Los estudios realizados sobre los primeros procesos de industrialización en el siglo XIX, y antes, dejaron patente la participación de las mujeres en los incipientes mercados de trabajo fabriles. Dos corrientes teóricas sintetizan los efectos que los procesos de industrialización tie- nen sobre la participación laboral femenina. Por una parte están los funcionalistas, que conside- ran que el desarrollo industrial contribuyó a que las mujeres penetraran en el mundo del trabajo y la producción. Este proceso modernizador impulsó el abandono de su rol tradicional en las sociedades preindustriales que las vinculaba a la reproducción familiar. Este cambio posibilitó que las mujeres accedieran a la esfera productiva en un mayor grado, con lo que aumentaría su participación pública4.
Por el contrario, otros autores señalan que la industrialización y el sistema de producción novedoso asociado (factory system) trajeron la separación de la esfera productiva de la reproduc- tiva, lo que transformó las formas de producción protoindustriales basadas en el trabajo familiar, donde la participación de las mujeres era imprescindible. Con la industrialización se elabora un nuevo rol social que vincula a las mujeres con las tareas reproductivas y domésticas dentro del hogar, ya claramente diferenciadas de la esfera productiva. La asunción y generalización de este rol, vinculado a la emergente ideología liberal-burguesa, conduciría al abandono por parte de las mujeres de las tareas productivas realizadas en el mercado y a un descenso en el empleo femenino5.
3 J. Roca i Girona, De la pureza a la maternidad. La construcción del género femenino en la posguerra española, Madrid, 1996. 4 I. Pinchbeck, Women Workers and the Industrial Revolution, 1750-1850, London, 1969; R. M. Hartwell, The industrial revolution and
Economic Growth, London, 1971; W. Goode, World Revolution and Family Patterns, New York, 1974.
5 A. Clark, Working Life of women in the Seventeenth Century, London, 1982 (or. 1929); L. A. Tilly y J. W. Scott, Women, Work and
Family, New York, 1978.
Investigaciones recientes, a partir de estudios microanalíticos han cuestionado los modelos clásicos de la evolución de la actividad femenina. El hecho de enmarcar la actividad económica de las mujeres en la doble perspectiva de los mercados de trabajo locales y de las estrategias familiares de supervivencia y de movilidad social han contribuido a renovar los planteamientos metodológicos de análisis del mercado de trabajo6. De esta manera, las investigaciones sobre
las economías familiares, sus necesidades y estrategias, han puesto de manifiesto el problema del subregistro de la actividad femenina, la existencia de mercados sumergidos de trabajo7, así
como la naturaleza discursiva de las fuentes censales8. Todo ello ha contribuido a cuestionar los
modelos interpretativos sobre la evolución de la participación de las mujeres en los mercados de trabajo industriales.
Antes de iniciar cualquier análisis es conveniente tener en cuenta la escasa fiabilidad de las fuentes disponibles. En los censos de población, la actividad laboral y el trabajo son conceptos identificados únicamente con el empleo y realizado fuera del hogar. Por ello, la reconstrucción de las tasas de actividad femenina se ha constituido en un problema historiográfico de primer orden9.
Los censos de población contienen un marcado componente discursivo y de su lectura se desprende un determinado modelo social, especialmente en lo que concierne al género, es decir, a las funciones de los hombres y de las mujeres. Estos datos estadísticos tienden, por tanto, a representar en cada momento la sociedad considerada ideal. La retórica franquista ensalzó la figura del “hombre ganador de pan” (male bread winner) y la “mujer ángel del hogar o ama de casa”, a través de múltiples vías10. El cabeza de familia, acorde con los planteamientos del
salario familiar, debía tener el monopolio de la actividad laboral extradoméstica y mantener a su esposa “desocupada”. Las mujeres debían figurar como no activas en los censos; sobre todo si eran mujeres casadas11.
6 P. Pérez-Fuentes Hernández, Ganadores de Pan y Amas de Casa, Bilbao, 2004; “El trabajo de las mujeres en la España de los siglos XIX y XX. Consideraciones metodológicas”, Arenal. Revista de Historia de las mujeres, 2, pp. 219-245, 1995; C. Borderías (ed.), La
historia de las mujeres. Perspectivas actuales, Barcelona, 2009.
