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Además de las reflexiones acerca de los obstáculos existentes, los funcio- narios fueron vertiendo ideas sobre qué habría que hacer a futuro. A nivel más general, las recomendaciones destacan la necesidad de un trabajo inte- gral, que supere el alto nivel de fragmentación reportado y las dificultades recurrentes para establecer articulaciones intersectoriales e interinstitucio- nales duraderas.

“Yo creo que para esta próxima gestión, le toque a quien le toque, esta Subsecretaría va a tener que estar compuesta así como estaba la multila- teral. Por una voz de cada Ministerio para las problemáticas que se tienen entre el área de la mujer y de la infancia.” (Misiones)

“Lo central pasa por poder aplicar políticas transversales, es decir que nosotros, como área de juventud y receptora de un montón de problemas que aquejan a los jóvenes podamos trabajar en forma conjunta con dife- rentes áreas de los distintos Ministerios que conforman el Poder Ejecutivo y a partir de allí, generar acciones concretas. Nosotros quizás, trabajando a partir de la detección de la demanda; organismos de salud, a partir de la formación y del trabajo de campo que lo pueden hacer con mucha más propiedad, porque se forman, porque tienen personal técnico capacitado para abordar la temática. Falta quizá ponernos de acuerdo, crear consejos que atiendan esta problemática.” (Catamarca)

“Otra medida importante sería poder lograr la articulación intersectorial, o sea trabajar más codo a codo con los otros sectores como Educación, Desarrollo Social, Justicia y Legislativo. En el Legislativo entraría un mane- jo más adecuado de la violencia. Hay algunos intentos, pero estamos medio desarticulados.” (Salta)

Sobre la base del consenso acerca de la necesidad del abordaje intersecto- rial se advierten algunos énfasis diferenciales. Algunos reclaman mayor “acom- pañamiento” al sector salud, que tradicionalmente ha llevado la mayor res- ponsabilidad en el trabajo con adolescentes.

“Creo que las Organizaciones, las ONG, y todas las otras instituciones que están relacionadas con los jóvenes, deben trabajar con mayor constancia. Yo creo que Salud permanentemente es reclamada y demandada para im- plementar acciones de prevención, pero muchas veces nos quedamos en el camino porque no hay acompañamiento de otros actores sociales.” (Ca- tamarca)

“Lo que sin ninguna duda creo es que tiene que estar en el nivel central, en el nivel de los que ejecutan las decisiones, como para que el trabajo

con los adolescentes se haga de manera sistemática, en todos los secto- res de la sociedad, no sólo desde el centro de salud.” (Chaco)

“Reforzar las estrategias con otros sectores, no solamente la del sector salud, instalar la problemática dentro de la agenda pública estatal, y crear las redes necesarias para la atención de la problemática.” (Chaco) Otros, en cambio, parecen estar sugiriendo que el liderazgo debería ser asumido por el sector educación.

“Lo que puede cambiar pautas, hábitos y conducta, tiene que venir desde el lado de educación, con un gran apoyo en contenidos y en difusión des- de el área Salud.” (Chaco)

En relación con estrategias más puntuales de trabajo con los jóvenes, las propuestas incluyen garantizar el acceso a la información, estimular el pen- samiento crítico de los jóvenes, utilizar medios masivos de comunicación, y comenzar a trabajar en espacios que habitualmente no son aprovechados para promoción y educación para la salud.

“Desde la reflexión, desde la concientización, desde la internalización de su propio cuidado, desde su propia proyección como ser humano, de su propia felicidad y su realización. Todo tipo de campañas pueden ser váli- das. Siempre desde el respeto y la propia reflexión.” (Misiones)

“Creo que una de las acciones fundamentales es la de comunicación so- cial, creo que a largo plazo la única estrategia que es válida es la educa- ción, la información ... para que a largo plazo podamos instalar en la con- ciencia de nuestra sociedad, el problema del embarazo no solamente en la adolescencia, sino el embarazo no deseado en general ... si los medios de comunicación pudieran aliarse a nosotros, sería una gran estrategia para poder a largo plazo, repito, instalar en la conciencia de todos, no solamente la información necesaria, sino la ‘responsabilidad’ necesaria para evitar estos problemas.” (Catamarca)

“Primero, como decía al principio, era la información, pero tiene que ser con medios masivos. Lo que pasa que es un tema tabú y que mucha gente no quiere que se trate.” (Tucumán)

“Campañas, por ejemplo radiales, televisivas, son muy útiles las F.M. de los barrios porque se habla en otro idioma, la gente escucha mucho, es mucho más fácil llegar.” (Misiones)

Se apunta la necesidad de no limitarse al trabajo con los jóvenes sino incorporar a los padres y fortalecer la familia como espacio de contención de las adolescentes embarazadas.

