Psicofarmacología
que fumar". Sus primos del norte le cambiaron la j por h, para pronunciarlo como se debe: marihuana (juana). Pero ni los mexicanos ni los yanquis la inventaron. En el Medio Oriente, desde tiempo inme- morial, se preparaba el "hashish" y cuando el sultán quería excitar el celo bélico de sus irapas, los hacía fumar esta substancia y los convertía en "hashishin", de donde viene la palabra "asesino".
El uso del cáñamo de la India, cannabis, marihuana o marijuana es muy antiguo desde Persia, India Antigua, Mesa- potamia y Grecia. En el antiguo Irán se llamaba Bangha, en la antiquísima
Mesopotamia se le decía gannapu y Castiglioni nos recuerda que, en el culto de Apolo, en Delphis, las sacerdotisas de Pitias daban respuestas en pleno éxtasis después de haber estado sentadas sobre un asiento de tres pies colocado sobre una grieta del terreno por la cual salían vapores narcóti- cos. Se cree que en la producción de estos humos jugaba papel el Cáñamo de la India.
Esta planta, conocida por los botánicos como Cannabis sativa y conocida por todos en la actual cultura occidental, fue introducida a la farmacopea europea desde el tiempo de Dioscórides dadas sus excelentes propiedades medicinales que han sido después opacadas por su uso ilícito en aprovechamiento de sus cualidades psicoac- tivas que en edades pretéritas eran empleadas con fines mágico-religiosos.
Los antiguos sacerdotes
sumerios son generalmente re-
presentados en las imágenes arqueológicas con un manojo de cápsulas de amapola (adormidera) que también aparece en las deidades de Creta como un importante elemento mágico-re- ligioso. Papaver somniferum es el nombre botánico de esta planta que durante mucho tiempo, y paralelamente a su disminución como elemento mágico, se fue incorporando al uso médico por sus excelentes cualidades medicinales en el control del dolor y de la ansiedad. De la resina de las capsulas se derivó el opio y de
este útil elemento se derivó la morfina, la codeína, la papaverina, alcaloides que han servido con creces a toda la humanidad sufriente. Su uso posterior como droga hedonística en diversos grupos culturales; y los derivados químicos (heroína) a que ha dado origen, han hecho olvidar su noble origen en los antiquísimos templos.
Por otro lado, la familia de las solanaceas con la mandrágora, el beleño, las daturas y la belladona, con sus potentes alcaloides que ingresaron por la puerta grande a la medicina moderna, tienen también su origen mágico. Su presencia en ritos religiosos no está bien documentada aunque es evidente por sí misma en varias culturas. Pero su presencia en la magia demonológica y en la brujería maligna es abrumadora como podrá constatar el lector al revisar la historia de la brujería europea
Hay muchas plantas más que no revisaremos aquí en detalle: el nenufar de los egipcios, el cornezuelo de centeno, la harmala o ruda de Siria, el pituri de Australia y la docena de plantas mágicas de los curanderos y adivinos mexicanos entre los cuales sobresale el peyote, el ololiuqui, los hongos psylocibis y otros. Está claro además, que algunas civilizaciones guardaron tan bien el secreto de sus plantas mágicas que estaba prohibido nombrarlas o representar su figura en textos y documentos, tal como recalca Julie Davis en relación con cannabis.
Algunas de estas plantas mágicas parecen haber sido usadas ya desde más de dos mil años antes de Cristo, y entre ellas se encontraban la mandrágora, el beleño, la belladona y un tipo de grama (Lolium
termulentum) que era fácilmente parasitada
por el cornezuelo de centeno, el hongo alucinógeno que tanto torturó a San Antonio Abad.
La psicafarmaco-
logía, sin embargo, es una ciencia que no tiene ni
medio siglo de existencia. Durante el Congreso Mundial de Psiquiatría, en París, en 1950, no se dió ninguna importancia a
esta disciplina y recuerdo que en 1953, cuando visité varios centros farmacológicos en los Estados Unidos dando conferencias sobre la coca y la cocaína, un buen número de farmacólogos confundían coca con coco (coco nut) y con coco a (cacao). Todavía guardo como recuerdo un "slide" que era indispensable para explicar las diferencias!.
