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ESPISTEMOLOGÍA DE LA INVESTIGACIÓN Y

ESTRATEGIA METODOLÓGICA

Existen diferentes tradiciones intelectuales y disciplinarias que responden a diversas concepciones acerca de la realidad y de cómo conocerla (Mason, 1996). Este capítulo presenta los sustentos epistemológicos de la investigación y los principios del enfoque metodológico adoptado. Para ello, la primera parte del capítulo justifica el uso de un paradigma interpretativo. Luego de caracterizar este paradigma, se describen el enfoque orientado al actor, el análisis de las estrategias o modos de vida, la triangulación y la perspectiva de múltiples actores. La segunda parte del capítulo se concentra sobre la identificación y la selección de los diferentes AS vinculados al proyecto, desarrollando los criterios de muestreo y representación de los mismos. Finalmente, el capítulo destaca los criterios básicos tenidos en cuenta para el análisis de los datos.

UN ABORDAJE INTERPRETATIVO

“Es la capacidad de comunicarse y comprender a los actores locales, cuyas vidas dependen directamente de los bosques, lo que nos

permite entender el problema de la deforestación”

Elinor Ostrom (2005)

Premio Nobel de Economía en 2009

Esta investigación se propuso un abordaje de tipo interpretativo, combinando técnicas, métodos y fuentes de información con datos principalmente cualitativos, aunque también, cuantitativos, primarios y secundarios. Acá se presentan sus características y principios básicos.

No existe una orientación común para todas las investigaciones de este tipo (Silverman, 2000), ya que ello dependerá de cuál sea el enfoque y la tradición intelectual

adoptada. Además, las diversas concepciones metodológicas dependerán de los presupuestos y métodos utilizados, así como de la propia concepción en cuanto a la realidad social (Vasilachis, 2006). No obstante, es posible resaltar aquellos rasgos que marcan la idiosincrasia de una investigación de tipo interpretativa y la distinguen de otros tipos de investigación.

Si bien el paradigma interpretativo no puede ser reducido a un conjunto simple y prescriptito de principios, es posible inicialmente resaltar tres elementos en común. Un enfoque interpretativo se funda en: (a) un interés por conocer las diversas formas en que el mundo social es interpretado, comprendido, experimentado y producido; (b) en el uso de métodos de generación de datos flexibles y sensibles al contexto social en el que se producen; y (c) la búsqueda de la comprensión de la complejidad, el detalle y el contexto a través de sus métodos de análisis y explicación (Mason, 1996). Este tipo de abordaje, en tal sentido, se orienta a responder preguntas del tipo ¿cómo? y ¿por qué?, ofreciendo un profundo abordaje al conocimiento sobre la dinámica de los procesos sociales, del cambio y del contexto social.

Según Marshsall y Rossman (1999), tres aspectos básicos caracterizan este tipo de investigación, a saber: (i) una inmersión en la vida cotidiana de la gente, (ii) la valoración por la perspectiva que los participantes tienen sobre su propio mundo, su práctica y subjetividad, y (iii) la calidad interactiva del proceso de investigación, que involucra al investigador y participantes a través de sus palabras y su comportamiento como datos primarios de dicho proceso investigativo. Dicho en otros términos, más que la verificación de una teoría, el enfoque interpretativo supone un trabajo de descubrimiento y desarrollo de las mismas a partir de la realidad concreta (Flick, 1998).

El paradigma interpretativo es uno de los tres paradigmas consolidados en la

investigación científica76. Sus supuestos básicos implican: (a) una resistencia a la

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Las ciencias naturales, así como también una parte significativa de la producción en ciencias sociales, han basado tradicionalmente sus investigaciones en el paradigma positivista, caracterizado por la observación externa de los fenómenos sociales, la generación de leyes sociales como expresión de regularidades, la búsqueda de explicaciones causales, y la necesaria verificabilidad y/o refutabilidad de sus teorías. Por otro lado, el materialismo histórico, representa otro de los paradigmas con amplia tradición y consolidados en ciencias sociales. Este paradigma postula la búsqueda del conocimiento yendo de lo simple a lo complejo y de lo concreto a lo abstracto, destacando la noción de movimiento dialéctico, totalidad concreta y la realidad social frente a sus posibilidades utópicas (Vasilachis, 1992). El paradigma interpretativo, adoptado en esta investigación, asume que el supuesto básico de la investigación científica es la necesidad de comprensión del

‘naturalización’ del mundo social propia de aplicar el paradigma positivista al ámbito de la vida humana; (b) dar principal relevancia al concepto de mundo de la vida; (b) ir de la observación a la comprensión y del punto de vista externo al punto de vista interno; y (d) la adopción de la llamada doble hermenéutica, que supone asumir que la conducta humana ya es significativa para los AS, independientemente de la posible reinterpretación que haga el investigador a partir de sus propios esquemas científicos.

