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2.4 Bridge Replacement Options

2.5.3 Environmental Project Evaluation

La encíclica Centesimus Annus utiliza diversos aspectos de la ética teológica especializada en la sociedad entre los cuales se resaltan, la importancia del sentido de la tradición de la Iglesia y el acercamiento a la encíclica Rerum Novarum, un proceso metodológico de análisis de la realidad, la evaluación de los sistemas políticos, y la visión del ser humano como corresponsable del cambio de las estructuras sociales.

160 Cf. JUAN PABLO II,

Sollicitudo Rei Socialis, n. 41.

161 MIFSUD.

70 La importancia del sentido de la tradición de la Iglesia se percibe en la Centesimus Annus desde su mismo objetivo, que es proponer una relectura de la encíclica social de León XIII. Por medio de una mirada retrospectiva de la Rerum Novarum, Juan Pablo II redescubre su riqueza, pertinencia y vigencia en la cuestión obrera, y a la vez exhorta a mirar las cosas nuevas que pueden tener elementos similares con el contexto de la encíclica leoniana. Al mismo tiempo reafirma el texto del Papa Wojtila que las enseñanzas de la Rerum Novarum tienen valor permanente porque manifiestan el sentido de la tradición de la Iglesia, que se fundamenta en la enseñanza de los apóstoles a la comunidad eclesial. El aporte de dicha tradición está en que posee elementos recibidos desde siempre, y tiene la apertura a las cosas nuevas que acontecen en la Iglesia y en el mundo162.

Teniendo en cuenta la valoración anterior que hace Juan Pablo II de la tradición, encontramos que se encuentra la noción de ésta como “vinculada a la realidad fundamental de la Iglesia como de las personas de Dios, viviendo en nuevos tiempos y lugares, haciéndose presente en su vida de fe. La Iglesia por medio del Espíritu Santo, procura ser fiel a la palabra y a la acción de Jesús en los tiempos y circunstancias cambiantes en los cuales vive. Tradición envuelve las creencias, las doctrinas, las prácticas, los rituales y la vida de la Iglesia”163. De la misma manera, también se encuentra en la continuidad de la

reflexión eclesial de la sociedad una significación común en cuanto a que la comunidad adquiere un comprender compartido sobre la importancia de la cuestión social164.

El abordaje de la cuestión social por parte de la Iglesia no busca proponer modelos económicos, ya que dichas estructuras solo se pueden originar en los contextos históricos determinados, en cuanto a que las personas afronten los problemas en sus aspectos sociales, económicos, políticos y culturales. La Doctrina Social de la Iglesia es una orientación sobre los aspectos anteriormente nombrados pero dirigidos hacia el bien común. Por eso mismo,

162 Cf. JUAN PABLO II,

Centesimus Annus n. 3. 163 CURRAN,

The Catholic Moral, 52. La traducción es mía.

164 El sig ifi ado se ha e ealidad e las de isio es op io es, e a e a espe ial po la dedi a ió

permanente en el amor que construye las familias, en la lealtad que construye los estados en la fe que edifica las religiones. La comunidad se cohesiona o se divide, comienza o termina allí donde empiezan y a a a el a po o ú de e pe ie ia, el e te de o ú , el jui io o ú el o p o iso de todos . LONERGAN, Método, pág. 82.

71 la enseñanza eclesial social busca expresar a través de la historia, la preocupación de la Iglesia por el respeto a los Derechos Humanos desde una perspectiva creyente en una realidad determinada165.

De forma específica se acerca al contexto de la encíclica leoniana caracterizado por cambios marcados en la sociedad, el estado, la autoridad, donde la sociedad tradicional estaba finalizando, y se forjó otra en donde nacían nuevas libertades con el riesgo que se formara una nueva esclavitud. Otro de los cambios fue el económico donde se reconoce al capital como una forma de propiedad, y al trabajo asalariado como una manera de empleo en donde el afán de producción generaba explotación sin importar su condición. Por eso, el obrero era homologado por una mercancía entrando en la dinámica de la oferta y la demanda, careciendo de un sustento mínimo para sostener a su familia.

