UTILIZING SYSTEMS DEVELOPMENT METHODS – A CONCEPTUAL FRAMEWORK
L. Vogelsang and F Kensing
4. Examples from the longitudional field study
Celanova, Allariz, Cambados, Astudillo, Medina, La Coruña (1959-1970)
¡La capacidad de persuasión de Herminio no tiene límites! Tenía resistencia a escribir pero al final he escrito diez cuartillas a mano.
No he podido en toda mi vida olvidar los años que pasé en los colegios salesianos de Celanova, Allariz, Cambados, Astudillo, Medina… y La Coruña, y tengo que decir que mis recuerdos siguen vivos, incluso cada vez más con el paso de los años. Me marcaron para siempre. Y puedo decir que para bien. Solo tengo buenos recuerdos y mucho agradecimiento.
Terminé las últimas líneas de Cuando era niño con mi llegada a Celanova y por Celanova comienzan mis recuerdos. Llegar a ese grandioso monasterio fue algo impresionante. Sus claustros y su Iglesia llamaron fuertemente mi atención. no salíamos del asombro cuando en pocos días fuimos descubriendo aquel lugar habíamos llegado.
No he olvidado nunca ni los nombres ni las caras de los primeros Salesianos: don Andrés Sanz, don Esteban de la Torre, don amador Pozo, y sobre todo don Lázaro Revilla, nuestro clérigo, asistente, profesor y guía.
Y los primeros compañeros con los que compartí tantas nuevas experiencias, sobre todo los de Zamora: de Villafáfila, Miguel Martín (que en paz descanse), Jorge Rodríguez y Daniel Ruiz, y Matías Calvo de Villarrín de Campos; también a José Manuel González y José Antonio Uña. Ya llegaron de León dos compañeros queridos: Senén y Hermenegildo, y dos de Galicia: Juan Manuel Arce y Eliseo Fernández. Recuerdo otras muchas caras pero no los nombres.
Al poco de llegar comenzamos a aprender canciones religiosas. La primera que recuerdo fue Ave maris stella, en gregoriano; todavía la puedo cantar. Y sobre todo las canciones del Adviento y Navidad: En clara vox redarguit, Rorate, cœli, desuper, Adeste fideles, etc....
Ensayábamos por la tarde noche al fondo de la Iglesia con una luz tenue y un armonio que tocaba don Lázaro y varios coadjutores: don Santiago y don Juan. Fue la primera Navidad lejos de nuestros padres y también la morriña estaba presente. Jesús, casi invisible, abajo a la izquierda en la plaza Curros Enríquez de Celanova.
Y después de todo, lo más duro fue el estudio del latín, declinando rosa rosae; y tantas asignaturas que en la escuela pasábamos por alto…
Pero también descubrimos el fútbol, las excursiones, las sobremesas, los coros, el teatro…
Celanova fue el comienzo de una etapa decisiva en nuestras vidas.
De aquí pasamos a la Villa de Allariz, sin salir de Orense. Allí nos juntamos los aspirantes del primer curso de Medina, Astudillo y Celanova.
De Allariz también hay muchos recuerdos y vivencias... Ante todo, nuestros superiores: don Tomás Díez, director; don Ángel, el catequista; don Eloy Rey, el consejero; don Albino, el confesor, y los clérigos don Félix García, don Anselmo Duque y don Bernardo Bodelón. Allí estaba el edificio central con las aulas y dormitorios y, enfrente, la Iglesia, que no formaba parte del colegio y hoy es una Iglesia más del pueblo. Se incorporaron nuevos compañeros. Recuerdo especialmente a Ángel Téllez, a los hermanos Labarta y a los hermanos de la Lama.
Tengo varios anécdotas en mi mente: la ironía de don Ángel, catequista. “Se ha parado… Y sigue parado…”. “Sitio, bandido. Cero”.
La “dureza” de don Eloy con la disciplina. Lo recuerdo siempre serio. Una vez me tiró la campanilla al pupitre para que dejara de mirar por la ventana; bueno, no fue nada, pero en sus clases atendía como el que más.
Recuerdo de manera especial la bondad de don Albino, su cicatriz profunda y llamativa, y sus aventuras en China.
De los clérigos hay que señalar la actividad desbordante de “Felisín” con el teatro y la literatura, y a don Anselmo, su pasión jugando al fútbol en el patio. A don Bernardo lo recuerdo tímido y callado. Por cierto hablé con él por teléfono hace unos años: vive en Barcelona y es de Hervedelo, un pueblo al lado Camponaraya. Es hermano de Casimiro que ha escrito en anteriores convocatorias.
De Allariz recuerdo cómo dos camiones de Coca-Cola entraron en el patio del colegio para qué degustáramos esta bebida que se hacía tan universal. ¡Menuda campaña de marketing!
En Allariz recibí también la visita de mis padres. Hacía más de un año que no me habían visto. Recuerdo qué comimos fuera del colegio en una casa cercana a la que solían ir las visitas, y allí probé las famosas almendras de Allariz.
Por cierto, os recomiendo que volváis de nuevo a visitar esta Villa: está considerada como uno de los pueblos más bonitos de España, famosa por sus tiendas de ropa de marca y sus casas de piedra con blasones y hermosas calles.
Y de Allariz a Cambados. Y de aquí sí se puede decir lo de Cuántas veces en la vida… La vivencia de los años pasados en Cambados daría para escribir muchas páginas y esto va a ser imposible.
