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Dislocation starvation and nucleation control

2. Review of the relevant literature

2.3. Deformation mechanisms

2.3.1. Dislocation starvation and nucleation control

El nerviosismo es uno de los obstáculos que impiden li victoria. Debemos pues, aprender a enfrentar con calma los problemas y las dificultades. Vencerán en cualquier circunstancia, aquellos que no pierdan la calma y sean capaces de pensar y actuar con acierto, aun en las situaciones delante (le las cuales la mayoría de las personas estaría desorientada y desesperada. Cuando surgen problemas graves, muchas personas pierden la serenidad, se dejan dominar por el nerviosismo y, como consecuencia *de esto, no pueden tomar las medidas pertinentes. Si aparece alguien con la mente serena e imperturbable, es natural que esa persona supere a los otros y salga victoriosa.

Para volvernos capaces de mantener la calma ante cualquier problema o incidente totalmente inesperado, es necesario que comprendamos que en este mundo no ocurre nada que sea "realmente malo". Las cosas malas que "parecen ocurrir" en nuestras vidas son sólo "sombras" proyectadas por nuestras actitudes mentales erróneas. De este modo, cuantas más fallas existan en nuestra actitud mental, y cuanto más tumultuosa esté nuestra mente, con mayor frecuencia surgirán acontecimientos infelices en nuestra vida. Si dominamos las agitaciones de nuestra mente y la volvemos serena y armoniosa, ese estado mental se reflejará en nuestra vida y hará surgir a nuestro alrededor un ambiente igualmente sereno, repleto de armonía y de grandes alegrías. Es esencial, que comprendamos que "el ambiente que nos rodea es reflejo de nuestras actitudes mentales".

Para cultivar la serenidad mental, debemos adquirí! el hábito de practicar regularmente la "concentración espiritual". Por lo menos una vez al día, debemos practicar la Oración Meditativa Shinsokan, durante la cual debemos inspirar profundamente y, con espíritu concentrado, mentalizar así: "La Vida de Dios fluye hacia mi interior, juntamente con el aire que inspiro. Por lo tanto, soy uno cori

Dios". Sin eso, será muy difícil cultivar la serenidad mental. Para explicar la importancia de la correcta respiración para obtener la concentración espiritual, el maestro budista Hakuin dijo, cierta vez: "Debemos inspirar tan profundamente hasta sentir como si el aire llegase a nuestros talones".

De hecho, cuando respiramos lenta y profundamente como si estuviésemos "reposando" nuestro espíritu, sentimos la cabeza leve y la mente serena.

Débiles son aquellos cuya mente se agita sin cesar, a merced de las circunstancias y fuertes son aquellos que controlan las circunstancias según su propia voluntad. Todas las personas deben esforzarse para volverse fuertes. Para ello, necesitan cultivar la serenidad mental a través de la práctica de la "concentración espiritual", que consiste en tomar la postura correcta, cerrando los ojos y respirando profundamente. Esa postura deja la cabeza leve y el cuerpo firme, proporcionando una estabilidad semejante al |de las majestuosas montañas e inmensos "icebergs". Vean los inmensos "icebergs" que flotan majestuosamente en los mares glaciares. Tal como las pirámides, su base es mayor que la parte superior. Ni las grandes olas, ni las violentas tormentas logran zozobrar los inmensos "icebergs", pues 7/8 de masa se encuentran sumergidos. A través de este ejemplo, podemos comprender cuan poderosa es la "fuerza de la base", la cual en el caso del hombre, es aquella fuerza oculta llamada "seguridad de su propia naturaleza de hijo de Dios", que existe en el fondo de su subconsciente.

La serenidad y la paz de espíritu constituyen una fuerza más poderosa que cualquier tipo de violencia. Ante las personas que mantienen la serenidad en cualquier cir- cunstancia, hasta los más exaltados agresores acaban cediendo y no consiguen hacerles ningún mal.

