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5. Design and Implementation: The Scope of Assurance Rules

5.5 Does Assurance Lead to Confiscation?

Tal vez parezca algo raro este pequeño titular y excesiva la atención que nos proponemos darle a este aspecto de la sensibi- lidad humana: la sensibilidad frente a la belleza.

En realidad, es algo muy lógico, después de haber hablado de la sensibilidad frente a lo que es verdadero y bueno que ha de realizarse en la vida personal (la sensibilidad moral) y en la in- terpersonal (sensibilidad relacional), pasar a considerar esta otra relación neurálgica del camino humano de crecimiento: la rela- ción con la belleza. No basta con buscar lo verdadero y lo bueno ni es suficiente madurar una atención especial hacia la verdad y

la bondad, sino que es necesario unir a estos recorridos también aquel en lo relativo a la belleza. Por otra parte, el gusto por lo bello se une siempre al de lo bueno y lo verdadero.

a. Lo bello, "esplendor de lo verdadero"

Es bien conocida la insuperable definición de Platón: "Lo be- llo es el esplendor de lo verdadero"20. Es una confirmación de

cuanto dijimos acerca de la relación entre verdad y belleza (y bondad). Que no es una simple relación conceptual. Nos dice, en efecto, en último análisis, que sólo en un camino de búsqueda sincera de la verdad puede surgir una auténtica sensibilidad es- tética, es decir, la capacidad de reconocer la belleza y gustarla, o hasta de crearla con las propias manos o de dar testimonio de ella y hacerla evidente en la propia vida y en la propia persona: una vida hermosa en una bella persona que siembra belleza a su alrededor.

En realidad, cuando hablamos de sensibilidad estética entende- mos justamente estas actitudes, expresadas por estos cuatro verbos:

1) Darse cuenta

Ante todo queremos entender la capacidad de darnos cuenta de la belleza que está a nuestro alrededor, y también dentro de nosotros, así sea pequeña o grande, saberla reconocer aun cuando esté o parezca estar mezclada con su contrario, o que no es perfecta, o sólo es un fragmento de belleza en un mar de feal- dad. Es triste e inquietante pensar que podemos pasar al lado de la belleza o vivir inmersos en ella o convivir con la misma sin que nos demos cuenta, o confundiéndola con lo que sólo es especta- cular o grandioso, famoso o funcional a los propios objetivos, o yendo a buscarla no se sabe dónde. En este sentido, podemos de- cir que la sensibilidad estética es esencialmente estática, capaz de

temor y estupor, abierta a lo inédito, a lo inesperado, a lo "nunca visto". Sobre todo es una sensibilidad abierta al misterio y de ese modo capaz de vislumbrarlo en cualquier parte, porque en cada cosa o persona se esconde una belleza misteriosa. Pero sólo unos pocos tienen acceso a ella, la gran mayoría pasa por encima de ella indiferente. Y como dice Heschel, en la tradición bíblica "la indiferencia a la maravilla sublime de la vida constituye la raíz del pecado"21.

2) Gustar

Sensibilidad estética significa, radicalmente, capacidad de gustar la belleza, de gozar al verla y experimentarla de cualquier manera. La belleza interesa sobre todo a la vista, pero en reali- dad todos los sentidos están implicados en la experiencia de la belleza, y cuanto más exista dicha implicación de los sentidos, tanto más grande será luego la posibilidad de disfrutar para el individuo. Si cualquier cosa, evento o encuentro son percibidos como bellos por los sentidos externos el goce será relativo y en todo caso muy inferior al goce por la belleza percibida como tal por los sentidos internos y también externos.

Otra condición importante para gozar con la belleza es la li- bertad interior, esa libertad que hace gratuito al ojo, embelesado únicamente por la belleza "inútil" del objeto percibido. Quien en todas las cosas busque captar el aspecto utilitarista o mercantil no estará nunca en capacidad de gozar de la belleza (y tal vez ni siquiera de darse cuenta de ella). Sería la mirada "astuta", mirada pragmática que se detiene en la superficie de las cosas, y que es algo muy diferente de la mirada inteligente, la que es tal por ser capaz de contemplar y gustar lo bello.

Al respecto, he aquí lo que nos relata un cuento chino:

21 HESCHEL, A. Citado en: PISARRA, P. Ilgiardino delle delizie. Roma, 2009, p. 48.

Un monje, un bandido, un pintor, un avaro y un sabio viajaron jun- tos. Al anochecer encontraron refugio en una gruta. "¿Se puede con- cebir un lugar más adecuado para un ermitaño?", dijo el monje. "¡Qué escondite tan ideal para los malhechores!", dijo el bandido. El pintor murmuró: "Estas rocas y estas sombras proyectadas en las paredes por las antorchas son un tema óptimo para mis pinceles". El avaro dijo a su vez: "Éste es el lugar ideal para esconder un tesoro". El sabio escuchó a los cuatro y dijo: '¡Qué gruta tan bella!"22.

