5. Content Distribution
5.3. Peer-to-Peer Model
En noviembre y diciembre de 1951 fueron convocadas de nuevo elecciones para renovar la mitad del Ayuntamiento. Los concejales salientes eran Pedro Orbea y Fernando Parra (del tercio familiar), José Elorza y Victoriano García de Albéniz (del tercio sindical) y Bernardo Catón y José Ignacio Rabanera (del tercio de entidades). En sustitución de Orbea, el gobernador nombró alcalde a Gonzalo Lacalle Leloup104. En lo referente a los concejales, por el tercio de
cabezas de familia salieron elegidos Práxedes Ochoa y Bernardo Catón (reelegido105), por el de
sindicatos lo fueron Carlos Caballero106 y Antonio Martín López de Arróyabe, y por el tercio de
entidades Isidro Martín de Nicolás y José Ignacio Rabanera (reelegido).
El alcalde Lacalle, un abogado del Estado, joven tecnócrata, impulsó de manera definitiva la expansión e industrialización de Vitoria107. Desde agosto de 1952 comenzó a plantear un
proyecto de urbanización. En octubre de ese mismo año modificó las ordenanzas de edifica- ción y solicitó a la Diputación cambios en el sistema tributario con el fin de hacer frente a problemas como “el crecimiento de la población; por la progresiva desvalorización del dinero y consiguiente incremento del costo de todos los servicios que la Ley obliga a los Ayuntamientos a crear y sostener; por la urgente necesidad de contribuir a la solución pavorosa del problema de la vivienda”108. Gracias a Lacalle, que formó un excelente equipo con la Caja de Ahorros
Municipal, “se comenzó a preparar la ciudad para un crecimiento ordenado”109.
En términos políticos, puede decirse que la década de 1950 supuso la absorción de todas las
familias por parte del franquismo. A pesar de que convivían aún gentes procedentes del falan-
gismo con carlistas de todas las tendencias, mutilados, excombatientes, etc., en esta década el régimen había alcanzado la suficiente solidez como para absorber y acumular a todas las sensi- bilidades ideológicas en su propio seno.
Lacalle continuó su labor a pesar de las nuevas elecciones municipales en noviembre y diciembre de 1954, que supusieron la renovación parcial del Ayuntamiento. Por el tercio de cabezas de familia salieron elegidos Julio Cortázar, José López de Armentia, José Bonilla y Rafael Gutiérrez; por el de sindicatos Alberto Vicente Esteban, Félix Uribe-Echevarría, José Ruiz de Infante y Bernardino Merino; por último, por el tercio de entidades salieron electos el camisa vieja José María Viana, Juan Vicente Montoya y Felipe Llano (reelegido). El nuevo Ayuntamiento se constituyó en febrero de 1955. En esta ocasión, el alcalde Lacalle no contaba 104 El Correo Español, 21 de octubre de 1951.
105 En la elección anterior Catón salió elegido por el tercio de entidades económicas.
106 Carlos Caballero Gómez era un conocido industrial vitoriano, representante del sindicato oficial de alimentación, que entre los años 1951 y 1955 fue presidente del Deportivo Alavés (J. Gómez, Deportivo Alavés y su historia albiazul. Primer tomo: 1921 hasta 1953, Vitoria-Gasteiz, 1994; del mismo autor, Deportivo Alavés y su historia albiazul. Segundo tomo: 1953 hasta 1976, Vitoria, 1997). 107 A. González de Langarica, La ciudad revolucionada, Vitoria-Gasteiz, 2007.
108 Sesión ordinaria del Pleno del Ayuntamiento. 30 de agosto y 18 de octubre de 1952. 109 A. González de Langarica, La ciudad revolucionada…, p. 48.
con el visto bueno de todos los concejales. A pesar de que la mayor parte de ellos destacaban su buena labor al frente de la institución, seguían existiendo serias diferencias políticas entre los distintos grupos del régimen. Lacalle, de origen carlista, contó siempre con la oposición del falangista Gutiérrez110.
Poco antes de la constitución del nuevo Ayuntamiento, el gobernador envió un informe111 al
Delegado Nacional de Provincias en el que destacaba el descenso del “nivel político y social” de los concejales salientes de las recientemente celebradas elecciones. Según dicho informe, “los únicos aspirantes a concejales que realmente tienen afán de serlo en rara ocasión lo desean por motivos dignos y elevados. Las razones personales y profesionales aparecen en primer plano”. En dicho documento se planteaba el peligro de la división por motivos políticos dentro de las diversas familias del régimen112:
“Es la selección de candidatos y la lucha entre ellos, dentro de nuestro campo político, la mayor y más clara maniobra para la desunificación. Esta desunificación es seguramente la más clara de las consecuencias”.
En cuanto a la elección por el tercio de cabezas de familia, Martín-Ballestero creía que era mejor que “no hubiera elección pública y directa en el primer tercio” con el fin de “evitar la lamentable pugna personal y el afán político que trata de desvirtuar el carácter administrativo de la Elección”. Señalaba asimismo que, aunque la mayor parte de la población “no cree en la elección ni antes ni después de ella”, existía entonces un sector
“y es el peor, que cree y confía en ella y éste es el que mueve a indignación; el resabio liberal que lleva consigo no solamente una fe sino también una táctica en todas las marrullerías en que también cree”.
Este informe no sólo destaca por la clara postura tomada por el gobernador civil contra la Ley de Régimen Local, sino por su prontitud. El sistema electoral del franquismo, como ya explicaremos posteriormente, permitió que, a través del tercio de cabezas de familia, se presen- taran candidatos que comenzaban a trazar una incipiente oposición al régimen en sus mismas entrañas. Pero esto no sucedió hasta la década de 1960. En este documento se plantean las luchas políticas dentro de las propias elites derechistas (carlistas, falangistas, católicos independien- tes…), pero también trata sobre la esperanza de ciertos sectores de la población vitoriana que
comenzaban a creer en las elecciones como medio para cuestionar al régimen.