“Hay que seguir con los padres, trabajar mucho con los padres sobre todo el tema de los prejuicios, los mitos con respecto a todo lo que sea la sexua- lidad, con respecto a los anticonceptivos, por supuesto, porque todavía hay gente que piensa que son abortivos.” (Misiones)

“Elaborar un proyecto bien específico, para atender esto y a través de ello educar a los jóvenes, a la sociedad, a los padres.” (Salta)

“No es un problema de la adolescente quedar embarazada, es un proble- ma de toda la familia, de la familia y de la comunidad en la que esto está surgiendo. Así que tenemos gente trabajando con las familias, e interins- titucionalmente.” (Buenos Aires)

“Se debe trabajar fuertemente fortaleciendo la familia, que es fundamen- tal para toda la sociedad. A veces creo que actuamos en las consecuencias y no en las causas. Es fundamental concientizar a la familia sobre la im- portancia del grupo familiar, de la contención, de la prevención porque es fundamental para todos los problemas.” (Salta)

En lo que atañe a la profundización de las estrategias en curso se señala la necesidad, por un lado, de incorporar a los varones y, por el otro, de trabajar desde una perspectiva de promoción de los derechos.

“La política tiene que ser educar a nuestra población, asegurar algún tipo de estabilidad, dentro de la estructura educativa, y eventualmente hacer conocer los derechos y accesos a no inhibir su sexualidad pero asegurar que puedan optar por tener o no un hijo en forma independiente con to- das sus necesidades cubiertas.” (Chaco)

“... el embarazo también es varón, no solamente en la mujer. El varón tiene muchas preguntas, entonces el proyecto tiene que ser para el ado- lescente integral, no la embarazada integral.” (Salta)

Existe conciencia en muchos entrevistados acerca de la necesidad de ge- nerar políticas que tiendan a la inclusión social de los jóvenes.

“A medida que nosotros podamos incorporar a los jóvenes en actividades, en acciones, en proyectos, en trabajo, vamos a poder contener estos chi- cos.” (Catamarca)

“Pero insisto, me parece que mucho tiene que ver con la inclusión de la adolescente, sobre todo la adolescente de recursos culturales bajos.” (Rosario)

“Toda la cuestión educativa, yo rescato centralmente la cuestión educati- va y el conocimiento en toda esta temática y por supuesto aparte de la

cuestión educativa, dar los medios para que exista un proyecto de vida.” (Rosario)

12. CONCLUSIONES

A lo largo del capítulo hemos presentado las opiniones de los funciona- rios que tienen bajo su órbita el diseño y gestión de políticas vinculadas con la salud y el desarrollo de los jóvenes en las jurisdicciones en que se llevó a cabo el estudio. No obstante las diferencias en términos de los niveles or- ganizativos en los cuales se desempeñan, sus niveles de responsabilidad y capacidad para definir políticas y movilizar recursos, en términos generales los relatos de los entrevistados nos permiten conocer las diversas concep- ciones existentes acerca de qué debería hacerse para abordar el fenómeno del embarazo y la maternidad en la adolescencia. Esperamos que el análisis haya logrado desplegar la multiplicidad de miradas y dejado constancia de la complejidad del fenómeno. Como es natural, los funcionarios no están divididos en grupos con posiciones antagónicas o mutuamente excluyen- tes. En cada uno de ellos podemos advertir, en diverso grado, la presencia de “marcas” vinculadas a las diversas miradas sobre el fenómeno en cues- tión. Es decir, que un entrevistado tienda a homogeneizar la experiencia de la maternidad para todos los adolescentes independientemente de su con- dición social, no implica que a lo largo de su discurso no vaya reconociendo situaciones diferenciales.

En la primera sección se discutió cómo conciben la adolescencia y a los adolescentes ya que esto incide en la forma en que se construye el embarazo como problema y se piensan posibles estrategias de acción. Mientras algunos informantes optaron por generalizaciones que obscurecían la dimensión his- tórica de los procesos sociales volcándose hacia visiones esencializadoras de los jóvenes –sujetos inmaduros, incompletos, irracionales, vulnerables, ne- cesitados de control, guía y contención–, la mayoría se inclinó por contextua- lizar la experiencia de los jóvenes e identificar sub-categorías con experien- cias, trayectorias de vida y necesidades disímiles.

