• No results found

ENGINEERS

In document FM 31-71 Northern Operations.pdf (Page 70-82)

A este respecto para profundizar la caracterización que Röpke realiza de la postura racionalista-mecanicista del mercado conviene comenzar con la interpretación que realiza de la fuerza fundamental del mercado, es decir de la fuerza de auto-realización personal. La posición de Röpke no da lugar a dudas. El ‘afán de autorrealización’ humano (el self-interest de la tradición de la Economía Clásica) no puede ser interpretado como mero egoísmo, ni siquiera como un interés personal indirecto o refinado (enlightened self-interest): “¿Basta apelar a una especie de ‘esclarecido egoísmo’ de los hombres a fin de que reconozcan que para ellos mismos es lo más provechoso supeditarse a la disciplina del mercado y de la competencia? A esto no podemos contestar más que con un enérgico ‘no’. Con este ‘no’ trazamos una enérgica

138

IEP, pg. 235.

139

CH, pg. 65-66. Con respecto de la tesis de Rüstow puede consultarse su importante obra Das versagen des Wirtschaftsliberalismus, Helmut Küpper Vormals Georg Bondi, 1950.

140

Röpke en este caso sigue las líneas de investigación del filósofo político Eric Vögelin (Nueva Ciencia de la Política, Ediciones Rialp, Madrid, 1968), que remonta el inicio en Occidente de este ‘inmanentismo’ a Gioacchino da Fiore (1130-1202).

línea de separación entre nuestra postura y la del utilitarismo y el inmanentismo liberal

del siglo XIX, cuyas patentes huellas hallamos todavía por doquier.”141

Esta interpretación inadecuada se debe, según al autor, a una antropología equivocada sobre la cual subyace la mencionada postura. Röpke caracteriza a esta antropología al mismo tiempo como racionalista, utilitarista y materialista.142 En cuanto al racionalismo, que en términos antropológicos diseña o ‘modela’ un ‘agente económico’ que calcula racionalmente en términos de costos y beneficios la realización de una acción, señala que da como origen a ese ser abstracto e inexistente denominado homo oeconimicus: “No es necesario aportar ningún argumento más para demostrar que el racionalismo… que ha perdurado también largo tiempo en la Economía como construcción racional del homo oeconomicus, es pura ficción y conduce en realidad a un verdadero irracionalismo.”143

Finalmente en un esclarecedor pasaje Röpke señala que no sólo el mercado no es capaz de generar las condiciones éticas que la disciplina del mercado requiere, sino que en cierto sentido las pone a prueba y las desgasta.144 De esta manera la economía de mercado requiere permanentemente que las condiciones éticas necesarias para su funcionamiento sean generadas constantemente desde fuera del mismo.145

“El mercado y la competencia están muy lejos de poder generar autónomamente los presupuestos morales que les son necesarios. Aquí está el error del inmanentismo liberal. Estos presupuestos deben cumplirse desde fuera y, al contrario de lo que dicho inmanentismo

141

MAOD, pg. 168.

142

Con respecto a su característica, el utilitarismo, Röpke la asocia al materialismo al que conduce. Evidentemente rechaza a ambas como antropologías que no se corresponden con la verdadera naturaleza de la persona humana. “Nos referimos al materialismo que nos induce a orientar todo el peso de nuestros sentimientos, aspiraciones y acciones a la satisfacción de las necesidades sensuales. Nos referimos, finalmente al utilitarismo –casi totalmente inseparable del materialismo– que, desde aquellos días en que la filosofía del pensar en el provecho se abrió paso en el mundo, aún sigue falseando nuestras escalas de medida en forma funesta, trastornando lamentablemente la verdadera ordenación jerárquica de los valores.”142

143

CSNT, pg. 61.

144

Uno de los elementos de la lógica del mercado que, por las derivaciones que impone la interpretación racionalista-utilitarista, contribuyen a poner en riesgo las reservas morales del mercado y de la sociedad, cuando esta última es reducida al primero, es la maximización de la actividad económica sin límites. Maximización que puede aplicarse en el plano teórico a la conducta de los individuos (maximización de utilidad), de la empresa como unidad de producción (maximización del beneficio), o desde el punto de vista de la práctica de la actividad económica como maximización del trabajo y del consumo, que se produce cuando estas actividades económicas se ven privadas, por una u otra razón de una orientación a fines más trascendentes de la persona: “El racionalismo social, con sus múltiples variantes e irradiaciones... mina los fundamentos de la economía de mercado. Una de estas irradiaciones es el ideal de ganar el máximo posible en el menor tiempo de trabajo posible, para luego... hallar el equilibrio en el máximo consumo posible...” MAOD, pg. 144.