Como se podrá observar, en este estudio se ha combinado métodos y técnicas de investigación, así como datos cualitativos con cuantitativos y fuentes primarias y secundarias, aplicando así uno de los principios básicos del paradigma interpretativo: la

coexistencia paradigmática. Este principio busca superar los sesgos propios de una

determinada metodología (Denzin, 1978), utilizando e integrando diferentes aproximaciones (Fielding y Fielding, 1986). Para ello, en esta investigación se adoptó la

triangulación, como una estrategia orientada a combinar diferentes metodologías

(Vasilachis, 1992).

El eje del abordaje adoptado ha priorizado la búsqueda de los significados que los AS atribuyen a sus mundos de vida, privilegiando la profundidad por sobre la extensión y procurando captar los diferentes matices de las experiencias vitales (Whittemore et al., 2001). Con este abordaje se procura comprender, reconocer similitudes y diferencias entre diferentes AS y casos analizados en profundidad, aportando nuevas perspectivas sobre lo que ya se conoce. El principal aporte de este tipo de investigación, además de conocer las palabras de los AS, la síntesis y la interpretación, es el desarrollo de un concepto, un modelo o una teoría (Morse, 1999).

En la práctica, el enfoque adoptado supuso una constante comunicación e interacción del investigador con los participantes y su realidad, siendo valorados como parte del proceso de investigación las subjetividades, las acciones, los sentimientos y observaciones de ambos (Vasilachis, 2006). Con la intención de comprender el sentido de la acción de los diferentes AS, el foco estuvo puesto en la subjetividad de los AS, sus

valores, sus normas y cultura, la identidad y su discurso.

sentido de la acción social en el contexto del mundo de la vida y desde la perspectiva de los participantes (Vasilachis, 2006).

La aplicación de este enfoque implicó el uso de un diseño flexible. Es decir, tanto los instrumentos como las muestras no fueron definidos a priori, sino que se fueron seleccionando o construyendo durante el proceso de investigación. A medida que se avanzó con la investigación se fueron realizando algunos ajustes, algunas variaciones, por ejemplo, agregando nuevos casos, realizando nuevas preguntas o modificando la manera de realizarlas, y combinando entrevistas individuales con instancias grupales.

Para comprender cómo diferentes AS perciben, valoran y usan los SE de una región con grandes heterogeneidades, no sólo de AS sino de situaciones y ecosistemas, el enfoque interpretativo resultó ser el más apropiado.

EL ENFOQUE ORIENTADO AL ACTOR

Como se ha mencionado, el abordaje general de la investigación ha respondido a los principios básicos del paradigma interpretativo. Dentro de este marco, el estudio adoptó el enfoque orientado al actor, conocido como Actor Oriented Approach (Long y Long, 1992; Long, 2007). Se trata de un enfoque que permite comprender procesos de cambio social sin limitarse a la descripción y presentación de factores estructurales como determinantes de dicho cambio, sino reconociendo el papel que juega la acción humana y la conciencia en dicho proceso (Long, 1992).

Dicho en otros términos, la perspectiva centrada en el actor surge como un esfuerzo por solucionar las limitaciones teóricas y metodológicas de los enfoques estructurales y genéricos que se apoyan en varias formas de determinismo y linealidad. Estos enfoques estructurales tienden a excluir a las personas a partir de una obsesión por las condiciones, contextos y ‘fuerzas impulsoras’ de la vida social, sin preocuparse en lo más mínimo por las prácticas auto organizadoras de quienes habitan, experimentan y transforman los contornos y detalles de un paisaje social (Long, 2007).

