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Exogenous policy and calibration

In document Essays on optimal fiscal policy (Page 179-197)

Chapter 4: Tax smoothing in a business cycle model with

4.4 Quantitative implementation

4.4.2 Exogenous policy and calibration

Según IESALC-UNESCO (2008), a partir de la década de los 80 se presentaron importantes modificaciones políticas, sociales y económicas que indicaban la presencia de nuevas tendencias y profundas alteraciones en los sistemas educativos de la mayoría de los países de América Latina. A diferencia de lo que ocurrió en otros países del mundo en donde los modelos de Educación Superior se reconstituyeron bajo pautas de orientación hacia la diferenciación institucional, en la región latinoamericana las tendencias y los cambios hicieron referencia a un largo periodo de contracción de los recursos económicos, que provocó movimientos que alteraron de manera definitiva la relación de participación y de conducción de los sectores tradicionales de la Educación Superior, los que deterioraron fuertemente la capacidad de legitimidad de los órganos de poder, de sus propósitos y de sus estrategias. A partir de esas fechas, se dio inicio a un periodo de contracción económica de carácter general, conocido como la “década oscura o perdida” de América Latina, que se prolongó hasta el fin del siglo XX.

En contraparte, la transnacionalización de la Educación Superior en la región empezó a cobrar auge, impulsada desde las distintas sedes transnacionales de Estados Unidos, de Canadá, de España y de otros países, con la multiplicación de programas de educación a distancia y virtuales, con una oferta de títulos y grados que hicieron su aparición, sin ningún control o regulación. Sin embargo, las perspectivas económicas suscitadas por estas políticas no incidieron de forma estructural en el mejoramiento de la calidad de vida, ni en los indicadores generales de desarrollo humano, incluyendo el de sus niveles educativos; estos siguieron siendo precarios, por no decir menos.

Hacia mediados y fines de la década de los noventa el panorama no era muy diferente, aunque tenía algunos avances importantes. Según Guargua (2008),

El promedio regional de investigadores por millón de habitantes era apenas de 339, pero ya Cuba tenía 2.600 y algunos otros países como México, Chile, Brasil, Venezuela, Colombia, Costa Rica, Puerto Rico, Uruguay y Argentina empezaron a promover políticas explícitas de reconocimiento y promoción de masas críticas para un mayor desarrollo de la ciencia y la tecnología integrada a la creación de un polo, así sea pequeño, de producción de conocimientos. Con todo, la situación era la siguiente: mientras América Latina representaba el 8% del total de la población mundial, apenas representaba el 1,6% de las publicaciones científicas mundiales, el 0,2% de las patentes y el 0,2% del conocimiento aplicado (p. 160).

Según el Informe de la UNESCO y el IESALC sobre Educación Superior para el año (2008),

El 60% de la matrícula de Educación Superior en América Latina, se concentra en tres países: Brasil (28%), México (17%) y Argentina (14%). Le siguen en orden de importancia: Perú (6%), Centroamérica (6%), Chile (4%), Bolivia (2%), Caribe (1%). En términos de la distribución del número de estudiantes por áreas de conocimiento y carreras, se mantiene una fuerte tendencia a la concentración en ciencias sociales, empresariales y jurídicas, que llegan a abarcar entre un 35% (como en Argentina, Chile o Surinam), el 40% (como en Brasil, Colombia, Guatemala, México y Panamá), y hasta el

50% (como en El Salvador). En ciencias, la media regional es de alrededor del 10% y en algunos casos ligeramente mayor. Las Ingenierías fluctúan entre el 7% (Argentina) hasta el 29% (Colombia). No obstante, si se suman los porcentajes de estudiantes inscritos en las áreas de Ciencias Sociales y de Administración y Derecho, con los de Humanidades, Artes y Educación se llega a abarcar hasta más del 60% del total en la región (p. 30).

Los principales cambios ocurridos en la Educación Superior en las últimas décadas, han sido definitivamente la creciente heterogeneidad y diversidad de instituciones; el surgimiento de las megauniversidades en donde se concentran los desarrollos de ciencia y tecnología y el aumento de las instituciones de formación técnica y tecnológica; el crecimiento del número de estudiantes en instituciones privadas; el incremento de la investigación científica; el impacto de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación; el desarrollo de nuevas carreras y de nuevas áreas de conocimiento de base interdisciplinaria y la creciente importancia de la internacionalización. Estos cambios en la economía, asociados a la configuración de una sociedad del conocimiento hacen que el papel de las instituciones de Educación Superior en esa perspectiva se reconfigure para proponer nuevos modelos de formación, aprendizaje e innovación.

