Chapter 6 Analysis of WhatsApp Examples
6.4 Example 3: Buying shoes
¿Es que Dios ha rechazado a su pueblo?
De ningún modo, que yo soy israelita, del linaje de Abraham, de la tribu de Benjamín.
San Pablo, Romanos 11:1
Antes de adentrarme en el pensamiento del judío de Tarso, me gustaría dejar en claro varias cuestio- nes importantes:
1. Lamentablemente hoy asociamos el judaísmo con la observancia de la Torá. Y digo “lamen- tablemente”, porque entonces no podemos comprender otros tipos de teologías dentro del judaísmo que no se identificaran en forma absoluta con la Torá. Por lo que modificar el funcio- namiento de la Torá no implica necesariamente ir “contra el judaísmo” como nos quieren hacer creer algunos exegetas tanto del judaísmo como del cristianismo. Un judaísmo universalista podía sostener la ética judía sin el ceremonial nacional del judaísmo, el problema no era el ceremonial en sí mismo sino su carácter de legislación nacional. La pregunta clave era si el judaísmo se podía volver una religión internacional independiente del pueblo de Israel. 2. Otro asunto de importancia capital es el espíritu de interpretación del fariseísmo. Los fariseos
como grupo ideológico sustentaban las más diversas interpretaciones del texto de la Torá, por lo que una interpretación de la Torá del estilo de San Pablo se puede enmarcar tranquilamente dentro del contexto del judaísmo fariseo de la época.
3. Un judío que proponía la redención mesiánica consumada (es decir, la idea de que ya había irrumpido el Reino de Dios dentro de la historia) tenía que automáticamente comprender el funcionamiento de la Torá en términos mesiánicos. De allí que la idea de la Torá de Atzilut (Emanación), que significa que la Torá funcionaría de otro modo completamente distinto en la era mesiánica, seguramente era un elemento a considerar para comprender cuando Pablo hace referencia a la Torá en la Carta a los Romanos.
4. Las aparentes contradicciones del texto paulino (que expuse en mi trabajo anterior “El ju- daísmo de San Pablo”, Buenos Aires, 2003) y que identifiqué en su momento como una os- cilación entre el auditorio judío y el auditorio gentil, entiendo ahora que seguramente tienen una relación directa con la “Era Mesiánica” que había aparecido para estos judíos mesiánicos como Pablo. Por lo tanto, para Saulo de Tarso a veces la Torá funcionaba aún sobre el antiguo paradigma histórico del pueblo de Israel (y así debería funcionar para Israel en tanto nacio- nalidad), pero a su vez, aparecería el nuevo funcionamiento de la Torá (porque habría llegado
la era mesiánica) y por lo tanto, los gentiles tendrían la oportunidad de ingresar dentro de la Alianza a través de la fe en el Mesías de Israel. La Torá por lo tanto, fue el vehículo de co- municación de las grandes verdades divinas que se expandirían a todos los gentiles a través de la fe mesiánica. Sin embargo, para el pueblo de Israel continuaría existiendo la Torá en su legislación literal. Los que comprendan el sentido simbólico y oculto de la Torá llegarán a entender el funcionamiento mesiánico internacional de la Torá para los gentiles. Los gentiles no tienen que obedecer los mandatos de la Torá literal porque ahora la Torá funcionará dentro de su nuevo rol mesiánico. Este no es un problema que presenta Pablo, al que no se lo debe acusar de nada, sino es simplemente las consecuencias de la propia idea mesiánica dentro del judaísmo. Cualquier grupo mesiánico dentro de la historia judía terminó en un antinomismo radical como lo demuestra por ejemplo el estudioso Gershom Scholem cuando hace su estudio profundo del movimiento mesiánico de Shabbetay Zvi.
5. El problema de la Torá en Pablo es fundamental porque representa un tema relacionado con la estructura del pensamiento místico del judaísmo.
Lo que resulta paradójico de la historia del pensamiento judío de Saulo de Tarso, es que si bien él luchó para que los gentiles ingresaran dentro del judaísmo mesiánico con las mínimas observancias de la Torá, el cristianismo en Roma a partir del siglo II crearía diversas observancias con un carácter mesiánico, por ejemplo, los gentiles que no se circuncidaban no debían de observar la Pascua hebrea, pero luego se tuvo que crear la Pascua Cristiana para observar un ritual.
En realidad el cristianismo desde el siglo II hasta hoy tuvo que elaborar la “cristianización” del ceremonial judío.
