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Estimates of Suppression Systems Performance on September 11, 2001

In document Active Fire Protection Systems (Page 73-76)

El cáncer es una enfermedad provocada por las condiciones ambientales en la que los sistemas naturales de defensa del organismo quedan anulados y probablemente se vuelven contra el enfermo. El crecimiento de las células sanas es limitado, mientras que con las cancerosas no ocurre lo mismo. El desarrollo de crecimientos descontrolados de los tejidos -denominados

tumores- puede tornarse maligno y extenderse por todo el cuerpo. Estos invasores se desarrollan a gran velocidad, desplazan los tejidos sanos, provocan intensos dolores y obstaculizan el funcionamiento normal del organismo. En la mayoría de los casos el cáncer es un fenómeno relacionado con la edad, por lo que el riesgo personal aumenta en proporción con la edad del individuo. Se calcula que, en los próximos años, el cáncer afectará a 1 de cada 5 estadounidenses y a 3 de cada 4 familias. Aproximadamente 1 millón de estadounidenses sufrirán cáncer y, en muchos casos, será terminal. De momento esta enfermedad no tiene cura. Por eso es importante aliviarla de forma que permita un alto grado de comodidad y normalidad. El cannabis facilita y dignifica la convivencia con el cáncer.

Robert Conrad, mi padre, fue uno de los enfermos que no tuvo suerte. Murió de cáncer la Nochebuena de 1994. En la etapa final de la enfermedad permaneció ingresado en un hospital para veteranos del interior del estado de Nueva York y los médicos le administraron diversos opiáceos y fármacos. Aunque estas drogas duras prácticamente calmaron los dolores, padeció varios efectos secundarios como estreñimiento, falta de apetito, trastornos estomacales, irritabilidad, agitación, insomnio, confusión y lo que llamaba "niebla mental", que lo llevaba a expresarse de manera desarticulada y, en ocasiones, incoherente. Era tan independiente que le angustiaba verse reducido a una silla de ruedas y a una cama de hospital. Evaluamos los datos que demostraban que el cannabis podía aliviar la mayoría de los síntomas. Se mostró muy interesado y comentó que estaba dispuesto a hacer de conejillo de Indias y probar, ya que no tenía nada que perder. El médico que lo llevaba se negó a hablar seriamente del empleo del cannabis como coadyuvante del tratamiento. Cuando se enteró de que yo lo había hablado con su médico, mi padre no quiso consumir hierba por temor a que lo denunciasen. Su deterioro fue en aumento. En una de mis visitas, nos reunimos en una mesa bajo un gran árbol del jardín del hospital y hablamos de la vida y los recuerdos. Como sufría mucho, volví a proponerle el uso del cannabis. Se negó y me pidió que no corriese más riesgos en su nombre. Todavía recuerdo una de las últimas conversaciones que sostuvimos. Me tomó del brazo, me miró a los ojos con profundo dolor y desesperación y dijo: "No es justo. Nadie tendría por qué soportar todo esto. Chris, quiero que me prometas algo. Prométeme que te moverás para legalizar la marihuana con fines terapéuticos a fin de que nadie tenga que padecer esta situación". Acepté, me apretó el brazo y asintió. Regresé a California. Poco después mi padre empeoró y ya no se recuperó. No volví a verlo con vida.

Entre las peores experiencias de los enfermos de cáncer figuran los atroces efectos secundarios de los tratamientos no quirúrgicos más habituales: la radioterapia y la quimioterapia. El problema radica en que estos tratamientos enérgicos no sólo afectan a los tejidos cancerosos, sino también a los sanos, por lo que el enfermo acaba dolorido y debilitado. Con frecuencia provocan reacciones que producen vómitos incontrolables; estos vómitos expulsan el alimento del estómago y perduran varias horas después con "bascas secas" convulsivas que hacen que el paciente se retuerza de dolor. Cuando el tratamiento se prolonga el efecto acumulativo resulta devastador. Si toma analgésicos fuertes, el enfermo se expone a perder la capacidad de comer o descansar correctamente, lo que desemboca en otro conjunto de problemas sanitarios y psicológicos e incluso representa la diferencia entre la vida y la muerte. Algunos enfermos interrumpen el tratamiento porque no soportan el coste físico.

El cannabis levanta el ánimo de los enfermos, les ayuda a comer y a combatir la excesiva pérdida de peso del sindrome de caquexia y, por añadidura, es un poderoso antiemético. Unas pocas caladas de marihuana pueden reducir drásticamente o eliminar del todo las náuseas que retuercen las entrañas de las personas sometidas a quimioterapia o radioterapia.2 Cabe la posibilidad de que parte de los beneficios procedan del efecto antiespasm8dico de la resina, que anula el reflejo de las bascas y relaja los espasmos de los músculos abdominales. Cualquiera que sea el mecanismo, los estudios realizados a enfermos de cáncer que fumaron cannabis bajo control médico en Nuevo México, California, Michigan, Nueva York, Georgia y Tennessee demostraron que la marihuana reducia las náuseas y los vómitos en los casos en que los fármacos disponibles no daban resultado.3 La mayoría de oncólogos que respondieron a la encuesta que en 1991 Ilevó a cabo la Universidad de Harvard coincidieron en que se debería permitir que los médicos recetaran cannabis a sus pacientes.4 Fumar marihuana es un sistema de administración altamente eficaz, preferido tanto por los médicos como por los enfermos.5 El estudio de los cancerosos sometidos a quimioterapia constató que, para la mayoría, la marihuana fumada controla las náuseas mucho más eficazmente que las pastillas de THC sintético. Los cigarrillos de

cannabis son más baratos y prácticos porque, a diferencia de las pastillas, es imposible vomitarlos. La marihuana presenta menos posibilidades que el THC de causar efectos secundarios desagradables, ya que la pastilla no incluye los compuestos -por ejemplo, el cannabidiol- del cannabis que actúan como tampones.

James Cox empezó a fumar marihuana después de dos operaciones de cáncer de testículos con metástasis en el estómago. Comprobó que le ayudaba a soportar el dolor, las náuseas y los trastornos de la alimentación debidos no sólo al cáncer, sino también a la quimioterapia y la radioterapia; además, le ayudó a recuperar el apetito. Le recetaron demerol, medicación que, combinada con el cannabis, alivió los dolores crónicos debidos a los dañados nervios del estómago y de otros órganos.James tomó fármacos durante 15 anos y quedó enganchado. Incrementó la ingesta de cannabis, logró dejar el demerol y recuperó el control de su vida. En dos ocasiones la policía descubrió su plantación de marihuana en Missouri, confiscó la medicina y la segunda vez acabó en la cárcel. Privado del cannabis, los problemas de James se agravaron severamente. Comer le resultaba imposible y su estado no tardó en deteriorarse. Perdió peso hasta niveles peligrosos. James escribió: "Desde que me encarcelaron y me privaron del uso de la marihuana he vivido en medio del malestar constante, que considero consecuencia directa de no contar con los beneficios terapéuticos de la hierba. Mi estómago se deterioró hasta el extremo de que no pude probar bocado debido a las úlceras sangrantes incurables,,. Hicieron falta dos intervenciones quirúrgicas para que James aumentara de peso y recobrase el nivel que anteriormente había mantenido gracias al consumo habitual de cannabis.6 Incluso hoy se le niega el acceso a la marihuana con fines terapéuticos.

En los tumores se han aplicado directamente extractos de cannabis para reducir su tamaño y, si es posible, impedir que se extiendan.7 De todas maneras, en nuestros días el cannabis sólo se utiliza como coadyuvante de los tratamientos convencionales.

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