4.5 System Performance on September 11, 2001
4.5.2 WTC 7 Observations
La seguridad pública es un tema que preocupa mucho a la sociedad. La inquietud ante la posibilidad de que el consumo de cannabis provoque lesiones se basa en el reciente y espectacular aumento de las "menciones en los servicios de urgencia" del uso de marihuana. En este aspecto la clave radica en que las "menciones" no significa lo mismo que decir "causadas por" la marihuana. A decir verdad, existen pocos datos que corroboren una afirmación de estas características. Modificaron la hoja de ingresos para preguntar a los pacientes si alguna vez utilizaban marihuana, lo que produjo un salto en los informes. Este malabarismo estadístico creó la falsa impresión de unos datos terribles.
Una de las fuentes principales de la preocupación pública por la seguridad es el estudio de traumas realizado por una clínica de Baltimore, que identificó que una elevada proporción de ingresados -casi 1 de cada 3- tenía THC activo en el organismo. Este informe carece de los estudios correspondientes que lo confirmen y, en lo que se refiere a la población en general, el presunto porcentaje de consumo de cannabis es tan desproporcionado que despierta sospechas. Además, en los detalles del informe queda escondida una cifra todavía más sorprendente: mientras que la mitad de las lesiones fueron consecuencia de accidentes de circulación, menos del 2 por ciento de los fumadores de marihuana conducían cuando se produjo el siniestro.8 Dicho de otro modo: no eran los conductores, sino los acompañantes. Los consumidores de cannabis suelen sentirse afectados antes de estarlo realmente, por lo que es más probable que de antemano escojan un conductor responsable, actitud que debería fomentarse.
Para mantener lejos de las calles de Estados Unidos la investigación científica, en Holanda se Ilevó a cabo un importante estudio sobre la conducción de vehículos que, en 1993, fue presentado al patrocinador, el departamento de Transportes de Estados Unidos. Los investigadores identificaron un "grado moderado de afectación de la conducción, que se relaciona con la dosis de THC. La afectación se manifiesta, principalmente, en la capacidad de mantener una posición lateral recta, pero la magnitud no es excepcional si la comparamos con los cambios que producen muchos medicamentos y el alcohol. Los conductores sometidos a la influencia de la marihuana son conscientes de su rendimiento y lo compensan siempre que pueden; por ejemplo, reducen la velocidad o aumentan el esfuerzo. En consecuencia, parece que los efectos adversos del THC en el rendimiento al volante son relativamente escasos".9
En lo que hace referencia a las distracciones, los efectos del cannabis ni siquiera pueden compararse con pautas habituales de comportamiento, como utilizar el teléfono móvil mientras se conduce. Un estudio demostró que las personas que tienen teléfono móvil en el coche presentan un riesgo de accidentes 34 por ciento mayor que otros conductores."' Por añadidura, se sospecha que las microondas de las comunicaciones a través del teléfono móvil pueden dañar las neuronas y provocar otros efectos secundarios. Las pruebas reunidas por científicos de Australia, Estados Unidos y Suecia demuestran vínculos con enfermedades como el asma, el mal de Alzheimer y el cáncer.11 ¿Dónde están los estudios clínicos de control y de doble ciego que las autoridades deberían haber exigido antes de legalizar los teléfonos móviles?.
La marihuana también se utiliza para distraer a los ciudadanos de las verdaderas cuestiones que atañen a la seguridad pública. Pensemos, por ejemplo, en los 15 muertos y los 176 heridos del accidente ferroviario de la Arntrak-Conrail de 1987. Prácticamente antes de que los cadáveres fueran recuperados de los hierros retorcidos, un macabro grupo de publicistas anunció con bombos y platillos que el accidente del Coloninl se debía a la marihuana. Al menos dos fallos mecánicos decisivos fueron los principales responsables del descarrilamiento y tanto uno como otro podrían haber provocado por sí mismos la tragedia. El pitido de advertencia estaba desconectado y en el panel de mandos de la locomotora faltaba una luz de señales.12 Todos los análisis de orina del mundo no servirán para recuperar esas vidas ni resolverán los problemas mecánicos que provocaron el accidente. En este punto se plantean tres cuestiones: ¿por qué los encargados de proteger nuestras vidas y de nuestra seguridad utilizan la campaña del miedo contra la marihuana para ocultar las verdaderas causas de este accidente?, ¿cuántas pruebas de otros accidentes se han encubierto a lo largo de los años?, ¿y quiénes se benefician de esta actitud?.
Así llegamos a la multimillonaria industria de los análisis de orina. Las pruebas para la detección del cannabis son un fraude que los subcontratistas del gobierno cometen contra la clase obrera. Es fácil trampear y confundir los análisis sin transgredir las leyes y, cuando se equivocan, son las propias empresas las que cobran la segunda prueba que realizan para confirmar la primera. Estos análisis no miden la afectación ni la capacidad. No dan beneficios económicos a la empresa que paga las facturas ni a los empleados obligados a someterse a esta invasión de su intimidad. Dichos análisis cumplen dos fines: intimidar a los trabajadores y hacer que las personas con pequeños recipientes y laboratorios de juguete ganen un montón de dinero. El estudio sobre los análisis de orina, patrocinado por el gobierno, definió las pruebas en busca de drogas como "un procedimiento gravoso... que no aclara nada sobre la capacidad laboral, la competencia o la afectación del individuo... Se Ilegó a la conclusión de que los análisis para detectar drogas no son un instrumento para lograr seguridad, sino un método de vigilancia".13
La búsqueda de metabolitos de cannabinoides inertes en el cabello, la orina y los excrementos de los esforzados trabajadores estadounidenses es algo que merece la pena eliminar.