El proceso educativo que plantea Vives conlleva la presencia de los educadores, pero también de las ideas que orientan su actuar, las que incidirán en los educandos. Como se ha visto, nuestro autor describe las características del tránsito formativo y el mismo es guiado por los pensamientos rectores que están en las causas eficientes, tanto del artífice principal, el sujeto, como de los agentes educativos externos, pues no pueden actuar como principios activos sin un sentido del mismo proceso.
En este sentido, se hace evidente la presencia de la causa ejemplar en su planteo sobre la educación, aún cuando el valenciano no desarrolla ni teórica ni explícitamente esta causalidad.
Para referirnos a sus ideas, en Escolta del alma, escribe a la joven María Tudor:
“De tal manera vivamos, que lleguemos a aquella otra vida mejor y, por lo mismo, verdadera vida; porque nuestra vida actual, ¿qué otra cosa es sino un viaje pasajero?” 653
Y en Introducción a la sabiduría, afirma:
“El alma, dádiva del Cielo, semejante a los ángeles y a Dios mismo; por ella se juzga al hombre; ella sola debiera llamarse hombre, como plugo a los mas grandes varones de la antigüedad.” 654
Se aprecia que el renacentista considera como principio causal de la educación a las ideas que orientan el proceso y que se encuentran en el educando y en los educadores. Por ello en sus escritos se esmera por enunciar los principios que deben guiar dicho tránsito y contar con los pensamientos correctos para lograr una formación plena. En este sentido, dichos conceptos actúan como orientadores y reguladores del proceso educativo que describe en De las disciplinas.
El citado Escolta del alma es un ejemplo del conjunto de ideas que deben intevenir modelando al joven que se educa, apreciándose mayores principios preceptivos en las cartas educativas escritas a la hija de Catalina de Aragón y al hijo del barón
653
OC, I, EA, p. 1183.
654
Guillermo Montjoy. Vives concibe que no puede darse el formar al hombre integral si no se cuenta con los pensamiento pertinentes, que a modo de luces claras tienen que orientar las intervenciones del sujeto en formación y de los agentes externos.
De allí la gran importancia dada por el valenciano a la vida intelectual y al estudio de las ideas, entendidos como “los modelos más verdaderos y exactos para hacer las cosas”655 y los principios que tienen que regular la educación. Gran parte de su vida la dedicó a ello y a generar las ideas orientadoras de la reforma de la formación de su época; de allí que esto sea uno de los legados más importantes que su humanismo dejó a todos los tiempos. Se aprecia la importancia dada al conocimiento de la idea de perfección de la naturaleza por su incidencia especificativa en el sujeto para su educación.
Claramente señala Vives, que el efecto formativo proviene de la causalidad ideal presente en el pensamiento de los agentes; por ello, como se mencionó en el apartado anterior, el humanista debe ser prudente, reflexivo, sabio, moderado, justo, paternal, exigente, responsable, dominador de sus pasiones, virtuoso en todo y de una gran piedad. Es decir, ser ejemplar en las ideas y en los actos,656 pues “es cosa inevitable que el discípulo se componga y acomode al ejemplo de su maestro.”657
La idea que conforma esta causa en el valenciano no puede ser otra que la del hombre perfecto, plenamente realizado en todo el orden de su vida natural y sobrenatural, en correspondencia con el ser de la educación, que busca “hacer el hombre” pleno, tal lo visto y que se profundizará en la causa final.
Fiel a su enfoque progresivo y ordenado, el español considera que hay que ir desde lo sensible a lo intelectual, de lo material a lo espiritual y de lo natural a lo sobrenatural. Por ello plantea la realización acabada del ser humano como causa ejemplar de la educación, comprendiendo inicialmente el perfeccionamiento de su ser natural, a través de la plenitud de sus actos como hombre virtuoso, sabio y piadoso, fruto de la perfección alcanzada por las operaciones de las facultades intelectuales de su alma.
655
OC, II, TA, p. 1208.
656
Cfr. OC, II, DD, p. 677.
657
Esta imagen, no obstante, se subordina a la idea última de ser humano, a la que nuestro autor hace mención desde el inicio de sus obras educativas, y corresponde al hombre sobrenatural, pues comprende el orden que plenifica totalmente su ser, como hijo de Dios. Esta realidad la encuentra en Cristo, Nuestro Señor, es decir, en Dios, pues es el hombre perfecto, quien integra el orden natural con el sobrenatural, ordenando el primero al segundo. Él “a todos les quiso crear espiritualmente, porque sepan que todos pertenecen a la gracia y a la adopción de la herencia del Hijo de Dios, no a la Naturaleza.”658
La imagen de Cristo como hombre plenamente realizado, Hijo de Dios perfecto,659 pleno en las virtualidades de las facultades naturales humanas y de la divinidad excelsa de sus virtudes y de su Ser, es la causa ejemplar de la educación en el planteo formativo de Juan Luis Vives. Es que “Él que había venido acá para dar ejemplo a todos, personificó en si todos los estados y condiciones de vida respetuosa con la ley austera, callada, afable, urbana.”660 Así, con Cristo, “la perfección del hombre consiste en la consabida inmortalidad bienaventurada.” 661
Es necesario señalar que también tiene en cuenta, en este paso progresivo hacia Cristo, la imagen virtuosa de aquellas personas que han alcanzado ya la vida beatífica junto a Dios, pues “grandes ejemplos de ello tenemos en los santos y en los profetas y en aquellos que fueron muy amigos de Dios e íntimos suyos, a saber: Moisés y Abrahán.”662
Estas ideas como imágenes y modelos progresivos hacia Cristo, el hombre perfecto, hay que considerarlas, en el pensamiento del valenciano, como principios causales que buscan moldear el actuar del educando, a la manera de la forma sobre la materia. Es decir, que la causalidad ejemplar, comprende cierta formalidad activa de la idea del educador y del educando, para que orienten su proceder, conforme a las virtudes superiores que le permiten alcanzar su realización última.
658
OC, II, DVF, p. 1473.
659
Vives señala: “Consistiendo nuestra bienaventuranza en la unión con Dios, gran ejemplo y estímulo de nuestra confianza nos deparó Cristo al ver a un hombre unido con Dios, en Cristo; empecemos a esperar más firmemente nuestra propia unión y a creer que va a ser indisoluble, como en Cristo, la contemplación” (OC, II, DVF, p. 1446).
660 Ibid., p. 1473. 661 Ibid., p. 1440. 662 Ibid., p. 1447.
Los modelos mentales que plantea el renacentista se convierten en un paradigma o ideal con el que el educando moldea su ser fruto del ejercicio de las facultades con que Dios lo ha dotado. Por ello, este principio no actúa como causa eficiente que impulsa la actividad educativa, ni como bien que atrae el apetito, es decir causa final, sino como moderador del actuar del formando.
Asimismo, se aprecia que estas ideas modélicas inciden en el sujeto, pues se trasuntarán en la intencionalidad que él mismo otorgará a sus actos; por lo tanto, de alguna manera dirigen u orientan en la interioridad del educando su formación.
El valenciano, en Filosofía primera, el Tratado del alma y De las disciplinas,
destaca el rol del arte, que no puede realizarse sin la idea en la mente que plasma con su actividad el ejecutor.663 De allí la importancia de esta imagen intelectual en el educador para intervenir adecuadamente como artista de la formación.