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El Estado de Antioquia, por ser esencialmente montañoso y eminentemente mineral, y, más que todo, porque su composición geológica así lo dispone, es poco fértil. Los cortos pero numerosos valles entre los pliegues de sus montañas, ciertos segmentos reducidos en el declive de las cordilleras, y algunos terrenos bajos y ardientes en las orillas de los ríos más caudalosos, que por cierto no constituyen la mayor parte del país, forman excepción á la regla general que sentamos como relativa. Sin embargo, veremos luégo que la esterilidad agrícola no ha impedido totalmente la multiplicación de los vegetales indígenas; que los medios para la vida animal, aunque escasos, no se han opuesto en absoluto á la creación y manutención de diversas especies animales, y que la configuración misma del suelo ha presentado el reino mineral como un verdadero prodigio. Las causas que han presidido á este fenómeno, que á primera vista parece contradictorio, son numerosas, y sin profundizarlas las tocaremos de paso, en los lugares correspondientes.
Hablamos de las antiguas razas existentes antes del descubrimiento y la conquista, y de las recientemente introducidas, porque aunque el asunto histórico que nos proponemos no profundiza hechos actuales, sí queremos en algunos puntos dar idea sumaria de nuestra situación presente como Estado.
Aceptamos, como verdad incuestionable, que todos los cuadrúpedos originarios del Continente americano han sido y son de organización sobrado débil, comparados con los de los otros Continentes. El búfalo de la América setentrional, el llama ó lama del Perú y las dantas de diferentes puntos, son positivamente los más grandes animales de esta especie en América. Los primeros y segundos, es decir, los búfalos y los llamas, no se encuentran entre nosotros, pero de los últimos tenemos bastantes; y además abundan en los bosques, jaguares, leopardos, osos, monos, tatabros, zahinos, venados, osos hormigueros, martejas, armadillos, cuzumbos, ardillas, comadrejas, lobos, conejos, ratones, raposas, zorras etc.
La familia de los coleópteros, comúnmente llamados escarabajos, es variadísima en sus especies, y notable por la viveza y brillo de sus colores.
Las orugas ó gusanos son de una profusión verdaderamente maravillosa. En este género de estudio, el naturalista tendrá un campo inmenso para sus tareas de observación.
Los insectos en general son innumerables é interesantes para el estudio.
Hay caimanes en las partes bajas de los grandes ríos, é iguanas, lagartos, camaleones, cientopiés, lagartijas, escorpiones, avispas y hormigas en muchísimos sitios del Estado. Entre las arañas hay algunas notables por su tamaño, y por su aspecto, que imita en ocasiones la felpa del más fino terciopelo, y entre las avispas y las hormigas hay otras que llaman la atención, ya por su magnitud, ya por lo ponzoñoso de su aguijón.
Las aves no son tan dignas de mención por la variedad de sus especies, cuanto por el lujo, pompa y galanura de su plumaje. Tenemos paujíes, pavas, guacharacas, torcaces, paletones, gallos de peñasco, mirlos, turpiales, toches, azulejos, cardenales, jilgueros, tordos, gallinetas, perdices, zumbadores, gallinazos, águilas y mil y mil más individuos, entre los cuales lucen algunos como el turpial, la calandria y el cucarachero por la delicadeza y armonía de su canto.
Las mariposas, aunque no tan bellas y finas como las ponderadas de Muzo, abundan mucho, sobre todo en las márgenes de los ríos.
En los torrentes que corren á grandes alturas hay pocos peces: sardinas y anguilas son casi los solos pobladores de esas aguas. Cuando tales torrentes bajan á los valles, contienen: capitanes, sabaletas, corronchos, doradas, bocachicos ó pataloes y algunos más de este género. No es sino en los grandes ríos, como el Cauca, el Magdalena, Nechí etc., donde los peces abundan, y entre ellos el bagre, el barbudo, el manatí y el mojarra son los más notables.
Es sobre todo en serpientes en lo que el Estado presenta la más pasmosa y estupenda variedad. Estos animales llaman la atención por su corpulencia, sus costumbres y lo eminentemente venenoso y letal de su mordedura. Hay pó fina, pó ordinaria, mapaná lisa, mapaná cabeza de candado, pitorá fina, pitorá común, cazadora, patoquilla ó pidridora, equis ó taya, serpiente-plancha, lomo de machete (verde y negra), coral de tierra, coral sucio, bejuca, rabo de ají, guardacamino, cascabel, guacamaya, víbora común, toche ó voladora, yore, jerga, veinticuatro y corporal. La corporal nos parece llamada serpiente de un modo impropio, porque tiene más bien los caracteres de sauriano que de ofidio.