Es interesante que de los cinco personajes sólo uno, el sabio, es libre de contemplar aquella gruta en lo que ella es, mirarla en su singularidad y unicidad, tal vez algo misteriosa, sin ser esclavo de la razón utilitarista. Sólo el sabio logra captar el misterio de la belleza y la belleza del misterio.

Si disfrutar de la belleza quiere decir liberar al ojo de la mirada interesada y por ende miope, el mismo acto de gustar la belleza es acto agradable y gratuito, es goce interior aunque antes o des- pués será visible también a lo exterior, es sensación misteriosa y motivada. En efecto, nace, fundamentalmente, de una sorpresa absoluta: la verdad se manifiesta, habla al hombre, y no sólo con el lenguaje de la mente o de la reflexión intelectual, sino con el de la belleza que se dirige, por su propia naturaleza, a todos los sentidos. La belleza es esta nueva vía que introduce en la verdad, y revela estos aspectos del todo nuevos.

Más aún, no se descubre la verdad si hasta cierto punto no se descubre también de ella esta vertiente, vale decir el hecho de que se revele en la belleza. Lo cual sería como el aspecto miste- rioso de la verdad, en el sentido que le dimos antes. La verdad es, desde este punto de vista, el sentido oculto de las cosas, lo que está presente en todas partes y que nos atrae, se comunica a nosotros, nos habla, nos envía mensajes, se hace rozar y tocar, es amiga de nuestra vida, desea descubrirse, es rica en luz y calor, es bella... Y nosotros la podemos vislumbrar, intuir, tocar el borde

de su manto, captar un fragmento de ella... Es ya bello el simple hecho de buscar la verdad, pero la alegría explota cada vez que en efecto la podemos captar así en un solo detalle suyo y descu- brimos su íntima y extraordinaria belleza, que es siempre nueva e inédita y, así sea pequeña, capaz de contener siempre el todo.

3) Crear

La creatividad es siempre una síntesis de pasividad y actividad. Por lo tanto, si por una parte es la belleza la que nos viene a en- contrar; por el otro, somos nosotros los que caminamos hacia ella; o si es ella la que se revela, somos luego nosotros, cada uno de nosotros, quienes la hacemos viva, los que dialogamos con ella y hasta la creamos. Es una de las posibilidades supremas concedidas a la creatura. La que ha sido creada como "buena y bella" no sólo porque el Padre Dios creador se complace en su propia obra de- leitándose al contemplarla, sino porque es capaz de continuar esa creación buena y bella para llevarla a su cumplimiento, llegando a ser la creatura misma -siempre por gracia- artífice de belleza.

Tendría que decir que ¡más no podría haber amado el Creador a su propia creatura! Pero es la confirmación de que de verdad fuimos creados a imagen y semejanza de quien nos dio la vida.

"Crear belleza", entonces, tiene un significado progresivo y cada vez más pleno para nosotros, respecto a los sentidos exter- nos e internos y a los valores que de tal manera pueden enrique- cer nuestra vida y nuestra sensibilidad.

a) Valores creativos

Un primer significado es tal vez aquel más obvio y natural, casi físico: podemos crear belleza en las obras que realizamos. De hecho, esto sucede cuando lo que realizamos respeta la verdad, la verdad de nuestra identidad, de lo que somos y estamos llama- dos a ser, es como una expresión de nuestra vocación y al mismo tiempo de nuestra originalidad. Quizá no sea una obra de arte, más aún, normalmente no lo es precisamente ni necesita serlo; le

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basta ser expresión única-individual-irrepetible de nuestra hu- manidad personal, de nuestra verdad de ser. Esta clase de realiza- ción corresponde a aquellos que Frankl (el psicólogo de los Lager nazistas) llama valores creativos, que representan de manera más precisa, para el mismo Frankl, lo que nosotros le damos a la vida mediante nuestras capacidades y dotes personales, y que llega a ser "bello" porque expresa la individualidad irrepetible de la persona. La importancia de lo que se hace, comenta Frankl, no es dada por la entidad material o la resonancia social de la cosa hecha, ni tampoco por éxito personal que el individuo haya ob- tenido a través de ella, sino por la conciencia de haber expresado las propias convicciones e ideales y al mismo tiempo la propia originalidad en una síntesis del todo nueva que sólo ese indivi- duo habría podido realizar de esa precisa manera, y que ahora es lo que da sentido a su vida23.

Al respecto existe una bellísima expresión de aquel sacerdote veraz que fue don Milani, el cual -a la madre que lo invitaba a no resignarse a permanecer (y sustancialmente por castigo) en un puesto insignificante como Barbiana- respondía: "La grandeza de una vida no se mide por la grandeza del lugar en la que se ha desa- rrollado, sino por cosas muy diferentes. Y tampoco las posibilida- des de hacer el bien se miden por el número de parroquianos"24.

