducción general al concepto y sus antecedentes, se caracteriza el enfoque más apropiado para el presente estudio y se realiza una clasificación de los diferentes SE. Al finalizar esta sección, se aborda la cuestión de la valoración de los ecosistemas y sus servicios, resaltando la existencia de estudios cuanti y cualitativos y caracterizando el enfoque adoptado para la valoración de los SE del Oeste de Córdoba. La tercer sección introduce al concepto de conflictos socioambientales y ecología política. Luego de una revisión del estado del arte, se describe el enfoque desde el cual se analizan diferentes situaciones de conflicto (presentes o potenciales), tensiones y soluciones de

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El uso de un ‘contexto conceptual’, propio de los abordajes cualitativos e interpretativos, tiene la función de iluminar conceptualmente aspectos relevantes de los datos o fenómenos sociales, y la dirección de sus posibles relaciones, que de otro modo podrían pasar inadvertidas o no ser comprendidas. Al mismo tiempo, dado que implica un diseño flexible, permite que surjan en forma inductiva e inesperada nuevos datos que pueden ser conceptualizados, ya sea para enriquecer o superar el contexto inicial (Mendizábal, 2006).

compromiso respecto del acceso y uso que distintos AS tienen sobre los SE en el Chaco Seco Cordobés. El capítulo concluye con un esquema que integra el marco conceptual de referencia, en el cual se ilustra el objeto de estudio y las variables y aspectos sobre los que gira el análisis de la presente investigación.

LOS ECOSISTEMAS Y EL BIENESTAR HUMANO

El bienestar de las generaciones presentes y futuras depende de un continuo flujo de servicios de los ecosistemas (Daily, 1997). La humanidad en su conjunto ha dependido desde siempre de los servicios que presta la biosfera y sus ecosistemas, y -de hecho- la biosfera es en sí misma el resultado de la vida en la tierra. Así, la composición de la atmósfera y el suelo, el ciclo de los elementos a través del aire y el agua, y muchos otros bienes ecológicos son el resultado de procesos orgánicos, los que se mantienen y restablecen gracias a los ecosistemas. Aún cuando la cultura y la tecnología permiten a la humanidad amortiguar el contacto inmediato con el medio ambiente, en definitiva, la especie humana depende plenamente, directa o indirectamente, del flujo de los servicios que prestan los ecosistemas (MEA, 2003).

Pero, ¿¿qquuééssoonnlloosseeccoossiisstteemmaass? y? ¿¿ppoorrqquuééccaaddaavveezzccoonnmmáássffuueerrzzaasseelloossvviinnccuullaa c

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El concepto de ecosistemas ha sido usado de maneras muy diversas, y seguramente no existe una única definición válida, ya que los diferentes conceptos varían según los intereses de quienes lo formulan (Jax, 2007). Presentado de manera sencilla, puede decirse que los eeccoossiisstteemmaass representan un conjunto de componentes biológicos y no biológicos que se encuentran en un área, así como sus interacciones. Un ecosistema es un complejo dinámico de plantas, animales y comunidades de microorganismos y elementos vivos del ambiente, los que interactúan como una unidad funcional (MEA, 2005). Los ciclos e interacciones entre los componentes abióticos y bióticos se conocen como procesos ecosistémicos (Brown et al., 2006). Desde una poza pasajera en la hendidura de un árbol hasta una cuenca oceánica, ambas pueden constituir un ecosistema, reflejando esto la gran variabilidad en cuanto a tamaño que un ecosistema puede tener (MEA, 2003).

Una idea cada día más aceptada es considerar a los seres humanos como parte integral de los ecosistemas. En este sentido, podría decirse que un ecosistema es un sistema que incluye un subsistema ecológico (biofísico) y otro social (humano), y como sistema integrado captura interacciones entre ambos, la biodiversidad y la gente (Gallopin, 1991). La relación entre los sistemas ecológicos y sociales se basa en la sociedad mutua y no dominante de uno sobre el otro, un vínculo que supone profundas interconexiones (Galaz

et al., 2008).

