4.4 Proposed Algorithm 2: Context-Sensitive Dynamic Slicing Algorithm
4.4.1 Dynamic EAOSDG Construction
En las últimas décadas la modernización y la globalización han repercutido en la dinámica de los ER latinoamericanos; la primera se introduce como factor transformador por la influencia del proceso urbano industrial; la segunda, la globalización, conlleva implícita una gradual merma de la autonomía de los espacios rurales por la entrada de flujos, organismos y agentes de alcance internacional que inducen e imponen sus normas. La magnitud de los cambios experimentados pueden apreciarse mejor si se establece una comparación entre dos polos extremos: el pasado histórico de un espacio dinamizado por unidades productivas familiares y/o campesinas con sistemas de producción condicionados por los factores naturales, con cierto grado de aislamiento y cohesión interna; y la situación actual, en la que los sistemas se encuentran trastocados por la dinámica de un entorno cada vez más descontextualizado, condicionado por la tecnología, la ciencia y la artificialización de los ciclos naturales.
En América Latina hasta mediados del siglo XX los ER constituían un heterogéneo mosaico de unidades productivas diversificadas y plurales, con un nivel de dependencia tecnológico y decisional menos subordinado a factores exógenos. Esta dinámica se caracterizaba, habitualmente, por la homogeneidad cultural y unas formas de vida circunscritas a un espacio de dimensiones relativamente locales, parcialmente cerrado a las potenciales perturbaciones del exterior; cualidad ésta, que fomentaba ciertos rasgos de autarquía, conservadurismo, tradicionalismo y localismo. La noción, del “campo” como proveedor de materias primas para las agroindustrias mostraba un espacio rural aislado e ensimismado, que sólo se contactaba con el "exterior", “la ciudad”, para vender su producción de alimentos; únicamente en las áreas rurales más próximas a los centros urbanos se materializaban débiles vínculos urbano-rurales dependiendo de las jerarquías de las ciudades.
Actualmente se asiste a un cambio de concepción y de percepción del medio rural. La idea de espacio rural aislado y agrícola ha ido variando en las últimas décadas. Coexisten una buena cantidad de análisis, entre ellos, varios desarrollos conceptuales que fueron, y en algunos casos aún lo son, claves para el progreso del conocimiento rural desde las Ciencias Sociales.
A medida que las ciudades crecen física, demográfica y económicamente, su influencia cultural se acrecienta también. Su reclamo sobre los ER, alimentos y mano de obra, aumenta paralelamente a aquel crecimiento. De tal manera, lo rural ve disminuir su autonomía decisional, siente el enflaquecimiento de su espesura societal y, en
definitiva, observa cómo es cooptado por la ciudad. Lentamente, los valores ciudadanos (coincidentes, claro está, con los capitalistas) se sobreponen a buena parte de los valores rurales. Un ejemplo de ello es la noción de "comunidad", con sus colaterales de conocimiento interpersonal y de arraigo en el lugar, que deja espacio a la valorización de la "sociedad" (o "asociación", en términos de Tönnies), donde el conocimiento se despersonaliza y se pierde la sujeción atávica al terruño.
Lo enunciado materializa algunas de las consecuencias de los vínculos urbano-rurales, a través de lo cual no se le está quitando "personalidad" a los ER, sino que se expresa que el "ritmo" del desenvolvimiento de este espacio está marcado por el "paso" que sigue el desarrollo urbano. A su vez, como el poder de penetración de los medios comunicacionales (de cuño urbano) es cada vez mayor, y con él también lo es su incidencia social, los valores urbanos se difunden acabadamente por el espacio rural, generando una confluencia valorativa que tiene poco de dialéctica, o en todo caso, se ve muy sesgada.
No obstante, las ventajas de la aglomeración tienen un techo en procesos físicos y sociales (congestión, degradación ambiental, aumento de rentas, conflictividad laboral, etc.), los cuales desatan tendencias opuestas, de difusión en todas direcciones y de incorporación de otros espacios al movimiento ampliado de circulación originando constantes reacomodamientos estructurales.
Como se vislumbra, las aristas de la reestructuración espacial cuestionan la dinámica unas veces complementaria y otras antagónicas, entre los espacios urbanos y los rurales. La expansión de infraestructuras productoras de configuraciones urbanas marcaron las etapas de desarrollo espacial del capitalismo. Ferrocarriles, edificios de la administración, carreteras, teléfonos, plantas industriales, autopistas, infraestructuras, centros financieros, etc., constituyeron los hitos para la realización del proceso de acumulación. Asimismo, estas infraestructuras construyeron un espacio, objeto de consumo material en constante transformación y saturación. En este proceso, los ER cumplieron un papel importante; se organizaron históricamente como proveedores de materias primas para el consumo directo o la transformación industrial-urbana. Así, las relaciones de complementariedad son claramente asimétricas: cooptación de lo rural por lo urbano.