El cuadro que va á continuación puede dar una idea escasamente científica de las más importantes especies animales, tanto de las indígenas como de las que han sido sucesivamente introducidas por los conquistadores, por los colonos y por los ciudadanos que hoy llevan vida libre é independiente.
Reino Vegetal. –La vida vegetal es variada y rica en el Estado. Ya hemos visto la innumerable diversidad de alturas sobre el nivel del mar, y la prodigiosa y casi incalculable escala en que fluctúa la temperatura por la misma causa. Ahora bien: como el influjo del calor, de la humedad, del aire y de los terrenos crean el tipo específico de la organización vegetal, resulta que siendo esos elementos tan diversos, sus acción se hace sentir también diversamente, y diferencias notables aparecen de hecho en la flora antioqueña.
A pesar de la reconocida riqueza mineral del territorio, hay razón para dudar sin dicha riqueza es definitivamente superior á la de la vegetación. Desgraciadamente, el antioqueño, ignorante é imprevisor hasta ahora, ha preferido la formación de escasas praderas, á la opulencia y valía de sus florestas vírgenes. El hacha del montañés ha caído sin piedad sobre bosques llenos de tesoros naturales acumulados por siglos, y que habrían dado á la industria un porvenir, un alimento y vida extraordinarios.
Dimos ya á entender en qué manera y en qué orden están distribuidas las plantas, formando zonas, según la elevación sobre las montañas y según el grado de temperatura. Estas zonas se presentan con gran regularidad entre los trópicos, y aunque en ocasiones se ofrezcan algunas excepciones á la regla general de su crecimiento en una misma escala, tales excepciones consisten no tanto en la falta de las plantas correspondientes á un punto dado, como en que se entreveren unas con otras, las pertenecientes á los climas fríos, medios y abrasadores. Este fenómeno, que depende de causas extrañas á la naturaleza de nuestro trabajo, contribuye no poco á realzar la belleza de algunos paisajes, recogiendo en un mismo punto el pino de los Alpes, el naranjo de los países templados y el dátil africano, como sucede en el antiguo valle de Aburrá.
Los líquenes, los helechos y las parasitas orquidáceas forman en Antioquia grupos lujosísimos de plantas. Las últimas, sobre todo, por su tendencia natural á imitar con la corola de sus flores la fisonomía de
ciertos animales, presentan raras y caprichosas muestras de vigoroso aliento de la naturaleza. La vainilla, perteneciente á ese género, brinda gran cantidad de especies, finísimas algunas de espontáneo crecimiento en los bosques todas ellas.
Las más notables orquidáceas, por la galanura y capricho de su florescencia, son las vulgarmente conocidas en el país con los nombres de San Juan, cuna de Venus, americana, mariposa, Magdalena, columbia ó Espíritu Santo, araña, cucarrón, zancudo, muza, calavera, lirio del Tabor, dragón y centenares más de especies poco conocidas ó completamente anónimas.
Los arbustos y árboles corpulentos, importantes todos ellos como objeto de adorno, son numerosísimos: el caunce, el encenillo, el arizá, el sietecueros, el carbonero, el guayacán, el flor azul y multiplicadas acacias, lucirán ventajosamente en los parques y jardines mejor cuidados de Europa.
Las maderas de construcción y las aplicadas á la ebanistería, á par que abundantes merecen gran celebridad; y esto por la infinita diversidad de sus colores, lo compacto y sólido de su fibra, el brillo que desenvuelven pulidas, su tenacidad y duración. Entre ellas debemos citar como recomendables, el comino, indestructible por los insectos, el chaquiro, simpático por su lustre y tersura, el algarrobo, notable por su solidez, el tostado, el amamor, el guayacán, el caoba, el cedro, el roble, el granadillo, el diomate, el carmín, el caratero, el quimulá etc. etc., deteniendo aquí nuestra enumeración por temor de ser prolijos.
Toda nuestra flora, yerbas ó plantas de talla menor, rastreras, trepadoras, enredaderas, arbustos y árboles corpulentos, ofrece en este territorio caracteres admirables y dignos de llamar la atención de los botánicos. Aquí las plantas de cualidades neutras ó poco definidas, son extraordinariamente raras. Casi todas ellas tienen propiedades físicas, químicas y botánicas, concentradas, vigorosas y enérgicas que las distinguen. Ya es una virtud medicinal incontestable, á veces un exquisito aroma, en ocasiones una linda flor, y, por fin, un agradable fruto. A veces las hojas solas hacen notable un árbol, y en otros la corteza solamente cautiva la curiosidad y no faltan ejemplos en que un solo individuo posea en sí gran número de virtudes recomendables.