Lo que aquí voy a demostrar (y en parte lo he expuesto en mi obra anterior El judaísmo de San
Pablo, Buenos Aires, 2003) es que la teología judía universalista de Saulo de Tarso que pretendió
la internacionalización del judaísmo mesiánico terminó un siglo después utilizada por los gentiles provenientes del paganismo e insertos en el cristianismo en formación para justificar la teología del reemplazo de Israel.
Saulo de Tarso aún hoy no es muy comprendido en sus aparentes contradicciones teológicas por- que sus interpretaciones son muy complejas45, y esta complejidad derivaba exclusivamente de los
problemas que debía resolver. Entiendo desde mi punto de vista personal, que la genialidad de aquella mente judía fue de tal nivel que jamás pensó las consecuencias de sus interpretaciones.
En realidad, entiendo que el éxito del pensamiento paulino se debe a varias razones:
1. Saulo (Pablo) fue un judío de la Diáspora y conocía perfectamente el territorio ideológico en el que se movía.
2. Las sinagogas de las congregaciones de la Dispersión habían, hace años, admitido a los genti- les sin circuncisión dentro de sus actividades comunitarias. Solamente les faltaba el coordina- dor y el teólogo que justificara debidamente su inserción.
3. El Imperio Romano respetaba jurídicamente las actividades religiosas del judaísmo, y esto permitía que la expansión hacia los gentiles se pudiera ir realizando progresivamente.
4. Saulo de Tarso (según él mismo manifiesta) fue un alumno del Rabí Gamaliel (el nieto de Hi- llel el anciano) de una de las más importantes escuelas del fariseísmo. Por lo que entendemos que era un joven muy estudioso de todas las tradiciones del judaísmo del sector más liberal. Seguramente las posiciones hilelitas eran más proclives al universalismo judío que las posi-
45 El problema de la Torá en San Pablo se puede leer la obra “Guía para entender a Pablo de Tarso: una interpretación del pensamiento paulino” por Antonio Piñero, editorial Trotta, Madrid, 2015.
ciones shamaítas mucho más cerradas.
5. El judaísmo helenístico que ya no se sentía plenamente identificado con la tendencia naciona- lista de Judea necesitaba un portavoz en el terreno práctico (en el terreno filosófico ya Filón de Alejandría había cumplido este rol, como lo entiende muy bien Dr. José Montserrat Torrents). 6. Saulo de Tarso no fija un sitio central para sus actividades, sino que se va moviendo en forma dinámica en todas las congregaciones y va dejando en cada una de ellas diversos representan- tes de su línea de pensamiento para que actúen en forma autónoma y pueda ir creciendo un liderazgo independiente de su personalidad. Sus cartas son en realidad “las bases ideológicas del universalismo judío de tipo mesiánico” que iban recibiendo sus diversos representantes. La ventaja que le otorgaba el judaísmo en este sentido fue la importante red sinagogal que lo recibía en cada ciudad. Saulo de Tarso no llegaba solo a cada ciudad, sino que ya allí disponía de una congregación hebrea dispuesta a escucharlo (jamás pensando que a partir de su prédica se crearía una nueva religión)
¿Qué oían los judíos helenistas y los hijos de los matrimonios mixtos y los gentiles dentro de las sinagogas? Por primera vez escuchaban lo que históricamente necesitaban. El discurso de Saulo de Tarso fue creado en función de las necesidades históricas y llegó en el momento oportuno. Los judíos helenistas que ya no observaban de un modo estricto la Torá encontraba en las leyes de Noé una salida a su situación, los gentiles eran judíos del corazón y por supuesto, los hijos de los matrimonios mixtos se podían sentir plenamente identificados con el pueblo de Israel. El Mesías de Israel siendo nacional y universal terminaba con las diferencias.
Cada rabino en cada una de sus congregaciones interpretaba tradicionalmente las palabras de la Torá y realizaba la típica narración, cuando llegaba el judío Saulo de Tarso y ajustaba sus enseñanzas y las narraciones de la Torá con el objetivo de justificar la posición jurídica de los gentiles en el seno del judaísmo producían innumerables adhesiones. Miles de judíos helenistas, hijos y nietos de matri- monios mixtos, y gentiles semi-judaizados aceptaban el mensaje de Pablo como la expansión natural de la fe de Israel en los tiempos mesiánicos.
Toda la Biblia hebrea está llena de elementos universalistas porque siempre la pretensión del Dios de Israel fue la de convertirse en el Dios de toda la humanidad. Sin embargo, nadie se había tomado el trabajo de sistematizar debidamente toda la información que contenían los textos del judaísmo para adaptarlos a un auditorio sinagogal.
Las tesis de Filón de Alejandría46 eran demasiado filosóficas para las masas. Filón había escrito
para la elite intelectual judeo-griega, Saulo de Tarso hablaba para las masas, y estas masas judeo- helenistas provenientes de la gentilidad tenían que tener un lenguaje muy ajustado a su situación.
