MILITARY APPLICATIONS
1.6.2 Distributed Generation
Pasado el 9-11, Estados Unidos enfrentó un periodo crítico en sus políticas de seguridad nacional, por lo tanto, un cambio en la estructura del gobierno, permitiría hacer frente a las amenazas. Para ello, el presidente George W. Bush propuso la creación de un nuevo Departamento de Seguridad Nacional, (DHS) ―cuya misión principal es la de proteger a la patria‖, y crear una estrategia para la seguridad interna y mundial. (Traducción del autor) (Bush, 2002)
Lo que traduce en la vulnerabilidad de Estados Unidos de lograr mantener la seguridad interna y evitar ataques terroristas como los del 9-11. El cambio de las amenazas que enfrenta Estados Unidos necesita que la estructura del gobierno pueda proteger los enemigos invisibles, que a la vez, pueden atacar con una amplia variedad de armas. Hoy en día, ninguna agencia de gobierno tiene la seguridad nacional como uno de sus principales objetivos en sus agendas y en el
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caso de Estados Unidos estas están divididas en más de 100 organizaciones gubernamentales diferentes (Bush, 2002; The Departament of Homeland Security, 2014), las cuales no han sido efectivas para la protección de las actuales amenazas y las que podrían venir en el futuro.
A partir de lo anterior, el DHS se planteó en una estructura organizacional con cuatro divisiones. Primero, seguridad de fronteras y transporte. Segundo, preparación y respuesta a emergencias. Tercero, contramedidas a ataques químicos, biológicos y radiológicos. Cuarto, análisis de información y protección a la infraestructura (Bush, 2002). En la primera división, se unificaron todas las autoridades sobre las operaciones de seguridad en las fronteras -Guardacostas, el Servicio de Aduanas, el Servicio de Inmigración y Naturalización, la Patrulla Fronteriza, el Servicio de Inspección de Sanidad Agropecuaria del Departamento de Agricultura, y la recientemente creada Administración de Seguridad en el Transporte- (The Departament of Homeland Security, 2014) en un solo ente para permitir la entrada a Estados Unidos.
La segunda división, se encarga del trabajo en conjunto con la agencia federal de manejo de emergencia (FEMA) el cual, ―administraría los programas de becas para los bomberos, la policía y el personal de emergencia actualmente gestionados por FEMA, el Departamento de Justicia y el Departamento de Salud y Servicios Humanos‖ (Traducción del autor) (Bush, 2002; Federal Emergency Management Agency, 2014).
La tercera división es la encargada de dirigir y hacer simulacros ante cualquier amenaza local con armas biológicas, químicas, nucleares y radiológicas, la cual cuenta con equipos ―de respuesta de ataque y planes de contingencia, el resultado de este esfuerzo sería consolidar y sincronizar los esfuerzos dispares de múltiples agencias federales actualmente dispersos en varios departamentos‖ (Traducción del autor) (Bush, 2002).
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La cuarta división, se encarga de la unión entre las diferentes agencias de inteligencia y restructuración funcionaria con el objetivo de identificar y evaluar las posibles amenazas contra las vulnerabilidades existentes. Para dicho fin, agencias como la CIA, FBI, NSA, INS, DEA y DOT están trabajando en conjunto para tomar las medidas preventivas y de protección nacional. Aunque, ―la unión del FBI y de la CIA proporcionarán análisis crítico y la información al nuevo Departamento‖ (Traducción del autor) (Bush, 2002).
Con este proceso, Estados Unidos entró en una etapa donde la seguridad nacional fue uno de los principales ejes de su política interna y exterior, al mismo tiempo, volvió la seguridad un asunto ―intermestico‖ (Manning, 1977). A partir de lo anterior, la política de seguridad de Estados Unidos se convierte en una guerra incesante contra cualquier actor que represente una amenaza a la seguridad mundial, no obstante, el cambio de política de seguridad no solo transformó la estructura de gobierno, sino que cambió la estructura de seguridad internacional. De acuerdo con lo anterior, autores como Kelly (2003) argumentan que la política de seguridad es considerada como un nuevo orden mundial (NWO) debido a que las reglas de las guerras son universales y los conflictos internos de los partidos políticos en Estados Unidos sobre los poderes de la guerra han sido de tendencia mundial por el liderazgo de este país. Hoy en día, esto se debate de acuerdo con lo acontecido en el 9-11, en la búsqueda de una estrategia de guerra y de mantener el poder militar imperante.
