5.3 Predicting Affordance Surfaces from Visual Scene and Long-Term Human
5.3.1 Representing Visual Scene and Human Activity Information
5.3.1.2 Human Activity Information
Por reflexión crítica se entiende el análisis metódicamente elaborado de la realidad contextual que debe ser trasformada. Reflexión en su aspecto crítico quiere significar el esfuerzo de lectura racional del gran contexto de situación, con el que se precave de una simple lectura ingenua, obvia, de sentidos comunes, de miradas vagas o indiferenciadas acerca de una realidad que se escapa o que se encubre: reflexión crítica es práctica de develamiento del gran texto social. De ahí
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que haya de ser reflexión científica, en el sentido de estar alimentada por un instrumental analítico puesto a disposición por las ciencias naturales, hermenéuticas y sociales que, más allá de sus especificidades propias de métodos y de contenidos, convergen en el denominador común y práctico de la liberación en las sustantivas esferas naturales, comunicativas y sociales.
En efecto, comprenderse, leerse y percibirse como ser situado en el mundo es acto de la conciencia general y del sentido común genérico que está presente incluso en los niveles de la conciencia indiferenciada. Pero analizar críticamente la propia situación y la del mundo entorno es el esfuerzo racional para obtener un diagnóstico lo más completo posible de la situación propia y ajena, no tan solo en el terreno ya importante de los fenómenos (análisis fenomenológico), sino en el terreno de las causas (análisis ontológico) y hasta en el terreno mismo del ser (análisis óntico).
El análisis de la realidad del ser situado en el mundo tiende a una visión objetiva sobre hechos verificables y estructuras determinables de la situación, del sistema o del engranaje social, político, económico, cultural, sicológico, espiritual, es decir, del conjunto de elementos de orden positivo y negativo que definen al ser en el mundo. Pero el análisis de realidad supone también una visión subjetiva, es decir, antropológica y plenamente humana acerca del grado de conciencia propia y ajena en que se perciben los fenómenos y las causas, así como los propios intereses y los ajenos que están ligados a la situación y que explican, en unos su deseo de mantener la situación inmodificada, y en otros, su insatisfacción y su deseo de superación evolucionaria o revolucionaria de la situación dada.
La interrelación del plano objetivo (de la realidad socio-histórica) y subjetiva (del hombre consciente) opera como símbolo (la realidad objetiva) respecto del simbolizado (el hombre) y como efecto (la realidad objetiva) respecto de la causa (el hombre). Por eso el cambio objetivo de las estructuras de aherrojamiento del ser es correlativo con el cambio del corazón del hombre, en cuanto que en gran manera la realidad situada tiene por autor al mismo ser humano que resulta siendo víctima de sus propios inventos. La situación se hace aún más dramática cuando la realidad real entra a condicionar gravemente la misma libertad de escape o de superación de las estructuras creadas y cuando millones de hombres y de mujeres sobre el planeta son víctimas casi impotentes de situaciones que ellos no han creado y que les impiden su propia realización humana y cristiana.
Tipologías de los análisis
El análisis estructural identifica los elementos que componen el engranaje social general (llamado también orden, ordenamiento, estructura o sistema social), indaga por sus orígenes y por su significado particular dentro del engranaje total del sistema. Como todo análisis de estructura, éste género de lectura de la realidad aprecia los fenómenos sociales en perspectiva sincrónica y en visiones especializadas, y pone el interés más en los elementos individuales (la economía, el empleo, la vivienda, la educación), antes que en el conjunto de los elementos y en su interrelación. Por eso el análisis estructural se caracteriza por su índole descriptiva y enunciativa en cuanto registro individualizado de los elementos particulares del sistema. Esta forma de análisis de la realidad es propia de las mentalidades modernas especializadas y corresponde con la pregunta
El análisis funcionalista ya no sólo detecta, sino que legitima apologéticamente el origen, significado y función de los elementos del orden social y procura que dicho ordenamiento se mantenga y persevere, ya sea porque se juzga útil, ya sea porque se considera dogmáticamente insustituible. Como lectura apologética y justificadora, el análisis funcionalista se caracteriza por contrariar toda renovación y mucho más toda innovación del sistema. Esta lectura responde a la pregunta ¿por qué y cómo preservar el ordenamiento del sistema social vigente?
El análisis analítico-crítico, propio de las teorías críticas de la sociedad, supera el estadio fenomenológico y descriptivo y también el apologético-preservativo y se adentra en las causas de los fenómenos sociales, en la interrelación e interacción de los elementos varios del sistema, en sus puntos de conflicto. En un horizonte diacrónico, somete a crítica científica ya no solo cada elemento social particular por separado (el sistema de producción, las clases, el trabajo, la religión) sino su interacción. La finalidad que se persigue es la identificación de las causas de los desequilibrios imperantes como premisa para una reforma del sistema si es que se juzga fundamentalmente bueno pero perfectible (revisionismo, reformismo), o de cambio total del sistema si es que se revela como fundamentalmente inaceptable. Esta lectura responde a la pregunta ¿cuáles son las causas del
desequilibrio y consiguiente insatisfacción en el ordenamiento social vigente y cómo y por qué reformarlo o sustituirlo plenamente?
El análisis teológico de la realidad quiere ser lectura del sistema, ayudado ciertamente por los análisis científicos, en el horizonte de la revelación y en obediencia de la fe, desde y para una praxis de liberación y en orden a que los sistemas sociales permitan al hombre relacionarse con Dios como hijo, con los demás hombres como hermano y con la naturaleza como señor de ella. Respeto del insumo técnico que necesariamente tiene que recibir de las ciencias de lo social, es claro que en la lectura teológica de la realidad pueden estar presentes o un análisis simplemente estructuralista, o uno puramente funcionalista, o un análisis analítico-crítico ya sea para reforma del orden vigente, ya sea para su inversión o subversión plenaria. La lectura teológica responde a la pregunta ¿cuáles son
los imperativos de reforma o de sustitución del ordenamiento social vigente, a la luz de la revelación salvadora de Dios y en obediencia a la fe teologal y eclesial?