Lacalle, al margen de todas estas reflexiones del gobernador, impulsó de manera definitiva
110 José Ruiz de Infante y Ramón Buesa opinan que Lacalle fue un gran alcalde, planificador de la Vitoria del futuro (Entrevista con Ruiz de Infante el 21 de enero de 2008; con Buesa el 12 de febrero de 2008). Sin embargo, Rafael Gutiérrez destaca las insalvables diferencias políticas entre ambos (Entrevista el 12 de febrero de 2008).
111 AGA, Presidencia, Informe de Luis Martín Ballestero, 10 de enero de 1955, 51/20694.
112 Recordemos que, según el régimen franquista, la institución municipal debía estar al margen de cualquier vinculación política, ya que su trabajo había de ser puramente administrativo.
la industrialización y la urbanización de Vitoria, mediante una moción aprobada en enero de 1956:
“El excelente emplazamiento de Vitoria, sus fáciles comunicaciones, cuya mejora mediante la construcción de la autopista y del ferrocarril directo a Bilbao que se proyectan, la saturación en cuanto instalaciones industriales de las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa, las disponibili- dades de mano de obra en nuestra provincia y el especial régimen económico-administrativo vigente en Álava, entre otras causas, representan claros y eficaces estímulos para la atracción hacia Vitoria de nuevas industrias y aun de las que funcionando ya a pleno rendimiento en comarcas vecinas, encuentran dificultades su expansión por la escasez que en ellas existe de terrenos adecuados113.
El alcalde proponía desarrollar seis puntos para llevar a cabo el proyecto de industrialización y urbanización:
1. Encargar a los ingenieros y arquitectos municipales la confección de un plan de creación de varias zonas industriales en la periferia.
2. Acordar la expropiación forzosa de los terrenos incluidos en dichas zonas periféricas, a excepción de los que ya estuvieran ocupados con el fin de desarrollar la industria. 3. Conversión de los terrenos comunales en propios.
4. Prestación de ayuda a las instituciones dedicadas a la formación profesional114.
5. Obtención de créditos bancarios por parte del Ayuntamiento115.
6. Acordar un presupuesto extraordinario para el estudio de un plan general de obras. Aunque había sido Lacalle el promotor de dicho proceso de industrialización, fue su sucesor en el cargo, Luis Ibarra Landete, quien lo puso en marcha116. Lacalle presentó su dimisión en
diciembre de 1956117 y le sustituyó Ibarra, militar de profesión, heredero de una importante fami-
lia de sastres vitorianos y relacionado con el sector de la metalurgia. En opinión de González de Langarica, Ibarra “representaba el modelo de nuevo personaje ligado a aquel mundo político y empresarial”118.
113 Actas de Plenos del Ayuntamiento. Sesión del 11 de enero de 1956.
114 En 1945 el padre Demetrio Ruiz de Alburuza, con ayuda de las autoridades locales y provinciales (especialmente del gobernador civil, Pedro María Gómez Ruiz), inauguró en Vitoria las Escuelas Profesionales de Jesús Obrero. El fin de la Guerra Civil y el desam- paro de la mayor parte de los jóvenes vitorianos hicieron reflexionar al jesuita sobre la necesidad de “redimir al joven obrero a fuerza de cultura, educación y formación, con la intención de proporcionarle todo esto en la adolescencia” (M. M. Aloy Ruiz, Historia de
la formación profesional en el siglo XX en Álava, Leioa, 1987). En 1955, el propio Ayuntamiento impulsó la cesión de unos terrenos
a las Escuelas Diocesanas de Formación Profesional “por estimarlo conveniente para intereses morales y materiales de la juventud”. Actas de plenos del Ayuntamiento, 10 de agosto de 1955.
115 Ya se ha comentado anteriormente que el Ayuntamiento formó un eficaz equipo con la Caja Municipal de Ahorros para el desarrollo industrial de la ciudad.
116 Veinte años de paz en el Movimiento Nacional bajo el mandato de Franco en la provincia de Álava, Vitoria, 1959. 117 AMV, D/063/002.
El nombramiento de Ibarra coincidió con el del nuevo presidente de la Diputación, Manuel Aranegui, poniendo fin al largo mandato de Lorenzo de Cura (1944-1958). Al contrario de lo que sucedía en Pamplona, ciudad en la que la Diputación y el Ayuntamiento estaban presididos por Félix Huarte y Miguel Javier Urmeneta119, personajes que impulsaron la industrialización
en Navarra y que se complementaban a la perfección, en Álava Ibarra y Aranegui eran dos personajes muy diferentes, a pesar del apoyo de ambos al proceso de industrialización y de su compromiso político con el régimen. Aranegui, industrial vitoriano, presidente de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, era un vasquista, partidario de fomentar la cultura
euskaldún. Restauró las Juntas Generales, aunque con un carácter más bien folklórico. Dichas
Juntas, que habían sido el “órgano legislativo soberano de los alaveses”, habían desaparecido en el siglo XIX como consecuencia de la abolición foral. Por el contrario, Ibarra era antivasquista, un hombre formado en el régimen, alférez provisional y amigo personal de Camilo Alonso Vega. Aranegui, muy a pesar de Ibarra, impulsó tímidamente la lengua vasca en diversos actos cultu- rales120 e incluso políticos, y, sobre todo, promovió los homenajes en recuerdo del euskaltzale
Raimundo Olabide.