En el Antiguo Testamento, se cuenta que el profeta Daniel no perdió la serenidad cuando fue arrojado a una cueva llena de leones y, por esa razón, las fieras se mostraron mansas como gatos y no le hicieron ningún mal. También, en el Japón existe una historia semejante: cierta vez, el famoso maestro de "kendo", Yagyu Tajimanokami entró a la jaula de unos tigres, pero éstos se mostraron inofensivos

como gatos ante la gran serenidad del maestro Yagyu.

Hay, también, un cuento muy interesante que nos demuestra lo fácil que es vencer al adversario cuando se mantiene la completa serenidad mental:

"Había una vez un samurái errante. En sus andanzas por el país, se le había acabado el dinero y tenía dificultad para conseguir su alimento diario. En aquella época, había una costumbre según la cual todo samurái que visitase una Academia de Kendo y midiese fuerzas con el maestro de esa academia o con uno de los discípulos, era invitado a comer, sin tener en cuenta si vencía o no. Acordándose de este hecho, el samurái errante pensó que sería una gran idea aprovechar esa costumbre para garantizar su subsistencia. Entonces, resolvió visitar justamente a la hora de comer, todas las academias que encontrase durante su viaje, dejándose vencer a propósito para terminar pronto la lucha y recibir un plato de comida. Y, así, llegando cierta tarde a una de las más grandes academias de Edo (antigua capital del Japón), gritó:

— ¡Hay alguien en casa!

Cuando uno de los discípulos vino a atender, el samurái dijo en voz alta y clara: — Soy un samurái que recorre el país, para perfeccionar mis habilidades en el manejo de la espada. Me gustaría luchar con el dueño de esta Academia.

El hombre que lo atendió quedó impresionado con el aspecto valiente del samurái y fue corriendo a anunciarlo al maestro:

— ¡Maestro! ¡Maestro! ¡Allá afuera hay un samurái muy fuerte y dice que desea luchar con Ud.!

El maestro, que estaba cenando, respondió:

— Condúzcalo a la sala de entrenamientos y pídale que espere un poco.

Así, el samurái quedó esperando en la sala de entrenamientos. Luego, vino el maestro de la academia, un hombre alto y fuerte. Se saludaron e inmediatamente se levantaron para la lucha. Pero, el samurái no tomó ninguna posición de defensa o de ataque, ya que estaba con hambre y quería ser derrotado cuanto antes, para terminar con esa lucha y poder comer. Por eso, se quedó simplemente parado, sin

levantar la espada de madera que tenía en la mano derecha.

El maestro se sorprendió al ver que el samurái estaba totalmente descubierto para el ataque del adversario. Hasta parecía ser que desconocía completamente el arte de la esgrima. Sin embargo, era imposible que un hombre sin experiencia desafiara a esgrimistas experimentados, sin motivo. "Tal vez esté simulando para atraerme", pensó el maestro. Y dijo:

— Defiéndase, caballero.

Y el otro respondió, con la mayor calma: — Estoy bien así.

Viéndolo tan tranquilo, el maestro empezó a inquietarse, pensando:

"Ese samurái debe ser un excelente espadachín, porque de lo contrario no estaría así parado y tranquilo, totalmente abierto al ataque de un adversario experimentado como yo. Él, mantiene su espada baja, como si no tuviera la mínima intención de atacar; pero con seguridad, en el momento en que yo haga el más leve movimiento con mi espada, él aprovechará ese pequeño instante y dará el golpe, con la rapidez de un relámpago. Por eso, no debo moverme. Si cometo el error de iniciar un mínimo movimiento antes que él, perderé la lucha".

Así, pensó el maestro de la academia; y cuanto más deseaba atacar, más inmovilizado se sentía, temiendo darle al adversario una oportunidad de contraataque. En suma, su mente estaba perturbada debido al miedo de ser golpeado. En cambio, el samurái estaba completamente tranquilo, pues, en vez de temer el ataque del adversario, pensaba en ser golpeado lo más pronto posible, para poder comer después. El maestro se mantenía inmóvil, observando aten- tamente al adversario, pero su mente estaba agitada, pues se había convencido de que el samurái era muy fuerte y respondería a cualquier tentativa de ataque. Se diría que, mentalmente, el maestro estaba trabando una tremenda lucha con ese "terrible adversario", que él mismo había creado en su imaginación. Por eso, a pesar de mantenerse inmóvil, su mente estaba dominada por el miedo. Al cabo de unos minutos, su corazón comenzó a latir con más rapidez, su respiración se volvió

jadeante y el sudor le comenzó a correr por la cara. Finalmente, tiró al suelo su espada de madera, se inclinó delante del adversario y dijo con respeto:

