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3. PRIORITIES FOR FUNDING

3.3 Sub-priorities

3.3.6 Environment protection and resource efficiency

Una función crucial de la inferencia en el proceso de interpretación es la de identificar el comportamiento verbal del H como algo intencional, o sea, reconocer su intención comunicativa. La

12 Para mayores detalles sobre la teoría de la mente, véase Leslie:1987, Leslie y Happé: 1989; Fodor:1983; Happé:1993;

tendencia a interpretar el comportamiento de los demás como algo intencional, guiado por creencias, deseos, intenciones, es una capacidad de la mente humana fundamental a nivel evolutivo. En años recientes esta tendencia se ha estudiado dentro del área de investigación de la teoría de la mente, que, como expusimos en el apartado precedente, se considera un módulo de la mente humana (Leslie:1987) y se define como la capacidad de un individuo de atribuir a otros creencias y estados mentales, especialmente aquellos que son distintos de los propios.

En la perspectiva de la TdR, la comprensión de enunciados - la capacidad pragmática- es un submódulo que se ha desarrollado en la evolución a partir del módulo general de teoría de la mente y ha co- evolucionado con ella, enriqueciéndola, ya que los inputs que el lenguaje ofrece son infinitamente más

ricos y articulados que cualquier otro estímulo ostensivo. La capacidad pragmática tiene rasgos característicos de rapidez, automaticidad, especificidad del estímulo (estímulos ostensivos), y principios y estrategias de interpretación específicos, los de la relevancia, justamente. Sin embargo, esta capacidad puede utilizar información proveniente de cualquier dominio para interpretar un enunciado, es muy sensible al contexto y es engañable, ya que los procesos inferenciales son crucialmente no demostrativos, aunque se apoyen en una evidencia parcialmente codificada como la lengua y a un contexto de interpretación; las expectativas de una O se pueden manipular para hacerle creer que la propia intención comunicativa es diferente de la real.

La TdR es una teoría pragmática de tipo cognitivo que considera que el lenguaje y el pensamiento son distintos y su relación es representacional, ya que lo que el lenguaje comunica se representa en la mente. Lo que se comunica se "traduce" en representaciones mentales (Wilson:2000, Sperber:2000). La capacidad de comunicar supone un cierto grado de capacidad metarrepresentacional, es decir, usar representaciones para representar otras representaciones o pensamientos, metarrepresentando así también el contenido y no sólo la forma de estas representaciones (Sperber, 2000:117-118).

Por ejemplo, si Sabina le dice a Mauricio “Hoy también has llegado tarde a nuestra cita”, Mauricio puede representarse la oración de Sabina a un nivel puramente formal, algo como “Sabina está diciendo algo” o “Sabina está pensando algo y lo está diciendo”. Este tipo de metarrepresentación, que no representa el contenido de lo representado, no es, evidentemente, suficiente para comunicar.

La capacidad metarrepresentacional del pensamiento y del lenguaje humano es muy compleja. Tiene características de recursividad y composicionalidad, está basada sobre la posibilidad de interpretar cualquier tipo o carácter de expresión como representativo de cualquier otro tipo o carácter de expresión al que se parezca en algún aspecto relevante: en otras palabras, sobre la posibilidad de usar el contenido de representaciones para metarrepresentar.

El sistema cognitivo humano tiene un conjunto muy grande y variado de representaciones conceptuales: entre otras cosas, es capaz de representarse algo, y a la vez el hecho de estarlo representando, usando la representación de forma "opaca". El ser humano tiene la capacidad de “enmarcar” una representación, en cuanto tal, dentro de una representación más grande o compleja, y usar conscientemente la representación “opaca” como representación icónica de otras representaciones.

El concepto de explicatura de nivel superior (presentado en 1.3.1) parte del reconocimiento de la metarrepresentacionalidad de la comunicación verbal, que permite expresar dos o más niveles de representación. Una representación x de nivel más bajo, que puede ser una representación pública, privada o abstracta (Wilson:2002) y tiene un carácter proposicional, es decir, es evaluable en términos de condiciones de verdad, ya sea a nivel de la explicatura o a nivel de implicaturas; esta primera representación está incrustada en una representación de nivel más alto que comunica el significado que el H quiere expresar, generalmente un enunciado o un pensamiento complejo que puede incluir una actitud del H. Esta representación, si es comunicada abiertamente, se define como explicatura de nivel superior, cuyas condiciones de verdad están determinadas por la proposición incrustada. Para poder entender esta

representación, la O necesita poderse metarrepresentar la actitud proposicional del H al comunicar, por ejemplo, el H cree/ duda/ desea/ espera que x, donde x es la proposición de nivel más bajo incrustada. De hecho, cualquier enunciado en forma interrogativa explícita tiene una explicatura de nivel superior del tipo: el H no sabe/ quiere saber si x; cualquier enunciado en forma imperativa tiene una explicatura de nivel superior del tipo: el H desea que x (Sperber y Wilson:1988).

