desarrollo sostenible
En un mundo en el que los re- cursos se hacen cada vez más escasos, y en el que los procesos de industrialización, urbaniza- ción y de auge y apogeo de las economías de mercado extrac- tivas —en nombre del progre- so y el desarrollo— han traído consigo efectos nocivos en el medio ambiente, el aumento de la polución, el cambio climá- tico producido por el calenta- miento global y el agotamiento de los recursos naturales, es ne- cesario reconsiderar la relación entre medio ambiente y econo- mía, de forma tal que la inser- ción de los procesos económi- cos respondan a los procesos de conservación que requiere el plantea.Como es posible obser- var, a partir del enfoque de desarrollo sostenible —defi- nido como una forma de in- teracción en la que cohabitan el crecimiento económico, la conservación del planeta, el uso adecuado de los recursos naturales y la provisión de unas «En un mundo en el que los recursos se hacen cada vez más escasos, y en el que los procesos de industrialización, urbanización y de auge y apogeo de las economías de mercado extractivas —en nombre del progreso y el desarrollo— han traído consigo efectos nocivos en el medio ambiente, el aumento de la polución, el cambio climático producido por el calentamiento global y el agotamiento de los recursos naturales, es necesario reconsiderar la relación entre medio ambiente y economía, de forma tal que la inserción de los procesos económicos respondan a los procesos de conservación que requiere el plantea». Re cupe rado de (2016, 2 3 de sep tiembr e) h ttp s://pix aba y.c om/ es/la-c on taminaci%C3%B3n-dri(...)
condiciones de calidad de vida que garanticen el bienestar en la población—, es esencial que el territorio le provea a todos los niños y niñas una serie de condiciones que les permita vivir en un ambiente apropia- do que propicie su adecuado desarrollo y crecimiento.
No en vano, la figura de infancia y niñez ha adquirido una connotación cuyo rol se ha configurado como tras- cendental en la construcción que se haga del territorio y en las responsabilidades que se asumen, sean estas frente a la responsabilidad comparti- da para prevenir y mitigar los riesgos de desastre, o bien para aunar esfuerzos dirigidos hacia la conservación y el cuidado el medio ambiente, en tanto el niño denota esperanza para el futuro; esperanza que se constituye a través de su ade- cuada educación y formación como sujeto de derechos, pero también de responsabilidades compartidas, sobre todo cuan- do se admite que:
Muy lejos de toda política de protección del mundo y de la infancia, las formas moder- nas de desarrollo económico han puesto al planeta al borde del desastre ecológico (cambio climático, deforestación, conta- minación de agua, aire y suelos, extinción acelerada de especies, etc.), [han] condenado a la po- breza, al hambre, a la enferme- dad y a la falta de educación a buena parte de la humanidad (…). (Frigerio & Diker, 2008, p. 9).
Como resultado del mo- delo de desarrollo proyectado bajo la interacción de ciertas lógicas, constituidas por unas relaciones entre Estado y mer- cado, la aceleración de los pro- cesos de industrialización y ur-
banización, y la extracción de los recursos, se han agudizado las relaciones de dependencia entre países, y el incremento de la pobreza y la desigualdad se han visto agravados, lo que ha conllevado a la obstaculiza- ción del goce efectivo de dere- chos —principalmente socia- les y económicos— por parte de comunidades carentes de recursos y oportunidades.
Según el informe sobre el
Estado mundial de la infancia
del Fondo de las Naciones Uni- das para la Infancia (unicef, por sus siglas en inglés), del año 2006, estas dificultades han afectado notablemente a niños y adolescentes en la medida en que se han visto sometidos a privaciones de sus necesidades. Solo para ejem- plificar:
Más de mil millones de niños y niñas sufren a causa de una o más formas extremas de privación de necesidades, tales como una nutrición adecuada, agua potable, instalaciones de- centes de saneamiento, servicios de atención de la salud, vivienda educación e información (Frige- rio & Diker, 2008, p. 9).
Ciertamente, en diferentes regiones del mundo caracteri- zadas por padecer dificultades como pobreza, desigualdad, problemas en la institucionali- dad, corrupción y situaciones de guerra, es evidente que los niños conviven bajo circuns- tancias de inequidad dado que persisten dificultades en las intervenciones estatales — en materia de programas, pro- yectos y demás— destinados a superar las dificultades en la provisión de sus derechos.
