Chapter 3 A Fused Lasso Approach to Nonstationary Spatial Covari-
3.5 Simulation study
3.5.2 Evaluating performance
Alejandro García Caturla nació en la villa de San Juan de los Remedios, la octava que erigieron los colonizadores españoles en Cuba. Por su privilegiada condición socioeconómica, el hijo primogénito del procurador público, Don Silvino García Balmaceda y la pianista Diana de Caturla, desde pequeño tuvo a su disposición una educación esmerada con maestros particulares, lo que posibilitó su exitosa alfabetización, así como una continuación de estudios que permitió su tránsito por el
32 Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara, donde obtuvo su diploma de graduado como Bachiller en Ciencias y Letras el 9 de septiembre de 1922, también por la Universidad de La Habana que expidió a su favor el título de Doctor en Derecho Civil el 19 de enero de 1927.
A los ocho años de edad inició los estudios musicales en la academia del profesor español Don Fernando Estrems6, en su ciudad natal. Seguidamente continuó solfeo, teoría y piano en la academia de la profesora remediana María Montalván7. Un año más tarde, comenzó a recibir clases de violín con la pedagoga América Pando Ruiz, también en su terruño.
Su partida para la capital, en 1922, posibilitó al estudiante de Derecho Civil alternar las ocupaciones de la carrera con su desempeño como músico y con los estudios afines con dicho desempeño. Iniciado el año 1924 ya podía contarse entre los alumnos de canto que tenían los profesores italianos Tina Farelli y Arturo Bovi y en diciembre del mismo año comenzó a recibir clases de composición con el maestro español Pedro Sanjuán, labor que continuaría en Francia durante el año 1928 en la residencia de la reconocida pedagoga Nadia Boulanger.
En su formación existiría también una influencia diferente de la familiar y académica: la religiosa. El influjo significativo provenía de su nana negra: Bárbara Sánchez Peñalver. Espacios a su cuidado permitían a Alejandro escuchar historias de las divinidades negras y adentrarse en ese mundo. Cuando fue creciendo, a pesar de que esta nana lo llevaba con su devota familia a la Parroquial Mayor para escuchar las homilías cristianas, a menudo se escapaba a participar en celebraciones de negros.
Desde su graduación como Dr. en Derecho Civil, ejerció en calidad de Juez Municipal en varias ciudades; fueron ellas: Placetas (1927), Caibarién (1929), Ranchuelo (1933), Palma Soriano (1935) y Quemado de Güines (1937). Como Juez de Instrucción en Remedios desde el 8 de agosto de 1938 hasta el 12 de noviembre de 1940, día que fue asesinado por un delincuente que esperaba ser juzgado por él.
6Nació en Valencia, España, el 17 de diciembre de 1872 y falleció en Santa Clara en 1940. Realizó
sus estudios musicales en España, luego viajó a Cuba, y hacia 1903 ejerció la enseñanza de la música en Remedios y Caibarién.
7 Nació en Remedios el 10 de octubre de 1865 y falleció el 12 de diciembre de 1947 en San Nicolás y
Lagunas en La Habana. Fue profesora de música y dirigió la Academia de Música Montalván-Valdés en la ciudad remediana.
Las condiciones del medio existencial de Alejandro García Caturla le propiciaron serias dificultades para vivir, llegando hasta su desaparición física. En contraste con dichas condiciones, él vivió aborreciendo su medio de coexistencia y estuvo en contra de la situación imperante del contexto que le tocó para existir. Se declaró en oposición a los males de su época, con mayor fuerza a la dictadura de Machado. Las composiciones musicales no fueron la única evidencia acerca de su rechazo a la corrupción temporal, sino también se nota confeso al respecto en parte de su obra literaria. Si bien Fanfarrias para despertar espíritus apolillados es una obra musical que evoca un despertar de los ciudadanos inertes ante la postura tiránica de Machado, serían sus cartas y artículos los que pudieran probar fehacientemente su indignación por los males imperantes. En una de sus misivas al autor de El Reino de este mundo, apuntó:
Remedios, Cuba Libre, Agosto 18 de 1933. Mi querido Alejo:
Lleno de júbilo por la caída del machadato, me complazco hacerte estas breves líneas…8
Como compositor llegó a crear más de ciento cincuenta obras musicales de diversos géneros y estilos. Como ejecutante de instrumentos figuró entre los segundos violines de la Orquesta Sinfónica de La Habana, dirigida por Gonzalo Roig, ocupó atriles de segunda viola en la Orquesta Filarmónica de La Habana, dirigida por el maestro español Pedro Sanjuán y fue pianista en más de diez cines de la capital. En la primera mitad de la década de 1920 se inserta como una de las voces miembros de la Coral de La Habana, dirigida por la maestra española María Muñoz de Quevedo. También fundó y dirigió orquestas. Se pueden mencionar la Jazz Band Caribe en La Habana, la Orquesta de Cámara de Remedios así como la Sociedad de Conciertos de Caibarién9.