145

Ahora bien, así como esta concepción identificaba el impulso a la actividad humana como una motivación egoísta, dejaba librada la constitución de valores y comportamientos necesarios para el desarrollo de la actividad económica al propio funcionamiento del sistema del mercado: “...se pensaba que la economía de mercado basada en la competencia y en la división del trabajo constituía un excelente medio de educación moral que, haciendo un llamamiento al egoísmo, estimulaba a los hombres a vivir en paz, con dignidad y observando todas las virtudes burguesas. En cambio, hoy sabemos (y se hubiera podido saber siempre) que la economía basada en la competencia mina la moral, por lo que requiere que existan reservas morales fuera de ellas. En la ofuscación racionalista se llegó a creer que estas reservas incluso las iba acumulando aquella.”, CSNT, pg. 66.

afirma, son el mercado y la competencia los que los someten a una continua prueba de resistencia, los que los exigen y los utilizan.”146

Por otra parte, en el pensamiento de Röpke acerca de los problemas a los que conduce la interpretación ‘racionalista-utilitarista’ de la idea de mercado, se encuentra un punto referente a la subvaloración en esta postura con respecto a las condiciones sociológicas, en particular, a la integración social que el mercado necesita y presupone. A este respecto sostiene que fue un error lo que llevó a considerar positivamente al individuo y, bajo una connotación más bien sospechosa, lo que fueran lazos sociales. De este modo la interpretación ‘racionalista-utilitarista’no sólo afirmó al individuo frente a los lazos sociales de subordinación, cosa considerada como un mérito por Röpke cuando se trata de rechazar la relación social de dominio frente a la libertad, sino que, al excederse y criticar todo lazo, terminó reduciendo al individuo al más estrecho individualismo con consecuencias negativas para el conjunto de la sociedad.

“La exageración racionalista del principio de la competencia basado en el egoísmo de cada uno cegó las mentes para lo sociológico, como lo prueba que se pretendiera fundar la economía sobre el individuo aislado, atomizado, viendo enojosas trabas en los imprescindibles lazos de unión de la familia y de las comunidades naturales (la vecindad, la comunidad, la profesión, etc.). Así se llegó a aquel peligroso individualismo que acabó por ser destructor para la sociedad, desacreditando tanto una idea bien concebida en sí, que fomentó la aparición del colectivismo, más peligroso todavía.”147

A este respecto el autor profundiza su argumentación cuando afirma que otro aspecto del racionalismo consiste en la prevalencia de los motivos económicos por sobre otro tipo de motivaciones – cosa que según Röpke comparten algunas líneas del liberalismo (racionalista), asociada en este caso a H. Spencer, como así también corrientes colectivistas como el propio Marxismo. En este caso nuestro autor reafirma que tanto el mercado como la competencia presuponen condiciones sociológicas sanas, es decir un grado de integración social adecuado. 148 En este sentido la postura racionalista- mecanicista del mercado no sólo desconoce la necesidad de integración social fuera del sistema económico sino que cae, como en el caso análogo de la cuestión antropológica y ética, en la simplificación de creer que el propio mercado, y, en este caso, la 146 MAOD, pg. 172 (166). 147 CSNT, pg. 66. 148

“…an important part of this same social philosophy [Spencerian Optimism –which is closely akin to the Economic Determinism of Karl Marx…] of the past was its strong belief in the sociologically positive effects of the business economy… There is no gainsaying the fact that the mutual dependence engendered by an intensive division of labour can be conceived as one of the most civilizing factors. But in granting this we must not overlook the fact that it is only one of other civilizing factors, which are even more important because they are ones without which a high degree of division of labour would be altogether impossible… It is hard to see how competition, much as it is indispensable and beneficial from the point of view of the production of material wealth, can be capable of breeding social integration. It should be obvious that, morally, it is a highly dangerous arrangement, and one, which must be balanced by the strongest of counter-forces from outside of the economic sphere. It is indeed, no principle on which society as a whole can safely be based in the long run. It assumes that there is enough integration outside the competitive market to keep society in general and competition in particular from collapsing, and this is more or less what we are witnessing today. We may conclude, then, that it is social integration on which economic integration depends, and not the other way round.” IED, pg. 70-71.

dependencia mutua que implica la división del trabajo, pueden generar por sí mismas la integración social que el sistema requiere.

Esta postura racionalista, según la cual los fenómenos económicos prevalecen sobre otros aspectos (éticos, sociales, o políticos) lleva, en el caso de las basadas en el mercado, a proponer que el sistema basado en el principio del libre intercambio puede dar el marco estructural de funcionamiento de la sociedad como un todo, tesis que Röpke también descarta de plano. Para este último la economía de mercado es sólo un ámbito de la sociedad, en el cual se requiere libertad de acción, pero está a su vez subordinado por medio de sus relaciones con los ámbitos extra-económicos de la sociedad, la política y la ética.

In document FM 31-71 Northern Operations.pdf (Page 70-82)