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Exit trigger to withdraw from the market

Chapter 7: Business incubation and the internationalisation experience

7.4 Exit trigger

7.4.2 Exit trigger to withdraw from the market

Antes de analizar las formas de participación política, social y económica de la mujer en Huancavelica abordaremos brevemente el tema de género, que esta muy ligado al tema de investigación y a los roles que cumplen las mujeres hoy en día y como esto va limitando su participación en los diferentes espacios. El concepto de género aparece como un termino que ayudará a entender el rol que cumple la mujer a lo largo de la historia, este fue probado en la psicología por dos investigadores –Stoller y Money-

descubriendo que la asunción de las identidades de la mujer u hombre, dependían más de las formas en que los individuos habían sido socializadas y de la identidad asignada por los padres que los datos biológicos u hormonales.

Hablar de género es hablar de construcciones culturales realizadas en torno a la realidad biológica de la existencia de hombres y mujeres que se materializan en formas de inserción social, asignación de roles diferenciados, valoraciones y creencias, entre otros; es también hablar de la interacción entre ambos en sociedades especificas en tiempos históricos concretos, donde las relaciones entre géneros pueden ser igualitarias, complementarias o subordinadas.

De esta manera queda claro que hay una diferencia entre sexo y género. El primero apunta a los rasgos fisiológicos y biológicos entre la mujer y el hombre (diferencias físicas del cuerpo), y el segundo a la construcción social de las diferencias sexuales (aspectos psicológicos, sociales y culturales) lo femenino y lo masculino. Así el sexo se hereda y el género se adquiere a través del aprendizaje cultural. Esta distinción abre una brecha y se comienza un nuevo camino para reflexionar respecto a la constitución de las identidades de hombres y mujeres.

Con esto se puede decir que cada sociedad poseería un sistema de sexo/genero particular, es decir un conjunto de arreglos por los cuales una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana. Así cada grupo humano tiene un conjunto de normas que moldean la materia cruda del sexo y de la procreación.

Utilizamos una analogía para explicar esto: el dolor es dolor en todas partes, pero cada cultura determina cuál es el remedio adecuado para calmarla; de igual modo, el sexo es sexo en todas partes, pero lo que se

acepta como conducta sexual varia de cultura en cultura, el ser mujer u hombre es una construcción socio cultural, entonces sus definiciones varían de cultura en cultura.

Los análisis de género proponen que es preciso estudiar las relaciones entre mujeres y hombres toda vez que en la mayoría de las sociedades sus diferencias producen desigualdades. Aquí nos surgen otras preguntas ¿Hasta que punto las diferencias en el comportamiento de mujeres y hombres son productos del sexo más que del género? En otras palabras, ¿Hasta que punto se deben a diferencias biológicas?

Sobre este tema las opciones son radicalmente opuestas. Muchos autores sostienen que existen diferencias estructurales de comportamiento entre los hombres y las mujeres que aparecen, de una u otra forma, en todas las culturas. Algunos autores creen que los hallazgos de la sociología apuntan claramente en esta dirección. Por ejemplo, suelen llamar la atención sobre el hecho de que en casi todas las culturas los hombres, y no las mujeres toman parte de la caza y la guerra. Sin duda señalan, queda demostrado que los hombres poseen tendencias de base biológica hacia la agresión de las que carecen las mujeres. A otros no les impresiona este argumento. Afirman que el nivel de agresividad de los varones varia ampliamente de una cultura a otra: se espera que las mujeres sean más “pasivas” o “dulces” en algunas culturas que en otras (Elshtaín, 1987).

Consecuentemente, aducen, del hecho de que un rasgo sea

prácticamente universal, no se deduce que tenga su origen biológico. Pueden existir factores culturales de tipo general que produzcan tales rasgos. Por ejemplo, en la mayoría de las culturas la mayor parte de las mujeres pasan una parte significativa de su vida educando y cuidando a los hijos, lo que les impide tomar parte en la caza y en la guerra. Desde este punto de vista, las diferencias en el comportamiento de hombres y mujeres

se desarrollan principalmente mediante el aprendizaje social de las identidades femenina y masculina.

Varios autores se han dedicado a elaborar teorías explicativas referentes al proceso de socialización en que incurre el individuo en el transcurso del proceso bio-psico-social. La socialización se inicia desde antes que el niño o niña nazcan, bajo forma de expectativas sociales básicas, que asignan diferencias sexuales, interpretan como inevitable o natural que los hombres desarrollen el intelecto y las mujeres el afecto y la sensibilidad, que los primeros ocupen puestos de mando y las mujeres posiciones de dependencia, y subordinación. Así, estas especificidades de discriminación de la mujer son construidas social y culturalmente, es decir pueden y deben ser modificadas cultural y socialmente “no deja de ser un olvido: no abandonar nuestro sexo, sino reconstruir nuestro género” (Kirkwood, Julieta, citada por Guiddens; 1997)

Los patrones de género forman parte de los sistemas en que el sujeto se apropia; en este proceso de apropiación es que hombres y mujeres van construyendo su identidad y cotidianeidad. Los niños y niñas son inmersos en diversas instancias de socialización primordialmente en la familia, la escuela, la iglesia y los medios de comunicación, entre otros. De tal manera, que el grado de asimilación de patrones influirá en el mayor o menor grado de acercamiento a lo masculino o femenino. El género viene a ser quien distribuye o asigna espacios, tiempos, dominios entre hombres y mujeres; y es el determinante de la vida pública y privada de los mismos (Morel Crassilovsky, Judith, 1997)

Ahora bien; hablar de género conlleva necesariamente a hablar de identidad, como lo menciona Jorge Larrain (1996): La identidad esta en permanente construcción y reconstrucción; pero no ocurre al azar, sino dentro de las relaciones y practicas disponibles y de los símbolos e ideas

existentes, para poder comprender y visualizar el rol de la mujer en la sociedad, retomaremos que la identidad femenina se construyen a partir de los modos de vida de la gente en la vida diaria, a su vez influyen sobre la manera como la gente se ve a sí misma y como actúa.

Se considera de vital importancia que para poder vislumbrar la

incorporación de la mujer en la esfera pública, es necesario aproximarnos a la construcción de la identidad femenina ya que hay una memoria histórica que a partir de la identificación de sus características sexuales que le son asignadas de manera diferencial en un conjunto de funciones determinaciones y características, económicas, sociales, jurídicas, políticas, psicológicas y culturales que configuran un tipo de relaciones de poder entre hombres y mujeres que determinan las oportunidades de desarrollo de las personas.

Es claro que para reconocer esa realidad es necesario tomar conciencia de las formas de vida de los hombres y las mujeres, es así que las conductas de ser hombre o ser mujer se aprenden bajo diferencias y esto repercutirá en los espacios de participación de la mujer a lo largo de la historia, y es así también que se han dado múltiples luchas, provenientes de diferentes grupos humanos discriminados por la cultura, la etnia, la edad, el genero, lo político, económico. Una de esas luchas se da frente a la discriminación por el sexo, la cual afecta básicamente a las mujeres en todo el mundo.