Las gramíneas vegetan con feracidad y profusión en muchos puntos. Hay pastos para la fácil cría de los ganados, y fuera de las dehesas, y entre ellas mismas, tenemos extensos corrizales, nudillales, chuscales y espaciosas florestas de guaduas.
Entre las producciones vegetales aplicadas provechosa y últimamente á la medicina, esta comarca tiene, entre otras: quinas, guaco, zarzaparrilla, ipecacuana, doradilla, cedrón, cañafístula, tamarindo, caraña, copaiba, maría, anime, copachí, drago, sande etc., etc. Sería enfadoso continuar la lista de estos últimos agentes naturales con que la divina Providencia se ha servido dotar á nuestra patria. Bástenos decir que,
fuera de lo enunciado, y de todo lo que la importación extranjera nos ha traído de útil y saludable, tenemos en estudio pondrán de manifiesto para alivio de la humanidad.
Nos resta para concluir lo que sobre el presente asunto creemos debe ser apuntado, hacer mención, aunque forzosamente incompleta, de nuestros árboles frutales, que, de paso sea dicho, consideramos como de una calidad bien superior á todo lo que en este género conocemos en la Zona Tórrida.
Entre las palmeras hay muchas que suministran frutos deliciosos para el gusto: los cocales, el corozo ó maracay, el milpesos, el cuesco y la palma de vino son las principales.
Las curcubitáceas suministran curubas exquisitas y badeas de diferentes clases, la mayor parte justamente ponderadas por su mérito; mas sin seguir en esto enunciación ordenada, no deberemos dejar sin mención, tomándolas al acaso, las moras, guamas, aguacates, sandías, melones, chirimoyas, anones, piñas, nísperos, zapotes, mameyes, mamoncillos, plátanos, higos, guanábanas, papayas, pitahayas, mangos, caimitos, madroños, cacaos, pepinos, calabazas, almendras, avellanas, uvas de monte, sirpes, ciruelas, etc., etc.
No hablaremos de las plantas de aclimatación, porque ellas son generalmente conocidas, y las mismas exactamente que se cultivan por mayor ó menor en el resto de la Unión. Haremos notar solamente que muchas de las introducidas hasta ahora, germinan, crecen y fructifican bien en diferentes localidades.
El maíz era quizá el único cereal cultivado por los aborígenes, y el que constituía con la caza y la pesca la base de su subsistencia.
El centro del Estado está hoy casi literalmente talado y desnudo de su antiguo ropaje natural. No sucedía lo mismo cuando el país fue descubierto por los españoles, porque entonces muchos de los indios vivían bajo los árboles, á causa de no tener terrenos cultivados y abiertos. Hoy las cercanías del Magdalena, las vertientes para el Atrato, y la parte inculta del norte y nordeste del Estado, son los únicos puntos que conservan á este respecto su antigua virginidad.
Reino Animal. –En un país tan esencialmente rugoso y quebrado como éste, es preciso que la estructura sólida de su formación presente fenómenos de composición química sumamente distintos y complicados en su manera de ser. Estos fenómenos tienen realmente en Antioquia manifestaciones típicas de suma importancia, ya bajo la forma especial de caractéres geológicos peculiares, ya por la manifestación de riquezas minerales, privativas en cierto modo al territorio y difícilmente halladas todas á un mismo tiempo en las otras comarcas de la tierra. Bajo el aspecto mineral esencialmente, Antioquia puede y debe considerarse como un inmenso gabinete de historia natural.
Las rocas que sirven de base á la formación de nuestras montañas, son: el dialaje ó serpentina común, la diorita, la sienita granitoide y porfiroide, el granito puro y las rocas que constituyen las variedades de las ya mencionadas.
Es sencillo comprender que con estos elementos de formación y con otros que pueden considerarse como subalternos y que nos e mencionan, un país dislocado en diversos sentidos, debe mostrar cambios geológicos sumamente variados é interesantes.
Si bajamos de una alta cordillera á un profundo valle, es frecuente hallar rocas pertenecientes á los esquistos de talco, de mica y de gnesis y sus especies resultantes, ya de liga, ya de descomposición.
En el lecho de los ríos se presenta casi siempre el conjunto de rocas que hemos considerado como base de la formación montañosa, con otras acarradas por el influjo de las corrientes de agua, de los derrumbamientos, y acaso por algunas otras causas. Fragmentos de cuarzo de diferentes clases, fonolitas ó piedras de campana, geodas, láminas de mica ó juan blanco, pedazos de pegmatitas, trozos de sílice pirogénico, son las rocas más comunes; y esto mismo que se nota en el exámen superficial de los ríos, se observa en más abundancia en los terrenos de aluvión que sirven de hacinamiento á dichas rocas y que constituyen por todas partes la formación de las mismas de oro corrido.