8 Carta de Caturla a Alejo Carpentier, enviada el 18 de agosto de 1933. Documento inédito del Museo
Nacional de la Música. Aparece en María A. Henríquez: Alejandro García Caturla. Correspondencia, p. 271.
9 Caibarién es una ciudad fundada en 1823 por algunas familias de Remedios que se trasladan a
este espacio norteño de la actual provincia de Villa Clara, a 7 Km del núcleo urbano fundador. En tiempos de Caturla, Caibarién contaba con 20 000 habitantes aproximadamente, era la cabecera de
34 Entre sus méritos relevantes se debe contar su participación en los Festivales Sinfónicos Iberoamericanos de Barcelona, en 1929, asunto que motivó al Ayuntamiento de Remedios otorgarle el título de Hijo Eminente y Distinguido de la Villa, el 24 de diciembre de ese año. En 1937 ganó el Concurso Nacional de Composición de Cuba.
Caturla también impartió conferencias. Pueden citarse: a) Posibilidades sinfónicas de la música afrocubana, b) Diferencia entre la escuela antigua y la escuela actual, c) Las orquestas de cámara de ayer y de hoy, d)La influencia como factor en la obra musical, e) La orquesta moderna, y otras (Henríquez, 2006:185).
De las prósperas relaciones que sostuvo con sus amigos (músicos, pintores, escritores, periodistas, abogados) pueden hallarse ricos aportes emanados del contacto personal y artístico que estableció.
La mejor manera de abordar la esencia y la significación de Alejandro García Caturla es realizando un acercamiento a su persona a través de lo que han expresado algunas de las personalidades más sobresalientes de su país, entre ellos el Poeta Nacional de Cuba, Nicolás Guillén: «Guardo de Alejandro García Caturla un recuerdo suave y amable. Le conocía mucho; fui su amigo; me honré con su colaboración; le quise y le admiré» (Henríquez, 2006).
Su obra literaria legada rebasó el amplio epistolario. También colaboró con crónicas, críticas musicales y otras en periódicos y revistas. Es en esta actividad donde aparecen con más frecuencia sus escritos, en los que se aprecia muy claramente su filiación política y sociocultural. Justamente, nuestra investigación, por el objetivo general que se plantea, toma en consideración esta parte de su quehacer escritural. Llegó a ser, a partir de febrero de 1930, jefe de redacción de la revista Musicalia, dirigida por la maestra española María Muñoz de Quevedo (Véase su fotografía en el Anexo 2). Fue de todas las revistas con las que Caturla se relacionó, la que tuvo gran importancia para su vida por dos razones específicas. La primera es que
pertenecía), pero al mismo tiempo su puerto era uno de los más activos de la República, la ciudad era centro de intenso movimiento comercial e industrial. Caibarién, desde entonces, posee amplias y bien trazadas calles y la blancura del suelo, vías y edificios ha hecho que sea llamada con el nombre de Villa Blanca. Entre sus principales sitios públicos figuran el Paseo Martí, el Parque Infantil, el Parque Central y el malecón. En el litoral hay balnearios y cayos frente a la bahía que constituyen un sitio de verano favorito de los lugareños y visitantes. (Tomado de Compases de Redención, p. 192).
Musicalia se ocupó de seguir su trayectoria artística dentro y fuera de Cuba, dándolo a conocer sistemáticamente. La segunda, porque su desempeño en ella, como colaborador y director literario hacia 1929, le preparó para futuras tareas asociadas al ámbito de la creación y dirección de una revista cultural propia.