De ahí que el Papa Wojtila recapitula y actualiza la encíclica leoniana que “ante un conflicto que contraponía como si fueran „lobos‟ un hombre y otro hombre incluso en el plano de la subsistencia física de unos y la opulencia de los otros”166, el Papa sintió el deber

de intervenir por su responsabilidad pastoral, manifestando que la paz se edifica sobre el fundamento de la justicia. Además se valora de la Rerum Novarum su pronunciamiento ante la situación sufriente de muchas personas y de comunidades nacionales e internacionales, en donde la enseñanza eclesial social es un instrumental que le permite a la comunidad cristiana analizar su realidad, pronunciarse sobre la misma y orientar la solución de los problemas que nacen en el entorno.

El aporte que da la encíclica leoniana se suscita en una realidad donde “prevalecía una doble tendencia: una, orientada hacia este mundo y esta vida, a la que debía permanecer extraña la fe; la otra, dirigida hacia una salvación puramente ultraterrena, pero que no iluminaba ni orientaba su presencia en la tierra”167. Se añaden como aportes de la

Rerum

Novarum la defensa de los derechos fundamentales de los trabajadores, debido a que se

165

Cf. Centesimus Annus n. 44.

166 JUAN PABLO II,

Centesimus Annus, n. 5

72 fundamentan en la realidad humana, el derecho a la propiedad privada, que sin ser absoluto, es un medio para poseer lo necesario para el desarrollo personal y familiar. Aparecen temas como el derecho natural a crear asociaciones profesionales y sindicatos, la legislación laboral que abarca, limitar las horas de trabajo, el descanso, un trato diverso en lo concerniente al tipo de labor de mujeres y niños, un salario justo y la libertad religiosa. Dentro de la forma de hacer ética teológica social en la Centesimus Annus encontramos el aspecto del análisis de coyuntura realizado no simplemente como una descripción de hechos, sino buscando las causas y las estructuras generadoras de dicha situación. Esa característica la encontramos primeramente en el abordaje que hace de los conflictos, donde se reconoce que la confrontación social es consecuencia de los choques de intereses de los conjuntos sociales y que dichos conflictos en ocasiones pueden tener un impacto positivo en un proceso de lucha por la justicia social. De lo anterior se aclara, que por ningún motivo se puede aceptar la lucha de clases, debido a que es una confrontación que omite los aspectos ético y jurídico, y el respeto a la dignidad de la persona “porque persigue la destrucción del otro entrando en la lógica de la guerra total”168.

En cuanto a la coyuntura del año 1989 se reconocen como elementos causantes de la caída de los regímenes comunistas durante aquel año, la violación de los derechos del trabajador y un sistema económico ineficiente donde no solo existe un problema técnico, con la consecuencia del mismo atropello a la dignidad humana, en los derechos a la iniciativa, a la propiedad y a la libertad en el aspecto económico. De la misma manera, Juan Pablo II manifiesta fenómenos como el encuentro de la Iglesia con el movimiento obrero, porque se desarrolla en un conglomerado humano de buena voluntad que tiene como perspectiva la liberación y la consolidación de los derechos fundamentales de las personas, y por eso mismo es valorado positivamente por la comunidad eclesial. Por otra parte, se invita a que se ayuden a los países excomunistas y tercermundistas para que sean artífices de su desarrollo169.

168 MIFSUD,

Moral Social. Lectura, 50.

169 Cf. JUAN PABLO II,

73 Continuando con el proceso de análisis de la realidad en el quehacer teológico moral social,

la Centesimus Annus reconoce el impacto de las guerras mundiales en la realidad

contemporánea, cuyas causas fueron fenómenos políticos como el militarismo, el nacionalismo, el totalitarismo, sumado al rencor y al odio provocado por las injusticias. Las consecuencias que generaron dichas confrontaciones fueron la vulneración de los derechos humanos y el exterminio de muchos pueblos, especialmente de comunidades de origen hebreo. Seguidamente, Juan Pablo II presenta la situación de no-guerra, que es consecuencia de una paz inauténtica, porque el continente europeo se polariza en el comunismo y en el capitalismo. Esta situación trae como efectos que muchos pueblos pierdan su autonomía para gobernarse, la destrucción de su memoria histórica y el desplazamiento.