Esto implica la capacidad de atribuir estados mentales e intenciones a los otros, y de poder metarrepresentar esos estados mentales.

Para ilustrar, considérense los siguientes ejemplos:

1) Si estamos en una conferencia y yo los miro y finjo ostentosamente estar dormida, ustedes entenderán que estoy haciendo (fingiendo dormir) una representación (dormir = aburrimiento) para comunicarles -intencionalmente, ostensivamente- mi actitud de aburrimiento hacia la conferencia.

2) Les envío un fax de invitación a mi fiesta de cumpleaños con un pequeño mapa del camino a seguir desde el metro CU hasta mi casa. Si ustedes reconocen correctamente que mi intención es la de explicarles icónicamente la forma más facil de llegar a mi casa (usando un mapa para representar su camino a mi casa), reconocerán también el tipo de metarrepresentación que yo hago del camino (real, material, hecho de asfalto, con tráfico y semáforos) en un pedazo de papel, simplificándolo al máximo y dejando sólo los elementos que sirven para señalar mi casa. Si en la esquina de mi casa hay una panadería, pondré un letrerito de “PAN”, y ustedes entenderán que tendrán que dar vuelta donde hay una panadería -no donde hay un pedazo de papel que dice “PAN”- y por cierto que no se perderán si el letrero, en lugar de decir “PAN”, dice “Panadería Santo Domingo”.

3) Si dibujo sobre la avenida con el gis una flecha apuntando hacia mi casa, estoy usando un símbolo para decir algo como “ir hacia la dirección señalada por la flecha”. Para usar este símbolo necesito representarme mentalmente la flecha como algo que pueda señalar hacia mi casa, debo atribuirle un contenido y estar consciente de hacerlo. Asimismo, necesito pensar que ustedes también, reconociendo mi intención de guiarlos de alguna forma hacia mi casa, se puedan representar la flecha con un contenido similar al que me estoy representando yo, puedan metarrepresentar mi representación a partir del reconocimiento de mi intención al dibujar la flecha.

Si dibujara un puerquito con la trompa apuntando hacia mi casa, podría ser más expresivo, más bonito, pero ustedes podrían no reconocer mi intención informativa, y no ser capaces de

metarrepresentarse una representación con un contenido suficientemente similar al mío para interpretar mi mensaje. Para ustedes la flecha tendrá significado si reconocen mi intención de comunicarles algo y le darán a la flecha un contenido representacional suficientemente similar al mío para entender mi intención.

Al utilizar estos símbolos estoy explotando la posibilidad humana de manipular varios niveles de representación, o representaciones de representaciones. El uso de una representación para representar a otra se define como metarrepresentación.

La capacidad metarrepresentacional es la que nos permite hacer mutuamente manifiesto un estímulo de la intención comunicativa del H, ya que el concepto de manifiesto implica la representación mental por parte de O y H- A través de este estímulo, el H quiere hacer manifiesto, o más manifiesto, un conjunto de supuestos a la O.

Cuando el estímulo es un enunciado, el contenido del significado es un conjunto de supuestos incrustado en la intención informativa que, una vez que es mutuamente manifiesta, es transparente. Por eso se necesita de una representación de cuarto orden:

1) El H quiere 2) Que la O crea 3) Que el H quiere

4) Que la crea que x, donde x es un supuesto o una información. (Sperber:1994).

En una comunicación normal entre adultos, quien interpreta el mensaje metarrepresenta los pensamientos del hablante como algo que el hablante pueda pensar que sea relevante para la oyente. La comunicación es entonces, vista en esta perspectiva, un juego de representaciones, donde un H necesita representarse, por un lado, su intención comunicativa y el contenido de su comunicación, y, por el otro, cómo este contenido puede ser relevante para la O. Por su parte, la O necesita metarrepresentarse la intención comunicativa del H y lo que el H haya podido pensar que sea relevante para ella para poder

interpretar su comunicación. Esto nos da la posibilidad de interactuar con los otros seres humanos interpretando sus expresiones verbales como reflejos de sus intenciones y de manipular las representaciones mentales de los otros modificándolas de alguna forma comunicando nuestras actitudes o intenciones de forma ostensiva, es decir comunicando a quien escucha la intención de comunicarle algo y/o nuestras actitudes hacia lo comunicado.

