2.5 Solution Methods on the TDMCP
2.5.2 Exact methods under the discretization scheme
Una de las consecuencias del fracaso de los ejércitos árabes en 1967 fue la radicalización de los feda’yeen en los campos de refugiados donde se hacinaban miles de palestinos desplazados. Hasta 1956, los campos de refugiados palestinos en Gaza y la Ribera Occidental eran un arma propagandística más contra el Estado de Israel y sus aliados, pero en la segunda mitad de la década de los 50 los campos comenzaron a servir otros propósitos. Alentados por el movimiento panárabe de Nasser y los grupos pro- islámicos de las Universidades de Cairo y Alejandría, los campos de refugiados se convirtieron en el semillero de organizaciones radicales de feda’yeen, guerrilleros dispuestos a matar y morir por la liberación de su tierra.
Para 1964 los grupos de feda’yeen se habían multiplicado sin control alguno: los había de todos los colores del espectro político. Desde el “Frente Popular para la Liberación de Palestina” (FPLP) del Dr. George Habash cuyo objetivo era crear un Estado palestino marxista; a la “Hermandad Musulmana” de Hassan al-Bana que preconizaba el uso del terrorismo contra los enemigos del Islam; el Al-Fatah de Yasser Arafat cuyo objetivo era –como indica su nombre- conseguir la victoria en la guerra contra Israel y crear una Palestina democrática donde los judíos constituyeran una minoría religiosa protegida; el Frente Democrático para la Liberación de Palestina basado en las guerrillas maoístas; el grupo pro-sirio al-Saika; el Frente Árabe Palestino con simpatías y apoyo Iraquí; y el pro-egipcio Abu Nidal.
Con el objetivo de unificar los esfuerzos de todos estos grupos guerrilleros, en 1964 el Presidente egipcio Nasser decretó la creación de una coordinadora para la ayuda financiera de los países árabes: la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) bajo el mando del impopular al-Shuqayri. En sus inicios, la OLP fue una agrupación plural de organizaciones que luchaban por el liderazgo y crédito de los minúsculos atentados que les permitían sus medios económicos. Pero tras la derrota de la Guerra de los Seis Días el rol de la OLP cambió radicalmente. Dispuestos a distanciarse de las humillaciones militares sufridas a manos de Israel sin encender la ira de los radicales que veían en la “Causa Palestina” una bandera de lucha contra el imperialismo occidental, los Países de la Liga Árabe decidieron abandonar la guerra tradicional contra Israel y financiar las tácticas menos ortodoxas, más eficientes y baratas de los miembros de la OLP.
Así, en 1969 la maltrecha y humillada Liga Árabe publicaba el acta constitutiva de la OLP fijando como su objetivo primordial la reconquista de Palestina. La estrategia beneficiaba por partida triple a los gobiernos árabes que no sólo se ahorraban la posibilidad de una nueva humillación a manos de Israel (que ya vimos llevó a la caída de varios monarcas y gobiernos árabes), sino que les permitía usar a los palestinos como carne de cañón de sus propias guerras contra Occidente. Un tercer beneficio oculto era que, al fijar como objetivo la reconquista de Palestina, disimulaban la pérdida de los dos territorios – Gaza y la Ribera Occidental- donde crear un Estado Palestino hubiera sido viable hasta 1967.
Aunque originalmente diseñada para ser una organización guerrillera al estilo del Viet Cong, la OLP se convertiría en una organización terrorista pues sus miembros –George Habash del FPLP y Yasser Arafat de al-Fatah- sabían que, al carecer de armas y apoyos reales entre las naciones árabes, su mejor opción era involucrar a la comunidad internacional en su lucha por deshacer la “injusticia del 48”. Y es que, a diferencia de la guerrilla cuyo objetivo es la violencia física contra un grupo humano específico (los judíos, los capitalistas, los partidarios de Mao o Diem), el terrorismo privilegia la violencia
psicológica al atacar blancos civiles y crear víctimas al azar (McDonald’s, el vuelo 215, el camión escolar) para transmitir a la sociedad el mensaje de que nadie está a salvo mientras el problema por el que lucha el terrorista no se haya solucionado.