En enfoque orientado al actor, en consecuencia, prioriza aquellos abordajes que procuran caracterizar la naturaleza de los cambios en unidades operantes o actuantes (a menudo definidas como micro), a diferencia de los enfoques que utilizan agregados o estructuras y tendencias de gran escala (a menudo definidas como macro). Sin negar la importancia de los estudios interesados en comprobar modelos estructurales generales, este

enfoque busca describir las maneras en que la gente maneja los dilemas de la vida cotidiana77 (Long, 1992). Esto supone comprender la estructura como un conjunto importante de puntos de referencia y posibilidades constrictoras y habilitadoras que abonan la elaboración, negociación y confrontación de los proyectos/intereses de los AS (Long, 2007).

Al adoptar este enfoque, se busca

“[…] entender procesos por los cuales las formas sociales o arreglos particulares surgen y se consolidan o re- trabajan en las vidas cotidianas de las personas. Esto es, interesa analizar las heterogéneas prácticas sociales y discursivas que son ejecutadas e interpretadas por los actores sociales en el forjamiento de sus vidas y la de los otros. Una perspectiva orientada al actor ofrece valiosas pistas en estos procesos de construcción y reconstrucción social. También permite conceptualizar la manera en la que los escenarios de interacción a pequeña

escala […] se entrelazan con dominios más amplios, campos de recursos y

redes de relaciones, facilitando de esa manera el nuevo proceso de revisión de conceptos importantes, tales como ‘constricciones’, ‘estructura’ y relaciones ‘micro-macro’ ” (Long, 2007:107).

Aún reconociendo que importantes cambios estructurales son el resultado del efecto de fuerzas externas (por ejemplo, el deterioro de la producción campesina como consecuencia de las políticas macroeconómicas y fenómenos como la agriculturización), para este enfoque resulta poco satisfactorio limitar el análisis al concepto de la determinación externa. La principal limitante de ello es la incapacidad para explicar adecuadamente las causas y dinámicas de la heterogeneidad social78. En consecuencia, para comprender el cambio social o fenómenos sociales determinados, por ejemplo el uso y acceso a SE en una región como el Oeste de Córdoba, es necesario un enfoque que enfatice la interacción y determinación mutua de factores y relaciones ‘internas’ y ‘externas’, y que

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Según Long (1992), lo esencial de una perspectiva centrada en el actor es que sus conceptos están asentados en las experiencias y comprensiones cotidianas de hombres y mujeres, sean ellos pobres, campesinos, empresarios, gobernantes o investigadores. Esta perspectiva permite el reconocimiento de ‘realidades múltiples’ y de prácticas sociales diversas, y requiere trabajar a nivel metodológico formas de dar cuenta de ‘mundos sociales’ diferentes y a menudo incompatibles. Esto es central para comprender procesos de desarrollo (todo cambio social involucra la lucha entre diferentes intereses sociales y la intersección de ‘mundos de vida’), a la vez que implica un trabajo etnográfico más reflexivo (Rodríguez Bilella, 2004). 78

Analizando acciones de ayuda al desarrollo, Long (2007) destaca que todas las formas de intervención externa se introducen necesariamente en los modos de vida de los individuos y grupos sociales afectados, y de esta manera son mediados y transformados por estos mismos AS y sus propias estructuras. Las fuerzas a gran escala son mediadas, directa o indirectamente, por la conducta de individuos, sus experiencias de vida cotidiana y sus percepciones grupales e individuales.

reconozca el papel central desempeñado por la acción humana y la conciencia (Long, 2007).

Dicho en otros términos, aún cuando las condiciones parezcan homogéneas, como podrían ser el proceso de expansión de la agricultura intensiva o determinadas prácticas productivas en la zona de estudio, el enfoque centrado en el actor surge como una herramienta metodológica apropiada a la hora de explicar las respuestas diferenciales de los AS (también diferentes) a circunstancias estructurales similares79. La intención central es entonces comprender cómo los AS intentan dar significado a sus experiencias mediante una serie de representaciones, imágenes, comprensiones cognoscitivas y respuestas emocionales. Se procura observar hasta qué grado estas representaciones pueden o no estar enmarcadas por percepciones ‘compartidas’ por ciertos grupos (por ejemplo pequeños productores capricultores, ganaderos medianos grandes, grandes productores agricultores, técnicos, funcionarios).