En muchos lugares hay fajas de terreno que pueden calificarse de sedimentarias, y en ellas se hallan tierras tinturadas por diferentes colores: arenas, gredas y sustancias diversas, que deben reputarse como el efecto natural de la descomposición de las rocas madres, pues con pocas excepciones todo el país está constituido por terrenos primitivos; y de tal suerte que si consideramos rocas antiguas, de un lado, y aluviones reducidos de muy reciente depósito, por otro, hay razón para deducir un hecho de carácter negativo, pero propio en verdad para definir muy bien la naturaleza especial de este territorio. El hecho negativo á que aludimos consiste en la falta total ó casi total de restos fósiles. Es muy poco lo que hasta el presente se ha podido hallar en Antioquia en asunto de huesos petrificados, conchas marinas, impresiones animales marítimas ó lacustres, moldes vegetales, etc. que revelen depósitos de una organización anterior.
Las minas mismas de hulla que yacen formando gran zona, á lo largo de una y otra ribera del Cauca, por grande extensión, están desprovistas de los fósiles que le son comunes en otros países.
Hay una teoría reciente que pretende explicar la parte geonóstica antioqueña, diciendo que todos los valles, vegas, recodos y estrechuras de la comarca deben ser considerados como antiguas cuencas ó estanques desecados de viejos lagos andinos. Esa teoría presupone la existencia quieta, pacífica y tranquila de las aguas detenidas por muchos siglos, presupone también el enorme tamaó y notable profundidad de algunos de esos lagos, y en fin, da por cierto que las corrientes, cataratas, cascadas, ancones y angosturas de nuestros ríos, fueron los desagües naturales por donde lentamente se abrieron paso las aguas.
Sin negar la existencia probable de depósitos de agua en los senos de estas montañas, dudamos mucho de que el fenómeno haya tenido lugar de la manera antes indicada. Faltan en las laderas de nuestras escarpadas, líneas paralelas impresas por las aguas lacustres en su descenso gradual; faltan los fósiles peculiares á estas formaciones, y falta, en fin, á la mayor parte de estas cuencas, esa rica espesa y feraz capa de tierra vegetal que los tiempos y las corrientes acumulan por desgaste en el fondo de los estanques.
Juzgamos que hubo en estas comarcas, como en otras muchas, un gran cataclismo neptuniano; juzgamos que la corriente general se verificó de sur á norte para el centro de Antioquia; juzgamos que las aguas se desviaron al noroeste y al nordeste por los cauces de ríos que ya hemos descrito; y juzgamos, en conclusión, que la permanencia de las aguas en las partes bajas fue transitoria, rápida y violenta, y que rompió los diques y barreras que se le oponían, sin dar tiempo suficiente para la formación de algunos caracteres físicos que distinguen los terrenos en que el agua ha sido detenida durante muchos siglos. Los aluviones de poca potencia, los aventaderos, y otras señales que sería largo enumerar, apoyan nuestra creencia.
Las piedras preciosas no se han hallado hasta ahora en Antioquia, en abundancia tal, como para merecer los honores de un laboreo metódico.
Hay, sin embargo, muestras de brillantes, corindón, granates, azabache y. En opinión de algunos, de esmeraldas en el territorio del nordeste. Piedras de menor valor, como ágatas de diferentes clases, jaspes y mármoles muy variados, se hallan en ricos depósitos. De los últimos especialmente hay inagotables canteras en las orillas de los ríos Claro, Cocorná, Naré y Pocuné.
No tiene el Estado ninguna mina de sal gema; pero como socorrida compensación, tiene fuentes saladas, de donde se extrae en grandes cantidades el cloruro de sodio ó sal de cocina para los usos domésticos.
En asuntos puramente de industria mineral, esta tierra puede llamarse opulenta, y tánto que sería mucho más fácil decir lo que en cuerpos simples le falta que lo que posee. Fuera del oxígeno, ázoe, hidrógeno y carbono, cuerpos indispensables en toda creación y que existen por dondequiera, hay, en más ó menos abundancia: oro, que forma la base de la actual riqueza, plata, que le sigue en importancia, yodo, bromo y floro, á los cuales se atribuye la buena salud y robustez de los habitantes; y además, alumbre, sílice, hierro, cobre, cobalto, titanio, moligdeno, plomo, mercurio, arsénico, zinc, antimonio y algunos más, ya en grandes depósitos, ya en trazas ó muestras que manifiestan su existencia en mayor cantidad.
El platino no se ha hallado hasta el día en gran copia; pero se espera que la exploración detenida de la frontera limítrofe con el Cauca, lo pondrá de manifiesto en el valle de Murrí.