Y a un docente, N. Neri, le confiará: "Cuando hayas perdido la vida como la perdí yo, detrás de pocas decenas de creaturas, en- contrarás a Dios"25. Como si se dijera, la vida de don Milani se

vuelve hermosa por lo que ella da de sí de una manera absoluta- mente única-singular-irrepetible, a poca gente, en un ambiente que se diría olvidado de Dios y de los hombres, y a poquísimos

23 Cf. FRANKL, V. E. Logoterapia e analisi esistenziale. Brescia, 1972, pp. 83-86.

(Traducción al español como Logoterapia y análisis existencial. Herder, 2003).

24 GESUALDI, M. Lettere di don Lorenzo Milani priore di Barbiana. Cinisello Balsamo,

2007, carta a la madre, del 28 de diciembre de 1954, citada por A. Borghesi con ocasión de la 3a marcha de Barbiana, 16 de mayo de 2004.

25 Ibíd., carta del 7 de enero de 1966; cf. también DI GIACOMO, M. Tra solitudine e

muchachos con los cuales inventa un método sumamente origi- nal de aprendizaje escolar y existencial (que sólo él habría podido inventar). Su vida "perdida" en un lugar olvidado encuentra y crea una belleza inédita de la cual él en primer lugar goza.

No se preparaba, por el contrario, a vivir una vida bella ni a crear belleza en el propio ministerio de ese otro sacerdote, des- tinado a una cierta parroquia rural, que se expresaba así: "Me siento malgastado en esta pobre parroquia con esa gente igno- rante. ..". ¡Qué mezquindad tan presuntuosa!

b) Valores experienciales

Pero también se puede crear belleza de otra manera, o recu- rriendo a otros valores, esos que Frankl llama siempre experien- ciales, y que corresponden a la posibilidad de experimentar las realidades positivas de la vida, aquello que nosotros por tanto recibimos de ella (las bellezas de la naturaleza, las realizaciones artísticas, ciertos momentos más significativos y cargados de hermosura especial, etc.). Pero de estos valores hablamos ya im- plícitamente en el párrafo anterior relativo al gustar la belleza. Ciertamente este tipo de valores, y por ende el saber gustar la belleza, indican una cierta madurez y sensibilidad. Y por lo tanto implican un camino correspondiente de formación de la sensibi- lidad misma. Existe mucha belleza en la vida alrededor de noso- tros, pero uno podría, sin embargo, no darse cuenta nunca ¡y no aprender jamás a gozar de ella!

c) Valores actitudinales

Nos interesa, en cambio, mucho más la tercera posibilidad de crear belleza señalada por Frankl, mediante los valores llamados actitudinales, que consisten en la capacidad de dar sentido a situa- ciones también dramáticas, de resultado inevitable, como es -por ejemplo- una enfermedad incurable, o a toda aquella realidad de límites fisiológicos, psicológicos o morales que condicionan de manera más o menos agobiante la vida de cada quien, haciendo

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que no sea ciertamente bella en apariencia. Aquí es todavía más evidente el aspecto creativo del sujeto. El ser humano, como lo enfatiza siempre un estudioso digno de crédito como Frankl, a pesar de todos los condicionamientos con los cuales pueda ser li- mitado, sigue siendo libre de asumir ésta u otra actitud aun frente a la desgracia más grave, más aún, puede no ser responsable de la desgracia misma, pero es, sin embargo, responsable de la posición con la cual la afronta, y con la que afronta la vida entera con sus asimetrías. En esa libertad y responsabilidad se oculta también la posibilidad de verdad preciosa que todo hombre posee de darle sentido a lo que no lo tiene, de aceptar lo que parece sólo efecto de un destino irónico, de encontrar un fragmento de verdad y belleza aun en las situaciones más dramáticas.

Precisamente en ese sentido va la perspicaz lectura de Frankl acerca de su dramática experiencia personal: observó él que en los campos de concentración, los que mejor resistían a los varios atropellos y violencias no eran tanto los más robustos y dotados físicamente, sino los que tenían un motivo por el cual valía la pena resistir (un afecto, un interés de vida, la propia familia...), o que trataban de cualquier forma de no sufrir la situación, sino de darle un sentido... Él mismo, el doctor Frankl, creó en los días horribles de Auschwitz la logoterapia, la terapia exactamente del significado de la vida. Y fue tal vez esto lo que le permitió sobre- vivir y derribar la situación trágica de esos meses, sirviéndose de ella para inventar un método terapéutico que volvió a darles serenidad mental y paz profunda a muchos enfermos psíquicos. En realidad, Frankl dio a aquella horrible situación una motiva- ción positiva altruista (el bien y la curación de muchos enfermos psíquicos), como es la motivación del amor26.