Nombraré a todos los salesianos que recuerdo: don Olegario Salán: había sido el director y conocía a mucha gente en la zona; don Justiniano Septién, nuestro primer director: era de Santo Domingo de Silos; don Pedro Rodríguez y don Vicente Linares, los confesores; don Nicolás Ruiz: merecería un capítulo para el solo; don Martín Gómez, el “bueno de don Martín”; el gran don Benito Bercedo, para mí especial padre y guía, que sustituyó como director a don Justiniano… De los clérigos recuerdo a don Rudesindo Olmos, don Jerónimo Andrés, don Pablo Bartolomé, don Francisco Chomón, don Antonio Escaja. Se me olvidaban dos sacerdotes: don León Cartosio (muchas anécdotas y su imagen paseando por el pórtico…) y nuestro querido don Antonio Pérez Alén.
De los coadjutores había que escribir un capítulo largo dedicado al señor Ordóñez, Elías Cosgaya, don Ulpiano Pérez y don Estébanez. De todos podríamos escribir muchas páginas, pero tenían algo en común: buenas personas, buenos salesianos…
Mi paso por Cambados sí que me marcó, casi todo para bien; y hubo algún momento triste cómo fue el tener que repetir curso. En tercero caí enfermo y estuve bastante tiempo en la enfermería del Pazo. Don Justi llamó a mi padre, que vino a verme, y le convenció de que repitiera curso. Me costó bastante pero encontré nuevos compañeros qué me acogieron muy bien y siempre he considerado que fue una decisión sabia y acertada.
José Alfredo (1º), Jesús Castaño y Pedrosa (3º) y Julio López (de pie, 5º), en otra perspectiva de Cambados.
Mis recuerdos y vivencias son muchos imposible contar todo. Solo cuento algunos retazos.
Me operaron de apéndice en Pontevedra. Estando en clase de Historia con don Pedro, tuve un ataque de apendicitis y me operaron de urgencia. El señor Ordóñez me decía que me habían salvado de milagro. Llamaron a mi padre, pues les pareció el tema grave, pero aquí estoy…
También hice de recadero con la bicicleta al pueblo para hacer encargos pequeños…
También me llamaba el señor Ordóñez para ayudarle en la bodega y sobre todo llevé en andas a doña Dolores del Valle. El Ayuntamiento de Cambados le acaba de dedicar una calle y mi cuñado me compró un libro en gallego que acaba de salir sobre su vida.
¡Cambados Cambados…! Vi el mar por primera vez. Y la playa de La Lanzada. Y las Rías Bajas.
Nota del editor: Recordamos lo que dice Anxo Martínez en Faro de Vigo (20.10.2008), cuyo original completo se puede ver aquí, sobre doña Dolores del Valle.
En 1902 compra la extensa parcela Manuel del Valle, un hispano francés cuya familia tuvo una influencia muy importante en el Cambados de la primera mitad del siglo XX. Del Valle tenía la intención de ceder el pazo a un hijo suyo pero la prematura muerte del joven echó por tierra estos planes.
Manuel del Valle, tras la muerte de su hijo, dejó la propiedad en manos de su esposa, Lucía Bechade, y de una de sus hijas, María Dolores del Valle Bechade, "la Francesa" [que fue soltera]. Ambas mujeres, que eran muy religiosas, donaron a la Iglesia dos propiedades situadas en el centro de Cambados, y que han tenido un gran protagonismo en la historia contemporánea de este pueblo, como fueron el solar sobre el que luego se construyó el teatro de A Xuventude, y la finca sobre la que durante varias décadas se asentó el campo de fútbol de A Mercede.
Pero no fueron éstas sus dos únicas donaciones, pues el 23 de marzo de 1943 cedieron gratuitamente el pazo de Serantellos, y su finca, a la comunidad de los salesianos, que por aquel entonces ya llevaba medio siglo asentada en Galicia. Apenas unos meses después, el 14 de octubre, 45 niños llegaron a este punto de Castrelo. Los Salesianos habían fundado un Seminario.
Jesús Castaño, porteador de Doña Dolores en 1964 con don Luis Ordóñez en presencia de don Benito.
Dejar Cambados para ir a hacer el noviciado a Astudillo suponía alcanzar una gran meta. Y lo conseguimos. Fue emocionante el paso por Requejo, mi pueblo de origen, y despedirme de mis padres. Allí comimos. Y hay fotos que lo atestiguan. Estábamos llenos de alegría.
Entrar en Astudillo y comenzar el noviciado es ya otra historia. Imposición de la sotana en Zamora… Un año de fervor y mística… Daría para un ensayo.
Y de allí a Medina del Campo. ¡Éramos filósofos! ¡Y empezamos a estudiar la filosofía en latín!
Para el doctor Pereira: “Philosophia: scientia rerum per ultimas causas naturali lumine comparata”. ¿Era así la definición de Filosofía? Y en Crítica: “Initium inquisitionem criticæ, nulla veritas cæca fidutia teneri debet, nec tamen realitas dubitandum est…” ¿Era algo así, no?
Bueno, yo ya no sigo. Otra vez será, que hay mucho más. Jesús María Castaño de León
Madrid, 7 de octubre de 2020
La primera comida que hicimos fuera de Cambados fue el 5 de agosto de 1965 en Requejo de Sanabria (Zamora) –de donde procedía Jesús Castaño–, camino de Astudillo para comenzar el noviciado. En ella podemos ver al párroco, don Pedro Fdez. Centeno, a la madre y hermana pequeña de Jesús y a don Rosendo.