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EX-ANTE EVALUATION

In document OPERATIONAL PROGRAMME (Page 184-190)

Las cifras de actividad femenina evidencian el aumento cuantitativo de la participación de mujeres en el empleo, pero el aspecto más singular de esta evolución es el cambio en el significado del trabajo, la importancia que éste ha cobrado en la vida de las mujeres. El trabajo estructura la vida de las mujeres, es lo que les da el perfil social de sí mismas, es en él donde buscan su identificación más que en sus situaciones familiares o de pareja (Alberdi, 1999). Además de la razón fundamental de cubrir las necesidades económi- cas que induce a las mujeres a buscar un empleo, el valor subjetivo que apor-

ta la ocupación va más allá de lo que el trabajo supone materialmente para ellas o sus familias porque proporciona un pilar básico de independencia personal y autoestima.

La mayoría de las mujeres jóvenes desechan el modelo de sus madres, o de las mujeres tradicionales, y quieren ser personas completas, con una esfera familiar y otra esfera productiva y pública. Por lo tanto están dispuestas a hacer los esfuerzos necesarios para conseguir una vida propia y polifacética. A pesar de las dificultades que tienen que superar para encon- trar y mantener un empleo, las mujeres no se desmotivan, sino que apuestan por su propia capacidad de forjarse un lugar en el mundo del trabajo. Estas mujeres reconocen el enorme cambio que se ha producido en la sociedad a raíz de su voluntad de trabajar fuera del hogar y conquistar nuevos terrenos que antes les estaban vetados, y valoran positivamente el cambio aunque estén viviendo situaciones de desajuste, conflicto e incluso discriminación.

En este sentido, la ruptura con respecto al modelo de conducta de sus madres es clara y se convierte en el hilo conductor de la explicación que dan a su situación actual, al proceso de cambio y a sus dificultades de encontrar su propio camino, siendo la incorporación al trabajo el eje clave de los cambios.

«Generacionalmente, yo creo en la incorporación de la mujer al tra- bajo. No te sirve el espacio de tu madre, tienes que coger uno nuevo.»

«Las mujeres han pegado un cambio de 180º, no tiene nada que ver con cómo vivía mi abuela; yo con mi madre me siento un poco más unida porque mi madre ha trabajado.»

Lo interesante es que no sólo son ellas las que ven así las cosas, sino que también sus madres lo ven del mismo modo, y aunque no se hayan incorporado al cambio ven claramente que éste pasa por la actividad laboral. El trabajo significa tener una vida propia, y lo que se ve como una «vida propia» se relaciona con la independencia. La libertad personal, evidente- mente, empieza por tener unos ingresos propios, con la capacidad que tenga una persona de mantenerse a sí misma sin necesidad de depender de otra persona, sin sujeción de tipo material. La independencia económica implica una suerte de liberación con respecto a la dependencia del padre o de un marido que han sido históricamente los mantenedores de las mujeres.

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«Mi madre o muchas de las madres ya han visto cómo era el futuro, quiero decir; sé tu misma, sobre todo coge tu independencia, sobre todo haz- te tu vida.»

La importancia que adquiere el trabajo fuera del hogar como fuente de independencia se completa con la idea acerca de la vida propia y el enri- quecimiento personal que se asocian al empleo por parte de las mujeres. Hasta hace poco no se hablaba del trabajo como realización personal. Es en este sentido en el que se revaloriza la actividad laboral por lo que tiene de alternativa al mandato tradicional, natural, genérico de que la vida femenina se justifique en su dedicación a la familia y la procreación. Como respuesta a esta asignación tradicional de rol doméstico, las mujeres reivindican sus actividades económicas como realización de una vida más propia y más per- sonal, más inventada por ellas mismas y más individualizada.

«Si eres mujer trabajadora yo creo que te valoran más.»

El trabajo fuera del hogar no sólo aporta independencia económica, sino que dota de contenidos y experiencias propias a las mujeres. Sirve para darles un sentido de estar en el mundo, de abrirse a realidades y relaciones más amplias.

«Ahora la mujer no es sólo una madre y esposa, es una persona y se realiza como persona, tiene sus propios intereses, tiene su vida profesional, creo que se ha enriquecido.»

En las sociedades modernas, el individuo reflexivo cuestiona su iden- tidad separándose de lo que es dado por la naturaleza y rechazando el fatalis- mo de lo adscrito. Para las mujeres que construyen su identidad a través de lo que hacen y de su propio discurso, el modelo heredado de mujer definida por su vida familiar y afectiva es un molde opresor y anacrónico. Quizás no son conscientes del salto prometeico que están protagonizando; sin embargo, manifiestan abiertamente la insuficiencia de la vieja identidad. Lo interesan- te de la situación, en contraste con movimientos de rebeldía del pasado, es que estas mujeres no quieren renunciar a ninguna de sus posibles facetas, quieren abarcarlas todas, no quieren ser sólo madres y tampoco quieren el extremo opuesto de ser sólo profesionales.