7 P. Pérez-Fuentes Hernández, Vivir y morir en las minas: estrategias familiares y relaciones de género en la primera industrialización
vizcaína, 1877-1913, Bilbao, 1993; R. García Abad, “Mercado de Trabajo y Estrategias Familiares en las mujeres durante la primera
industrialización vizcaína: el hospedaje”, Vasconia. Cuadernos de Historia-Geografía, Vol. 28, pp. 93-115, 1999; A. Pareja, “Pequeños negocios femeninos, grandes aportaciones para la familia. Las mujeres bilbaínas a principios del siglo XX”. Comunicación presentada al XIII Coloquio Internacional de la AEIHM. Barcelona, 19-21 Octubre 2006.
8 M. Arbaiza, “La cuestión social como cuestión de género. Feminidad y trabajo en España (1869-1930)”, Historia Contemporánea, 21, 2000, pp. 395-458.
9 C. Sarasúa, L. Gálvez (eds.), ¿Privilegios o eficiencia? Mujeres y hombres en los mercados de trabajo. San Vicente del Raspeig, 2003; K. Blunden y B. Hill, “Women, work and census: a problem for Historians of Women”, History Workshop Journal, 35, 1993, pp. 78-94; P. Pérez-Fuentes Hernández, “El trabajo de las mujeres...”, Ganadores de Pan...; C. Borderías y P. López Guallar, La teoría del salario
obrero y la subestimación del trabajo femenino en Ildefonso Cerdà, Barcelona, 2001.
10 La legislación laboral franquista contribuyó a perpetuar este modelo pues el Fuero del Trabajo, la ley de subsidios familiares y el plus familiar, la excedencia forzosa por matrimonio, el decreto de trabajos prohibidos a las mujeres por la insalubridad y peligrosidad, etc. sancionaron severamente las prácticas laborales femeninas.
La definición de actividad y, correlativamente, de la población activa fue adecuada a las características de este modelo familiar. La actividad se desarrollará fuera del ámbito reproduc- tivo, estará orientada a la producción de bienes y servicios cara al mercado, obedecerá a una transacción económica bajo la salarización del trabajo, será continua, a tiempo completo, legal y declarada ante los organismos estatales.
La elaboración de los censos bajo estos dictámenes tiene para colectivos muy concretos de la sociedad, y en particular para las mujeres, un déficit de reconocimiento y una ocultación de su actividad por no ajustarse en la mayoría de los casos a la realidad. La actividad de un colectivo amplio de mujeres, y muy especialmente de las casadas, se caracterizaba por el trabajo sumer- gido, el trabajo por horas, el trabajo temporal, el trabajo a domicilio, las tareas del hogar, etc., actividades que se complementaban con la función reproductora de la fuerza de trabajo que les era encomendada12. La mujer casada, dentro de una estrategia económica familiar, también pudo
abstraerse de declarar cualquier actividad o trabajo remunerado que realizase, bien por preservar su derecho sobre los subsidios familiares o quizá por “mantener el estatus declarando lo que se consideraba como la ocupación adecuada para una mujer, sobre todo si era casada”13, amparando
bajo el epígrafe de “sus labores” toda actividad realizada.
Los cuestionarios empleados en la elaboración de la estadística censal y la forma de recogida de datos son también señalados como causa de infravaloración de la población activa femenina todavía en el censo de 1970, según C. Borderías, ya que se produce un desfase notable respecto a los resultados obtenidos a través de la Encuesta de Población Activa. El carácter científico que rodea a las fuentes estadísticas oficiales es discutible. La población activa derivada de los datos y encuestas oficiales es resultado de una acción subjetiva, en tanto que la definición es de uno mismo como activo/no activo. Y hay que insistir en que la autoclasificación profesional está influenciada por la ideología dominante en cada periodo o por la de cada sujeto. Además, la interpretación que de la información transmitida pueda realizar el encuestador también cuestiona su veracidad14.
