se encuentra íntimamente ligada al aspecto biológico y de manera más específica, a factores genéticos. Dirían aquí algunos expertos, “dime qué clase de genes tienes y te diré quién eres”.
Aguilar y Escobar de entrada muestran un panorama generala al respecto, aclarándonos que:
...la motivación o nivel de acción están influenciados por una gran cantidad de variables fisiológicas como: a) los niveles de diversas hormonas y neurotransmisores, como testosterona, oxitocina, cortisol, noradrenalina, y muchas otras sustancias neuroactivas que modulan la interpretación y expresión de las emociones; b) las respuestas que forman parte de la herencia genética, incluyendo el temperamento o la sintonía que marca la disposición básica de cómo se disparan nuestras emociones, cuánto duran y cuál es su intensidad; c) la distribución de los diversos tipos de células inmunitarias en nuestro organismo y d) las redes neuronales
corticosubcorticales que se activan antes y durante la ejecución de una tarea. (Aguilar y Escobar, 2002).
Los mismos autores consideran por ende que la conducta motivada adecuada y su relación con la biología de un individuo se deben a un “estado óptimo de activación cortical, actividad moderada del sistema límbico, funcionamiento efectivo de los centros de placer, estados adecuados de saciedad, temperatura y activación del sistema inmunológico” (Aguilar y Escobar, 2002). Lo anterior pese a tener un inminente referente biológico, no desconoce la importancia de la psicología, la cognición y el ambiente, para la adecuada interpretación de los fenómenos motivacionales. Además, Mora amplia la anterior mirada al recordar la importancia que hoy día tiene el “proyectar mejores escuelas, con mucha luz, control de temperatura y ruido” en lo que él se refiere a neuro-arquitectura (2013, p. 18),
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sin desestimar como lo plantea el mismo autor, el entorno y la cultura en la que vive un estudiante.
Para comprender mejor lo anterior expuesto, se hace necesaria una aproximación paulatina a las interpretaciones biológicas que se derivan de las actitudes motivadas.
Un punto de partida interesante se puede realizar desde el campo de la neuro ciencia o de manera más específicas como lo plantean algunos autores, neuro educación. Para Mora:
…la neuro ciencia comienza a aclarar los ingredientes neuronales de lo que conocemos como emoción, curiosidad, atención, conciencia, procesos mentales, aprendizaje, memoria y consolidación de la memoria, y también sueño y ritmos biológicos y todo ello desde el niño hasta el adulto y el anciano. (Mora, 2013, p. 20-21)
Los anteriores procesos planteados no son inconexos sino por el contrario, entretejen una red enriquecida a nivel cerebral fuertemente afectada por los factores ambientales externos y de medios internos, que determinan en un individuo los tiempos atencionales.
El cerebro de acuerdo a Mora, ha sido esculpido a través de un largo proceso
evolutivo. Éste (el cerebro), en el ser humano comienza su construcción después de 16 días de la fecundación y de ahí en adelante sufre un procesos de moldeamiento gradual dentro de una permanente actividad gobernada a partir de un “programa genético férreamente dependiente de su relación con el mundo sensorial y emocional que le rodea.” (2013, p. 35).
De acuerdo al consenso de diversos autores en literatura especializada, los estados motivacionales se pueden inferir a partir de los cambios de conducta en un individuo, producto de la afectación que ocasionan estímulos externo e internos. Lo anterior permite establecer tres enclaves (figura 11), en el primero se encontraría todas aquellas situaciones que pueden dar origen a un estado motivacional, en el segundo se encuentra la motivación
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misma, y en el tercero, la respuesta o conducta que emite un individuo (Aguilar y Escobar, 2002, p. 89):
Condiciones previas Condiciones posteriores
Figura 11. La motivación como una variable intermedia entre una situación antecedente y una conducta consecuente.
A partir de la anterior figura, se establece un patrón básico que permite abordar las acciones motivadas mediadas por las necesidades primarias y después de satisfechas éstas, las secundarias, como lo refiere Maslow (1991) en su pirámide de necesidades.
Para comprender de mejor manera lo anteriormente expuesto, Aguilar y Escobar (2002, p. 3) comparten un ejemplo asociado a una necesidad básica como el hambre (figura 12):
Figura 12. A la izquierda se muestran diversas situaciones que pueden generar un estado motivacional de “hambre”. A la derecha se observan posibles respuestas que quizá exhiba un sujeto experimental. Privación de alimento Privación de agua Ejecución de la conducta Persistencia de la conducta Motiva ción Alimen to apetitos o Insulin a Ayuno Dieta mal balance ada Recorr er un laberint o Forraje o Acecho Presion ar una palanca Ha mb re
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Lo anteriormente expuesto abre camino para abordar la motivación de la conducta desde la teoría homeostática, la cual fue introducida como campo de investigación por Richter (citado en Aguilar y Escobar, 2002, p. 101), a través de experimentos en los que demostró que “cuando un organismo no logra regular algún parámetro fisiológico con procesos internos…se genera un estado de motivación para impulsarlo a realizar acciones motoras que le permitan modificar su condición en el ambiente y regresar al equilibrio.”
