(Reino de los cielos)
A pesar de ser tema central de la predicación de Jesús, el pueblo *católico desconoce tanto la palabra como su contenido. Felizmente, en la actualidad se está descubriendo este concepto en la teología latinoamericana y en la *teología indígena.
Aunque algunos prefieren usar la palabra “reinado” en lugar de “reino”; para el objeto de este artículo se tomarán ambos indistintamente.
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Qué es el Reino de Dios
Jesús presenta la llegada del Reino de Dios como luz y vida del pueblo (Mt 4, 12-17). Lucas, en el texto paralelo, explica lo que es esta luz y esta vida, cuando dice que son:
1. buenas noticias para los pobres; 2. libertad para los cautivos; 3. vista para los ciegos;
4. liberación de los oprimidos;
5. año de gracia del Señor, es decir la igualdad (Lc 4, 16-22); 6. por amor.
Jesucristo asume así el mismo proyecto que Dios, en la historia, había realizado por los profetas. Sólo lo lleva a plenitud, poniendo, en lugar de la venganza (Is 61, 1-2), el mandamiento nuevo del amor (Mt 5, 43-48; 22,34), como motor nuevo de la historia. Estas seis tareas, que hacen del Reino un “concepto dinámico”, tienen su desarrollo no sólo en el tiempo (Lc 19,20;Mt 21, 43), sino en la eternidad (Mc 1, 15; 14, 25; Lc 13, 28-30).
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Los encargados de instaurar el Reinado de Dios
Los sujetos encargados de realizar este programa son los *pobres, los que no son nada (Lc 6, 20-21; 1Cor 1, 26-28). Esto, que es una auténtica aventura, los hace bien- aventurados y felices.
Este reino tiene, a su vez, enemigos: aquellos que traen malas noticias a los pobres, que promueven la cautividad, la opresión, la enajenación, la desigualdad, el odio, en una palabra, el anti-Reino. Éstos son los ricos, los que están hartos, los que ahora ríen y pasan por ser gente de buena fama (Lc 6, 24-26).
Se invierte así el sistema social: los constructores de la nueva sociedad son precisamente los que la sociedad desprecia (Mt 21, 42-44 y 19, 23-25).
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La oración del Padre Nuestro
La petición central de la oración que Jesús enseña a sus discípulos es simple y sencillamente que “venga este Reino”; y que éste, que es “la voluntad de Dios”, se haga así “en la tierra como en el cielo”. Aún el pobre tiene que pedir perdón porque ha ofendido al Reino, es decir, por no querer o no hacer suficientes esfuerzos por instaurarlo; y en esta oración confiesa que el camino para establecerlo no es la venganza, sino el “perdón para los que nos ofenden”, o, como el texto antiguo los llamaba, “los deudores”; para terminar pidiendo no caer en la tentación y ser liberado del mal del anti-Reino (Lc 11, 1-4).
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Para beber el espíritu y la fuerza del Reino, hay que acercarse a sus portadores, es decir, a los pobres. Si el sujeto ya es pobre, debe llegar a ser lo que ya es, agente del Reino; si no es pobre, tiene que optar por los pobres, solidarizarse con sus causas, para llegar a ser un “pobre de espíritu” (Mt 5,3).
Los pobres son los reyes, los amos y señores de este Reino. Sus deseos, sus necesidades y aún sus legítimos caprichos deben ser norma de conducta, de planeación y acción de los ciudadanos en este Reino (Mt 25, 31-40). En la medida en que uno se convierta en servidor y esclavo de los pobres, en esa medida será maestro y señor dentro del Reino (Jn 13, 1-15; Mc 10, 42-45), porque su estilo no es como el de los reinos de este mundo (Jn 18, 33-38).
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Desarrollo del Reino
El Reino, que es en definitiva un don de Dios (Jn 3,3), gracias a la palabra del Reino (Mt 13,19) puede germinar en los individuos y en los pueblos como un grano de mostaza que va creciendo poco a poco hasta llegar a ser un arbusto.
De él participan otros que sin ser parte del Reino, cuando “se posan en él”, como “las aves del cielo que vienen a anidar en sus ramas” (Mt 13, 31-32), llegan a ser parte del mismo. Un ejemplo vivo de esto es el caso de Zaqueo (Lc 19,10-12).
Es una realidad que siempre estará invadida de anti-Reino (Mt 13, 24-30), y lo que no se alcance a arrancar de él en esta vida, lo hará el juicio de Dios.
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Virtudes que se han de ejercitar en el Reino de Dios
1. El esfuerzo. “El Reino de Dios se alcanza sólo a la fuerza”. El ejemplo vivo de esta
virtud es Juan el Bautista (Mt 11, 11-15).