En el periodo que corresponde a este estudio “no es la actividad, sino la significación de la misma, definida a través de las prácticas sociales, la que es objeto de análisis por parte de los historiadores”. Aun tratándose de una fuente con serias limitaciones y que exige una utilización crítica, los censos de población permiten aproximarse a los grandes cambios que se produjeron en el mundo del trabajo, y que afectaron muy especialmente a la estratificación socioeconómica de las mujeres. Los censos son la fuente que resume a grandes rasgos la creciente segregación y jerarquización de género que se establece entre las diferentes modalidades de trabajo y el significado de este proceso15.
12 J. Pérez, Los años del acero. La transformación del mundo laboral en el área industrial del Gran Bilbao (1958-1977). Trabajadores,
convenios y conflictos, Madrid, 2001; C. Sarasúa y C. Molinero, “Trabajo y niveles de vida en el franquismo. Un estado de la cuestión
desde una perspectiva de género” en C. Borderías (ed.), La historia de las mujeres... 13 P. Pérez-Fuentes, Ganadores de Pan...
14 M. A. Durán, De puertas adentro, Madrid, 1987, p. 202; C. Borderías, Entre Líneas. Trabajo e identidad femenina en la España
Contemporánea. La Cía. Telefónica 1924-1980, Barcelona, 1993.
15 P. Pérez-Fuentes Hernández, “El trabajo de las mujeres...” y Ganadores de Pan...
La participación de las mujeres en el mercado laboral vitoriano se analiza a través de la tasa de actividad femenina (TAF). Ésta se corresponde con el peso que tiene la Población Activa femenina dentro del conjunto de mujeres que por edad, según la legislación vigente16, están
capacitadas para trabajar. Este dato permite desarrollar un análisis diacrónico, que suaviza la perturbación provocada por los contrastes demográficos de los diferentes periodos a estudiar. La comparativa entre las tasas de actividad femenina de Vitoria y las de Pamplona, Barcelona y el conjunto de España, por sus semejanzas y contrastes, permite tener una primera aproximación a los diferentes niveles de participación femenina en el desarrollo industrial, económico y social.
Tasa de Actividad Femenina (T.A.F. 14-65 años) 1930 1940 1950 1960 1970 1975 Vitoria 26,7 22,6 24,3 29,7 24,1 25,3 Pamplona* 27,8 24,1 32,7 31,4 26,3 26,8 Barcelona1 30,3 22,7 23,3 22,3 19,5 30,6 España** 9 8,3 11,8 13,5 17,2
Fuentes: Elaboración propia a partir de Censos y Padrones de Población, INE.
* F. Mendiola, Inmigración, familia y empleo. Estrategias familiares en los inicios de la industrialización. Pamplona (1840-1930), Bilbao, 2002.
** L. Benería, Mujer, economía y patriarcado durante la España franquista, Barcelona, 1977.
1 Las tasas de actividad femenina de Barcelona están calculadas sobre el total de la población femenina (C. Borderías, Entre Líneas…, p. 69).
De partida destaca el similar comportamiento de la tasa de actividad femenina de Vitoria y Pamplona durante todo el periodo, frente a los índices divergentes de Barcelona y del conjunto de España. Nuestro estudio comienza en 1930, cuando la tasa de actividad femenina se sitúa por encima del 25 por ciento en las tres ciudades, destacando la más temprana industrialización de Barcelona, con un treinta por ciento, mientras en España no llega a alcanzar el diez. En 1940, este índice se reduce ostensiblemente en las cuatro áreas geográficas y coincide con el desarrollo de las políticas laborales discriminatorias impulsadas por el régimen franquista, que limitaron la participación de las mujeres en el mercado de trabajo. Durante la posguerra, la recuperación es lenta y la tasa de actividad femenina en Vitoria asciende ligeramente, mientras en Pamplona y España crece con mayor fuerza. En la década de los 50 la participación de las mujeres en el mercado de trabajo vitoriano experimenta un crecimiento intenso, que sitúa la tasa de actividad femenina en un valor superior al de partida. Esta tendencia se ve interrumpida en la década de los 60, descendiendo los valores por debajo de la tasa de diez años antes. Esta caída de la parti- cipación femenina en la actividad laboral, que ya se dio en Pamplona con anterioridad, también se manifiesta en otras ciudades de España, a pesar de la expansión económica y de la reforma en la legislación laboral de 1962, que permitía el trabajo de las mujeres casadas. En Barcelona, 16 La legislación laboral franquista situaba el grupo de población en edad activa entre los 14 y los 64 años.