De lo anterior, se deduce que los rezagos del episodio del 9-11 dejan como consecuencia la estigmatización, desconfianza, violencia e incluso, violación de derechos civiles ―contra personas pertenecientes a Estados del mundo árabe y musulmán a través de la creación de la Iniciativa de lucha contra el Post 9-11 como reacción discriminatoria‖ (Traducción del autor) (The Departament of Justice, s.f.). Así mismo, la región de Oriente Medio pasó a ser una zona de guerra bajo los intereses de seguridad de Estados Unidos.
55 4.2 EL POSICIONAMIENTO REGIONAL IRANÍ
El Medio Oriente es una región singular en cuanto a la política exterior y el cambio de liderazgos que han variado de un periodo histórico a otro. (Guerrero y Jaramillo, 2013). A diferencia de Estados Unidos, quien ha mantenido una hegemonía constante en el sistema internacional, en Medio Oriente ha sido un asunto corto y variable. Por ejemplo, Egipto, fue durante un tiempo el líder del mundo árabe y su hegemonía se derrumbó debido a las ideas chocantes entre el discurso prooccidental y una política interna de represión desde el gobierno de Anuar El-Sadat hasta Hosni Mubarak. (Guerrero y Jaramillo, 2013).
Lo mismo ocurrió con Irak de Saddam Hussein, cuando estalló la revolución iraní, se vio vulnerable a ser propagada y cambiar el statu quo. En contraste, el caso de Irán ha sido diferente y ha sabido tolerar los cambios del sistema internacional. Por lo demás, Irán se ha basado en la concertación de proyectos de transformaciones regionales padeciendo los complejos regionales de seguridad (Buzan & Weaver, 2003) debido a las invasiones que han sufrido los Estados vecinos. Ante esta situación, autores como Amirah Fernán (2009), argumenta que las pretensiones de los dirigentes iraníes, están enfocadas a que Irán sea ―el hegemón regional, debido a su ubicación geográfica, el peso de su población, su riqueza en recursos naturales y su pasado imperial que lo diferencia del resto de sus vecinos‖.
La posición geopolítica de Irán permite tener una ventaja sobre los demás Estados de la región, por un lado, ―está situado en el cruce entre Oriente y Occidente y, próximo al corazón de Eurasia, es el único país que conecta el golfo Pérsico y el mar Caspio, dos áreas ricas en recursos energéticos‖ (Mohammadi, 2006). Por otro lado, la resistencia iraní ante las guerras regionales le permitió a Irán mostrar al mundo, que a pesar de la precaria situación de seguridad regional, Irán ha
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estado ausente de padecer una guerra, lo que lo sitúa en una condición de estabilidad regional, por ese motivo:
Las tres grandes guerras del golfo Pérsico, la guerra de Afganistán, la inestabilidad en el Asia occidental y la situación actual en Irak, Palestina y Líbano ponen de manifiesto que Irán está situado en un entorno precario de seguridad. Todos estos hechos sugieren también que Irán ha supuesto un factor clave para la paz y la estabilidad en la región. (Mohammadi, 2006)
Al lado de ello, se atribuye la ubicación geográfica de Irán, quien está rodeado de Estados con los cuales ha tenido conflictos, sin embargo, ha sabido manejar la situación de manera diplomática a pesar de las diferencias religiosas e ideológicas con los demás Estados. No obstante, el número de actores que intervienen en la política iraní genera disputas en la toma de decisiones y al momento de ejercer una línea duradera de política exterior. Esto es en sí, parte de la herencia que dejo la revolución iraní –más adelante se profundizará en este tema- debido a los cambios de un sistema monárquico por un sistema teocrático:
El régimen iraní actual es legado de la Revolución Islámica de 1979, que obligó a la transición del país de una monarquía absoluta a una teocracia. Así se consagró en la Constitución de 1979, modificada en 1989. Este régimen, basado en la ley coránica o sharia, contempla las tres ramas del poder político como en el resto de sistemas políticos: ejecutivo (presidente y sus ministros), legislativo (Asamblea Consultiva Islámica) y judicial (Tribunal Supremo). No obstante, a esta configuración política se debe sumar un elemento especial: la figura vitalicia del Guía Supremo, que, como parte de la rama ejecutiva, es considerado la máxima autoridad de política —interna y exterior— y religiosa. (Guerrero y Jaramillo, 2013, p. 141)
Ante estos inconvenientes de la toma de decisiones en política exterior, existe un tema que le daría a Irán el poder necesario para cambiar el equilibrio de poder regional encaminado en el desarrollo del programa nuclear. Este hecho cambiaría
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la relación de Irán con sus vecinos y las funciones que desempeñan en la región, de manera que se estaría luchando el poder con Israel para debatirle la condición de potencia regional. Así lo ha manifestado el ministro de asuntos exterior de Irán Mohammad Yavad Zarif en constantes negociaciones entre Estados Unidos e Irán, quien argumentó que:
La República Islámica de Irán tiene el poder y la capacidad de desafiar a Estados Unidos e Israel en el escenario internacional. Para alcanzar esto, se debe creer en las propias habilidades y en el equipo diplomático. Si pensamos que hay una sola voz en los Estados Unidos, estamos equivocados. Utilizando los puntos de vista opuestos en los Estados Unidos, podemos ser los ganadores en la escena (diplomática), y, por supuesto, podemos tomar ventaja de las debilidades del régimen sionista. (Traducción del autor). (Daioleslam, 2013)
De esta manera, Irán está ejerciendo presión para ser la potencia regional y modificar el equilibrio de poder. Para dicho efecto, la ambición iraní de tener protagonismo en el sistema internacional, no solo se centra en ser la potencia regional, sino en cooperación regional de la guerra de Irak. Sin embargo, Irán presenta falencias para llegar a ser la potencia regional, puesto que, la posición de Ahmadinejad quien desafió a la comunidad internacional con la continuación del programa nuclear y la llegada de Rouhani, transformó los ideales de la revolución iraní, lo que incitó a un debate interno sobre la importancia de Irán en el sistema internacional.
