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4.6.1. Experiment 1: cantilever plate

La palabra canon se deriva del griego y significa una caña de medir o una regla. La usa la iglesia cristiana en el sentido de ser la regla, estatuto, o reglamento de lo que cree, especialmente en cuanto a los libros divinamente inspirados y aceptados como autorizados por la iglesia universal. La palabra se halla en tres pasajes del N.T. Gálatas 6:16; Filipenses 3:16; 2 Corintios 10:13-17. Fue Atanasio de Alejandría, cerca de 300 D.C., que primero aplicara la palabra canon al catálogo de libros inspirados de la Biblia.

El canon de las Escrituras del A.T. fue cerrado por Esdras y sus compañeros piadosos que formaron La Gran Sinagoga, cerca del 400 A.C. Lo dividieron en tres partes: (1) La Ley de

Moisés; (2) Los Profetas; y (3) Los Salmos o Escrituras Santas. (Véase Cap. 1). El canon del N.T. fue fijándose poco a poco por la iglesia cristiana durante los primeros dos siglos D.C. Desde el principio los cuatro Evangelios, los Hechos, trece Epístolas de Pablo, 1 Pedro y 1 Juan eran aceptados como canónicos por todas las iglesias, y no hubo duda acerca de su inspiración ni de su autoridad. Acerca de Hebreos, Santiago, 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Judas, y el Apocalipsis había poca duda en algunas iglesias. Podemos ver aquí con cuánto cuidado e investigación minuciosa la iglesia primitiva formaba su canon; y el hecho de que estos siete libros fueron últimamente aceptados como inspirados por todas las iglesias cristianas nos da mucha confianza en ellos. El canon de los 27 libros del N.T. fue confirmado por el Concilio de Cartago, 397 D.C.

Para formar un canon, es preciso tener lo siguiente: (1) Libros existentes. (2) Varios libros de un carácter semejante. No se puede hacer un canon de libros cuyas historias y doctrinas son distintas o contradictorias. (3) Una religión común. No se pueden proclamar dos religiones distintas en el mismo canon. (4) Una nación o un pueblo unido por sus instituciones religiosas y políticas. (5) Una literatura sagrada nacional. (6) Un sistema de fe y conducta nacional. No se halla un canon de las creencias o supersticiones meramente verbales. (7) Un idioma común. (8) El arte y práctica de escribir.

Algunos preguntan: ¿Por qué es necesario tener un canon de las Escrituras Santas? Podemos contestar: (1) Primeramente para que tengamos una revelación completa de Dios. La Biblia es (en un sentido) un Libro, todo inspirado por Dios, que explica al hombre pecador el plan de la salvación y la voluntad del Señor para su vida. Pero cada libro por separado tiene su lugar, y la revelación no es completa sin todos ellos. (2) En segundo lugar, es necesario para que tengamos la revelación escrita. Cuando vivían todavía los profetas o los apóstoles, ellos enseñaban a sus discípulos, y el mensaje de Dios iba esparciéndose oralmente. Pero después de que ellos murieron, y cesó la inspiración divina, era preciso que las generaciones siguientes tuvieran el mensaje en forma permanente para ser preservado. En 302 D.C. el Emperador Diocleciano mandó destruir todos los libros y documentos cristianos. Pues cuán necesario era que todos los cristianos supiesen cuáles eran los libros inspirados, para esconderlos y protegerlos. (3) La tercera razón por qué necesitamos un canon de las Escrituras Santas es para excluir los muchos libros espúreos que fueron escritos en los siglos después de Cristo, pero según declaración de toda la iglesia no tenían las señales de la inspiración del Espíritu Santo. En 330 D.C. el primer emperador cristiano Constantino, mandó hacer 50 copias de las Escrituras para ser colocadas en las iglesias de Constantinopla; y por esa fecha fue claramente establecido cuales eran los 66 libros que constituían el canon del A.T. Y del N.T.

En estas notas acerca de la Introducción Bíblica General no podemos explicar cómo cada libro fue investigado y aceptado como canónico, porque ese estudio viene en la introducción especial. Ahora empero vamos a dar unas notas acerca del tiempo cuando fue cerrado el canon del A.T. El cautiverio de Babilonia quitó la idolatría de la nación judía; y ellos volvieron a su país con un gran respeto por las Escrituras Santas y por sus líderes, Zorobabel, Esdras, Nehemías, Hageo, Zacarias, y Malaquías. Lee con cuidado todo el libro de Nehemías, notando cómo la gente apreciaba la palabra de Dios, y el espíritu de arrepentimiento y contrición que manifestaba en el capítulo 9, a pesar de que algunos habían traspasado los mandamientos de Dios contrayendo matrimonio con mujeres paganas.

Una cosa muy importante es que siempre nos acordemos de la obra continua del Espíritu Santo de Dios. Él no sólo inspiró a los escritores de los libros de la Biblia, sino también guiaba a los que arreglaron el canon y lo cerraron. Esdras, el dirigente de la segunda sección de la Vuelta del Cautiverio, no sólo era un sacerdote, sino también un hábil escriba, fundador del gremio de escribas que se conocían entre los judíos como abogados maestros, jueces, escritores, y copistas de las Escrituras, hasta el tiempo de Cristo. Esdras 7:6; 11:12, 21; Nehemías 8: 1, 4, 8,13; 12:26, 36. Los últimos escritores del A.T. eran Nehemías y Malaquías. Todos los 39 libros del A.T. fueron escritos antes de 430 A.C. Desde entonces (como el historiador Josefo testifica) no fue añadido nada al canon del A.T.

Después de la ascensión de Cristo, cuando todos sus apóstoles estaban en el mundo, su mensaje se esparcía verbalmente dondequiera que viajaban los cristianos. Para ellos la Biblia consistía en el canon del A.T. redactado por Esdras y garantizado por Jesucristo mismo muchas veces durante su ministerio. Pero poco a poco aparecían nuevos libros relatando la vida y las enseñanzas de Jesús, y mientras más se extendía la iglesia cristiana, más necesidad había de esos libros. Podemos notar tres razones urgentes para un canon autorizado (1) El deseo de los cristianos de tener en un volumen, el relato de la vida y ministerio de su Salvador. (2) La existencia de libros espúreos que salieron a la luz aun en el segundo siglo D.C. enseñando doctrinas falsas. (3) La traducción de sus libros en otros idiomas. ¡CUán importante, pues, que todos supiesen cuáles eran los libros canónicos, para excluir a todos los demás!

De los escritos de los Padres de la iglesia primitiva podemos notar las siguientes pruebas que usaban para declarar un libro canónico o no: (1) Si fue escrito por un apóstol o con su autoridad. (2) Si era leído en todas las iglesias y aceptado como inspirado (3) Si tenia ayuda y edificación para las necesidades espirituales del hombre. (4) Si toda la iglesia tenía el testimonio del Espíritu Santo que era autoritativo. Puestos a prueba de esta manera, los 27 libros que ahora tenemos en el N.T. fueron aceptados por todas las iglesias, y todos los demás libros rechazados.