Este sentido del enriquecimiento personal que produce el trabajo fue- ra del hogar tiene que ver también con otros aspectos del mismo que tienen un inmenso valor para las mujeres, como el ser origen de sociabilidad y comunicación. El trabajar se considera satisfactorio porque aporta a las mujeres una serie de beneficios psicológicos, aparte de la valoradísima inde- pendencia económica. Uno de los aspectos más apreciados del trabajo extra- doméstico es justamente su condición de ser externo al hogar y de forzar a las mujeres a salir de su entorno inmediato y relacionarlas con el exterior. La sociabilidad, como posibilidad de comunicación, es uno de los aspectos más importantes para entender ese sentido de crecimiento personal que tiene el trabajo. Las múltiples relaciones que se establecen en el ámbito exterior sig- nifican la posibilidad de dialogar, de sentirse parte de un equipo, de ampliar los propios conocimientos e incluso de formar amistades. Éste es uno de los sentidos más gratificantes que se dan al trabajo.

«(En el trabajo) compartes opiniones con gente diferente.»

El sentido de enriquecimiento personal también tiene que ver con los estímulos que presenta el desempeño de una ocupación. El trabajo cada día puede traer nuevas experiencias, incluso se pueden presentar problemas imprevistos que suponen un reto. Sean sorpresas agradables o sean retos que precisan audacia e ingenio para ser resueltos, los estímulos actúan como incentivos vitales que hacen de cada jornada algo nuevo. Hay que tener en cuenta que todo lo que el trabajo implica se examina, se mide y se valora con una referencia constante a los posibles ejemplos alternativos de la vida doméstica. Cuanta más responsabilidad y capacidad creativa tenga la traba- jadora, más excitante será su experiencia extradoméstica y, posiblemente, más aburrida parecerá la labor doméstica en comparación. El elemento de estímulo es lógicamente más frecuente en los empleos altamente cualifica- dos: cuanto más preparada esté una mujer más estimulante puede ser su puesto, mientras que, previsiblemente, en un trabajo de baja cualificación y con escasa capacidad decisoria los retos y estímulos serán mucho menores.

De una forma similar a como ocurre entre los trabajadores varones, las responsabilidades y capacidad para la resolución de problemas en el traba- jo pueden contribuir al desarrollo de la personalidad. El esfuerzo y la supera-

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ción de obstáculos, que se reconoce como mérito en los ámbitos de trabajo, incrementan enormemente la autoestima de las mujeres, la sensación de ser capaces y de poder sentirse orgullosas de sí mismas. La construcción de la autoestima será tanto más fácil cuando su capacidad se vea premiada con el reconocimiento e incluso la recompensa económica objetiva y palpable.

«Yo pienso en el trabajo, el sentirme realizada en el trabajo. No voy porque sí, sino porque me gusta, y luego en la vida, en el ámbito personal con los demás.»

Todos estos elementos de enriquecimiento, estímulo y superación personal que aportan ciertos trabajos pesan tanto en la balanza vital de un creciente número de mujeres que el trabajo se convierte en una necesidad, en una prioridad dentro de su vida. Para las mujeres con una fuerte orientación profesional, su trabajo incluso se convierte en condición previa y necesaria a todas sus demás relaciones; sólo si se sienten satisfechas con su trabajo, podrán estar bien en su interior y en el mundo.

«El trabajo es importante en mi vida personal, para mí.»

«Yo no puedo vivir si en el trabajo no estoy bien. Para mí es muy importante, aunque no siempre es la panacea.»

«La decisión fue hacer lo que realmente quería hacer, que es la res- tauración. Por eso me fui. Supongo que es cuando primero te sientes realiza- da, luego también puedes estar bien con la pareja, contigo misma, con la gente que te rodea.»

El trabajo fuera del hogar puede convertirse incluso en la esfera de satisfacción y tranquilidad donde se refugian las mujeres de sus problemas, una protección frente a las tensiones familiares.

«En casa es tanto el estrés que estás siempre con niños tan peque- ños, que te tienen absorta, que estás continuamente pendiente, que cuando uno no se cae, el otro está rompiendo una cosa, que estás todo el rato. Y en el trabajo es como si se te relajara un poco la cabeza, puedes hacer lo que quieres. Es más personal, puedes ser tú misma, estás realizando algo que te interesa.»

«Yo que he tenido niños, uno cada año, estaba muy a gusto cuando estaba con ellos, pero reconozco que cuando he regresado al trabajo ha sido como una liberación.»

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