Sobre la base de esta relación, Berkes y Folke (1998) introducen el término

s

siisstteemmaassssoocciioo--eeccoollóóggiiccooss (SSE), el cual es difundido en el marco del denominado Enfoque de los Ecosistemas. Esta perspectiva se basa en el hecho de que los sistemas ecológicos y sociales están por lo general fuertemente conectados y evolucionan en conjunto, tanto a nivel espacial como temporal (Folke, 2006 y 2007). Mientras los sistemas sociales incluyen la economía y otras instituciones humanas en mutua interacción, los sistemas ecológicos incluyen las comunidades autorreguladas de organismos interactuando entre sí, y éstas con sus ambientes particulares.

Este enfoque obliga a combinar en este tipo de estudios la relación entre el conocimiento de la biodiversidad y sus funciones ecosistémicas con el conocimiento de las estructuras y procesos sociales y económicos (Folke et al., 2004). Para comprender las dinámicas sociales y ecológicas, es necesario reconocer primero la dependencia del ser humano de los ecosistemas y su capacidad para generar servicios esenciales para la vida y el desarrollo social. A partir de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio48 (MEA, 2003 y 2005) ha tomado gran relevancia la necesidad de comprender las interacciones entre los seres humanos y los componentes bióticos y no bióticos, resaltando que los cambios en las condiciones humanas movilizan, de manera directa e indirecta, cambios en

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La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (MEA) fue convocada por el Secretario General de las Naciones Unidas en el año 2000. Iniciada en 2001, el MEA tuvo como objetivo evaluar las consecuencias de los cambios en los ecosistemas para el bienestar humano y las bases científicas para las acciones necesarias para mejorar la conservación y el uso sostenible de los mismos, así como su contribución al bienestar humano. El MEA ha involucrado el trabajo de más de 1.360 expertos de todo el mundo. Sus conclusiones, contenidas en cinco volúmenes técnicos y seis informes de síntesis, proporcionan una valoración científica de punta sobre la condición y las tendencias en los ecosistemas del mundo y los servicios que proveen (tales como agua, alimentos, productos forestales, control de inundaciones y servicios de los ecosistemas) y las opciones para restaurar, conservar o mejorar el uso sostenible de los ecosistemas.

la biodiversidad y en la estructura de soporte de los ecosistemas así como los servicios que estos prestan.

La noción de servicios ecosistémicos o ambientales representa un concepto que también ha ganado terreno recientemente. De manera preliminar, ya que este capítulo lo analiza con profundidad más adelante, puede decirse que los SE son todos los flujos de un ecosistema que, producidos naturalmente, se traducen en beneficios relativamente inmediatos para los seres humanos (Brown et al., 2006). Estos servicios pueden materializarse de manera directa mediante la provisión de alimentos y agua (servicios de suministro) y los beneficios recreativos, espirituales y religiosos (servicios culturales); o bien de manera indirecta mediante la regulación de las inundaciones, las sequías, la degradación del suelo y las enfermedades (servicios de regulación) y la formación del suelo y el ciclado de nutrientes (servicios de soporte) (MEA, 2003)49.

Los SE son, de alguna manera, el mecanismo a través del cual los ecosistemas contribuyen con el bienestar humano. El bbiieenneessttaarr hhuummaannoo, como se lo entiende en este estudio, trasciende las tradicionales categorías que lo limitan a un determinado nivel de ingreso o la ausencia de pobreza, desigualdad social y el acceso a la salud.