— A lo largo de mi carrera, luché con muchos maestros de artes marciales; pero, hasta hoy, no había encontrado a un hombre tan temerario y seguro de sí mismo como Ud. Me gustaría saber cómo se llama su estilo de esgrima y en qué escuela lo aprendió.

El samurái errante, un tanto avergonzado, respondió:

— Usted está engañado. Yo no soy fuerte como Ud. piensa. Sólo soy un samurái mediocre, y en cuanto a mi estilo de esgrima, tal vez podríamos llamarlo de estilo "ganas de comer". Le voy a explicar el por qué: Recorriendo el país, me quedé en la miseria y no sabía qué hacer para garantizar mi sustento diario. Hasta que, finalmente, tuve la idea de visitar cada academia que encontrase a mi paso y desafiar al dueño o a los discípulos para luchar, pues me acordé de la costumbre de las academias que ofrecen una comida a tales visitantes. Lo que yo quiero no es vencer la lucha, sino obtener comida. Por eso, sea cual fuere el adversario que acepte mi desafío, no me atemorizo. No pienso más que en dejarme vencer cuanto antes y recibir un plato de comida y, por esa razón, mi mente se mantiene tranquila e imperturbable, aun ante los más fuertes adversarios. Parece que, debido a mi actitud, Ud. pensó que yo era un gran espadachín y ese temor no lo dejó actuar. Ahora que sabe la verdad, derróteme rápidamente y luego deme por favor un plato de comida.

Al oír esta explicación, el maestro reflexionó y comprendió que, "sintiendo temor, no se puede discernir correctamente las cosas, se agita la mente y provoca la derrota; mientras que la ausencia de miedo o temor mantiene la mente tranquila y hace posible obtener la victoria".

Este ejemplo nos demuestra que una persona con la mente totalmente serena es más fuerte que un eximio maestro que se deja dominar por el nerviosismo. Aquellos que tienen siempre el corazón lleno de armonía y nunca pierden la serenidad mental son dueños de un carácter superior y, con seguridad, alcanzarán la victoria,

pues en cualquier circunstancia pueden manifestar plenamente su capacidad. En los exámenes escolares, a veces ocurre que algunos estudiantes brillantes sacan notas más bajas que sus colegas considerados menos inteligentes. Esto ocurre, cuando tienen la mente intranquila debido a la ansiedad y no pueden manifestar ni la mitad de su verdadera capacidad.

Cuando estamos con la mente agitada, la memoria falla, disminuye nuestra capacidad de discernimiento y nos aturdimos, tal como ocurrió con aquel maestro ante la serenidad del samurái errante.

Cierta vez, un criado que trabajaba para un príncipe feudal recibió la orden de su amo para salir a trabajar en medio de la noche. En una calle oscura, estaba un samurái que había adquirido una espada nueva y resolvió probar la capacidad de corte del arma, atacando algún transeúnte. Cuando vio al criado, que parecía débil, el samurái pensó que sería una víctima ideal y lo llamó: ¡Pare! ¡Lo desafío a un duelo de espadas! El criado nunca había aprendido ' esgrima; pero, siendo de origen noble, era considerado samurái. Y un samurái jamás rehúsa un duelo. El criado decidió luchar, pues sabía que si intentaba huir ante el desafío para un duelo, causaría una gran vergüenza a su soberano, el príncipe Yamanouchi. Pero, como nunca aprendió esgrima, no sabía ni siquiera como dejarse golpear por la espada del adversario para morir con dignidad y no causar vergüenza a su soberano. Tomando la decisión de aprender, por lo menos, a ser golpeado con dignidad para no manchar el nombre de su amo, el criado dijo al samurái:

— Por favor, ¡espere un momento! Estoy dirigiéndome a un lugar, para cumplir la tarea que mi amo me ordenó. Aunque sea un simple criado, no dejo de ser un samurái y jamás miento. Después de cumplir la tarea ordenada por mi amo, volveré aquí y lucharé con Ud. Le pido que me espere aquí hasta que regrese. Entonces sí, podremos luchar a gusto.

