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Chapter 5 – Emergent Cloud Computing Adoption issues in Sub-Saharan Africa

5.1 Evidence of Cloud Adoption Issues for Sub-Saharan Africa SMEs using

El organismo en el que halla reflejo la “opinión pública” de los mencheviques, es la prensa menchevique georgiana. El credo de los mencheviques de Tiflis está expresado en los artículos “Cuestiones de actualidad” (v. los números de “Azri” y “Dasatskisi”89). El autor de estos artículos es el camarada An90, el más influyente de los mencheviques de Tiflis.

Pasemos a exponer estos artículos, que han preparado ideológicamente el liquidacionismo en Tiflis. En ellos, el autor emprende una “revisión de todos los valores” y llega a la conclusión de que el Partido (particularmente los bolcheviques) se ha equivocado en determinados principios de su programa y, sobre todo, de su táctica. En opinión del autor, es necesario “modificar radicalmente toda la táctica del Partido”, para hacer posible la “unificación de las fuerzas de la burguesía y del proletariado”, única garantía de la victoria de la revolución. Mas lo mejor será ceder la palabra al propio articulista.

“Los bolcheviques han venido demostrando -dice el autor- que éste (el proletariado) debe realizar (en la revolución burguesa) todo su programa mínimo. Pero la realización de la parte social de este programa mínimo paralizaría la producción burguesa, originaría la protesta de toda la burguesía, dando comienzo a una gigantesca contrarrevolución... ¿Quién se atreverá a afirmar que el establecimiento de la jornada de 8 horas corresponde a los intereses de la actual burguesía, no desarrollada?” Está claro que “la aplicación del programa mínimo de los bolcheviques es pura declamación” (v. “Azri”, núm. 17, febrero de 1908)

Naturalmente, no son sólo los bolcheviques los que han hablado de la realización de todo el programa mínimo, y la historia no conoce ningún programa mínimo bolchevique, aparte del programa mínimo general del Partido; pero, en el caso presente, no es eso lo que nos interesa. Lo importante es que, en virtud de la “falta de desarrollo de la burguesía” y del peligro contrarrevolucionario que de ello dimana; nuestro autor se alza contra “la parte social” del programa, estimándola “pura declamación” que, por lo visto, debe ser liquidada.

El camarada An no ofrece ningún análisis del estado real de la industria (sin duda, se ha expresado incorrectamente al denominar el atraso de la industria “falta de desarrollo da la burguesía”. K. St.), ni una cifra, ni un dato un tanto serio. Parte, sencillamente, de la pura y simple afirmación de que la burguesía no consentirá la implantación de la jornada de 8 horas, mientras que sin la “unificación de las fuerzas del proletariado y de la burguesía” la victoria de la revolución es imposible; por consiguiente, ¡abajo “la parte social” del programa!...

No vamos a demostrar lo absurdo de tales afirmaciones del autor, afirmaciones hechas a cada paso contra los socialdemócratas por los liberales de hoy. A nuestro parecer, basta citarlas para ver en el acto la fisonomía de los mencheviques de Tiflis....

Pero nuestro autor no sólo arremete contra “la parte social” del programa. Tampoco perdona su parte política, si bien no la ataca de una manera tan directa ni tan clara. Oigámosle:

“La lucha del proletariado solo o de la burguesía sola* no podrá en modo alguno quebrantar a la

reacción... Es claro que la unificación de sus fuerzas, esta o la otra combinación y orientación de las mismas, hacia un objetivo común constituyen el único camino (subrayado por nosotros) de la victoria sobre la reacción”... “La derrota de la reacción, la conquista de la Constitución y la puesta en práctica de esta última dependen de la unificación consciente de las fuerzas de la burguesía y del proletariado y de la orientación de las mismas hacia un objetivo común”... Ahora bien, “el proletariado debe avanzar de manera que con su intransigencia no debilite el movimiento conjunto”. Pero como “la reivindicación más inmediata de la burguesía no puede ser sino una Constitución moderada., es evidente que la obligación del proletariado consiste en renunciar a su “Constitución radical”, si no quiere, “con su intransigencia, debilitar el movimiento conjunto” y perturbar “la orientación consciente de las fuerzas de la burguesía y del proletariado hacia un objetivo común”, en una palabra, si no quiere preparar la victoria de la contrarrevolución (v. “Dasatskivi” , núm. 4, 1908).