El bienestar humano se relaciona con las libertades que los individuos tienen para poder vivir el tipo de vida que valoran (Sen, 1997). La seguridad, la salud, las relaciones sociales y los bienes materiales son los cuatro componentes que se asumen fuertemente ligados con las libertades individuales, y -en consecuencia- vinculados con el bienestar humano (MEA, 2005). La seguridad implica el acceso seguro a los recursos naturales y otros bienes, la seguridad personal y la seguridad respecto de desastres naturales o causados por el hombre. La salud supone el sentirse bien y el acceder a un entorno físico saludable como el contar con aire y agua limpia. Las relaciones sociales incluyen la cohesión social, respeto mutuo y la habilidad de ayudar a otros, así como la libertad de elección y acción, incluyendo la oportunidad de alcanzar lo que un individuo valora y es. Los bienes materiales implican el acceso a un medio de vida seguro y adecuado, a una

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Estos servicios y beneficios ecosistémicos son conceptualizados y clasificados de manera alternativa y complementaria más adelante en este capítulo, procurando con ello adaptar el enfoque al contexto local donde se realiza la investigación.

suficiente cantidad de alimentos de manera constante, techo, vestimenta y otros bienes considerados básicos.

Por lo dicho hasta acá, es evidente que el tema del bienestar humano está vinculado estrechamente a una comprensión integral de la sociedad y su vínculo con el medio ambiente, destacándose la dependencia entre desarrollo, cambios ambientales y el bienestar humano (PNUD-GEO-4, 2007)50.

Este vínculo entre los ecosistemas y el bienestar humano presenta relaciones múltiples y complejas (Salzman et al., 2001). Por un lado, las mejoras en el bienestar de las generaciones presentes pueden tener un impacto negativo en el suministro de servicios de los ecosistemas para las generaciones futuras, si es que esas mejoras se basan en la explotación insostenible del medio ambiente. Por otro lado, existe un delicado equilibrio entre los diversos beneficios que los ecosistemas ofrecen y el uso que diferentes grupos de interés pueden darle, en tanto las prioridades de algunos AS podrían condicionar negativamente el bienestar de otros AS en particular (McMichael et al., 2005). Estas situaciones pueden dar lugar a conflictos o tensiones entre diferentes AS, sean estos mediados o no por instituciones públicas o privadas. Estas relaciones múltiples y complejas, muchas veces conflictivas, entre los seres humanos en torno a sus ecosistemas son objeto de estudio de la ecología política, tema que se aborda más adelante en este capítulo.

La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (MEA, 2003 y 2005) ha resaltado la importancia de los ecosistemas para la vida humana, destacando no sólo el vínculo entre

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El reconocido estudio ‘Las voces de los pobres’ (Narayan et al., 2000) procuró comprender el fenómeno de la ‘pobreza’ y el ‘bienestar’ en 23 países, solicitando a las personas pobres reflexionar, analizar y expresar sus ideas sobre el bienestar y la pobreza. Los pobladores destacaron muchos de los aspectos centrales considerados en este marco conceptual como sinónimo de bienestar, indicándose cinco componentes como los más importante, a saber: (a) el acceso a recursos materiales necesarios para vivir bien (incluyendo seguros y medios de vida adecuados, ingreso básico y acceso a bienes y alimentos suficientes en todo momento, acceso a vivienda, muebles, prendas de vestir, etc.); (b) situación de salud (incluido el ser fuerte, sentirse bien y vivir en un medio ambiente saludable); (c) existencia de buenas relaciones sociales (incluida la cohesión social, el respeto mutuo, las buenas relaciones familiares y de género, y la capacidad de ayudar a los demás); (d) situación de seguridad (incluido la seguridad de la persona y sus posesiones, seguridad de acceso a los recursos naturales, seguridad frente a desastres naturales y posibilidad de vivir de manera previsible, entre otros); y (e) vivir en libertad y tener posibilidad de elección (la idea de tener control sobre lo que sucede y ser capaz de lograr lo que una persona valora). Estos cinco elementos se refuerzan mutuamente, de manera positiva o negativa, y un cambio en uno de ellos refleja un cambio en el estado de bienestar general, reflejando de esta manera el sentido de integralidad y multidimensionalidad del concepto de bienestar humano adoptado.