De una reconstrucción bona fide de un pasado obscuro y perdido en los misteros de la prehistoria, podemos deducir que la tendencia a utilizar el efecto psicoactivo de las plantas para provocar la alteración de los procesos concientes, es un elemento cultural que vino al continente americano en las migraciones paleolíticas y mesalíticas. El uso del hongo siberiano, como recalca Furst, fue importado hada la parte más septentrional de nuestro conti- nente. Pero, a partir de ese primer impulso, el hombre americano se dió de lleno con la ubérrima flora tropical de América y extendió sus conocimientos botánicos hacia una magia florida que casi no conoció límites. Los vegetales alucinógenos de
Eurasia no llegan a una docena. El hombre americano conoce más de un centenar.
Los sistemas religiosos de los pueblos nómadas, cazadores y recolectores son, como podemos ver, esencialmente chamánicos; y el chamán tiene que ser ellider intelectual, adivino, médico, poeta, músico, artista, profeta de la caza, del clima, de la cosecha y de la catástrofe, custodio de las tradiciones y sanador del cuerpo y del alma. Esto lo logra a través de mecanismos mentales donde la ampliación de la conciencia juega un rol fundamental. Y en la ampliación de la conciencia juegan un papel muy importante las plantas que
actúan valorizando y ampliando la base de su tentación de la cultura y no, como sucede en el hedonismo moderno, ayudando al irresponsable a huir de su cul- tura. En ese sentido, discrepamos totalmente de Eliade que llega a la conclusión, errónea en nuestro concepto, que estas plantas son solamente un subs- tituto vulgar del trancepuro el uso de intoxicantes es una innovación reciente y apunta a una decadencia de la técnica
chamánica... La intoxicación narcótica se usa para proporcionar la imitación de un estado que el chamán no es ya capaz de provocar por otros medios… es la decadencia o vulgarización de una técnica mística y es necesario señalar esta extraña mezcla de métodos fáciles o métodos difíciles de llegar al éxtasis místico…"
Creemos, con el mayor respeto por el genial estudioso del chamanismo mundial, que es mejor seguir llamando (como él mismo lo hace) al trance precipitado por substancias vegetales, no una técnica decadente, sino una técnica arcaica. Es decir, no un producto de la vulgarización o del deterioro de técnicas sofisticadas, sino la raíz arcaica de sistemas primitivos de ampliación de la conciencia a partir de los cuales evolucionaron técnicas más sofisticadas. Creemos con Schultes y Hofmann que el chamán o el curandero primitivo que hace uso de una substancia vegetal para penetrar en el mundo de los espíritus, y el hombre civilizado que en un profundo trance místico logra vivir experiencias sobrenaturales, tienen algo en común: ambos atraviesan por un estado psíquico excepcional. Desde luego, la con- troversia surge cuando queremos determinar si el estado inducido por una substancia química es básicamente idéntico al de un acto de introspección metafísica o si simplemente uno es la mimetización del otro.
En nuestra medicina tradicional, fuera de los sistemas de adivinación y diagnóstico cuyo posible mecanismo hemos esbozado ya, el uso de las plantas mágicas tiene una función que no es terapéutica en sí misma. Desde el comienzo de sus investigaciones, Seguín estableció que las plantas psicotrópicas no actuaban sobre los síntomas mismos, sino influían sobre la sugestibilidad y sobre la relación curandero-paciente.
Es un error común el creer que el tratamiento del aicoholismo mediante el sanpedro, un hecho comprobado y evaluado por Chiappe y su grupo, o el tratamiento del cocainismo mediante el ayahuasca, otro
La
experiencia
alucinatoria
hecho comprobado y evaluado por Mabit, pudiera comprarse en la farmacia para tomarlo tres veces al día sin mayores complicaciones. Por su mecanismo de ac- ción, estas plantas mágicas no actúan sobre ninguna enfermedad o condición mental.