La conclusión es clara: ¡abajo la república democrática, viva el “movimiento conjunto” y... la “Constitución moderada”!, “en interés”, naturalmente, “de la victoria” de la revolución...

*Por “burguesía” el autor entiende en todas partes la burguesía liberal “media”, “cuyos ideólogos son los

Se trata, como veis, de una mala paráfrasis del conocido artículo que en 1906 publicó en “Továrisch” el ex socialdemócrata Vasíliev hablando de la “unificación de las clases”, el olvido temporal de las tareas de clase del proletariado, la renuncia a la república democrática, etc. La diferencia está en que Vasíliev hablaba franca y claramente, mientras que el camarada An tiene vergüenza de hacerlo con suficiente claridad.

En este momento no tenemos ni tiempo ni deseos de examinar todo ese balbuceo liberal, hace ya mucho tiempo analizado y aquilatado, en cuanto a su base, por la prensa socialdemócrata rusa. Quisiéramos únicamente llamar las cosas por su nombre: los ejercicios programáticos de nuestro autor, adoptados por los mencheviques de Tiflis como “nuevo” manifiesto fraccional, significan la liquidación del programa mínimo del Partido, una liquidación que exige se adapte nuestro programa al de los demócratas constitucionalistas.

Del “nuevo” programa de los mencheviques de Tiflis pasemos a su “nueva táctica”.

EL LlQUIDACIONISMO TACTICO

El camarada An está descontento sobre todo de la táctica del Partido, táctica que, en su opinión, es necesario “modificar de raíz” (v. “Dasatskisi”, núm. 4). Dedica por eso la mayor parte de sus artículos a criticar dicha táctica. Sobre todo ataca la conocida “fórmula de Plejánov” (“la revolución, en Rusia vencerá como movimiento obrero o no vencerá en absoluto”91), identificándola con la tesis acerca de la hegemonía

del proletariado, y afirma que dicha fórmula no resiste la menor crítica. Propone sustituir esta “fórmula” por la “nueva” (¡vieja!) tesis de la “unificación de las fuerzas de la burguesía y del proletariado” en interés del “movimiento conjunto”... “hacia un objetivo común”. Escuchad:

“La tesis acerca del papel dirigente del proletariado en la revolución burguesa no está confirmada ni por la teoría de Marx ni por los hechos históricos”.

Referencia a la teoría:

“El proletariado no puede edificar con sus propias manos el régimen de sus propios enemigos”. Por tanto, la dirección de la revolución burguesa por el proletariado es imposible”.

Referencia a los hechos históricos:

“Nuestra revolución era al mismo tiempo nuestro movimiento obrero, y, a pesar de eso, la revolución no venció. Está claro que la fórmula de Plejánov no ha sido confirmada” (v. “Azri”, núm.17).

Breve y claro. Nos resta compadecer a la socialdemocracia alemana, que en su carta de saludo al Congreso de Londres reconoció (¡seguramente por ligereza!) y que el papel dirigente del proletariado en nuestra revolución está confirmado plenamente, tanto “por la teoría de Marx” como “por los hechos históricos”. Eso sin hablar ya de nuestro (¡desgraciado!) Partido...

Ahora bien, ¿con qué sustituye nuestro autor el papel dirigente del proletariado?, ¿qué propone a cambio? “La lucha del proletariado solo -dice el camarada An- o de la burguesía sola no podrá en modo alguno quebrantar a la reacción... Es claro que la unificación de sus fuerzas, esta o la otra combinación y orientación de las mismas hacia un objetivo común constituyen el único camino de la victoria sobre la reacción”. Además, “el proletariado debe avanzar de manera que con su intransigencia no debilite el movimiento conjunto”... (v. “Dasatskisi”, núm. 4). Pues, afirma el autor, “cuanto más débil sea la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía, tanto más victoriosa (subrayado en todas partes por nosotros. J. St.) será la revolución burguesa; siempre que sean iguales, naturalmente, las otras condiciones” (v. “Azri”, núm. 15).