la crisis de la industria textil, altamente feminizada, está en la causa de esa reducción. Según la corriente historiográfica que concibe a las mujeres trabajadoras como ejército de reserva de mano de obra necesaria para el desarrollo del mercado y del capital, la fuerte crecida en la par- ticipación femenina de las décadas de los cincuenta y sesenta se produjo debido a que la tasa de actividad masculina alcanzó su punto de saturación. El descenso posterior tiene su origen en la inmigración y el aporte de nueva mano de obra masculina, que hizo prescindible la participación de las mujeres17. En el primer quinquenio de los 70 las tasas de Pamplona y Vitoria se recuperan
ligeramente, y las de Barcelona y España alcanzan la mayor cota de todo el periodo.
El descenso de la tasa de actividad femenina en Vitoria en pleno periodo de expansión económica contrasta con las previsiones realizadas y con las descripciones aportadas por otras fuentes que narraron la actividad profusa de las mujeres en la década desarrollista. Los datos oficiales de población activa femenina de determinados enclaves urbanísticos, aportados por P. M. Arriola, contrastan con las descripciones que de estos barrios realizan los artículos de la prensa local. La participación de las mujeres en la población activa en los barrios de compo- sición mayoritariamente inmigrante, como el de Abechuco, sobre una lectura de los padrones municipales, arrojaba unas tasas de actividad muy bajas, por debajo de la media de la ciudad, que contrastaban con la preocupación reinante en la prensa sobre la cuestión del trabajo de la mujer en estos lugares18.
La preocupación por el trabajo de las mujeres de nuevo está presente en una investigación sociológica sobre la problemática urbana, realizada en Vitoria bajo las directrices de Cáritas Diocesana, en 1965. En este estudio, los habitantes de determinados barrios consideraban la elevada participación femenina como un problema social de primer orden y que iba en aumento. Un problema social puede definirse de manera clásica como la “inadecuación de la realidad a las normas”, donde éstas representan los sistemas de valores –legales, ideológicos, culturales, espirituales- vigentes en una sociedad determinada19. Acordes con el discurso oficial, esas nor-
mas apuntaban que esta participación femenina traería consigo la crisis de la familia tradicional y el descuido de los niños.
En otros núcleos poblacionales, como Abechuco y Errecaleor, la preocupación ya no era por el trabajo de las mujeres, que lo consideraban necesario, sino por el de los niños. Así, las encues- tas realizadas en los primeros sesenta a la población de estos barrios hacían referencia al trabajo de los niños, ante la insuficiencia de los jornales familiares debido al bajo nivel profesional. La preocupación por el incremento de la participación laboral femenina recogida en esta encuesta pone en tela de juicio la disminución de la tasa de actividad femenina, ya que el trabajo de las mujeres estaba presente en la vida cotidiana de muchas familias e iba en aumento.
Otras fuentes de diversa índole también incidieron en la participación destacada de las muje- res en los distintos mercados de trabajo. Entre éstas, las instituciones u organismos de carácter
17 Mª J. Frau Llinares, Mujer y trabajo. Entre la producción y la reproducción, Alicante, 1999, p. 55. 18 P. M. Arriola, Aspectos del crecimiento...