Actúan solamente abriendo o facilitando canales de comunicación entre el paciente y la persona que lo trata. No es una terapia
farmacológica. Es una terapia facilitatoria de la comunicación útil entre el doliente y el que trata de ayudarlo.
En los trabajos de Mandell, Szara, Greenberg, Narasimhachari et al, Rosengarte et al y en la amplia revisión bi- bliográfica realizada por E.F. Domino, podemos estudiar gran parte de la evidencia que hay marchas químicas en el hombre que pueden llevar a la producción endógena de varios alcaloides alucinogénicos del gru- po de las alkilaminas indólicas que, independientemente, están en estas plantas mágicas y en la sangre de enfermos mentales, especialmente esquizofrénicos. Es a esos hechos hacia los cuales estamos ahora dirigiendo nuestra atención.
Hasta hace relativamente poco tiempo, la nomenclatura de estas substan- cias psicoactivas era tan caótica como la experiencia inicial del que se atreve a expe- rimentar su acción. Se llamaban delusionógenas, alucinógenas, delirantes, eidéticas, misperceptinógenos, mistico- miméticos, fanerótimas, fantásticas, psicóticas, psicógenas, psicosomiméticas,
psicotomiméticas, psicodislépticas, psicotaráxicas, psicotógenas, esquizógenas,
psicodélicas, etc.
A raíz de los trabajos de Delay, Bobon, Díaz y otros, empezaron los esfuerzos de clasificar las substancias que, en una forma u otra, tienen un efecto sobre el funcionamiento del sistema nervioso central. Se establecieron así, tres categorías: los psicoanalépticos, que son las subs- tancias estimulantes; los psicolépticos, que producen depresión o disminución de las funciones psicológicas; y los psicodislép-
ticos, que producen modificaciones
cualitativas y distorsionantes: Desde luego,
cuando se procede a una clasificación de este tipo de plantas, como recalca Díaz, se hace siguiendo puramente los canales psicofarmacológicos sin ceñirse a conceptos taxonómicos, botánicos o fotoquímicos que, aunque podrían ser más objetivos, nos alejarían de la dirección principal de estos apuntes.
Las plantas psicoanalépticas pueden, a su vez, tener acciones variables que llevan a subdividirlas como estimulan- tes, euforizantes, antidepresivas, inductoras de ansiedad y convulsivantes.
Las plantas psicolépticas pueden ser hipnóticas, sedantes, inebriantes, tranquilizantes, antipsicóticas y antimaniacas.
Y las psicodislépticas pueden ser alucinógenas, inductoras de trance, cognodislépticas, delirantes, neurotóxicas y narcóticas. Se caracterizan, sobre todo, por su capacidad para inducir estados especiales de conciencia que se diferencian cualitativamente de la conciencia ordinaria.
A través de mi propia experiencia y de la de muchas personas que he entrevistado a raíz
de estados alucinatorios vemáculos, tengo la impresión que la sensación que se experimenta bajo los efectos de un brebaje de sanpedro o de ayahuascaes muy similar dentro de las variaciones individuales que debemos aceptar para todo fenómeno biológico. Aquí, debemos recordar, como les digo con frecuencia a mis discípulos, que si en una canasta hay cincuenta naranjas cuyo diámetro promedio mide 9.5 cm., no resultaría extraño que no haya una sola naranja cuyo diámetro sea exactamente 9.5 cm.. Lo que nosotros hemos observado parece corresponder a lo que Siegel, Gebhart, Dobkin, Chiappe, y muchos otros han recogido directa o indirectamente.
