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Evaluation of 3D Scene Approximation

4.4 Evaluation

4.4.4 Evaluation of 3D Scene Approximation

un plus ético decisivo que no deriva del análisis en sí, sino que se alimenta de la capacidad humana de asumir responsablemente la historia.

3) El nivel estratégico-táctico, vale decir, el nivel de la implementación planificada de la óptica más genérica de las tesis políticas, que implica la “obediencia y disciplina” (para usar términos tradicionales de la ética teológica y pastoral) de la praxis política eficaz” 148

 Analogías de éxodo

Por eso, en su preguntar formalmente teológico, el proceso de liberación se leyó en el texto de tradición, impelidos por la solicitación a correlacionar la situación de opresión y dependencia de

147

CONCILIO VATICANO II, Gaudium et Spes, 1.

148

ASSMANN, H., Liberación: Notas sobre las implicaciones de un nuevo lenguaje teológico, Panorama de la teología

Israel en Egipto con la opresión y la dependencia de sujetos y de enteros pueblos subyugados. Porque si el éxodo no se refiere perlocutivamente a la liberación ¿a qué se refiere? Si el éxodo no abre mundos posibles diferentes ¿es espacio para interrogación del sentido? Que el éxodo no se agote en su sentido socio-político no descarta ni mimetiza su sentido económico, social y político.

Pero es claro que en el acercamiento bíblico se trataba de ir más allá de la exégesis tradicional y clásica de los textos y del erudito mar de semántica y de gramática propia de ciertos métodos histórico-críticos. El asunto era y es de reencuentro del sentido situado y situacional del acontecimiento de entonces en el horizonte de las correlaciones y de las analogías de proporción exigidas por el círculo hermenéutico. Si es que se permite pensar que el texto de tradición ha de suscitar un sentido de presente. Y si es que el contexto de situación presente puede ser alcanzado por el acto perlocutivo de la Palabra histórica.

 Analogías jesulógicas.

Por las mismas razones, teólogos y hermeneutas iluminaron la praxis y el compromiso histórico de la liberación con la luz indeficiente del Nuevo Testamento. Florecen desde entonces las cristologías de seguimiento que, pese a las oscuridades de toda búsqueda, no resisten la acusación de arrojar por resultado la burda caricatura del subversivo de Nazareth. Tampoco el relevante sesgo político de estas cristologías puede significar que ellas reduzcan la riqueza insondable, la anchura y profundidad del mysterium Christi a su sola significación socio-política, como para diseñar un mesianismo meramente terrestre o un Reino proclamado que se agote en las coordenadas de espacio y tiempo.

Solo que el Jesús histórico, el rescate de sus comportamientos, de sus opciones, de su predicación fundamental, de su conflicto, de sus enfrentamientos, de la acusación de revuelta social, de su asesinato a manos del poder religioso y de la potestad civil sitúa a las cristologías de seguimiento en la antípoda del Jesús de Bultmann y de las usuales zonas de interpretar de las que desaparezca la zona del suceder.

 Iglesia pobre y de los pobres

En esta misma perspectiva emerge la olvidada dimensión de la Iglesia pobre (ecclesia pauper) y de la Iglesia de los pobres (ecclesia pauperum), evocada por Juan XXIII 149, tematizada por Vaticano II 150, hecha programática para América Latina por Medellín151 y nuevamente optada por las Conferencias de Puebla152 y de Santo Domingo 153

149

JUAN XXIII, Radiomensaje del 11 de septiembre de 1962, AAS LIV, 682.

150

Cfr. CONCILIO VATICANO II, Lumen Gentium 23; 41; 42; 46; Gaudium et Spes l; 9; 20; 27; 63; Presbyterorum

Ordinis 6; 17.

151

Porque más allá de todo documento y de toda teoría o sentimental opción, la Iglesia pobre y la Iglesia de los pobres conoce sus prácticas más decididas y comprometidas, así como sus reflexiones más lúcidas, en el mismo corazón del mundo obrero, campesino, indígena, marginado y oprimido que hoy constituye porción mayor de los seguidores de Jesús en la Iglesia.

 Teología y economía

Desde entonces ha venido creciendo la conciencia de la relación que es preciso establecer entre la teología y la economía. El “hace tiempos que me siguen y no tienen que comer” (Mc 8,2) traslalda al corazón del Evangelio el asunto de la economía que es el ámbito para plantear y resolver el asunto del pan para todos; así como la realidad de seguimiento histórico, pero de carencia económica en el entonces de los discípulos y en el ahora de los seguidores de Jesús, a quienes ni los economistas ni mucho menos los teólogos les han resuelto el dramático asunto de su pan.