La vida de los jóvenes en las comunidades está atravesada por múltiples problemáticas que trascienden el tema del embarazo y que en términos gene- rales no difieren de las que viven los adultos en condiciones semejantes. Como refirió un entrevistado, la joven de sectores populares se parece más a su madre que a una par de la misma edad de sectores medios. El consumo de alcohol, la violencia doméstica, callejera e institucional, la desocupación y la exclusión son “paisajes comunes” en las distintas provincias. Sin embargo, salvo excepciones, estos problemas no reciben respuestas articuladas desde el Estado.

Mientras que en lo que atañe a los sectores medios el problema principal parecería ser la falta de diálogo intergeneracional y los temores sobre el desa- rrollo de una carrera universitaria y la posterior inserción laboral, entre los jóvenes en situación de pobreza, la necesidad de vivir el día a día y la incer-

tidumbre sobre el mañana obturan la posibilidad de pensar en un futuro diferente.

Si bien muchos funcionarios proyectaron sus propios preconceptos de cla- se sobre el conjunto de los jóvenes homogeneizándolos en una primera ins- tancia, cuando profundizaron en sus explicaciones poco a poco fue emergiendo un registro bastante preciso de los distintos grupos de jóvenes.

A partir de sus discursos pudimos ir reconstruyendo tres perfiles de jóve- nes que dimos en llamar niñas–madres, jóvenes de sectores populares y ado- lescentes de estratos medios y altos.

Cada uno de estos grupos tiene, a juicio de los entrevistados, una relación diferente con el embarazo. En general, los funcionarios piensan que las jóve- nes menores de 15 años no están bajo ninguna circunstancia preparadas para asumir la maternidad. En el caso de las adolescentes de más edad de sectores populares, consideran que, sea por elección, por tradición o porque no exis- ten otras alternativas, en muchos casos la maternidad constituye una mane- ra positiva de realización y afirmación personal. Esquemáticamente pueden delinearse tres posiciones que explican el fenómeno del embarazo en este sector: un grupo planteó el embarazo en términos de “concurrencia de facto- res de riesgo”, otro en términos de una “cultura de la pobreza” que se trans- mite intergeneracionalmente, y el último lo piensa en términos de “estrate- gias de supervivencia”. En el caso de las jóvenes de sectores medios, el emba- razo es visualizado como una amenaza a su realización personal y, en conse- cuencia, a la posibilidad de ascenso social.

Existe un relativo acuerdo en que, excepto en el grupo de menores de 15 en donde pueden estar implicadas situaciones de violencia sexual y abuso y en las que puede incrementarse la morbilidad y mortalidad, para las mayores de 15 años el problema no es el embarazo en sí sino las consecuencias del embarazo. En los estratos más pobres, un agravamiento de sus condiciones de vida, de por sí precarias. En el de los sectores medios, la estigmatización de la que pueden ser objeto y la posibilidad de que se vea afectada la escola- ridad. Otras consecuencias negativas, en especial entre las adolescentes po- bres, serían las complicaciones del aborto inducido en caso de que la joven decida interrumpir el embarazo.

En términos generales los funcionarios acuerdan en que las condiciones negativas en la salud de la madre y el niño no son causadas por el embarazo per se sino por las condiciones de marginalidad en las que viven las jóvenes. La reacción social frente al embarazo de una joven también difiere por sector social encontrándose más estigmatizado en los estratos medios y más naturalizado en los sectores pobres. Es frecuente que en los grupos en mejor situación económica el embarazo se interrumpa sin mayores complicaciones, en tanto que en los sectores más humildes, el aborto se realiza en condicio- nes que ponen en peligro la vida de las jóvenes, incrementando así el riesgo de mortalidad materna.

Un tema recurrente es la doble moral que afecta negativamente a las mujeres. Si bien se han producido cambios normativos que mitigaron la estig- matización de la mujer, ella sigue cargando con el mayor peso en la crianza

de los niños. El varón, en términos generales, es el gran ausente y las jóvenes terminan siendo acompañadas por sus padres en el proceso gestacional y en la crianza de los niños.

Aquí emergió otro aspecto que debe ser subrayado. Discrepancias entre los funcionarios acerca de si una joven tiene la competencia necesaria para tomar decisiones adecuadas sobre su futuro y para asumir las responsabilida- des que la maternidad conlleva. Entre las jóvenes en situación de pobreza, la experiencia en el cuidado de los hermanos menores, la deserción escolar pre- via al embarazo y la necesidad de salir a trabajar, les confieren, a los ojos de los entrevistados, una competencia que sus pares en mejor “situación de moratoria”, no poseen. Estas posturas deben ser sopesadas con cuidado ya que, si bien implican una relativización de pautas socioculturales de los es- tratos medios, también, llevadas al extremo podrían significar una “naturali- zación de la desigualdad”.