Otro aspecto analizado en América Latina, es la exclusión de la clasificación internacional en términos de conocimientos e innovación, llevando la región a caracterizarse por la recepción o imitación de conocimientos antes que por la innovación y creatividad, además del escaso interés del sector productivo en desarrollar una capacidad endógena en ciencia y tecnología, siendo definitivamente países consumidores. Por ello la comparación con otros países del mundo revela que América Latina tiene un desaprovechamiento de las condiciones de la actual transición hacia una nueva economía, para empujar hacia una sociedad de base de conocimientos.

Según Brunner (2005), respecto a la ciencia, la distancia entre Norteamérica y Suramérica es amplia y tiende a aumentar, en parte debido a la naturaleza misma de los avances científicos y tecnológicos en la era de la computación. Por ejemplo, los países desarrollados tienen casi diez veces más técnicos y científicos per cápita, especializados en investigación y desarrollo, que en los países en desarrollo (3.8 contra 0.4 por cada mil habitantes); además cuentan con laboratorios, equipos y materiales de alta calidad, docentes y estudiantes motivados y bien preparados y en especial, con un acceso al acervo mundial de conocimiento actualizado.

América Latina desde su estado actual de atraso en ciencia y tecnología, da muestras de querer establecer las bases para el logro de mayor competitividad internacional, apoyadas en el diseño e implementación de instrumentos legales en los cuales los sectores empresarial, estatal y académico pudieran confluir uniendo esfuerzos en lo que pudiera calificarse como un sistema de innovación, que se expresaría en cada país. Se reconoce que la generación y adopción de la tecnología y el logro y mejora consiguientes de la competitividad internacional constituyen procesos de naturaleza sistémica. (CEPAL, 2002).

En efecto, en la mayoría de los países de la región se argumenta a nivel del discurso, que hay una necesidad de desarrollar prácticas de innovación tecnológica como una forma de mejorar sus sistemas productivos ampliando las bases para los intercambios entre los diferentes sectores y agentes económicos; se propone especialmente hacer que cada sociedad se convierta en un espacio económico más competitivo en diferentes mercados, tanto a nivel nacional como internacional. Por el otro lado, hay poca tradición de acercamiento entre las comunidades de investigadores y los problemas locales de sus respectivos países. Esto, sin tomar en cuenta que la inversión interna con respecto al PIB de cada país ha sido tradicionalmente baja, pues mientras en los países desarrollados se invierte el 2% del producto interno bruto en investigación y

desarrollo, en Latinoamérica tan solo se llega al 0.5%. Sin embargo, muchos países como Argentina y Brasil, fomentan activamente el fortalecimiento de los lazos entre sus sectores académicos e industriales. Es así como en Brasil, gracias a esta interacción, se creó un combustible substituto que redujo a la mitad el precio de la gasolina para automóviles, la que fue reemplazada por fuentes de energía renovables y de origen nacional.

A pesar de los cambios importantes que han ocurrido, la región Latinoamericana todavía presenta bajos indicadores de desarrollo educativo en comparación con los países industrializados y persisten desequilibrios graves como la concentración de matrículas en pocos países y en áreas específicas de conocimiento, la distribución desigual de investigadores y el avance descontrolado del sector privado. Por otra parte, según la OIT (2004), de la población juvenil en edad de trabajar en América Latina en el año 2010, solamente estudia el 32% y de éstos solo el 40% termina sus estudios. De esta misma población, cerca de la quinta parte se encontraba trabajando o estaba buscando empleo, siendo una de las grandes barreras para no obtener un empleo la escasa educación.

Una característica en el inicio del tercer milenio se refleja en el cambio radical en los factores de producción; hoy las ventajas competitivas de las naciones ya no se heredan en la forma de riquezas físicas, sino que se construyen principalmente mediante la acción de un recurso humano calificado. Este elemento conduce a una reflexión inmediata de la educación, la formación profesional, la capacitación, la ciencia y la tecnología, la investigación y el desarrollo; son los eslabones fundamentales para aprovechar los recursos naturales y el capital en forma sustentable, y lograr hacer de nuestra sociedad y de nuestras empresas, entidades viables.

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