De hecho, actualmente hay más de 150 millones de ni- ños trabajando, 59 millones de niños en edad escolar primaria que no gozan del acceso a la
educación y «37 millones de niños que viven en países afec- tados por alguna crisis [que] no van a la escuela primaria o secundaria» (unicef, 2016, p. 86). La situación no es mejor para aquellos niños que viven bajo circunstancias de guerra o conflicto y que, por lo tanto, se ven obligados a vivir en la mar- ginalidad y en la criminalidad o ilegalidad.
Partiendo de la máxima según la cual es necesario que los niños crezcan en entornos que favorezcan su desarrollo personal, las Naciones Unidas ha incluido en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ods) la necesidad de desarrollar políticas que busquen superar dificultades como «el trabajo infantil, el trabajo forzoso, la es- clavitud moderna y la trata de seres humanos», puesto que es imperioso ofrecerle a los niños derechos equitativos y condi-
ciones de vida (con calidad) inclusivas (unicef, 2016, p. 86). La relevancia de estos objetivos reside en que, justamente, re- conocen la relación infancia y desarrollo sostenible, toda vez que esta última tiene un alcan- ce y se ve prolongada gracias al aprendizaje y la educación apropiada durante la infancia.
Es claro que la inversión de los gobiernos en la educación contribuye en la reducción de la pobreza, en la medida en que la educación supone un medio para el progreso y un instrumento para la consecu- ción de las capacidades que le permiten llevar a una persona una vida digna.
Teniendo en cuenta este supuesto, resulta fundamen- tal que los gobiernos atien- dan «criterios de desarrollo sostenible» que mitiguen las desigualdades posibilitándo- se el acceso equitativo a la
«Más de mil millones de niños y niñas sufren a causa de una o más formas extremas de privación de necesidades, tales como una nutrición adecuada, agua potable, instalaciones decentes de saneamiento, servicios de atención de la salud, vivienda educación e información (Frigerio & Diker, 2008, P. 9)».
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educación, la salud y demás derechos que garanticen con- diciones de vida digna para los niños, pues hay que recordar que de ellos depende el deve- nir del mundo.
No hay que olvidar que el cumplimiento efectivo de los derechos humanos y de infan- cia y adolescencia solamente es posible si en el territorio, del cual el niño hace parte, existen
condiciones reales que posibili- ten el ejercicio sus derechos.
Referencias
bibliográficas
- Ariès, P. (1979). La infancia. Consultado en: http://www. terras.edu.ar/biblioteca/5/ PDGA_Aries_Unidad_3.pdf - Frigerio, G. & Diker, G.(2008).Infancia y derechos: las raíces
de la sostenibilidad. Aportes para un porvenir. Santiago: Oficina Regional de Educación de la UNESCO para América Latina y el Caribe OREALC/ UNESCO. Consultado en: http://unesdoc.unesco.org/ images/0016/001611/161137S. pdf
- Cillero, (M. 1997). Infancia, au- tonomía y derechos: una cues- tión de principios. Consultado
en: http://www.inau.gub.uy/ biblioteca/cillero.pdf
- UNICEF (2016). Estado mun- dial de la infancia 2016. Una oportunidad para cada niño.
New York: Fondo de las Na- ciones Unidas para la Infan- cia. Consultado en: http:// w w w.unicef.org/spanish/ publications/files/UNICEF_ SOWC_2016_Spanish.pdf
Omar Vivas Cortés1
El aula es el espacio propicio para que los escolares adviertan lo valiosa que es la investigación sociocultural, pues la compren- sión del comportamiento social les permite ampliar sus posibili- dades individuales y familiares. La inteligencia social permite que el sujeto se ubique en las dimensiones espacio-tiempo, individuo-sistemas, identidad- desarrollo, vulnerabilidad-capa- cidad y expectativas-realidad, en la consabida resolución de tensiones dialógicas propias de la socialización y los procesos de significación de la realidad.
La maduración de las prác- ticas sociales, de sus conven- ciones, en esquemas cognitivos que partan de la autorreferencia, le permite al escolar la objetiva- ción localizada de su ser. Esta es una competencia social básica para articular su proyecto de vida con las capacidades fami-
1 Administrador público, magister en estu- dios políticos y candidato a doctor en estudios políticos. Líder del Grupo de Investigación Car- los Mauro Hoyos. Ética de lo Público, Institucio- nes y Derechos Humanos del IEMP. Profesor e in- vestigador. Correo: oavivasc@procuraduria,gov. co