Sintetizando, el enfoque centrado en el actor comienza con la idea básica de que frente a circunstancias estructurales similares se desarrollan formas sociales diferentes. Estas diferencias reflejan variaciones en la manera en la que los AS intentan encarar o lidiar con las situaciones, cognoscitiva, organizacional y emocionalmente. Entonces, una tarea principal en el análisis es identificar y caracterizar las diferentes prácticas, estrategias y razonamientos, las condiciones en que surgen, la manera en que se entrelazan y la viabilidad para resolver problemas específicos (Long, 2007).

¿Cómo comprender los diversos usos y percepciones respecto de los SE en la zona de estudio? ¿Cómo analizar la manera por la cual diferentes prácticas productivas, organizativas y sociales ha impactado diferencialmente en los ecosistemas del Oeste de Córdoba? ¿Por qué ciertos AS tienen una percepción y valoración diferente de los SE que ofrecen configuraciones bióticas similares? ¿Cómo se articulan, negocian y luchan los

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La noción de ‘agencia humana’ es central en el enfoque adoptado. Ello supone comprender a los AS como participantes activos que procesan información y arman estrategias en sus negociaciones con diversos AS locales así como con instituciones y organizaciones externas; y no simplemente como categorías sociales desencarnadas o como receptores pasivos de intervención o cambios externos (Rodríguez Bilella, 2004). La noción de agencia destaca la ‘capacidad de saber’ y ‘capacidad de actuar’ de los AS, quienes intentan resolver problemas, aprender cómo intervenir en el flujo de eventos sociales alrededor de ellos, y en cierta medida están al tanto de las acciones propias, observando cómo otros AS reaccionan a su conducta (Giddens, 1984). Esto no implica ‘libertad completa’, en tanto en cada relación social hay un acceso diferente a los recursos y existen variaciones en la capacidad de los AS para manejarlos competentemente (Long, 2007).

diferentes AS para apropiarse de, o regular el acceso a, los SE ofrecidos por diferentes configuraciones bióticas? Estas son el tipo de preguntas que se pueden abordar desde este enfoque, el cual aspira a comprender la multiplicidad de racionalidades, deseos, capacidades y prácticas. La importancia relativa de las diversas ideas, sentimientos y maneras de actuar pueden ser comprendidas desde una multitud de componentes interconectados de recursos sociales, culturales y técnicos. Esta complejidad y dinamismo requiere de un abordaje diferente, éste es pues el desafío del enfoque orientado al actor.

LAS ESTRATEGIAS O MODOS DE VIDA

De manera preliminar puede decirse que el término ‘estrategias de vida’ refiere a las diferentes maneras por las cuales distintos AS intentan mantener o mejorar su posición social y bienestar, incluyendo, entre otros, el acceso a los SE (Díaz et al., 2011)80. Si bien la noción de estrategias de vida y su vínculo con el bienestar humano son herramientas con amplia trayectoria en ciencias sociales, no existe suficiente experiencia en el campo de los SE (Quétier et al., 2008). Por ello, y sin el propósito de ser exhaustivos, acá se presenta una rápida revisión del concepto y se justifica el enfoque utilizado en esta investigación.

El término ‘estrategias de vida’ ha sido usado particularmente para caracterizar ciertos mecanismos por los cuales las familias pobres enfrentan los condicionantes sociales y económicos de tipo estructural (Roberts, 1991). Si bien el concepto fue adoptado inicialmente para referir a determinados grupos sociales (campesinos, pequeños productores, pobres urbanos, pequeños emprendedores) (Redclift, 1986; Pile, 1991) a partir de lo cual también adquirió el nombre de estrategias de sobrevivencia o estrategias adaptativas, algunos autores valoran su utilidad para diferentes grupos, no necesariamente excluidos o marginales (Gershuny y Pahl, 1979).

