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Unidad SEIS. SUGEREnCiaS PaRa La LECTURa

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Resumen

Había una vez un niño que quería la Luna porque tenía tantos juguetes que ya no sabía qué pedir. Su madre le pidió al pastelero que le hiciera una tarta de queso redonda como la Luna para que el niño pensara que se la comía. Cuando a los dos días el niño vio la Luna en el cielo pensó que su madre lo había engañado. Ella le dijo que no lo había hecho, que le había dado la Luna pero que esta volvía a salir

de nuevo para iluminar el cielo siempre que un niño se la comía.

Conceptos clave

Gratitud, compartir, valorar lo que se tiene, solidaridad, consumismo, ambición.

Sugerencias

A partir de este cuento, se puede trabajar sobre la idea de la gratitud hacia quienes nos proporcionan cosas que nos hacen felices, como, por ejemplo, cuando nuestros padres nos regalan juguetes. El texto es idóneo para hacer reflexionar a los niños sobre lo que los hace de verdad felices, enseñarles que no deben ambicionar cada cosa que ven en los escaparates y en la televisión. Hay que intentar que los niños comprendan que lo que más felices los puede hacer es compartir los juguetes con sus amigos, valorar lo que les regalen, aunque sean cosas sencillas, dar a otros que no tienen nada juguetes o materiales que ellos ya no usan. Con estas sencillas reflexiones se puede fomentar en los niños la idea de que no todo el mundo tiene la suerte de tener lo que necesita, y que los que lo tienen deben valorarlo.

Comprensión lectora

• Lectura del texto por parte del profesor o profesora con la entonación adecuada.

• Lectura personal en silencio.

• Preguntaremos a los alumnos sobre la idea principal del cuento y sobre la parte que les ha gustado más.

• Plantearemos algunas preguntas sobre vocabulario.

Expresión oral

1. «Las palabras mágicas». El profesor explicará a los niños que existen unas

al pedirlas con amabilidad. Esas palabras son «gracias» y «por favor». Los niños deben pensar situaciones de la vida diaria en las que deben utilizar esas palabras y

explicarlas a los compañeros. Los demás irán diciendo si ellos también las utilizan en esos momentos o si solo lo hacen en ocasiones especiales.

2. «La palabra más bonita». Pedir a los niños que elijan las palabras del texto con

significados más interesantes. Con la palabra que a cada uno le haya gustado más, se puede inventar una frase. Esta actividad individual puede convertirse en una actividad de grupo si se reúnen de tres en tres alumnos y con las palabras que han elegido inventan un pequeño cuento que no tenga relación con el que acaban de leer.

Expresión escrita

«¿Qué pasaría si…?». Se pueden hacer grupos de cuatro, y cada grupo inventará un

final para el cuento si el niño se hubiera comido la Luna de verdad. ¿Qué hubiera pasado entonces? Cada grupo escribe un final para el cuento, y entre todos se elige

el mejor.

Expresión artística

Para fomentar el trabajo en equipo se dividirá la clase en grupos de cuatro, y cada uno de esos grupos dibujará una de las escenas importantes del cuento en un mural y después se colocarán los murales en la clase o en el pasillo.

Dramatización

Personajes: narrador, niño (Andrés), mamá (Sandra), papá, pastelero (Bruno).

Narrador.– Había una vez un niño que se llamaba Andrés que era muy caprichoso y se le antojó la Luna.

Andrés.– ¡Mamá, papá! ¡Quiero la Luna, quiero la Luna! Es muy grande y tan blanca que me servirá para jugar a la pelota.

Mamá.– Pero, Andrés, eso es imposible, no puedes tener la Luna. Nosotros no te la podemos dar.

Andrés.– Pero yo la quiero, mamá. Además, me han dicho que la Luna es una enorme bola de queso y miel, y tú sabes que me gusta mucho el queso. Papá.– Bueno, Andrés, intentaremos conseguirte la Luna, aunque será muy difícil.