En ese sentido, el terrorismo palestino es sobre todo una estrategia mediática pues, como bien dice Carlo Pizacana, se trata en esencia de un teatro en busca de una audiencia mundial, una estrategia de medios para publicitar su causa y conseguir apoyo más allá de sus fronteras. Y como los medios –en especial la TV- suelen privilegiar lo espectacular por encima de lo racional, el terrorismo buscará generar titulares que le garanticen atención. Si a eso le añadimos que el “umbral de tolerancia” de los seres humanos convierte muy pronto lo espectacular en “normal”, llamar la atención requerirá actos cada vez más atroces (piensen por ejemplo en lo que sintieron/pensaron al ver por primera vez los atentados del 11 de Septiembre y lo que, tras diez mil repeticiones televisivas piensan/sienten hoy ante esas mismas escenas). No por nada el líder kurdo A.R. Gassemlou –que en los 80s lideró una heroica y fallida revuelta contra Khomeini- alguna vez bromeó que “esperaba la prensa no despreciara su lucha porque se negaba a usar tácticas terroristas” (y dicho sea de paso: ¿quién de ustedes sabía de la existencia de Gassemlou?)
Viendo que sus aliados ponían pies en polvorosa tras la derrota del 67, los grupos de feda’yeen de la OLP asilados en Jordania comenzaron a utilizar los recursos financieros que recibían de los países árabes y el entrenamiento de la KGB soviética para perseguir su propia estrategia. El primero en tomar la iniciativa fue el FPLP de George Habash que el 23 de Julio de 1968 envió a tres miembros de su organización a Roma a secuestrar el vuelo 426 de El Al (Aerolíneas de Israel) con rumbo a Tel Aviv. A cambio de la vida de los 38 pasajeros y los 12 miembros de la tripulación, los terroristas exigieron –y obtuvieron- la liberación de 15 árabes presos en cárceles israelíes. Tras 20 años de lucha, esta sería la primera victoria de la Causa Palestina. Cuatro meses más tarde, alentada por la victoria de su táctica, el FPLP intentó un nuevo secuestro aéreo en el aeropuerto de Atenas. Aunque el atentado fracasó, los israelitas estaban decididos a frenar el terrorismo aplicando la ley del talión. El 30 de Diciembre, en una operación quirúrgica de Inteligencia Militar, dos helicópteros aterrizaron en el aeropuerto de Beirut y, tras evacuar a los pasajeros y al personal de vuelo, destruyeron los 13 aviones de las diversas líneas áreas árabes que encontraron en tierra. El mensaje quedaba claro: Israel atacaría a cualquier nación árabe que diera asilo o apoyo a terroristas palestinos. Mientras tanto, en el frente diplomático, intentando distanciarse diplomáticamente de las atrocidades de la FPLP, la Liga Árabe nombró a Yasser Arafat dirigente de la OLP. A lo largo de 1969, los atentados de la FPLP se multiplicaron y se hicieron más violentos: a dos secuestros aéreos (El Al y TWA) que arrojaron 1 víctima mortal, se sumaron la detonación de bombas en un supermercado israelita (2 muertos y 20 heridos) y el lanzamiento de granadas sobre las embajadas de Israel en Bonn y Bruselas, así como las oficinas de El Al en esa misma ciudad (sin víctimas). Pero el atentado más famoso del FPLP ocurriría entre el 6 y el 9 de Septiembre de 1970 cuando sus terroristas lograron secuestrar 4 aviones y llevarlos a territorio jordano. Tras evacuar a los pasajeros, los aviones fueron destruidos en tierra. Para mantener las apariencias de inocencia, las naciones árabes desconocieron a la FPLP (que sin embargo seguía recibiendo apoyo de la OLP) y, bajo presión internacional, el Rey Hussein de Jordania intentó negociar con los palestinos. A punto de perder la credibilidad internacional de su reino por las actividades de la FPLP y el activismo de la OLP en los campos de refugiados de su territorio, el 15 de
Septiembre el Rey Hussein ordenó un operativo militar masivo para expulsar a los guerrilleros palestinos de su territorio. Tras un breve peregrinaje por Libia, Arafat se instaló en el sur de Líbano donde fue bien recibido por la población Sunni y Shi’ita que –al asilar los campos de entrenamiento de la OLP- presionaba al gobierno católico a alinearse con la “Causa Palestina”.
Para vengar la expulsión de Jordania la OLP creó un grupo de elite armado, cuyos atentados no debían ser ligados directamente con Arafat. “La Mano de Septiembre Negro” o “Septiembre Negro” sería responsable de llevar el terrorismo a nivel internacional: al asesinato del Primer Ministro Jordano en Cairo le siguieron atentados en los aeropuertos de Frankfurt, Atenas y Londres, la Embajada Israelí en Bangkok y, quizá el más famoso operativo del grupo: el secuestro y masacre de los atletas israelíes en la Olimpiada de Munich en 1972.