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4.3 Data and Methodology

4.3.2 Estimation Methodology

Han dado origen a creencias, supersticiones y celebraciones, que demuestran su temor ancestral a la muerte. Es importante señalar que estos rituales se fundamentan en la forma que posee cada cultura de ver y sentir el mundo. De esta manera se

Define los estilos de vida de los pueblos, con sus propias significaciones contenidas en símbolos. Estos, al ser dramatizados en mitos y ritos, proveen una síntesis del modo de ser del mundo. En este sentido, un

sistema religioso es un racimo de símbolos sagrados, entretejidos en un todo ordenado, que otorga una visión de la realidad propia para cada sociedad. Así, la religión es una especie de ciencia práctica, que

genera valores a partir de los hechos (Geertz, 1987). El conocimiento nativo se puede entender

Desde esta perspectiva, el saber indígena es un complejo proceso en el que toman parte los sentidos, el intelecto de quienes participan en él. Está hecho para los dioses y para los hombres, para crear ese vínculo de comunicación social que incluye ideas, sentimientos, normas y valores. Ningún aspecto de la vida es ajeno a la dimensión de lo sagrado. Para acercarnos a este saber, debemos conocer al menos un esbozo de vivencias, comprendiendo la religión como un modelo simbólico del cosmos que tiende a reactualizarse continuamente en la práctica diaria de quienes participan en ella. Los símbolos estructuran la vida humana... permiten percibir, comprender, juzgar y manipular el mundo, vale decir, su mundo. Al

indígena no le interesan los objetos en sí, sino lo que expresan: su

carga positiva y negativa. De ahí la importancia del rito que enfrenta la vida emocional en sus dimensiones más profundas: una realidad comprometida, donde la decisión mágica se afirma y se logra un sentimiento de unidad de la vida, de unidad de todas las cosas en un universo sacralizado en donde todo es mutuamente dependiente. Así, el saber indígena es una forma de

participación religiosa en las fuerzas de la vida y una manera de existir en el mundo (Kusch, 1977; Hampate, 1976).253[E. S.]

De estas nociones se desprenderán otras más complejas, que tienen relación con la visión de su propia realidad, dando así sentido a la muerte, a través de sus ritos y sus manifestaciones.

Dentro de los ritos que se relacionan con la muerte en la región andina, en algunos cementerios lugareños se preparan para la cena de las almas en las que se dejan en forma de ofrendas sobre las tumbas pucos, o platos con comidas que apetecían los muertos en vida. Estas costumbres continúan hasta nuestros días como

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Ibidem, pp.24 - 25. [E. S.]

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verdaderos anacronismos.254 Las costumbres y ritos con relación a la muerte y a los funerales, en la Argentina y sobre todo en el noroeste los antepasados indígenas creían en una segunda vida después de la muerte. Los muertos causan más temor que las divinidades malvadas, por lo que se esmeraban en rendirles cultos.

El alma o espíritu se separa del cuerpo pero puede perecer por castigo en el viaje al otro mundo. Los ritos fúnebres expresaban el deseo de aplacar a los difuntos y evitar su retorno. La veneración de los muertos (momias) fue algo común en Perú y Bolivia. Los cubeo actuales de Colombia (Vaupés) basan su religión en el culto a los antepasados. Los koggi, ya citados, creen que los dioses son superiores a los demonios. El concepto de alma se puede encontrar en la identificación que hacen hoy los habitantes de la selva tropical de las palabras "sombra", "imagen", "corazón" y "alma"; todas ellas significan una misma cosa. Los indios chocó creían en la existencia de dos almas, una para el cuerpo y otra para el esqueleto o los huesos.255 Estos cultos dedicados a los muertos también tenían un lado positivo, en el que se los representa a través de ídolos funerarios antropomorfos como los huauques256, con la intención que intercedieran por ellos, ante las diversas divinidades funestas. El muerto se convertía en espíritu protector de la familia.257 En los valles calchaquíes de camino al camposanto los deudos se deshacen en lamentos y gritos. Es también costumbre depositar en el féretro hojas de coca para que el difunto pueda consumirlas posteriormente. A los ocho días de la muerte se procede al lavatorio de las pertenencias del muerto como la ropa, caballo, perro, herramientas etc.. Para ello se dirigen a un arroyo y se baña a la viuda o viudo, y luego las pertenencias; a el caballo después de bañarlo se le da de comer y luego se lo ahorca para que su alma sirva de cabalgadura a su dueño258.

En Santiago del Estero el cadáver es velado durante dieciocho y veinte horas y durante este tiempo se rezan siete rosarios, pero antes de llevarlo al cementerio es conducido alrededor de la casa por todos los que los han velado para de esta manera borrar el rastro de sus pasos y poder ascender a los cielos. Una costumbre ancestral boliviana es colocar, el cadáver envuelto con un pullo259, después de cavar la sepultura, pero siempre se lo coloca, con una tacita de madera en la mano derecha, para que no padezca de sed, en su búsqueda del Dios Inti (Dios Sol).

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Fuera de los tiempos que corresponden.

255

Neira Fernández, Enrique, Religión y Religiones, web:

http://webdelprofesor.ula.ve/cjuridicas/neirae/pdf/religion%202.pdf, [en línea], [2009], p. 25.

256

Deformación de la palabra “huacas”, Solís Tolosa, Lucía, “La resistencia de una cultura mestiza. La muerte en el Noroeste Argentino”, en: Todo es Historia: Muertes, velatorios y

entierros en la tradición Argentina. Director, Felix Luna, Nº 424, Buenos Aires, Alloni, Año XXXV,

2002, p.80.

257

Ibidem, p.66. 258

Coluccio, Félix. Fiestas y Costumbres de Latinoamericana, Buenos Aires, Corregidor, 1991, p.103.

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