Otros “sociocentrismos” que impregnan, en muchos casos, los discursos están referidos a los modelos familiares. Fueron frecuentes las referencias a las familias pobres como “familias disfuncionales” y las críticas a la manera en que se distribuyen intergeneracionalmente los roles al interior de las mis- mas (en particular, el tema del cuidado de los niños menores por parte de los mayores). En términos generales, para la mayoría de los funcionarios el que una joven tenga como proyecto de vida la maternidad es cuestionable. Así vemos que si bien la reflexión crítica sobre los roles de género ha ingresado en el universo simbólico del funcionariado, no ha ocurrido lo mismo con otros estereotipos (en particular, los roles apropiados para cada grupo de edad).

Otro eje de preocupación es la multiparidad y los cortos períodos interge- nésicos, que muchas veces son atribuidos a factores culturales no obstante reconocer que existen dificultades en el acceso a los servicios de salud y, en particular, a la consejería anticonceptiva pos parto o pos aborto.

En cuanto a los obstáculos para el diseño e implementación de políticas y acciones en el área de la salud y el desarrollo de los jóvenes, algunas dificul- tades son comunes a la gestión de otras áreas de la administración pública. A saber, la falta de recursos, la fragmentación intrainstitucional, la dificultad de sostener articulaciones interinstitucionales e intersectoriales, el déficit en la capacitación de recursos humanos, el trabajo sobre la urgencia, la falta de continuidad en las acciones y la ausencia de compromiso político. En todo caso se puede advertir que los programas se caracterizan por su bajo nivel de cobertura e impacto. Si bien en muchos casos existen evaluaciones de proce- so, prácticamente no se evalúa resultados e impacto.

Resulta interesante señalar que la mayoría de los funcionarios reconoce que la desigualdad de género, la inequidad en el acceso a los recursos y las dificultades para acceder al sistema de salud, afectan a todas las mujeres y no tan sólo a las jóvenes. De allí también que el llamado por superar la frag- mentación esté vinculado con la posibilidad de atender el desarrollo integral de las jóvenes y las comunidades y no tomarlas de forma aislada. En este sentido destaca la necesidad de generar articulaciones programáticas entre las áreas de Salud, Educación, Juventud y Desarrollo Social. Cabe destacar el

menor desarrollo relativo de las áreas de Juventud, que en muchos casos re- velaron falta de familiaridad con la temática en estudio, vis à vis las áreas Mujer. Si bien resulta auspicioso que la mayoría de los funcionarios remarcara la necesidad de crear programas específicos para adolescentes desde una mirada que aborde integralmente sus necesidades –no exclusivamente la anticoncepción–, la insuficiencia de recursos y la falta de una cultura de tra- bajo intersectorial arrojan dudas acerca de la viabilidad de esta alternativa.

Otras dificultades encontradas son propias del área de la promoción de los derechos sexuales y reproductivos, aunque no afectan exclusivamente a las/los adolescentes. En este sentido debemos subrayar la dificultad para generar consensos que hagan viable el desarrollo de estas políticas y el fuerte peso que en muchas regiones aún tienen sectores conservadores y la Iglesia Católica. En efecto, las posturas ortodoxas que obstaculizan la implementa- ción de actividades de educación sexual y prevención del embarazo desde una visión de derechos sexuales y reproductivos, no sólo provienen de la Igle- sia como institución sino inclusive de muchos miembros de los equipos de salud.

La dificultad para desarrollar estas políticas se cristaliza en el hecho de que en muchas provincias el proceso de discusión de leyes de salud sexual y reproductiva se encuentre empantanado. La resolución de estos procesos está en parte vinculada con luchas históricas previas a la sanción de la Ley Nacio- nal. Encontramos provincias que teniendo implementados programas con anterioridad a la constitución del Programa Nacional tampoco han logrado sancionar legislación propia. En las provincias donde el proceso se está ini- ciando, la supervivencia de esos programas depende en parte del arribo de fondos desde el Estado Nacional y en una cierta discrecionalidad en la difu- sión que se hace de los programas.

En todo caso, la sanción de la Ley Nacional y el envío de insumos ha abier- to nuevos horizontes en algunas regiones, pero los funcionarios avizoran que esto no es suficiente y demandan un rol más activo del Estado Nacional en la viabilización de las acciones en el nivel local.

Referencias bibliográficas Referencias bibliográficasReferencias bibliográficas Referencias bibliográficasReferencias bibliográficas

Patton, M. Q.: Qualitative Evaluation and Research Methods, Newbury Park, Sage Publications, 1990, 2da edición.

ABORDAJES DE LOS SERVICIOS DE SALUD Y