Lo que primero aparece son simples sensaciones abstractas de los órganos de los sentidos. En la visión se presentan algunas imágenes abstractas como puntos, rayas,
espirales y colores diversos con variada intensidad lumínica. Hay igualmente, sen- saciones auditivas, también abstractas: zumbidos, pitos, acúfenos, en general. En la piel pueden aparecer sensaciones diversas, disestesias, parestesias, punzadas, escozor. Y puede sentirse también, aromas o hedores, estímulos olfatorios de corta dura- ción o de persistencia incómoda que puede ser simultáneo a un gusto especial en la boca. En la experiencia vernácula, las sensaciones auditivas pueden pasar desapercibidas por el ruido rítmico externo de maracas, tambores, cantos o palmas. Las sensaciones cutáneas rara vez son centro de la atención. Y las sensaciones olfatorias o gustativas pueden estar enmascaradas por los perfumes que usa el chamán o por el mal gusto que el brebaje pueda dejar en la boca.
En la obscuridad de la sesión vernácula, lo que predomina son las sensaciones visuales que, como hemos dicho, son simples variaciones abstractas de colores con algunas formas sencillas como rombos, espirales, líneas rectas o quebradas, formas cristaliformes o reticulares. A veces, especialmente con el ayahuasca, son ondulantes y con frecuencia aparecen dentro de un diseño general de redes hexagonales que ha sido ya descrito en otras fuentes y grupos culturales y corresponden a moldes perceptivos más en relación con la formación anatómica de las vías neurológicas de la visión que con contenidos de tipo cultural o individual. En realidad, estas sensaciones visuales son los llamados "fósgenos" y pueden producirse como resultado de una gran variedad de estímulos: presión sobre los ojos cerrados, golpes fuertes en la cabeza (me hizo ver estrellas!), como inicio de un ataque de migraña y por diversos cuadros de desba- lance físico mental. Si observamos con cuidado su estructura y su forma, como nos dice Hedges, esas formas aparecen curiosamente en el arte primitivo de los
indígenas americanos. Sus formas, recalca Oster, parecen estar íntimamente relacio- nadas a la geometría del ojo y de las vías ópticas.
Hay consenso, entre los que han estudiado el efecto de los alucinógenos, que este primer tipo de alucinaciones son universales. Se presentan en todos los sujetos de experimentación, cualquiera que sea su cultura, información u otras circunstancias personales. Están en relación con los moldes ana tomos fisiológicos de las vías neurológicas excitadas.
Sucede algo similar con las sensaciones que vienen de los órganos del equilibrio (la vía laberíntica o vestibular) que también es inicialmente excitada por los brebajes alucinógenos. El sujeto siente que pierde rápidamente peso; si cierra los ojos, experimenta una inconfundible sensación de estar volando. También aquí se trata de una sensación basada en la excitación de circuitos neurológicos anatomo-fisiológicos que no varían con la
cultura ni con la información individual de cada sujeto. Todos sienten el vuelo que es
descrito en la misma forma por todos los sujetos.
En una segunda etapa, la similitud desaparece. Intervienen entonces dos factores: los estímulos externos que forman parte de la ceremonia pueden comenzarse a combinar con los estímulos generados internamente. Estas son las llamadas relaciones sinestéticas en el sistema nervioso central. Como nos dice Angélica Gebhart-Sayer, los diseños-medicina, esos dibujos que aparecen en la visión de la ayahuasca, pueden describirse como aromáticos en el medio de una canción mágica "Vea franjas brillantes de diseños, curvas y fragancias"…"esta es mi canción aromática" "mi canción nace de mi visión"...
Las visiones luminosas son entonces, ondulantes y tienen con frecuencia un ritmo que se transforma en melodía a través de la voz o del silbido del chamán. Cambian rápidamente" como las páginas de un libro", y se superponen con cualquier imagen que viene del exterior: las estrellas, la luna, alguna luz en lontananza, algún objeto brillante en uno de los asistentes, los dientes, los aretes, el collar, algún adorno; y la melodía del canto o del silbido se origina en la visión y la visión se hace fragancia y se efectúa una metamorfosis directa entre lo visual y lo acústico con participación de lo olfatorio.