19 J. M. López de Juan Abad, et. al., Dinámica socio-urbana..., p. 186.
familiar adquirieron un protagonismo relevante. Estas asociaciones estaban muy ideologizadas y guardaban estrechos vínculos con la Sección Femenina de la Falange. En 1968, la recién creada Asociación Alavesa del Hogar proclamaba entre sus objetivos: “Queremos conseguir que la mujer no tenga que salir fuera de casa para trabajar y que se dedique ella misma a la educación de sus hijos”20. En este mismo sentido se manifestaba el Boletín Informativo de Asociaciones
Familiares de Álava, Foguera, dependiente de la Delegación Provincial de Asociaciones. Ante el IIº Congreso Nacional de la Familia Española, a celebrar en 1961, la asamblea provincial, en la segunda ponencia relativa al trabajo de la mujer casada, verificaba los trabajos extradomésti- cos que las necesidades familiares les empujaban a realizar. Aun teniendo en cuenta la discursi- vidad y la ideología que impregnaban estos planteamientos, las declaraciones demostraban que la presencia de mujeres casadas entre la población activa era notable, pese a que las estadísticas y fuentes oficiales en el recuento de esta población las ocultasen.
El origen de este desfase entre la realidad descrita por las fuentes cualitativas y los nive- les de actividad que se desprenden de las fuentes que recogen la ocupación de la población (censos, padrones) puede explicarse por la invisibilidad y el subregistro a que eran sometidas las prácticas laborales femeninas. El informe sociológico de FOESSA de 1970 corrobora esta tesis, que explicaría las bajas tasas oficiales de actividad femenina. Las encuestas realizadas por esta fundación y los datos aportados por DATA21 reflejan “que la proporción de amas de casa
que trabajaban superaba todo lo que podíamos esperar si partíamos sólo de las cifras oficiales que registran el trabajo femenino. (…) Las amas de casa trabajaban fuera y dentro de casa, en diversos oficios que trascendían claramente la tradicional denominación de ‘sus labores’”. Ello demuestra claramente que las cifras oficiales sobre el empleo femenino no son muy exactas y tienden a ocultarlo. Es curioso que el Instituto de Estudios Sindicales de la OSE (Organización Sindical Española), en sus Cuadernos de Formación Sindical Superior, en un capítulo dedicado al análisis del “Desarrollo económico y el trabajo de la mujer”, reproduzca íntegramente, línea por línea, las conclusiones emitidas por el Informe FOESSA, pero, a su vez, omita deliberada- mente las partes que contienen las críticas a las fuentes estadísticas oficiales.
Esta contradicción entre la caída de la tasa de actividad femenina y el crecimiento económico de la provincia también está en relación con la existencia de mercados de trabajo sumergidos donde se empleaba un número importante de mujeres, y que afectaba en mayor medida a los núcleos de población inmigrante22.
Sabemos que los mercados de trabajo irregulares están presentes en todos los sectores pro- ductivos. Así, en el sector servicios destaca la invisibilidad de parte de las mujeres dedicadas al servicio doméstico. La consulta de la empresa Limpiezas El Sol, adjudicataria de las tareas de limpieza de los locales de Vitoriana de Espectáculos S.A. (teatros y cines vitorianos), constata la existencia de un mercado de trabajo paralelo y sumergido. Con la entrada en vigor de los nuevos 20 Pensamiento Alavés, 7 de marzo de 1968.
21 FOESSA, Informe sociológico sobre la situación social de España, Madrid, 1970; DATA, Comportamiento y actitudes de las econo-
mías domésticas hacia el ahorro y el consumo, Madrid, 1968.
Seguros Sociales de los trabajadores, en 1963, la empresa se vio obligada a formalizar las cuotas correspondientes a una jornada normal, mientras las trabajadoras de esta empresa únicamente trabajaban cuatro horas. Parte de las trabajadoras realizaban tareas de limpieza en otras empre- sas, con las que era posible la repartición de estas obligaciones; mientras, existía otro grupo de trabajadoras “que trabajan como interinas o sirvientas en casas particulares y no les interesa que tal se conozca, y ocultando la verdad resulta un perjuicio manifiesto para el que suscribe, pues si efectivamente estas trabajadoras trabajan ocho horas, solo son únicamente cuatro para la empresa ‘El Sol’, y las otras cuatro o más para trabajos particulares, siendo el que suscribe el único en satisfacer las cuotas de los Seguros Sociales en toda su extensión. Estas señoras no quieren repercutir sus devengos de las horas que trabajan por su cuenta a los propietarios donde