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Evaluation second iteration designs

4.2 Second iteration

4.2.3 Evaluation second iteration designs

Una vez presentados los resultados obtenidos en la aplicación de los instrumentos utilizados para recabar información útil para este trabajo, se considera importante contrastar la información recabada en campo contra los fundamentos presentados en el marco teórico, teniendo cuidado de revisar los objetivos específicos planteados para la presente investigación.

En primer lugar, respecto a la información demográfica de los instructores comunitarios, a partir de la información recabada en los cuestionarios se pudo constatar que el perfil de instructor comunitario mencionado por Torres y Tenti (2000) y CONAFE (2008) corresponde con la realidad de la zona centro del CONAFE Quintana Roo, ya que los instructores

comunitarios son por lo general jóvenes de entre 14 y 24 años de edad y con escolaridad de secundaria o bachillerato.

Respecto al porcentaje de alumnos bilingües (español y maya) obtenido del cuestionario, éste parece bajo (66%) considerando que la MAEPI pone como requisito del instructor

comunitario que hable la lengua indígena de la comunidad donde presta su servicio

(CONAFE, 2006b), lo cual no se cumple en el 34% de los instructores. Esta información cobra relevancia ya que el manejo de la lengua nativa ayuda a la aceptación y adaptación del

instructor en la comunidad.

En segundo lugar, respecto al proceso de capacitación de los instructores comunitarios, de acuerdo con CONAFE (2008), CONAFE (2006c) y OEA (s.f.), los instructores

comunitarios deben recibir una capacitación inicial o intensiva de seis semanas; la capacitación permanente o mensual; y visitas de asesoría en las comunidades. Según los hallazgos encontrados a través del cuestionario, la mayoría de los instructores comunitarios recibieron capacitación inicial o intensiva, y en los casos en que no se recibió, fue por causas no imputables al CONAFE ya que hubo instructores que entraron extemporáneamente. En esta capacitación intensiva se les da a conocer el modelo del CONAFE, se les explica su labor como instructores comunitarios y se les dan estrategias para facilitar su ingreso a la

comunidad, según lo manifestaron los entrevistados. De la misma forma, prácticamente todos los instructores comunitarios han recibido algún tipo de capacitación permanente donde profundizan en contenidos y estrategias docentes, así como el esclarecimiento de dudas, de acuerdo con los entrevistados y con las características de la capacitación permanente. Casi todos han recibido visitas de asesoría para dar seguimiento al trabajo que realizan y apoyarlos

con dudas y asesorías relacionadas con su labor docente y comunitaria. Todo lo anterior se reporta en la literatura mencionada, con lo que se comprueba la información del marco teórico.

Cabe resaltar aquí, que aunque las etapas de capacitación se cumplen, en términos generales, se observa de los cuestionarios y las entrevistas, una confusión importante de parte de varios instructores comunitarios por identificar correctamente los nombres y las etapas de capacitación.

Más allá del tipo de capacitación, los cuestionarios y entrevistas reflejan que, aunque la capacitación es buena, en promedio, existen áreas de oportunidad como la mejora del perfil de los capacitadores, o las visitas de asesoría. El mismo resultado se encontró en Güereca (2008).

En tercer lugar, respecto a la experiencia de los instructores en el modelo del CONAFE, se encuentra que la mayoría de los instructores tienen 6 meses o menos de haber ingresado al CONAFE, sin embargo algunos de ellos tienen de uno a dos años. No obstante lo anterior, prácticamente todos los instructores tienen claro cual es su principal responsabilidad, enseñar conocimientos, habilidades y valores para lograr la mejora en las condiciones de vida de los niños a través de la educación. Se espera que esto redunde a la larga en un mejor desarrollo para la comunidad, de alguna forma es la definición de educación comunitaria mencionada por Cieza (2006), Pérez y Sánchez (2005); además de ser parte de los objetivos del CONAFE (CONAFE, 2008). Esto también surge de las entrevistas realizadas, reafirmando el interés de los instructores por apoyar a los niños de las comunidades.

En contraste, al ser instructores comunitarios con poca experiencia, muchos de ellos dicen desconocer la modalidad MAEPI de la educación comunitaria del CONAFE, aunque esta información les debe ser proporcionada en su capacitación inicial de acuerdo con CONAFE (2006c). De la misma forma, se encuentra que sólo el 62% de los instructores ha

realizado el diagnóstico comunitario, lo cual va en detrimento del modelo del CONAFE ya que sin este diagnóstico no es posible conocer los recursos y experiencias que se posee en las comunidades, dificultando la generación de propuestas en beneficio de las mismas (Cieza, 2006).

En cuarto lugar, la información encontrada sobre la infraestructura de las comunidades coincide parcialmente con lo reportado por Güereca (2008), donde se menciona que la mayoría de las comunidades están alejadas de las poblaciones mayores o no son de fácil acceso y que no cuentan con servicios como la energía eléctrica. En la presente investigación se encuentra que, muchas de las comunidades no cuentan con energía eléctrica, lo cual coincide con los hallazgos de Güereca (2008), aunque por otra parte, si bien las comunidades pueden estar alejadas, existen medios de transporte y vías de comunicación para acceder a la mayoría de ellas, según lo encontrado en las respuestas a los cuestionarios aplicados y que es ratificado con las entrevistas realizadas.

En quinto lugar, se encuentra que el manejo de tecnologías por parte de los instructores comunitarios es prácticamente generalizado. De acuerdo con el cuestionario aplicado, la mayoría conoce y utiliza computadoras, teléfonos celulares y dispositivos de reproducción de video y música y todos tienen interés por aprender sobre el uso de nuevos dispositivos

tecnológicos, esto se ratifica en las entrevistas realizadas a los cuatro instructores. Por otra parte, se encuentra, tanto en los cuestionarios como en las entrevistas, que la actitud que tienen los instructores comunitarios hacia la utilización de la tecnología en su capacitación, es alta, y les gustaría utilizar el teléfono celular como una herramienta de apoyo a la capacitación que reciben, a pesar de la falta de infraestructura necesaria en sus comunidades.

Una vez confrontada la información del cuestionario, las entrevistas y el marco teórico, para triangular datos de distintas fuentes (cuestionario y entrevista) y de las teorías abordadas en el capítulo dos, se obtiene una visión amplia y global del problema de estudio, lo que permite dar paso a las conclusiones y recomendaciones de la presente investigación.

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