El vínculo estrecho con Musicalia (Véanse ejemplares en el Anexo 3) está dado no solo por la especialización de la revista en temas de música, también por causa de la visión vanguardista de la misma y como elemento de peso a considerar por la excelente relación que sostuvo con sus fundadores y directores: los españoles María Muñoz y Antonio Quevedo, con quienes se articularía de manera productiva por el resto de su vida.
El investigador cubano Radamés Giro, en observaciones que realizó sobre Musicalia apunta lo siguiente:
Revista bimestral fundada en La Habana en 1928 por María Muñoz y Antonio Quevedo. El primer número correspondió a los meses mayo-junio de 1928. Musicalia cuidó (…) porque los artículos publicados en cada uno de sus números fueran profundos, con diversidad de criterios y actuales, y porque sus críticas fueran agudas, justas, constructivas. Además, cada obra, concierto o conferencia era comentada de una manera activa, armada de la técnica, de la explicación, del porqué se dice esto o aquello. Pero la revista no solo se ocupó de publicar artículos, sino que creó los Conciertos Musicalia, en los que se dieron a conocer obras de Igor Stravinsky, Maurice Ravel, Serguei Prokofiev, Nicolai Rimsky-Kórsakov, Manuel de Falla, Eric Satie, Alejandro García Caturla, Amadeo Roldán10.
La aparición de esta revista fue muy importante para el conocimiento de la música del siglo XX, particularmente de la cubana, pues por vez primera se contó con un órgano que divulgara el acontecer musical de los compositores cubanos, se analizaran sus obras y fueran, por este medio, conocidos en otras partes del mundo. Por ello, pudo decir Alejandro García Caturla: «Adelante Las Vanguardias. Los estetas nuevos: tenemos en ustedes una antorcha viva de confianza e idealismo y una gran fe. Musicalia es nuestro termómetro. Por ella medimos la temperatura
36 ambiente y a ella nos confiamos, seguros del triunfo de nuestro ideal (…)» (Musicalia, 1929)
Entre sus colaboradores, además de Alejandro García Caturla, se encuentran Alejo Carpentier, Fernando Ortiz, Francisco Ichazo, Ángel Gaztelu, Luis de Soto, Luis Gómez Wangüemert, Serafín Pro, Julián Orbón, Hilario González, Aarón Copland, Federico García Lorca, Otto Mayer-Serra.
De los diversos trabajos publicados aquí, tanto del propio Caturla como de otros que lo relacionan, y que aparecen en diferentes ejemplares, merece que se destaque el número siete, correspondiente a julio-agosto de 1929. Se expone en tres de sus páginas un artículo de Caturla que deviene trascendencia para la investigación musicológica y cultural dentro y fuera de Cuba.
Se trata de su artículo Posibilidades Sinfónicas de la Música Afrocubana11, dedicado a su amigo Alejo Carpentier, donde su autor presenta los fundamentos teóricos, etnológicos y estéticos, que sostenían la tesis planteada en el nombre de su trabajo escrito. En su momento fue como un manifiesto que constituía un arma de defensa del grupo de vanguardia que apostaba por este modo de nacionalización artística, útil desde entonces no solo para aquellos, sino por su vigencia actual lo convierte en material de consulta para cualquier investigador que se circunscriba en el ámbito de los préstamos y adaptaciones culturales.
Por las razones que se expresan y porque hacer una inmersión en esta figura remediana puede propiciar que se aprecie la gran dimensión del intelecto y voluntad cultural de Alejandro García Caturla, las páginas de esta revista son de obligatoria consulta para cualquier interesado en conocer su obra. Del mismo modo, ella constituye el principal antecedente del desempeño de Caturla en el ámbito de las revistas culturales. De ahí, que se afirma que le sirvió de guía para la fundación de una revista en su pueblo natal: la revista Atalaya, de la que se precisan datos significativos, por ser la muestra de esta investigación, en el segundo capítulo.
11 Según investigadores de la obra de Caturla, es uno de sus principales artículos sobre la música
cubana, acentuando la importancia de las culturas africanas. En el Anexo 4 del presente trabajo, aparece el ejemplar original de dicho artículo, que se encuentra en la Casa Museo Alejandro García Caturla.