En el juego circular de los elementos del método teológico,
Este es el estadio contextual de situación histórica en que la realidad misma es percibida como lenguaje de Dios, necesitado de ser leído e interpretado tan cuidadosamente como se hace con el texto santo de tradición.
Es también el estadio en que se percibe que la misma situacionalidad histórica es texto susceptible de ser comprendido como locución reveladora y salvadora de Dios, si es verdad que Dios se revela en la historia y en toda historia particular de hombres, de mujeres y de pueblos.
Es el momento del discernimiento espiritual y político de las fuerzas que operan como contrarias al plan divino sobre el tiempo y la historia, en términos de anti- vida, anti-reino, anti-historia, anti-hombre.
Este es también el estadio en que se inicia propiamente la labor de producción teológica que hoy, como en la tradición de Israel y del Nuevo Testamento, es lectura creyente y transformante de la realidad histórica situada.
En fin, la dinámica desatada por el análisis o lectura creyente de la realidad situada es momento de percibir los retos y desafíos que el tiempo y la historia formulan de modo permanente a la evangelización que quiera fundarse en la praxis histórica mostrada en el caminar mismo de Jesús.
Condicionamientos del analisis
Desde el momento en que el contexto histórico de situación deviene en cierta forma texto teológico para ser leído y realidad teologizable para ser comprendida “sub ratione Dei et salutis,
bajo la óptica de Dios y de la salvación” es claro que la interpretación de realidad sigue
condicionamientos análogos con aquellos de las lecturas del texto y particularmente:
La inevitable inclusión del intérprete en la interpretación, dado que quien hace análisis de situación no es un ser abstracto, neutro que prescinda de sí en el momento de interpretar la situación para buscar un sentido objetivo, histórico, “en sí”, amparado de subjetividades, de precomprensiones y de prejucios. Comprender es percibirse como ser en un mundo determinado y definido por circunstancias positivas y negativas de orden antropológico, social, cultural, económico, político, sicológico, religioso. Ello hace que el plano del análisis de realidad nadie pueda trazar apologías sobre sus pretendidos análisis objetivos, neutros, desinteresados, desideologizados.
La inevitable inclusión de la ideología (presupuestos, precomprensiones, prejuicios, intereses) en los análisis sociales no es más que un capítulo de la inevitable inclusión del intérprete en su interpretación. Y ello no es malo, es simplemente humano. El conflicto de intereses arroja por resultado el conflicto en los análisis de realidad. De ahí puede surgir el sello dogmatizante y excluyente, totalizante y dominador propio de determinadas lecturas de realidad, y la consagración que se hace de unos determinados análisis como si fueran los modos únicos, aceptables, ortodoxos e inmodificables de percepción de la realidad situada; entonces llegan a tenerse lecturas de realidad francamente dogmáticas que operan como claros instrumentos de dominación de unos sobre otros, en términos generales de los poderosos sobre sus indefensas víctimas. Hoy es claro que las lecturas de realidad económica, política y cultural de los pobres y de las víctimas de la realidad injusta apenas logran tener consideración alguna frente a los análisis “ilustrados” (y también manipulados) de los fautores y beneficiarios del orden establecido.
Puebla advirtió que la instrumentalización ideológica dogmática de los análisis de realidad en el seno de la comunidad eclesial “Puede provenir de los propios cristianos y aun de sacerdotes y
religiosos cuando anuncian un evangelio sin incidencias económicas, sociales, culturales y políticas; en la práctica, esta mutilación equivale a cierta coalición, aunque inconsciente, con el orden establecido”. Puede provenir también de grupos “que identifican el mensaje cristiano con una ideología y lo someten a ella, e invitan a una relectura del Evangelio a partir de una opción política, desconociendo que es preciso leer lo político a luz del Evangelio y no al contrario” 161
La elección del instrumental analítico en el estadio de reflexión crítica sobre la praxis histórica jamás es neutra. Simplemente porque todo instrumental analítico se liga indisolublemente a precomprensiones y prejucios de los intérpretes sociales, así como forma parte de visiones ideológicas más amplias sobre el hombre, la sociedad y el mundo en general. Precisamente porque no existe instrumental analítico neutro, en su escogencia habrá que hacer recurso a las libres opciones éticas y políticas, sin que pueda alguien imponer dogmáticamente un determinado tipo de análisis de la realidad, elaborado desde unas determinadas preconcepciones políticas, sociales o religiosas.
Por eso quien se sirve de esas herramientas analíticas, al igual que quien se sirve de las herramientas filosóficas, sabrá que son instrumental, no finalidad; que son ayuda, no dogma; que son mediación, no sustitución mecanicista del pensamiento y de la decisión; que son elemento singular asociado de modo indisoluble con elementos totales de la ideología que lo sustenta; que son medio apto para el conocimiento de la realidad, no conclusión cerrada o apodícticamente concluida.
La interpretación teológica de la historia, tanto como las lecturas del evangelio y los análisis de realidad se vieron antes y se verán siempre forzosamente condicionados por las ideologías en boga y por el riesgo permanente de ser manipulados y utilizados, ya sea por los fautores y beneficiarios del actual orden establecido en los cánones de la ideología capitalista, ya sea por otro tipo de precomprensiones y de intereses.