2. Ser negociante. Saber presentar atractivo y realizable el Reino; comprometer a la
gente a que lo acepte, aunque sea “en abonos” (Mt 25, 14-30).
3. La previsión. No hacer aquel aspecto del Reino cuyas consecuencias no han sido
previstas (Mt 25, 1-13).
4. La humildad. El Reino es un don. Dios lo da a quien quiere y como él lo desea. No es
raro que los que entraron últimamente a realizar las seis tareas del Reino, sean más comprometidos que aquellos que presumen muchos años de estar en él (Mt 20, 1-6).
5. La pobreza. No sólo la material y la de espíritu, sino además la total disponibilidad a
aceptar la voluntad del Padre Dios, que no es otra cosa que aceptar el Reino y sus consecuencias, entre las que sobresale, el conflicto con los poderosos (Mt 7, 21-23; Lc 23, 1-2) y la muerte violenta.
6. El celibato. Precisamente por el Reino de los cielos (Mt 19, 12).
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La *parroquia y el Reino
Para la mayoría de los católicos, el Reino sigue siendo un tesoro escondido (Mt 13, 44-45). Aquellos que lo han llegado a descubrir, *agentes de pastoral y miembros de *comunidades, “han vendido” muchos “valores” y convicciones religiosas que acostumbraban practicar, y ahora las cosas del Reino ocupan el centro de su fe, de su caridad y de su liturgia. No rara vez esto les ha acarreado incomprensiones e incluso persecuciones, dentro y fuera de la Iglesia.
La Iglesia, consecuentemente la parroquia, ha recibido la misión de anunciar e instaurar el Reino, que es lo prioritario (Mt 6, 31-33).
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El Reino y la *religiosidad popular
Podría afirmarse que la religiosidad del pueblo esta traspasada del espíritu del Reino. En ella se encuentran no sólo el sujeto del Reino que es el cautivo, el oprimido, el que no es nada –distintos aspectos del ser pobre-, sino también, aunque frecuentemente escondidas, las huellas más auténticas del contenido del Reino, como son los anhelos de igualdad, de liberación, de abundancia, de amor. La *fiesta es sin duda el momento mas intenso de este Reino en la tierra del pobre. Una vez celebrada, vuelve el anti-Reino a hacerse presente en su vida diaria. La fiesta es así uno de los pocos “momentos de resistencia” que, frente al anti-Reino, aún le quedan al pueblo pobre.
Al mismo tiempo, hay que aceptar que la religiosidad está traspasada de anti-Reino. Las distintas expresiones, contenidos y creencias religioso-populares están penetradas de enajenación, del desencadenamiento de una mayor cautividad y de una más cruel opresión, de la justificación de la desigualdad y del desamor. Y con esto no sólo se hace referencia al contexto de conquista y colonización en que se fue fraguando la religiosidad (destrucción de *códices, el silencio represor impuesto, el suicidio de los sacerdotes indígenas, el adoctrinamiento de los “entendedores”, la discriminación, etc.), sino a la manera como la *cultura hegemónica la sigue usando para el sostenimiento de esta misma situación injusta.
Tarea del *agente de pastoral es enriquecer la religiosidad con el espíritu del Reino. Para tal efecto, es necesario que ayude al pueblo a tomar conciencia de la realidad que lo rodea, en medio de la cual cree o celebra el rito de que se trate; asimismo, es necesario que le ayude a pensar sobre dicha creencia o rito, al fin de que descubra su significado, el más original posible, en el cual la huella de la conquista aún no está presente o no es tan dominante; para encontrar allí las huellas más auténticas del Reino. Si es posible, confrontarlas con la Palabra de Dios, contenida en la Biblia, a fin de re- confirmar o purificar aún más dichas huellas. Esta seguridad hará que el pueblo no sólo se sienta liberado, aunque sea mínimamente, sino además lo llevará a descubrir con más lozanía, lo que por siglos ha creído y practicado. Si es el caso de que una comunidad ajena a la propia ya haya realizado este camino, es necesario entonces aprovechar este descubrimiento para iluminar el caminar de la propia comunidad en que se trabaja.
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BIBLIOGRAFIA
---Rahner, Kart, Sacramentum Mundi Léxico de Teología, artículo: “Reino de Dios”.
---Quiroz, Álvaro, Eclesiología en la Teología de la liberación, Col. Verdad e Imagen, Salamanca, 1983. ---Boff, Leonardo, Eclesiogénesis, Sal Terrae, Santander, 1980.
---Gutiérrez, Gustavo, El tiempo de ha cumplido (mimeo), Pontificia Universidad Católica de Lima, XIII, Jornada de Reflexión Teológica, 1983.
---Mesters, Carlos, La Biblia y la nueva evangelización.
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BENJAMÍN BRAVO