Saulo de Tarso comprendió en primer lugar, cuáles eran los problemas a resolver, y a partir de allí trabajo para elaborar un tipo de teología judía universalista que permitiera resolver estos problemas. En algunos casos se forzaban mucho las interpretaciones de la Torá, pero en todos los casos no se introducían pensamientos extraños provenientes de la mitología griega o de otras culturas, el trabajo exegético de Pablo se ceñía exclusivamente a la letra bíblica. Esto constituía un elemento fundamen- tal para que el auditorio judío (muy alfabetizado), sintiera que las explicaciones teológicas paulinas sosteniendo un judaísmo universalista no se encontraban en contradicción con la Torá47. Se podía o no
estar de acuerdo con las interpretaciones de Saulo de Tarso, pero el debate se encontraba dentro del marco estrictamente judío. Aquí no existía una discusión de dos religiones separadas, porque aún no existía la conciencia de un debate interreligioso, sino de un debate inter-judío. El debate se centraba entre el mesianismo universal judío y el mesianismo nacional.
46 Obras completas de Filón de Alejandría [Buenos Aires: Acervo Cultural], 1975.
Podemos decir, sin lugar a equivocarnos que Saulo de Tarso logró crear un judaísmo mesiánico y universal de tal potencia que al tomar a mediados del siglo II una fuerza tan inusitada proclamo su independencia religiosa de su matriz.
El universalismo judío de Pablo en manos de los gentiles (que para fines del siglo II eran la mayo- ría de las congregaciones) se convirtió en un universalismo gentil no-judío. Y todas las ideas prove- nientes del universalismo judío que permitieron a Saulo de Tarso alcanzar su objetivo de incorporar a los gentiles a la raíz de Israel, terminaron siendo utilizados por los nuevos jefes provenientes del gentilismo para crear una teología mesiánica del reemplazo del pueblo de Israel.
El proceso entonces fue el siguiente:
1. El universalismo judío versus el nacionalismo judío
2. La entrada de los gentiles se produce por la teología universalista judía de Pablo
3. Los gentiles alcanzan la mayoría y toman el control del original movimiento judío mesiánico. 4. Comienzan las interpretaciones (para el siglo II) de los nuevos jefes gentiles (Marción, Justi-
no, Aniceto, Clemente de Alejandría, Tertuliano, etc.) que para obtener la independencia reli- giosa del cristianismo de su religión madre (el judaísmo) comienzan no simplemente a mostrar sus diferencias sino también a atacar al pueblo judío en su conjunto.
Se dio entonces la triste paradoja que si toda la teología paulina de universalismo mesiánico judío fue utilizada para que los gentiles fueran admitidos dentro del judaísmo, esta misma teología paulina iba a ser distorsionada para rechazar a los judíos y condenarlos masivamente como asesinos del Me- sías de Israel.
El judaísmo (paradójicamente) trabajó a través de su universalismo para admitir a aquellos (los gentiles) que solo un siglo después tratarían no solamente de diferenciarse religiosamente sino de atacar al judaísmo (la raíz de los gentiles como lo expondrá Pablo en Romanos 11). El judaísmo universal de aquellos primeros nazarenos abrió las puertas de las sinagogas a miles de gentiles, que unos siglos después desconocerían sus propias raíces. Todo el desarrollo teológico posterior del cris- tianismo no será ni más ni menos que agregados adicionales al edificio teológico construido por el judío de Tarso.
Intentaré sintetizar los asuntos más importantes de la teología paulina a la luz del judaísmo, y en función de la resolución de las necesidades históricas del momento:
1. El tema fundamental: la incorporación de los gentiles a la fe de Israel
2. El segunda tema que se derivaba automáticamente del anterior era como sostener la preemi- nencia del pueblo de Israel sobre los gentiles cuando estos últimos hubieran ingresado. 3. El tercer asunto importante como unificar ideológicamente a los dos grupos en un mismo gru-
po.
El elemento de unión era la fe en el Mesías de Israel que había llegado a ser el Mesías de todos los pueblos. Esta “fe” uniría a los dos grupos. Sin embargo, ¿Cómo funcionaría la Torá? Si la Torá era la legislación del pueblo judío, esta legislación no debía ser obstáculo para la expansión de la idea mesiánica. Por otra parte, dentro del judaísmo era compatible la cantidad de judíos creyentes en el Mesías Jesús con el sostén de la Torá. Todos los tipos de mesianismos existentes, sean los mesianis- mos de tendencia nacionalista como los universalistas no atacaban (en principio) la observancia de la Torá. Por otra parte, dentro de la Torá existen los elementos éticos universales para todos los pueblos, y existe el ceremonial exclusivo de la Torá para el pueblo de Israel. La Torá pues, podría tener dos
tipos de funcionamiento, el primero, el de las observancias ceremoniales y morales para el pueblo de Israel en tanto sistema de regulación jurídico y político, y el segundo, el de las observancias mínimas de la ética judía para todas las naciones. Así que por una parte, la Torá podría no ser necesariamente un obstáculo para la expansión del movimiento mesiánico.
