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Why Does My Video Card Need to Have Its Own RAM?

In document Security Architecture and Design (Page 40-42)

Knowledge, Londres, Abacus, 1998, págs. 321-322 (trad. cast.: Consilience: la unidad del conocimiento, Barcelona, Galaxia Guten- berg, 1999). Algunas de las causas de los conflictos de Ruanda na­ cen en la época colonial: véase Mahmood Mamdami, When Vic- tims Become Killers: Colonialism, Nalivism and Genocide in Rwanda, Londres, James Curry, 2001.

90 Al Qaeda y lo que significa ser moderno

La rivalidad provocada por la escasez de recursos naturales desempeñó un papel central en las mayores guerras del siglo xx. La competencia por la obtención de los suministros de petróleo fue uno de los factores que desencadenaron la Segunda Guerra Mundial. El embargo impuesto por los Estados Unidos a las expor­ taciones de petróleo a Japón fue el factor decisivo que hizo que la opinión de los militares japoneses se incli­ nara del lado de la guerra. En 1941, uno de los factores principales que llevaron a Hitler a tomar la decisión de invadir Rusia fue la perspectiva de apoderarse de las instalaciones soviéticas de producción de petróleo. Si la historia ha de servirnos de alguna guía, el próximo siglo estará marcado por guerras cuyo objetivo será el con­ trol del petróleo.

Hoy, lo que sustenta cualquier conflicto potencial de cierta envergadura es la competencia por los men­ guantes suministros de hidrocarburos. Los últimos grandes yacimientos de petróleo convencional y barato —en torno a dos tercios de las reservas mundiales de petróleo conocidas— se encuentran en el Golfo Pérsi­ co. En la parte de Asia central controlada antiguamente por la Unión Soviética, las grandes potencias rivali­ zan por el control de las abundantes reservas de petró­ leo y gas natural de la cuenca del mar Caspio. En el mar del Sur de China, países como Taiwan, Vietnam, Filipi­ nas, Malasia y China reclaman los yacimientos submari­ nos de petróleo de las islas Spratly. Estas tres regiones son el escenario de una carrera armamentística.

Detrás de las crecientes rivalidades motivadas por los recursos naturales se encuentra el crecimiento de la población humana. El constante incremento demográ­ fico en todo el mundo aumenta el impacto humano so­

bre el conjunto del planeta. El resultado es un conflicto geopolítico creciente.

Habitualmente se considera a Thomas Malthus un falso profeta que fue incapaz de apreciar el poder de la inventiva humana en la superación de la escasez. En realidad, Malthus enunció una verdad prohibida. Al igual que otros animales, los humanos pueden desbordar la capacidad productiva de su entorno. Cuando esto su­ cede, la hambruna, las plagas o la guerra reducirán su número. No ha habido época en la historia en que esta verdad haya sido más evidente. Como ha escrito Robert Kaplan:

M althus — el prim er filósofo en centrarse en los efectos políticos de los suelos pob res, la ham bruna, la enferm edad y la calidad de vida de los indigentes— re­ sulta irritante porque ha definido el debate m ás im ­ portante de la prim era m itad del siglo x x . E n los años venideros, conform e la población hum ana vaya p asan ­ do de los 6.000 m illones de habitantes a los 10.000 m i­ llones, cifra en la que debería estabilizarse según las predicciones, el m edio am biente planetario se verá so ­ m etido a una pru eb a m ás dura que ninguna otra p ru e­ b a anterior — con 1.000 millones de personas ab o ca­ das a la ham bruna y a la violencia crónicas en las partes p ob res del globo (una violencia tanto política com o com ún)— , y la palabra m althusiano se escuchará con frecuencia creciente.6

6. Robert D. Kaplan, Warrior Politics: Why Leadership De­ n-i and s a Pagan Ethos, Nueva York, Random House, 2002, págs. 93-94. Para un provechoso debate sobre Malthus, véase Donald Winch, Malthus, Oxford y Nueva York, Oxford University Press,

92 Al Qaeda y lo que significa ser moderno

Tanto para los marxistas como para los neolibera­ les, no es posible que se produzca jamás un exceso de población.7 Y sin embargo, los países pobres saben que existe un desequilibrio entre el crecimiento de las po­ blaciones y la escasez de recursos. China, Egipto, Irán e India tienen políticas demográficas. Los esfuerzos que realizan para controlar su cifra demográfica son consi­ derados con indiferencia u hostilidad en Occidente. Es natural. ¿Qué podría resultar más conveniente para Occidente que un mundo en el que abunde la mano de obra barata? Recordemos el sarcasmo de Voltaire: «El confort del rico depende de un abundante suministro de pobres».8

El confort del rico tiene un precio. La fertilidad está descendiendo en Europa y Japón, y en la Rusia europea se ha reducido casi a cero. Sin embargo, en otros luga­ res del mundo las cifras de la población humana están creciendo rápidamente. La teoría de la transición de­ mográfica nos dice que el crecimiento de la población disminuye como consecuencia indirecta del incremento de la prosperidad. Como es habitual, esta explicación económica no tiene en cuenta los factores culturales. En casi todos los países, no es la opulencia lo que dis­ minuye el crecimiento de la población. Es el control que ejercen las mujeres sobre su fertilidad. Allí donde la contracepción y el aborto son posibilidades accesi­

7. Engels concedía que la superpoblación podría convertirse

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