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Effect of serrations on boundary layer development and flow structures

CHAPTER 3 RESULTS

3.3 Effect of serrations on boundary layer development and flow structures

Como recuerdan los escritores argentinos Saborido y Borrelli, “Argentina en 1970 ocupaba el primer lugar en América Latina en consumo de diarios y revistas, e importaba casi la totalidad del papel que consumía. Esto implicaba una erogación de más de 100 millones de dólares anuales, entre papel y pasta celulósica”, que volvió necesaria la implementación de una planta nacional. “La producción de papel prensa era un anhelo largamente deseado por los diarios nacionales y, de concretarse, conformaría un gran beneficio económico para sus balances, así como posiblemente una mayor autonomía con relación al poder político”196, que tenía la distribución y venta de la materia prima.

La creación de Papel Prensa empezó en el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía por impulso de su ministro de Economía, José María Dagnino Pastore. En un principio la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) no estaba de acuerdo con el 10% de arancel por la importación de papel, pero después terminaron cancelando el impuesto que empezó a regir desde el 1 de agosto de 1970. El beneficio era superior.

Pero en 1972 se firmó un acuerdo entre el Estado y el grupo empresarial Papel Prensa conformado por César Augusto Civita, César Alberto Doretti y Luis Alberto Rey. La planta debía levantarse en los márgenes del río Paraná, en San Nicolás, el sur de Buenos Aires, con una inversión inicial de 62 millones de dólares. “En menos de un año Civita, Rey y un nuevo accionista, Alberto Selasco, poseían más del 80% del paquete accionario clase A”197. Estas últimas acciones eran las más valiosas, 26%; después venían las clase B, 25%; C, 20%; D, 10%; y finalmente la E con el 19%.

El 26 de diciembre de 1973 el Grupo Graiver le compró a Rey todas las acciones que este había adquirido ese mismo día a Civita y a otros accionistas; esto dio a entender que este último sirvió como testaferro del primero, desde un principio. La transacción se realizó de facto porque no respetó el contrato original que señalaba que el Estado debía aprobar la venta con las ¾ partes de los accionistas.

196 Saborido, Jorge y Borrelli, Marcelo. Op. cit. p.27. 197 Ibid. p.30.

Jorge Saborido y Marcelo Borrelli (2011) aseguran que:

“La aparición de Graiver en el negocio será decisiva para el futuro de Papel Prensa durante la dictadura. Desde que se había iniciado en el mundo de los negocios hasta su muerte, Graiver había conformado un verdadero emporio empresarial, que creció íntimamente vinculado a las prebendas del Estado, a las operaciones financieras y comerciales al borde o directamente traspasando la legalidad, y a sus contactos con el poder militar, político y empresarial”198 que con el tiempo le pasarían factura.

Después se supo que David Graiver, para adquirir la mayoría del paquete accionario de Papel Prensa, también recibió dinero proveniente de los secuestros que los Montoneros habían efectuado a los hermanos Born en 1974 y Heinrich Franz Metz, un alto ejecutivo de la empresa alemana Mercedes Benz. Saborido y Borrelli citan al investigador periodístico Juan Gasparini para señalar que hacia fines de 1976, entre capital e intereses, les debían a los insurgentes unos 17 millones de dólares.

Pero poco le serviría la astucia a Graiver en el mundo de los negocios donde se movía como pez en el agua porque después de su muerte el 7 de agosto de 1976 los diarios Clarín, La Nación y La Razón fueron por su empresa. Su fallecimiento, según Gasparini, “fue planificado por un organismo de seguridad estadounidense”, por lo que la avioneta en la que viajaba desde Nueva York a México habría sido derribada. Este percance fue el mejor aliciente para que los tres diarios antes mencionados pudieran llegar a la papelera dada su cercanía con la dictadura de Videla que llevaba pocos meses al frente del gobierno de facto.

Lidia Papaleo, la esposa de David Graiver, según muchos investigadores y periodistas como Gasparini y Graciela Mochfkofsky, recibió diversas presiones por parte del régimen militar para que se realizara la transacción a los tres diarios antes mencionados. Esto sumado a la mala situación económica por la que atravesaba la familia del fallecido complicó que siguieran con el control de la papelera. Las demandas por la quiebra de los bancos y otras empresas superaban los 67 millones de dólares.

198 Ibíd. p.31.

Isidoro Graiver, hermano de David, confirmó que no sólo recibió presiones de los acreedores y del régimen militar para que vendiera la papelera a Clarín, La Nación y La Razón, sino también por parte de los Montoneros que intentaban recobrar el dinero entregado al empresario.

Graciela Mochfkofsky refuerza sobre la presión militar a la familia Graiver: “También comenzó a cercarlos un sector duro del ejército que se ocupaba de la represión clandestina en la provincia de Buenos Aires, al mando del general Guillermo Suárez Masón y bajo la mano ejecutora de Ramón Camps que había visto en los Graiver una mina de oportunidades: les permitían al mismo tiempo ejecutar la venganza pendiente contra Lanusse por haber permitido el regreso de Perón; condicionar al presidente Videla, representante del sector liberal o blando del Ejército, con el que rivalizaban y al que aspiraban desplazar; y asestar un golpe contra lo que, en su mentalidad conspirativa y antisemita, era una conjura marxsista- sionista para apoderarse de la Argentina, con la anuencia –o merced a la impotencia- de los liberales”199.

Sin embargo y para sorpresa de todos, Isidoro Graiver “sostuvo en una solicitada publicada en 2010 que la familia había realizado la venta en las mejores condiciones que pudimos obtener, sin amenazas ni extorsiones y en libertad”, reza la publicación en Clarín (25/08/2010)200 que confundió a muchos. Sin embargo, un día después el diario Tiempo Argentino publicó una grabación en off de record a Isidoro Graiver, en junio de 2010, en la que manifestaba todo lo contrario y confirma la imposición. Parecía que también recibió algún tipo de presión para la publicación.

Finalmente, la papelera se vendió el 2 de noviembre de 1976 en 7,8 millones de dólares a Clarín, La Nación y La Razón, pero empezó a operar con los nuevos dueños en 1978 una vez que las obras terminaron el 31 de julio. Saborido y Borrelli concluyen sobre

199 Mochfkofsky, Graciela. Op. cit. p.76.

este tema que “la concreción del emprendimiento Papel Prensa estuvo signada por diversas irregularidades y por la concesión de prerrogativas discrecionales de parte del Estado a intereses privados; tanto como para el fiscal Molinas en su investigación sobre el rol de la Junta Militar lo definiera en su dictamen de 1988 como uno de los casos de corrupción más graves de la historia argentina”201.

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