hombre y naturaleza, sino también las tendencias globales al respecto. Según se evidencia en el MEA, la acción del hombre en su afán por satisfacer las crecientes demandas de alimento, agua, fibra y energía ha introducido cambios sin precedentes en los ecosistemas. En los últimos 50 años, los seres humanos han transformado los ecosistemas más rápida y extensamente que en ningún otro período de tiempo comparable de la historia humana, principalmente para satisfacer la creciente demanda de determinados servicios ecosistémicos de provisión, como alimentos, agua potable y madera. Esto ha generado una pérdida considerable y en gran medida irreversible de la diversidad de la vida sobre la Tierra. Si bien estos cambios han ayudado a mejorar la vida de miles de millones de personas, también han debilitado la capacidad de la naturaleza para brindar otros servicios clave, tales como la regulación del clima, la purificación del aire y del agua, la protección contra los desastres y control de la erosión, y la provisión de medicinas, entre otros (Bennett y Balvanera, 2007)51.

Los cambios generados por las actividades humanas no sólo han llevado al planeta al borde de un episodio masivo de extinción de especies, sino que la modificación en algunos ecosistemas ha limitado la posibilidad de que grupos vulnerables puedan satisfacer sus necesidades. Esta situación tiene serias implicancias para el desarrollo, el alivio de la pobreza y el desarrollo de estrategias capaces de sobrellevar y adaptarse a los cambios en el ambiente en el mediano y largo plazo (MEA, 2005). Estas tendencias limitarán la posibilidad de alcanzar las llamadas Metas de Desarrollo del Milenio (Haines-Young, 2010), al tiempo que las pérdidas en biodiversidad y bienestar humano afectarán más severamente a aquellos sectores campesinos y pobres rurales que tienen una mayor dependencia de los recursos naturales (Díaz et. al., 2006)52.

Si bien, como concluye el MEA, es posible reducir considerablemente el impacto de los seres humanos sobre los ecosistemas a partir de la tecnología y el conocimiento

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Por ejemplo, para aumentar el suministro de alimentos se convierte el bosque en suelo agrícola, disminuyendo drásticamente la capacidad del ecosistema para ofrecer otros servicios que pueden tener igual o mayor importancia tales como agua potable, fibra, ecoturismo o regulación de inundaciones y control de sequías (MEA, 2003).

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La degradación de los ecosistemas daña a las poblaciones rurales de manera más directa que a las poblaciones urbanas, y tiene un impactos más severo en los pobres. Los sectores más capitalizados controlan el acceso a una mayor parte de los SE, consumen estos servicios a una tasa per cápita más elevada y están protegidos contra los cambios en su disponibilidad. Por su mayor capitalización, tienen la capacidad de adquirir SE o, en su defecto, los sustitutos cuando éstos escasean (MEA, 2003).

disponibles en la actualidad, esto requiere de cambios significativos en las políticas, instituciones y prácticas (MEA, 2005). Mientras las presiones globales sobre los ecosistemas aumentarán en las próximas décadas, los cambios significativos señalados por el MEA no parecen estar en marcha. Por otro lado, aún cuando se conocen maneras de mejorar los sistemas de producción para hacerlos sostenibles, existen muchos vacíos en la investigación, particularmente con abordajes interdisciplinarios y multi-actorales capaces de dar cuenta de escenarios heterogéneos y complejos como el que se aborda en esta investigación.

Pero, ¿¿ccóómmoo ssee ddaa eessttee eessttrreecchhoo vvíínnccuulloo eennttrree llooss eeccoossiisstteemmaass yy eell bbiieenneessttaarr h

huummaannoo??