Lo anterior es de suma importancia ya que permite comprender más acerca de la motivación y su relación con el medio interno de un individuo, que le obliga a producir una conducta determinada. Dicho medio interno también se ve influenciado por los ritmos biológicos de cada individuo, considerado por diversos autores como un proceso de
regulación presentado de manera más amplia por Aguilar y Escobar como “fluctuaciones u oscilaciones que se observan en los parámetros fisiológicos y en la conducta.” (2002, p. 102).
Dentro de los ritmos biológicos asociados a ciclos ambientales se pueden identificar los siguientes como los más conocidos: los circadianos (asociados al día y la noche), los circanuales (asociados a las cuatro estaciones), los ciclos lunares, los circamareales (asociados a los cambios en las mareas), entre otros (Aguilar y Escobar, 2002, p. 57).
Lo anterior aunque puede en determinado momento pasar inadvertido, cobra gran importancia ya que determina en mucho las funciones que llega a desarrollar un individuo dependiendo de los ciclos de los que obtiene afectación, los cuales pueden ser
completamente diferentes a los de otro organismo. Al respecto, Aguilar y Escobar
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los procesos de motivación que dan energía y dirección a la conducta, ya que los ritmos biológicos promueven su aparición en los momentos idóneos.” (2002, p. 102)
Es igualmente importante conectar a la idea de los ritmos biológicos, los principio de la neurociencia que consideran que el programa genético de cada individuo demarca lo que Mora denomina, ventanas que se abren en un momento determinado y es en ese momento determinado momento cuando cierta información del entorno, sensorial, motora, familiar, social, emocional, o de razonamiento puede entrar por ellas. Y ningún momento es más óptimo que ese, pues estas ventanas abiertas se cierran con el tiempo para dar paso a la apertura de otras.” (Mora, 2013, p. 35)
De acuerdo a Mora, la elaboración de las emociones (asociadas con las acciones motivadas de un individuo), “corresponde a otro cerebro dentro del cerebro que se conoce como sistema límbico o cerebro emocional…Su importancia principal radica en que lo que se ve, se oye, se toca, se paladea o se huele, tras ser analizado sin significado emocional alguno por las correspondientes áreas sensoriales específicas de la corteza cerebral, pasa por el filtro del sistema emocional y es allí donde esas percepciones sensoriales, ya creadas, se las acuña con la etiqueta de bueno o malo, atractivo o rechazable, interesante o soso” (2013, p. 41-42)
Para Marina, las emociones no solo se encuentran asociadas a la motivación como fenómeno, sino también cobra relevancia los “deseos”que impulsan a un individuo a buscar de lo que consciente o inconscientemente se siente carente. El sistema que entra a regular dichos procesos se encuentra anclado al neurotransmisor dopamina y a unos “detectores de necesidades en el hipotálamo.” (Marina, 2011, p. 24-25)
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Esta mirada del procesamiento de la información se convierte en determinante al momento de generar estructuras mentales solidad en la mente, a través de relaciones neuronales que asocian la parte cognitiva, con la parte emocional del individuo.
Estas emociones analizadas desde la anterior perspectiva, son las que estimulan la curiosidad y la atención focalizada, como así mismo, el interés por lo que es novedoso. Por lo anterior, Mora considera de vital importancia el “juego”, como desencadénate de tales eventos enunciados y será precisamente la curiosidad, la que le permita al cerebro diferenciar entre lo que genera aburrimiento o no, a un estudiante. (2013, p. 63 y 74).
Desde esta perspectiva y parafraseando a Mora (2013, p. 75), los estímulos que activan determinadas áreas en el cerebro y que generar curiosidad, son aquellos que “anticipan y adelantan la recompensa”, asociado esto a estructuras del sistema límbico o emocional y desde la perspectiva psicológica plantada por Ormrod (2005), asociado a lo que se considera como motivación intrínseca o extrínseca.
Como síntesis de esta perspectiva encontramos los siguientes ejes orientadores en la tabla 6:
Tabla 6
Síntesis motivacional desde la perspectiva biológica Perspectiva
de análisis
Referentes centrales
Palabra (s) clave Idea orientadora
Biológica Aguilar y Escobar (2002) Mora (2013) Fisiología Anatomía Genética
Respuestas homeostáticas que se relacionan con la expresión genética, el funcionamiento anatómico y fisiológico adecuado en un individuo, en relación con los estímulos neuronales que percibe a través de los órganos de los sentidos, del ambiente en el que se encuentra.
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