El proceso de urbanización, significó la desruralización de la sociedad. Ahora habría habitantes que por diferentes motivos se asientan en espacios "poco densos", que se dedican a la producción agropecuaria pero que, en esencia, no se diferencian en gran
medida de los urbanistas. El espectacular avance en la expansión de los medios de difusión/comunicación terminó por romper el precepto del aislamiento rural: cuán aislado está un habitante rural que por las noches se transforma en un cibernauta de Internet?, cuánto lo está aquel que conoce al momento los hechos políticos, sociales o deportivos a través de la TV por cable que baja la señal de la CNN?
Si el aislamiento parece superado, qué pasa con el otro pilar de lo rural: su papel de espacio productor de alimentos o materias primas. Este es quizás, el pilar más fuerte de la tradicional concepción de los ER. Aún en su versión más modernizada, se los considera sólo como productor ("industrializado", si se quiere) de alimentos o de materia prima para éstos. A su vez, como la demanda urbana de alimentos crece más de prisa que el ritmo de producción, se impulsaron una serie de cambios técnicos que posibilitaron un incremento notable en la productividad agrícola (la mecanización fue el primero, pero las tecnologías químicas y biológicas fueron las que dieron el impulso necesario para producir acorde a la demanda, y en muchos casos, superarla). El resultado fue un elevado volumen de producción debido a la productividad de los recur- sos implicados: suelo y capital. Si este fue el escenario de la articulación espacio urbano/espacio rural en la etapa fordista, actualmente se asiste a una re-configuración de los territorios.
En este caso, la gradual extensión de la pluriactividad y de la agricultura a tiempo parcial (atp), así como hacia un continuo aumento del grado de profesionalización, mecanización y modernización de los sistemas rurales son ejemplos concretos de los cambios y adaptaciones (Foto 1).
La pluriactividad puede ser entendida en forma diferente, pero siempre representa un equilibrio entre los ingresos de una unidad de producción y los egresos. En los países del Hemisferio Norte sobre todo, se ha estimulado esta estrategia para inducir el desarrollo rural integrado, por otro lado, en los países subdesarrollados las sucesivas crisis han llevado a los campesinos y productores a incorporar diferentes estrategias pluriactivas, ya que, como lo expresa García Ramón, M. “(…) es una forma de
compensar la pérdida de tierras y afianzar el autoconsumo, de esta manera la pluriactividad presenta una doble perspectiva, la que existe en la propia esfera del autoconsumo y la que surge de la esfera comercial capitalista” (1995:61).
La perspectiva de la esfera del autoconsumo expresa la realización de trabajos agrícolas junto a otros de tipo artesanales y/o el intercambio de trabajos entre distintas familias, en esta instancia se la toma como una forma de relación de cambio. En las áreas dinamizadas por sistemas productivos capitalizados la pluriactividad se operacionaliza además, con fenómenos de agricultura a tiempo parcial, diversidad de empleos familiares o el obrero campesino. El estímulo a estas estrategias se sustenta en la necesidad de mantener a la población en los ER y rururbanos. Es una forma de complementar los ingresos a través de la maximización racional del uso sobrante de los factores. Como ejemplo de lo enunciado, se observa el turismo rural que es una estrategia adaptativa que revaloriza ciertos recursos y saberes optimizando el uso sobrante de los factores: mano de obra femenina y jóvenes, recursos no productivos (ambiente, patrimonio, saberes) entre otros.
Así, la magnitud de los intercambios comerciales favorecen la instalación de flujos y de capitales en aquellos territorios que tienen potencialidades para responder a la demanda externa y en esta ecuación no tienen entrada los pequeños productores, los campesinos, ni los ER que son considerados marginales por el capital financiero y/o productivo.
Se observa en las últimas décadas una dicotomía entre lo que acontece en los ER, lo que planifican los Estados (cuando lo hacen), y el contexto global. Los Estados se subsumen en el sistema de acumulación actual, esto es, ajustan las acciones locales a la lógica de la globalización, con instrumentos macroeconómicos que acarrean desarticulaciones territoriales.