7.3. Recommendation approach
7.3.1. Explicit feature mappings for graph-based item repres-
Quizás el premio más importante que haya recibido Guar- diola es el reconocimiento por haber empujado el fútbol más allá de la obsesión táctica y física que lo estaba estancando. Hoy la técnica colectiva, que había sido desplazada hacia lo contracultural, empieza a marcar tendencia. Se imita al que gana, es cierto, pero también a quien hace las cosas bien, al que genera una cierta fascinación, a quien tiene el coraje de revolucionar lo conocido. En los últimos campeonatos tam- bién la Selección Española consiguió grandes triunfos con «locos bajitos» que manejan el partido con una astucia tác- tica que requiere un gran refinamiento técnico. Pero el lo- gro va más allá. Selecciones como la italiana, con su pasión táctica a cuestas, o la alemana, poniéndole siempre el acen- to a un fútbol de gran protagonismo físico, empezaron a gi- rar lentamente, como un transatlántico, hacia una nueva y más atractiva manera de hacer las cosas.
Si para algo sirve la curiosidad, es para mover las fron- teras. A veces, como en este caso, no solo las propias.
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El conocimiento cambió de velocidad
Durante siglos el acceso al conocimiento resultó comple- jo, porque no era fácil encontrarlo; caro, aunque solo fue- ra por la inversión de tiempo que suponía; innecesario, por- que la sabiduría adquirida en la universidad, por ejemplo, podía resultar útil para el desarrollo profesional durante toda una vida.
El fútbol es un buen ejemplo. A su calidad de fenóme- no simbólico contribuyó el misterio que lo envolvía. El fút- bol era como ir a misa: una ocupación dominical. Hoy es un juego omnipresente que interesa a todas las capas sociales. Se nos aparece en todo momento y en cualquier tipo de pan- talla en estado natural, troceado, analizado hasta la sacie- dad. La industria del espectáculo nos descubrió demasia- das cosas del juego, incluso algunas distanciadas de nuestra identidad. Un chico de cualquier latitud se puede sentir in- teresado por un Manchester United-Chelsea, un River Pla- te-Boca Juniors o un Barla-Madrid, por ejemplo, y saberlo prácticamente todo de cada uno de esos equipos. La televi- sión pasó a ser el nuevo lenguaje que nos relaciona con el fútbol de un modo familiar y con los jugadores de un modo casi íntimo. De una cámara fija y un relato neutro que ani- maba partidos que veíamos una vez por semana, hemos pa- sado a partidos diarios desmenuzados por veinte cámaras y analizados como si el mundo se terminara en cada jugada.
Desde un punto de vista técnico, la transformación es igual de grande. No hace tanto tiempo que un partido era
una foto fija. Cada jugador sabía una cosa, pero la sabía tan bien que, gracias a ella, vivía del fútbol toda la vida. Un la- teral, por ejemplo, debía marcar a un extremo y de su efica- cia dependía su nota final. Hoy tiene que manejar muchos más aspectos del juego. Un lateral cruza como un explora- dor por el centro del campo para sumarse al ataque con la decisión de un delantero. Y terminada la misión atacante, debe volver rápidamente para cumplir con sus obligaciones defensivas.
¿Dónde aprendió todo eso? De los laterales de todo el mundo, porque cada jugador no solo es un profesional, sino también un maestro que imparte clases por televisión. Des- de la lógica ya comentada: primero se admira y después se emula. Cualquier proyecto de jugador tiene en la televisión un laboratorio lleno de posibilidades.
No siempre fue así. Mis ídolos eran de carne y hueso y jugaban en el equipo de mi pueblo. Era a ellos a quienes imi- taba en un descampado después de verlos jugar el partido de los domingos. A los grandes jugadores nacionales e in- ternacionales solo podía verlos en foto. Resultaba imposible imitar su patrón de juego. Hoy, un niño de cualquier conti- nente tiene acceso a Leo Messi o a Cristiano Ronaldo para robarle jugadas con todo el derecho que da la admiración. Un cambio trascendente que dio acceso a una cultura uni- versal.
Me preguntan con frecuencia quién ha sido mi mejor maestro, y siempre contesto que nada me ha enseñado más que la práctica del juego. El deporte ha hecho una gran
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contribución a la humanidad: el entrenamiento. Su lógica se puede aplicar a cualquier proyecto empresarial. Cuando no somos capaces de realizar alguna actividad de un modo natural, insistir con un método y una disciplina nos puede ayudar a resolver ese problema. Lo diré desde un prover- bio chino: «Si yo escucho, olvido; si yo veo, recuerdo; pero sí yo hago, comprendo». Con la ayuda del tiempo, esa gim- nasia nos ayudará a hacernos mejores. Tuve un buen ami- go que tenía serias dificultades para hablar en público. Can- só al espejo de tanto hablarle, pero lo cierto es que terminó moviéndose con una soltura inesperada por escenarios muy exigentes.
Si la innovación llegó al perezoso mundo del fútbol, ima- ginemos lo que ocurre, por ejemplo, en cualquier empresa puntera de tecnología donde la innovación es un desafío dia- rio que abre infinitas perspectivas de negocio.