De qué “otras condiciones iguales” habla el autor, es cosa que quizá Alá sepa. Lo único claro es que predica la atenuación de la lucha de clases en interés de la revolución. La tesis de que la victoria de la revolución será tanto más completa cuanto más se apoye ésta en la lucha de clase del proletariado, qué lleva tras de sí a los campesinos pobres contra los terratenientes y los burgueses liberales, esa tesis, confirmada por la experiencia de toda nuestra revolución, sigue siendo para nuestro autor un secreto debajo de siete llaves. “La unificación de las fuerzas del proletariado con las fuerzas de la burguesía”: he ahí donde ve el camarada An la única garantía del triunfo de la revolución.

Pero ¿cuál es la burguesía en la que tantas esperanzas cifra nuestro autor? Escuchad:

“Los reaccionarios -dice nuestro autor- luchan con particular fuerza contra el partido demócrata constitucionalista... ya que... los futuros señores de Rusia saldrán del seno de esa misma clase media cuya ideología expresan los demócratas constitucionalistas. Sólo la burguesía media; que ha madurado para la dominación, es capaz de arrancar a los reaccionarios el Poder del Estado; esa clase es su competidora directa, y por ello los reaccionarios la temen más que a nada”. En general, “en todas las revoluciones las capas reaccionarias no han temido tanto a los revolucionarios como a la burguesía moderada. ¿Por qué? Porque sólo esta clase ha de recoger las riendas del gobierno de manos del viejo régimen, como hemos dicho más arriba. Por lo tanto, es precisamente esta clase la llamada, merced a su Constitución moderada, a hacer el nuevo régimen aceptable para la inmensa mayoría y, de este modo, a privar de toda base a la reacción” (v. “Azri”, núm. 24). Pero como “la burguesía sin el proletariado no podrá establecer un nuevo régimen”, por

Stalin- Obras completas Tomo II

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eso “el proletariado tendrá que apoyar a la oposición burguesa”. (v. “Dasatskisi”, núm. 4).

Así, pues, la burguesía demócrata constitucionalista “moderada”, con su Constitución monárquica “moderada”: he ahí quien ha de salvar a nuestra revolución.

En cuanto al campesinado, ¿cuál es su papel en la revolución?

“Naturalmente -dice nuestro autor-, el campesinado intervendrá en el movimiento y le dará un carácter espontáneo, pero el papel decisivo sólo lo han de desempeñar las dos clases modernas”: la burguesía moderada y el proletariado (v. “Dasatskisi”, núm. 4).

Así, pues, resulta que no hay que contar gran cosa con el campesinado.

Ahora todo está claro. Para el triunfo de la revolución hace falta la burguesía demócrata constitucionalista moderada con una Constitución moderada. Pero la burguesía sola no es capaz de vencer; le hace falta la ayuda del proletariado. El proletariado debe ayudarla, pues él no tiene con quién contar -ni siquiera con el campesinado-, como no sea con la burguesía moderada. Mas, para ello debe abandonar su intransigencia y, tendiendo la mano a la burguesía moderada, luchar al lado de ella por una Constitución demócrata constitucionalista moderada. Lo demás vendrá por sí solo. El Partido, que ve la garantía del triunfo de la revolución en la lucha de los obreros y los campesinos contra la burguesía moderada y los terratenientes feudales, se equivoca.

En una palabra: en lugar del papel dirigente del proletariado, llevando tras de sí a los campesinos, el papel dirigente de la burguesía demócrata constitucionalista, manejando a su antojo al proletariado.

Tal es la “nueva” táctica de los mencheviques de Tiflis.

A nuestro parecer, huelga examinar todo este vulgar batiburrillo liberal. Bastará señalar que la “nueva” táctica de los mencheviques de Tiflis es la liquidación de la táctica del Partido confirmada por la revolución, liquidación que exige la transformación del proletariado en apéndice de la burguesía demócrata constitucionalista moderada.

Publicado por primera vez con la firma de K. S t. el 25 de mayo (1 de junio) de 1910 en el núm. 2 de “Diskussionni Listok” (suplemento al periódico “Sotsial-Demokrat”).