En el mismo contexto, acontecimientos cómo la primavera árabe, le permitió a Irán ser observador de como las revoluciones del mundo árabe, causó más problemas que soluciones en el cambio del equilibrio de poder. A pesar de estos eventos, y de las ventajas que tiene sobre los demás Estados ha sido difícil para Irán desarrollar sus objetivos tanto regionales como de política exterior en la medida que la situación regional es inestable y su política exterior un poco confusa en la
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forma de interacción de los actores. Sin embargo, la política exterior iraní tiene la particularidad de ser una combinación del imperio persa y el islam.
El imperio persa constituyó el modelo más claro de lo que sería un imperio mundial, fue el último de los imperios (mediados del siglo VI A.C) más cercanos a oriente y su extensión abarcó gran cantidad de pueblos que logró dominar, por esta razón, los persas crearon un tipo de política más tolerante que los imperios anteriores. Por lo que se basó en un sistema de unidades políticas dependientes de un fuerte de poder central (Ushistory.org, 2015). Por otro lado, el islam es una religión revelada por Dios a todos los pueblos y en todas las épocas. Es accesible a toda persona y consiste en dar importancia al respeto, los derechos y responsabilidades. Está basado en su libro sagrado el Corán y este sigue las líneas tradicionales del profeta Muhammad el cual contienen los derechos y las responsabilidades otorgadas por Dios a la humanidad (Stacey, 2015).
Teniendo en cuenta lo anterior, resulta complejo mantener un equilibrio del Islam y el imperio persa, debido a las interacciones regionales de los Estados, los cuales guían sus intereses y política exterior sobre otras bases y ha permitido un desarrollo más preciso y estable en su política exterior. Por lo tanto, a Irán le queda por seguir siendo paciente ante la situación regional, así lo argumentó Mohammadi (2006)
La postura de Irán con respecto a los problemas regionales, de los cuales el más significativo es la situación actual en Medio Oriente, fundamentalmente en Irak, Afganistán, Líbano y Palestina. Irán ha anunciado en repetidas ocasiones que cualquier guerra e intervención extranjera provocaría una situación difícil. Por ello, ha condenado la acción unilateral emprendida en la región e insta a que las fuerzas de ocupación se retiren cuanto antes. Creo que ha llegado el momento de que las fuerzas extranjeras abandonen Irak, con la mayor brevedad posible, para lo cual debería fijarse un calendario de retirada. A pesar de lo que algunos piensan, dicha retirada podría contribuir a una mayor seguridad en dicho país.
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A partir de esta situación, Irán debe proteger sus intereses y objetivos basados en la justicia, la libertad, la independencia regional y consecuentemente, hacer compensación de poderes especialmente si cuenta con la presencia de tropas estadounidenses en países vecinos. Por lo tanto, esto hace que los intereses de Irán se entorpezcan, y siga siendo el mismo actor observador que ha sido en las últimas décadas.
En otros términos, el posicionamiento iraní está sujeto a la ausencia de fuerza extranjera en asuntos pertenecientes a Medio Oriente, y de como Irán ha utilizado la diplomacia para la resolución de conflictos y cooperación. Es decir, si Estados Unidos despeja las tropas en Irak, Afganistán, Líbano, inmediatamente, se cambia la situación política y el equilibrio de poder en la región y es Irán el que pasa a tomar protagonismo en estos asuntos y sus objetivos basados en la independencia y la justicia se llevarán a cabo en el prestigio de los intereses iraníes.
4.3 CAMBIO DE PRESIDENCIA EN ESTADOS UNIDOS E IRÁN, Y LA LÍNEA