El concepto adquiere importancia en los setenta y los ochenta, cuando comienza a plantearse la pregunta acerca de cómo ciertas clases logran reproducirse a pesar de las restricciones que imponía el modelo capitalista imperante en términos de trabajo, ingresos

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Por ejemplo, podría decirse que los campesinos dependen directamente de SE para obtener alimentos, combustible y abrigo, las corporaciones agroindustriales usan los SE para maximizar ganancias y algunas organizaciones no gubernamentales usan los SE en campañas orientadas a proteger el ambiente. De esta manera se vincula a los AS con la tierra y los recursos naturales a través de sus estrategias (livelihoods) y la dependencia con ciertos SE (Díaz et al. 2011).

y consumo (Gutiérrez, 2007). La noción de estrategias de vida ha generado gran interés, aunque también resistencias. Por un lado, por enfatizar, luego de una fuerte predominancia de paradigmas estructuralistas, en la capacidad de agencia de los acores sociales por sobre los determinantes estructurales y, por otro lado, por no observar a los individuos de manera aislada, sino a la unidad familiar (household) en tanto unidad de análisis (Wallace, 2002).

Más allá de las críticas, el concepto de estrategias de vida parece ser una herramienta útil para el análisis comparativo de diferentes comunidades o grupos sociales. El término ha ido cambiando con el tiempo, adquiriendo diferentes matices y significados, aunque conservando el propósito de comprender aquellos mecanismos que operan al interior de las unidades familiares y de producción para mantener o aumentar su bienestar.

Una de las vertientes, conocida como ‘estrategias de existencia’, refiere al conjunto de actividades desarrolladas por los sectores populares para obtener su reproducción ampliada (del trabajador y su familia), en la medida en que supone la combinación de varios elementos que trascienden las formas capitalistas de reproducción de la fuerza de trabajo (Saenz y Di Paula, 1981). En este concepto se toman en cuenta factores de tipo estructural (particularmente el modelo de desarrollo vigente) con factores ligados a lo micro-estructural (la noción de unidad doméstica) (Gutiérrez, 2007).

También con la intención por construir categorías que permitan articular y analizar la interrelación entre conductas individuales y los determinantes estructurales, Bartolomé (1990) adoptó el concepto de ‘estrategias adaptativas’ o ‘estrategias de

sobrevivencia’, las que define como el conjunto de procedimientos, patrones en la

selección y utilización de recursos, y tendencias evidenciadas en la elección de alternativas, que una determinada unidad social pone de manifiesto a lo largo del proceso por satisfacer sus necesidades básicas y hacer frente a las presiones del medio.

Por su parte, Torrado (1988) adopta el concepto de ‘estrategias familiares de vida’, las que define como aquellos comportamientos de los agentes sociales de una sociedad dada que, estando condicionados por su posición social, se relacionan con la constitución y mantenimiento de sus unidades familiares en el seno de las cuales pueden asegurar su reproducción biológica, preservar la vida y desarrollar todas aquellas prácticas,

económicas y no económicas, indispensable para la optimización de las condiciones materiales y no materiales de existencia de la unidad y de cada uno de los miembros81.

Un concepto muy cercano al de estrategias de vida, aunque más amplio, es el de

estrategias de reproducción social de Bourdieu (2000), quien las define como el conjunto de prácticas fenomenalmente muy diferentes, por medio de las cuales los individuos y las familias tienden, de manera consciente o inconsciente, a conservar o aumentar su patrimonio y, correlativamente, a mantener o mejorar su posición en la estructura social. Esto, aplicado al caso de los productores rurales, implica incluir no sólo las actividades productivas como parte del análisis de las estrategias de vida, sino también aquellas orientadas a garantizar la reproducción social de la unidad familiar, por ejemplo, otras actividades generadoras de ingreso no productivas (extra-predial), actividades cazadoras y recolectaros o el acceso a subsidios.

A partir de la revisión de múltiples estudios, Arteaga (2007) intenta clasificar las diferentes vertientes y resalta cuatro enfoques principales, a saber: (a) enfoques de estrategias de sobrevivencia, el cual acentúa el análisis de la estructura, composición y ciclo doméstico del hogar como elementos centrales en la relación que se establece entre la familia y las estrategias fundamentalmente laborales, priorizando la vinculación entre el hogar y el mercado de trabajo; (b) el enfoque de redes, que ha focalizado en la capacidad de las unidades domésticas para articularse con otros AS y sobrevivir, (c) el enfoque de vulnerabilidad-activos-estructura de oportunidades, el cual ha centrado el análisis en el tema de los recursos y activos (capitales) de los hogares y la potenciación o limitación de su desarrollo a partir de las características de la comunidad y la normatividad, así como la