Como se ha señalado con anterioridad, los ecosistemas ofrecen diferentes servicios y beneficios para las personas y las sociedades. De manera directa, los ecosistemas benefician a las personas a través de la provisión de productos como alimentos, agua pura, medicinas, madera, leña y fibras, entre otros. Además, los ecosistemas cumplen importantes funciones de regulación las que afectan y contribuyen de diversa manera con el bienestar humano, por ejemplo, a través de la purificación del aire y el agua, la polinización, el control biológico de plagas y enfermedades, la estabilización del clima a nivel local y regional, la regulación y reducción del impacto de las inundaciones. Sin estas funciones de regulación, la vida misma no sería posible en el planeta. Por otro lado, los ecosistemas contribuyen con el bienestar humano a través de los llamados servicios culturales, cumpliendo una importante función respecto de la recreación, educación, identidad y arraigo, y el goce de los paisajes.

Si bien muchos autores han procurado estructurar de manera gráfica la relación entre los ecosistemas y el bienestar humano, el esquema generado como parte del marco conceptual del MEA (2003) ha sido uno de los más difundidos. En él, como se muestra en la Figura 3.1, se identifican los servicios básicos mencionados anteriormente. Además, se identifican servicios de base necesarios para mantener los demás servicios. Esta figura pretende ilustrar cómo los cambios experimentados en estos servicios afectan el bienestar humano a través de los impactos en la seguridad, las necesidades materiales básicas para el buen vivir, la salud y las relaciones sociales y culturales. Los componentes del bienestar,

Figura 3.1. Servicios de los ecosistemas y sus vínculos con el bienestar humano Fuente. Marco conceptual de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (MEA, 2003)

Tipo de Trazo de la flecha Potencial para que medien factores socio-económicos

Grosor de las flechas

Intensidad de las conexiones entre servicios de los ecosistemas y bienestar humano

Medio Alto Bajo Medio Alto Bajo

como se ha mencionado anteriormente, están influenciados por las libertades y opciones de las personas y, a su vez, modifican la manera como las personas afectan a los ecosistemas.

La figura también intenta representar la fuerza con la que se presentan los vínculos entre los diferentes tipos de SE y los diversos componentes del bienestar humano. Al mismo tiempo, utilizando flechas de tres colores, se destaca el grado (bajo, medio o alto) por el cual la relación entre estos componentes es mediada por factores socioeconómicos. Dicho en otros términos, cuando existe la posibilidad de adquirir en el mercado un sustituto de determinado SE (por ejemplo, fertilizantes químicos para reemplazar la pérdida de fertilidad natural del suelo), entonces hay un alto potencial para la mediación; mientras que cuando dicho SE no puede ser reemplazado, el potencial de mediación es bajo. La fuerza de los vínculos y las posibilidades de mediación son obviamente diferentes en distintas regiones y ecosistemas. La figura también intenta representar, por medio del grosor de las flechas, la intensidad del vínculo entre los diferentes SE y los componentes del bienestar humano.

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El marco conceptual diseñado para la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (MEA, 2003 y 2005) procuró identificar una serie de factores directos e indirectos que afectan el vínculo entre los ecosistemas y el bienestar humano a nivel local, regional y global. Según el MEA, como se muestra en la Figura 3.2, existe una interacción dinámica entre las personas y los ecosistemas, la que se traduce, por una parte, en que las cambiantes condiciones humanas actúan impulsando cambios directa e indirectamente en los ecosistemas y, por la otra, en que los cambios en los ecosistemas provocan cambios en el bienestar humano. Al mismo tiempo, muchos otros factores independientes del medio ambiente alteran las condiciones humanas y muchas fuerzas naturales ejercen su influencia en los ecosistemas. El vínculo entre los ecosistemas y el bienestar humano está presente en una amplia gama de situaciones, desde aquellos ecosistemas relativamente inalterados, como los bosques naturales, hasta los paisajes con patrones mixtos de actividad humana y ecosistemas manejados y modificados intensamente por los seres humanos, como los suelos agrícolas y las zonas urbanas.

GLOBAL REGIONAL

LOCAL

Bienestar Humano y Reducción de la Pobreza

 Bienes materiales mínimos para una buena vida

 Salud

 Buenas relaciones sociales  Seguridad

 Libertas y opciones

Impulsores de Cambio Indirectos