El samurái atendió al pedido, y el criado siguió su camino. Tan pronto cumplió su tarea, el criado buscó un famoso maestro de esgrima, que dirigía una academia en Edo, le explicó su situación y con gran fervor, pidió:

— Enséñeme como ser golpeado por el adversario, pues deseo morir con dignidad para no manchar el nombre de mi amo.

El maestro de esgrima quedó muy sensibilizado con tu actitud mental del criado y le enseñó el método de enfrentar al adversario con la mente serena:

— Apenas saque la espada, levántela con ambas manos. Si mira al adversario que estará listo para atacarlo, quedará con la mente alterada por el temor. Por lo tanto, apenas levante la espada, cierre los ojos y no los abra hasta el fin. En el instante en que el adversario ataque y sienta en alguna parte del cuerpo el frío de la lámina, baje su espada sobre él, con todas las fuerzas de su cuerpo. Así, Ud. matará al adversario en el mismo momento en que será muerto por él y; por lo tanto, su muerte será digna.

El criado agradeció al maestro y, cumpliendo la promesa volvió al lugar donde el adversario lo aguardaba. Sacó la espada, la levantó con ambas manos, cerró los ojos, y esperó el golpe de la fría lámina de la espada enemiga. Pasaron algunos minutos, y nada de sentir el golpe. ¿Qué será que está sucediendo?", pensó el criado, permaneciendo de ojos cerrados. Por el ruido, percibió que el adversario estaba jadeante. Pasaron veinte minutos, treinta minutos. La respiración del adversario se volvió más jadeante. Inmediatamente, el criado escuchó un ruido delante de él. Abrió los ojos y vio al samurái adversario postrado a sus pies. De rodillas y con la frente tocando el piso, el samurái pidió perdón al criado:

— Lo desprecié pensando poder matarlo fácilmente. Pero veo que es muy superior a mí. Le pido que me salve la vida.

El criado venció al joven y agresivo samurái porque, habiendo tomado la decisión de morir con dignidad, mantuvo la actitud mental serena, cerrando los ojos delante del peligro fenoménico.

Por eso, repito: Si desean realizar grandes obras superando los más difíciles problemas de esta vida, es necesario saber mantener la serenidad y la paz de espíritu, en cualquier circunstancia. Ese estado espiritual les permitirá manifestar plenamente su verdadera capacidad y obtendrán la victoria en todo lo que realicen

en la vida.

Otra cosa necesaria para salir victoriosos en esta vida es "no pretender huir de las dificultades". Si tratamos de huir de las dificultades y de las cosas desagradables sig- nifica que ya perdimos la serenidad y fuimos derrotados. El verdadero vencedor es aquél que no ve las dificultades y mantiene su mente siempre serena e imperturbable, mirando únicamente la perfección de la Imagen Verdadera de todas las personas, cosas y hechos.

Queridos lectores, cumplan fielmente todas sus tareas y obligaciones. Por más difíciles que parezcan, tengan la seguridad de que Dios jamás da al hombre tareas que no sea capaz de realizar. A través del cumplimiento de las tareas recibidas de Dios, podrán perfeccionar, cada día más, su alma y aumentar en gran medida su capacidad. Entonces, nuevas perspectivas se abrirán ante sus ojos y descubrirán que las situaciones que antes les parecían adversas, en realidad, son trampolines para el éxito.

Sea cual fuera lo que sobrevenga en nuestra vida, no debemos perder la serenidad. Por más altas que sean las olas de adversidades, éstas se calmarán rápidamente ante la serenidad con que las enfrentamos.

CAPITULO X

VIVA CON EL CORAZON REPLETO DE GRATITUD A TODAS LAS