Los cristianos de Roma en el texto de Marcos y en toda la conciencia eclesial que se testimonia en el texto de tradición plasmaron la relación economía y teología en forma tal, que su negación equivaldría a adulterar el perfil mismo de todo el Evangelio del Reino:

 La imposibilidad de abastecer de pan a tanta gente

 Los doscientos denarios que no bastarían

 El multiplicar el pan, no una sino dos veces

 El repartir la riqueza

 El no atesorar

 El debate sobre el pago de impuestos

 El dar de la propia pobreza como la viejecita en la alcancía del templo

 El producir intereses del capital encomendado

 El no amontonar en graneros

 El desear hartarse con las migajas de la mesa del rico

 El no solo de pan vive el hombre

 La siembra, el crecimiento y la cosecha

 El recibir el ciento por uno

 El no se puede servir a Dios y al dinero

 El bienaventurados los pobres y el ay de ustedes los ricos.

152

PUEBLA,15-71; 1134-1165.

153

 Las bases sociales sobre las que se fundamentan las bienaventuranzas del Reino: los pobres, los que lloran, los hambrientos de justicia

 El criterio valorativo de la acción humana total en términos de necesidades básicas insatisfechas o satisfechas, que el Señor asume como hechas a Él mismo si se hacen o se dejan de hacer con los hérmanos pequeños y débiles.

Lo económico no es una circunstancia externa en la que suceda el Evangelio de Jesús. Al contrario, es su constante y también su determinante, por más que exegetas y teólogos se apresuren a espiritualizar los sentidos, como avergonzados de que el Evangelio del Reino llegue hasta las realidades de la materialidad y de la profanidad.

Y nadie debiera extrañarse de los sentidos materiales ni de las bases económicas del Evangelio del Reino. Porque también las tradiciones mayores que componen el texto que hoy conocemos como Antiguo Testamento se escribieron desde la experiencia de la dominación económica de la corte de David y de Salomón que reeditaron la opresión, la carencia y el atropello del pueblo en Egipto antes de su liberación. Si la fuente P es el reflejo del interés sacerdotal por el sacrificio y por el culto como sistema de sostenimiento, y si las fuentes D y Y reflejan los intereses de los grupos humanos de letrados y doctores, es claro que la fuente E es el clamor del campesino, del que labra la tierra, del que la trabaja con el sudor de la frente, de quien siente el trabajo como el destino cruel por el que se siembra aquello que no se cosecha ni se come. Las tradiciones proféticas, a su vez, comprenden las vehementes denuncias contra una economía imperial explotadora, ajena al derecho de los débiles, de los jornaleros, de los esquilmados por el mercadeo, por la usura y el fraude.

La divina manifestación de Dios en y por la historia jamás consentirá que la genuina producción teológica y la práctica pastoral sucedan por fuera o con independencia de la producción económica, simplemente porque la economía es pilar sustantivo de la constitución de la especie sobre el planeta. Y porque, si el acto revelatorio de Dios está encaminado con indiscutible prioridad a la dignificación y liberación del pobre, del oprimido, del explotado, del desposeído, del marginado, del cojo y del ciego, del manco y del enfermo, entonces el criterio máximo de eticidad de toda genuina teología y pastoral tendrá que definirse desde la causa de los pobres, que son tales por mil factores, de los cuales la carencia económica es sustrato común e inequívoco.

Por desgracia, “pasada la fase de la teoría de la dependencia, temas económicos tan importantes

como el neoliberalismo, las crisis de la deuda externa, la revolución tecnológica, las modificaciones en las relaciones de trabajo, no han sido objeto de la reflexión de los teólogos” 154.

Por el contrario, la misma comunidad pastoral y teológica de América Latina ha consentido en el vaciamiento del lenguaje de la liberación, que hoy resulta espiritualizado y privado de su mordiente de significación económica; ha suscrito la confusión de los sentidos semánticos y prácticos del pobre y de la pobreza; ha permitido que la ya alcanzada mediación de las ciencias sociales analíticas en la elaboración teológica y pastoral se reemplace otra vez por las clásicas mediaciones filosóficas, que nos han ayudado a contemplar el mundo pero no a trasformarlo

154

El determinante económico en el plan de la revelación de Dios en la historia permite verificar que los problemas cruciales de orden económico son tan antiguos como la misma humanidad y que esa es razón para no confundir ni intercambiar los términos propios de la economía como tal con los términos propios de los mudables modelos económicos. Eso debe impedir que se atribuya a los modelos de última hora todos nuestros males y frustraciones económicas y sociales. Pero debe ayudar también para compulsar el agravamiento de los problemas por la radicalización de los actuales esquemas de economía y de sociedad.