Por otra parte, se hace en la construcción metodológica de la Centesimus Annus, un análisis de los sistemas capitalista y colectivista. El colectivismo es condenado por Juan Pablo II y lo cataloga como „socialismo‟, buscando abarcar el sistema que se dio en la Unión Soviética. De este modelo se condenan la visión materialista de la historia y las categorías de alienación, lucha de clases y dictadura del proletario. En cuanto a la dimensión trascendente de la persona se cuestiona el ateísmo de la sociedad y el rechazo a la libertad religiosa. Además se evalúa negativamente la configuración del estado totalitario con prácticas de violación a los derechos humanos, la violencia internacional, la represión hacia la disidencia y la imposición de un proyecto imperialista170.

Se argumenta esta condena al colectivismo reconociendo su error antropológico, que considera al ser humano como un elemento de un mecanismo económico y social, reduciéndolo a unas relaciones generales, donde desaparece el concepto de persona capaz de tomar decisiones morales que edifiquen el orden social171. Luego, se cuestiona la lucha de clases violenta que no respeta los aspectos éticos y jurídicos, promoviendo la negación

170 Cf. VIDAL,

Moral de actitudes: Tomo III, 435.

171 Cf. JUAN PABLO II,

74 de la dignidad humana, de esa manera se omite un acuerdo razonable y el bien de la sociedad, suscitando un interés que contradice al bien común172.

De lo anterior no se puede concluir que la derrota del socialismo es la desaparición de los males, “la crisis del marxismo no elimina en el mundo situaciones de injusticia y opresión existentes, de las que se alimentaba el marxismo mismo instrumentalizándolas”173. En

cuanto al capitalismo, se cuestiona que carece de un contexto jurídico que permita la libertad humana integral con una visión ética y religiosa, y por eso no es el sistema adecuado. Además dentro del pensamiento social de Juan Pablo II aparece también la realidad de los países que viven las injusticias del capitalismo del Tercer Mundo.

Finalmente, el proceso de hacer teología moral que presenta la encíclica Centesimus Annus tiene como centro al ser humano como camino de la Iglesia, ya que este ser real, concreto e histórico es amado por Dios y participa de la salvación eterna. Por eso mismo, la enseñanza social eclesial reconoce el aporte de las ciencias y de la filosofía, en cuanto a que ayudan a comprender la centralidad de la persona en la sociedad, y la fe revelará su identidad verdadera174.

172 Cf. JUAN PABLO II,

Centesimus Annus, n. 11.

173 JUAN PABLO II,

Centesimus Annus, n. 26.

174 “i e a go sola e te la fe le evela ple a e te su ide tidad ve dade a, p e isa e te de ella

arranca la doctrina social de la Iglesia, la cual, valiéndose de todas las aportaciones de las ciencias y de la filosofía, se propone ayudar al ho e e el a i o de la salva ió JUAN PABLO II, Centesimus Annus 54.

75

CAPÍTULO III

CONTRIBUCIÓN DE LAS ENCÍCLICAS SOCIALES DE JUAN PABLO II AL MÉTODO DE LA MORAL SOCIAL

El primer capítulo de esta investigación, presentaba algunas directrices de la ética teológica social desde las distintas corrientes y etapas de la teología, las cuales forman un estado de arte de su método. En el segundo capítulo, por medio de una pesquisa a las encíclicas

Laborem Exercens, Sollicitudo Rei Socialis y Centesimus Annus, se intentó delinear

algunos aspectos del proceso de hacer teología moral social planteado por el Papa Wojtila. Por último, en este capítulo teniendo en cuenta el estado del arte de la ética teológica y su método explícito en las encíclicas sociales mencionadas, se buscará reconocer el aporte de éstas al método de la teología moral social. El itinerario que llevará esta parte del trabajo, presentará algunos aspectos relevantes del método de la ética teológica social, seguidamente se plasmarán los diversos elementos de la encíclicas estudiadas en el segundo capítulo que son novedosos para la moral social, y finalmente desde la perspectiva del método teológico, se presentarán las contribuciones plasmadas en las encíclicas del Papa polaco.