26 Me parece que pueda interpretarse también de esta manera la película de R. Benigni,

La vida es bella, ambientada siempre en el mismo terrible Lager, película en la que el amor del padre logra, con la creatividad típica de quien ama, relatarle y proponerle al hijo el Lager como un juego, y obrando así él mismo encuentra la fuerza de resistir a los horrores del

Así encontró él la manera de crear belleza aun... en el infierno27.

4) Dar testimonio

Quien se vuelve sensible ante la belleza también llega a ser su testigo. De alguna manera la encarna, la asume como modo de ser, como estilo de vida, como criterio de acción. Si aprendió a gozar de ella, no la busca para obtener ventaja o como una ex- hibición personal, sino porque se da cuenta de su atracción; si advierte su atracción, no la vive como un forzamiento o una obli- gación ética, sino porque es algo que le llega siempre del modo más natural y de lo cual se siente espontáneamente atraído; si le llega cada vez más de modo natural, resulta ser también la mejor manera de comunicar a los demás la verdad que tiene en su co- razón y que quiere mucho. Y así la belleza se convierte en anun- ciadora de verdad. En una cultura como la nuestra, en la que la verdad por sí sola parece no tener ya fuerza convincente, el len- guaje de la belleza llega a ser el camino de la contemplación y del testimonio de la verdad. En efecto, sin belleza la verdad es muda. Afirma B. Forte, pastor y teólogo sensible como pocos a la belleza:

No basta que la verdad sea propuesta por una argumentación lógica y el bien ordenado por el imperativo ético. Es preciso que ambos se mues- tren con su rostro atractivo y amable, porque sólo el amor mueve y con- vence: y el amor es suscitado y alimentado únicamente por la belleza"28. En la misma línea se encuentra otro teólogo enamorado de la belleza y empeñado con éxito en el arte de reproducir lo bello como M. Rupnik: "Teológicamente la belleza es una realidad pe- netrada por la verdad y el bien, es el amor realizado, es la celebra- ción de la verdad como amor y salvación para el hombre y para el

27 Cf. FRANKL, V. E. Alia ricerca d'un significato della vita. Milán, 2005; Uno psicologo

nei Lager. Milán, 2009.

28 FORTE, B. La via della bellezza. Brescia, 2009.

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mundo entero"29. De ahí la necesidad de que la nueva evangeliza-

ción realice una vigorosa recuperación de la centralidad de lo be- llo y de que cada creyente se comprometa "a mostrar cómo Cristo no es sólo verdadero y justo, sino también bello (el bello Pastor de Juan 10, 11.14, ¡según el original griego!), y cómo sea precisa- mente la belleza la que lo hace atractivo y significativo para quien busque razones para vivir junto con los demás"30. Por otra parte,

sigue siendo cierta la lección de san Agustín: "Non possumus amare nisi pulcra"31, podemos amar sólo lo que es bello. Y la be-

lleza logra tocar esas cuerdas del ánimo humano que permanecen impermeables a un puro, aunque fundado, razonamiento.

Lo bello atrae, fascina, emociona, rompe los esquemas dic- tados por la obsesión de lo útil, por el ansia del obrar, por la equivalencia tiempo-dinero, por la pretensión del evangelizador de recoger de inmediato los frutos del anuncio, por la confusión entre el Reino de Dios y el pequeño mundo del anunciador, por la desesperación de quien debe anunciarse a sí mismo..., y por todas aquellas fealdades que revelan una profunda insensibili- dad a la belleza, y que terminan por contaminar el anuncio de la Belleza suma, de Aquel que es el más hermoso entre los hijos del hombre, aun en la belleza misteriosa de la cruz. Qué diferente y eficaz sería el anuncio del Evangelio, que es buena y bella noticia, si fuera no sólo un anuncio verdadero y teológicamente irrepro- chable, sino que también fuera bello en la liturgia, la catequesis, la celebración, el comentario de la Palabra, la vida sacramental, la experiencia de la fraternidad, el servicio a los pobres, los gestos, las palabras, los rostros de los creyentes, el edificio del templo...

Y si alguien juzga como excesiva esta atención a la belleza, escuche esta consideración de von Balthasar, ése que tal vez po- dríamos considerar como "el teólogo de lo bello" por excelencia:

29 RUPNIK, M. I. En: GUCCINI, L. Volgeranno lo sguardo a coluí che hanno trafitto.

Como, 2006, p. 21. 30 FORTE, B . , Op. cit.

La belleza exige por lo menos tanto valor y fuerza de decisión como la verdad y la bondad; la belleza no se deja desterrar por estas dos her- manas sin arrastrarlas consigo por una venganza misteriosa. Quien en