Mamá.– ¡Pues claro que es difícil! La Luna no la venden en ninguna juguetería. ¿Cómo vamos a conseguirla?

Andrés.– ¡A mí me da igual! ¡Ya no quiero jugar con nada de lo que tengo! ¡Quiero tener la Luna solo para mí!

Papá.– ¿Y se puede saber para qué la quieres?

Andrés.– ¡Pues para comérmela! Me han dicho que la Luna es toda de queso y yo me la quiero comer.

Mamá.– Bueno, a ver qué puedo hacer.

Narrador.– Y su madre se marchó a la pastelería que estaba cerca de su casa.

Bruno.– Buenas tardes, Sandra, ¿qué desea?

Mamá.– Pues verá, Bruno, quiero que me haga una tarta de queso que parezca la Luna. Tiene que ser grande y redonda, y de queso muy blanco, por favor.

Narrador.– Bruno el pastelero hizo una tarta de queso blanca

y redonda como la Luna llena. Esa noche, la madre de Andrés esperó a la hora de la cena para darle su regalo al niño caprichoso.

Mamá.– Toma, Andrés, aquí tienes la Luna como tú querías. Te la puedes comer toda.

Andrés.– ¡Qué bien! ¡Qué contento estoy por tener la Luna! Pero… ¿es esta la Luna de verdad?

Mamá.– ¡Pues claro que sí!

Andrés.– Voy a asomarme a la ventana a ver si no está en el cielo.

(Andrés se asoma a la ventana y vuelve.)

Andrés.– ¡Es verdad! Esta debe ser la Luna porque en el cielo no está. ¡Ya tengo lo que quería!

Narrador.– Y es que ese día no había ni rastro de la Luna porque ya se sabe que algunos días no se la ve, así que Andrés se quedó convencido de que aquella tarta de queso era la Luna de verdad y se la comió muy contento.

Andrés.– ¡Qué buena está la Luna! ¡Me encanta! ¡Sabía que estaría buenísima!

Narrador.– Pero a los pocos días, a la hora de acostarse, Andrés se asomó a la ventana de su habitación y vio la Luna brillando en el cielo.

Andrés.– ¡Mamá! ¡Me has engañado! No es verdad lo que me dijiste; no me diste la Luna, porque la Luna está en el cielo esta noche.

Mamá.– Pues claro que está otra vez en el cielo. Es que por el capricho de un niño no nos podemos quedar sin la Luna para siempre. Vamos a

ver: cuando coges una manzana de un árbol, ¿no vuelve a salir otra? Pues lo mismo pasa con la Luna. Cada vez que alguien la coge, ella vuelve a salir como las flores o las manzanas.

Andrés.– ¿Ah, sí?

Mamá.– Pues claro, si no fuera así el cielo estaría vacío. ¡A ver si tú crees que eres el primer niño al que se le antoja comerse la Luna!

Narrador.– Y a Andrés le pareció bien esta explicación y se conformó con habérsela comido una vez. Desde entonces solo pidió la Luna una vez al mes para darle tiempo a salir, como su madre le había explicado.

PARA EXPRESAR NUESTRAS EMOCIONES Y SENTIMIENTOS

Este cuento es un buen punto de partida para reflexionar sobre la gratitud hacia quienes nos cuidan y nos complacen dándonos lo que nos gusta. Otros sentimientos que se pueden comentar son los de la solidaridad y la empatía hacia los que no poseen tantas cosas, el gozo de compartir con los amigos, etc.

Para ello se les pueden plantear algunas preguntas como las siguientes:

1. ¿Te gusta que te regalen juguetes en tu cumpleaños o en otras ocasiones especiales? 2. ¿Crees que todos los niños del mundo reciben regalos en su cumpleaños o en

Navidad?

3. ¿Te has enfadado alguna vez porque te has encaprichado de algún juguete y tus padres no te lo han comprado?

4. ¿Piensas que tenías razón en enfadarte?

5. ¿Qué crees que es más importante, tener muchos amigos o tener muchos juguetes?