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4. EFFECTIVE PROGRAMMING AND DELIVERY

4.7 Financial management, audit and control

(b) Julieta ilumina la vida de Romeo.

(c) La intensidad de la belleza de Julieta se equipara a la del sol. (d) La belleza de Julieta es luminosa y deslumbrante como la del sol. (e) Julieta, como el sol, es fuente de vida para Romeo.

Podríamos seguir desglosando las implicaturas de este enunciado, pero no hay una implicatura que sea más prominente que otras de manera clara, así que la L necesita asumir parte de la responsabilidad de su interpretación.

Sin embargo, hay otras implicaturas posibles de la oración como: (f) Julieta es gaseosa.

(g) Julieta tiene una temperatura de 6000 c°.

(h) Una exposición prolongada a Julieta puede causar quemaduras y hasta cáncer de piel (especialmente si la capa de ozono está dañada).

Ninguna de estas implicaturas es relevante para la interpretación de este texto a la luz de las intenciones del A, ninguna L racional derivaría estas implicaturas, ya que el esfuerzo requerido para derivarlas no está recompensado por efectos cognitivos. El reconocimiento de las intenciones del A guía la búsqueda de relevancia.

Recordando que para la TdR no hay expectativas de verdad literal en la comunicación (véase el capítulo 2), sino expectativas de relevancia, los elementos prominentes como la metáfora del ejemplo 3 son, en esta perspectiva, elementos que el A hace intencionalmente prominentes, cuya complejidad de procesamiento recompensa a la L con mayores efectos contextuales.

Es en este tipo de efectos que reside la comunicación poética (Pilkington:2000; Furlong 1995:95), la relevancia se alcanza impulsando a la L a representarse un cierto tipo de pensamiento (to think along

certain lines, Furlong, 1995:98), cuyas líneas principales se definen a partir del reconocimiento de la

No hay ninguna razón para suponer que este mecanismo no se explote en cualquier tipo de comunicación, ya que la vaguedad, que conlleva la posibilidad de expresar contenidos complejos, es un recurso de la comunicación humana. Permite comunicar mucho más de lo que se pueda suscribir o desglosar con claridad, como las impresiones, las sensaciones, los sentimientos, provocando un amplio rango de pequeñas alteraciones al entorno cognitivo de una O o L, que necesita asumir parte de la responsabilidad de su interpretación. En gran medida, es en la vaguedad, o sea, en la abundancia de implicaturas débiles, donde reside típicamente, aunque no únicamente, la riqueza expresiva de los textos literarios52.

Las técnicas y los efectos de la comunicación literaria se pueden reconocer en algún grado en cualquier tipo de comunicación ostensiva (Furlong,1995:85). Un comunicador puede hacer intencionalmente prominente un elemento para inducir a su audiencia a intensificar su esfuerzo de interpretación en busca de relevancia óptima, o sea, para tener mayores efectos contextuales por un esfuerzo razonable. No es necesario que una O o L reconozca que un elemento es prominente para procesarlo y derivar efectos contextuales de éste, ya que la interpretación es un proceso automático guiado por el principio de relevancia.

En cambio, la interpretación literaria, siendo un proceso reflexivo, reconoce los elementos prominentes, los distingue, los clasifica y trata de analizar su efecto. Ya que en esta perspectiva no hay una línea tajante de división entre textos literarios y no literarios, podemos hablar, más que de textos literarios, de efectos literarios, que se pueden encontrar en cualquier forma de comunicación, aunque estén explotados de manera más sistemática en la comunicación literaria por el tipo de esfuerzo que requieren del lector a partir de las expectativas que generan.

La complejidad de un texto repleto de efectos poéticos, que explota sistemáticamente la vaguedad para comunicar impresiones o sensaciones, y la dificultad para reconocer las intenciones del A y los elementos que hace intencionalmente prominentes, junto a las variables de contexto de interpretación, explican la variedad de interpretaciones literarias posibles y el hecho de que haya textos (los llamados “clásicos”) que se prestan más que otros a interpretaciones siempre nuevas. En general, cualquier texto con rasgos de literariedad, o sea, con una cantidad considerable de efectos poéticos, entre otras cosas, tiene más que una interpretación posible. Aunque el rango de variación entre una interpretación y la otra está constreñido por los criterios de aceptabilidad e inaceptabilidad que derivan del principio comunicativo y de la noción misma de relevancia.

La vaguedad de un texto con características literarias no produce interpretaciones vagas, sino ricas y variadas; esta riqueza puede ser efímera o extenderse a lo largo del tiempo. Un rasgo importante de un texto con características literarias es exactamente el hecho de que favorece interpretaciones ricas y matizadas, que varían sin contradecir su núcleo fundamental (Furlong 1995:237).

Cada interpretación literaria se puede considerar como un estadio, una etapa hacia una interpretación ideal que sea plenamente relevante, representando de una “forma literal” el pensamiento del A: es interpretación ideal porque ni siquiera el mismo A podría producirla en estos términos, ya que, como hemos visto, no se comunican sólo proposiciones definidas, sino también rangos amplios de implicaturas, cuyo desglose tiene siempre un grado de aproximación.

Me parece que los criterios expuestos en este capítulo permiten dar un fundamento cognitivo a la interpretación literaria, restringiendo la interpretación de forma suficiente para garantizar la reconstrucción de un núcleo común, que es lo más prominente del significado pretendido por el A, para desglosar el tipo de proceso que se desata en la interpretación de textos con cualidades literarias.