El segundo punto a considerar indudablemente era el gran tema de la “Circuncisión”. Este fue el tema de la obsesión teológica paulina48. Los gentiles se resistían a la circuncisión. Este rito, constituía
el elemento de ingreso de los gentiles formalmente al pueblo de Israel. Los judíos hemos sostenido históricamente este ritual durante miles de años. Sin embargo, existen contradicciones, porque la ley de Israel es que el hijo de madre judía es judío a pesar de no tener realizada la circuncisión. Entonces, si un judío es judío sin la circuncisión porque su madre es judía….¿Por qué motivos se exige que los gentiles que quieran ser judíos debían circuncidarse? Los hijos de madre judía son judíos indepen- diente de la circuncisión, por lo tanto, halajicamente no los hace “judíos” dicho ritual sino su genea- logía materna. Entonces el interrogante ¿Por qué se exigía a los gentiles el rito de la circuncisión si para ser judío se necesitaba una madre judía? Ahora bien, imaginemos la siguiente situación, miles de mujeres gentiles se convertían al judaísmo con la sola inmersión ritual, luego se casaban con hombres gentiles (no judíos) no circuncisos, sus hijos serían pues “judíos” hijos de madres judías conversas. Si estos hijos no tenían realizado el ritual de la circuncisión también eran judíos porque ya eran hijos de madre judía, y estas madres se habían convertido por la inmersión ritual. Por ejemplo, vamos a estu- diar el caso de Timoteo, era hijo de madre judía y por lo tanto, judío, pero un judío sin circuncisión. En este caso, siendo hijo de madre judía y siendo por lo tanto, judío, debía ser circuncidado, y por lo tanto Pablo lo circuncida.
Ahora imaginemos otro asunto más complicado, a través de las leyes de Noé49, los gentiles alcan-
zan la redención sin la circuncisión, por lo tanto, la Torá era de observancia para el pueblo de Israel, pero los gentiles por las leyes de Noé alcanzaban la salvación, y si comenzaban a crearse comunida- des mesiánicas de Noajidas (observantes de las leyes de Noé) que estarían unidas al pueblo de Israel por la fe en el Mesías. Indudablemente todas estas situaciones históricas se le fueron presentando a Saulo de Tarso y a Yosef Barnabas el levita a medida que iban predicando sinagoga tras sinagoga en su famoso primer viaje por la Isla de Chipre.
Por lo tanto, para comprender la teología judía universalista de Saulo de Tarso lo primero que de- bemos remarcar es el contexto histórico en que se encuentra el judaísmo del siglo I. De lo contrario, podríamos creer que las ideas paulinas son un invento de Pablo, y en verdad son ideas originales pero que surgen ajustadas específicamente al momento histórico en que se desarrollaban. La idea general de Saulo era indudablemente otorgarle solución al problema del status de los gentiles en las sinago- gas, pero al mismo tiempo que el judaísmo se constituya en una fe expansiva a través del Mesías de Israel. El “mesianismo” entiende Pablo es la fuerza básica del judaísmo, y la redención opera más allá de la Torá en tanto esta fuera considerada una ley nacional. Entonces, ¿cómo consideraba Saulo a la Torá? ¿Cómo una ley jurídica exclusiva para el pueblo de Israel o como una ética internacional para todas las naciones? Indudablemente la Torá funcionaba en ambos casos.
Sin embargo me gustaría analizar la relación de la observancia de la Torá y el rito de la circunci- sión. Saulo de Tarso entiende esta relación de un modo muy particular. Probablemente es el primero que analiza esta conexión de un modo tan original.
En primer lugar, ya hemos analizado el problema halájico de la circuncisión y su relación con la identidad nacional del judaísmo. Ahora vamos a realizar la especulación intelectual que realizará Pablo.
1. La Torá fue promulgada por Dios a Moisés en medio del Desierto, por lo tanto, fue entregada
48 Romanos 2:25.
como una legislación nacional. Esto suponía indudablemente que existía el pueblo de Israel (En Egipto) sin la observancia de la Torá. Existió pues un momento histórico donde el pueblo Israel como esclavo en Egipto continuaba manteniendo su identidad nacional en forma inde-