La comprensión verbal consiste en la formación, por parte de la O, de una metarrepresentación de una representación del H. La O necesita representarse, al mismo tiempo, el contenido que un H quiere que se represente, y el hecho de que el H quiere que ella se represente que él quiere comunicarle una representación.

En la comunicación lingüística se utiliza el material decodificado sólo como una evidencia a partir de la cual se ponen en marcha los procesos inferenciales necesarios para la construcción del significado que el H pretende comunicar.

Hay tres niveles siempre presentes de representación mental (Wilson:2000):

a) Un nivel abstracto, en que la representación de propiedades del contenido de pensamientos o enunciados se reduce a sus propiedades lógico-semánticas y se puede evaluar en términos de lógica formal, o sea, de condiciones de verdad.

b) Un nivel mental o privado (ocurre dentro del individuo: pensamientos), que incluye el nivel abstracto más propiedades psicológicas.

c) Un nivel público (la comunicación entre dos o más individuos, que tiene la forma lingüística de enunciados), que incluye el nivel abstracto y el mental más cualidades comunicativas.

La capacidad metarrepresentacional nos da la posibilidad de reflexionar sobre las propiedades formales del contenido de las representaciones abstractas (privadas y públicas), sobre las proposiciones que expresan, atribuir representaciones mentales (privadas) a otras personas, hacer ejercicio de lectura de la

mente e interpretar representaciones públicas. Representaciones públicas y privadas se pueden considerar no sólo en su dimensión abstracta o lógico-formal, sino también en un contexto específico de emisión. Todos estos procesos, muy complejos, tienden a ocurrir de manera espontánea e inconsciente, pero también pueden desarrollarse de forma más reflexiva.

Estos tres niveles de metarrepresentación -abstracto, privado y público- están siempre presentes en la comunicación verbal ostensiva abierta, aun con predominio variable de un nivel sobre otro, como tres capas de representación, y, por consecuencia, de procesamiento de la comunicación. Cualquier enunciado en una situación comunicativa tiene estos tres niveles: un nivel abstracto proposicional, lógico-formal, anclado a condiciones de verdad; un nivel privado, ya que cualquier enunciado es la representación del pensamiento de alguien; y finalmente un nivel público, comunicativo, ligado a la ostensión y a la atribución de intenciones.

Si Sabina le dice a Mauricio: “Hoy también llegaste tarde a nuestra cita”, Mauricio puede evaluar la proposición expresada por Sabina en términos de lógica formal, de verdad o falsedad del enunciado con respecto al estado de cosas que representa. Por ejemplo, Mauricio puede contestar: “No es cierto. Ayer no llegué tarde”, ya que la palabra “también” presupone una recurrencia; o puede decir “Sí, es verdad que hoy llegué tarde pero ayer no.” En este caso estará partiendo de las propiedades abstractas, lógico-semánticas, del enunciado para contestarle a Sabina. Mauricio necesita también atribuirle a Sabina, sobre la base del enunciado comunicado, una representación mental privada como “Sabina está molesta porque yo llego siempre tarde”. Finalmente, Mauricio tiene que interpretar el acto comunicativo ostensivo de Sabina atribuyéndole una intención comunicativa: “Sabina quiere que yo me dé cuenta que ella está molesta porque yo llego siempre tarde”.

Como podemos ver, estos tres niveles están presentes y entrelazados, aunque su predominio puede variar. A partir del reconocimiento del carácter representacional y metarrepresentacional de la comunicación humana, la corriente de estudios de pragmática con un enfoque cognitivo originada por

Sperber y Wilson (1986/1995) estudia la comunicación verbal ostensiva abierta como representación de los pensamientos y manifestación y reconocimiento de las intenciones.

Hay muchos estímulos en el mundo que pueden llamar nuestra atención y ser representados: una característica peculiar del uso del lenguaje es la de proporcionar un estímulo ostensivo, diseñado para ser reconocido como un acto de comunicación que lleva consigo una intención por parte de quien comunica.