En un poético arranque de literatura científica, R.G. Wasson nos dice que "la persona está suspendida en el espacio como un ojo aislado, invisible, incorpóreo, viendo sin ser visto. En realidad, los cinco sentidos han abandonado el cuerpo y todos han sobrepasado el máximo de su sensibilidad y conciencia; todos ellos se amalgaman entre sí extrañamente hasta que, en pasividad pasmosa, toda la persona se convierte en un puro e infinitamente delicado receptor de sensaciones".
Precedido así, por estas manifestaciones perceptivas distorsionadas y sinestésicas, aparece entonces el proceso alucinatorio profundo cuya estructura es más compleja por la activación de imágenes contenidas en los archivos memorísticos. Dependen de las vivencias previas de cada sujeto y son naturalmente diferentes en cada persona. Como bien enfatiza Richard Davidson, todos los cerebros existen dentro de un nexo cultural y situacional que tiene una influencia directa sobre diversos aspectos del procesamiento de la información.
Por eso, la presencia de fenómenos alucinatorios puede provocar miedo y ansiedad en una persona mientras que en otra produce interés, provoca apoyo y es favorecido.
Eso no es nuevo. Desde l845, Jacques Moreau (citado por Siegel) mantuvo la tesis que las alucinaciones resultaban de una excitación cerebral que permitía que pensamientos y memorias fueran transformados en impresiones senso- riales y por eso, del archivo memorístico inconciente de cada individuo, depende su
reacción ante una situación distorsionada como es ésta. Por lo común, y con claras excepciones de "malos viajes" que revelan generalmente un subconsciente tormentoso, esteprólogo de manifestaciones perceptivas distorsionadas y sinestésicas da paso a una experiencia de bien estar y maravilla que después lleva a la desautomatización de la percepción de tal manera que se tiene la impresión que todos los estímulos habituales son novedosos y aparece una notoria estimulación de imágenes y fanta- sías visuales de tipo alucinatorio.
En este estado, y en diverso grado de un letargo conciente impregnado de quietud y de abstracción, aparece una tendencia espontánea a explorar el mundo interior, aunque no es extraño que paralelamente la atención se desvíe en una rara fascinación por algún estímulo externo o por imágenes visuales alucinadas o por contenidos en el plano de los ensueños. Así, como dice Hofmann, los alucinógenos pro- ducen cambios agudos y profundos en la esfera de la experiencia, en la percepción de la realidad, del espacio, del tiempo y de la conciencia de sí mismo. Aparecen fenómenos de despersonalización. Manteniendo la conciencia, el sujeto expe- rimenta un mundo de ensueños que en muchos aspectos parecen más reales que el mundo normal. Los objetos y los colores, que generalmente son más brillantes, pierden un carácter simbólico y aparecen aislados adoptando una significación más intensa como si tuvieran en sí una existencia más significativa. No siempre aparecen verdaderas alucinaciones. Cuando existen, se producen con dosis elevadas y dependiendo del individuo y del ambiente. Por eso es mejor llamadas psicoto- miméticasy no alucinógenas. Mimetizan un estado psicótico.
Como nos dice Ryall, el efecto de sustancias psicotomiméticas sobre la función mental de una persona puede diferir notablemente en diferentes sujetos y con frecuencia puede simular los síntomas de la esquizofrenia. Es posible que estas diferencias individuales reflejen en cierto grado la constitución psicológica del
usuario, sus expectativas y actitudes, así como su estructura social, cultural y genética.
El delirio, ese especial estado de conciencia en que el paciente esta obnubilado, a veces estuporoso, confuso, desorientado, con percepciones distor- sionadas o falsas y con signos de inquietud, ansiedad y alteraciones motoras, aparece también con las modificaciones humorales de la fiebre, de la deshidratación, de las lesiones inflamatorias o traumáticas del encéfalo y de los trastornos metabólicos o circulatorios graves en lo que se llama un "síndrome cerebral agudo". Son cuadros muy parecidos a los que pueden ser pro- vocados en determinadas personas por la administración de un disléptico.
Desde luego, el uso médico moderno de las sustancias alucinógenas ha