Chapter 2: Sales Force Integration in New Product Development – A Project-Level
2.3 Hypothesis Development
2.3.2 Exploring the Role of Moderating Factors
En plena Guerra Fría, la República Popular de Mozambique era un país socialista rodeado de países capitalistas ex colonias británicas, luego la amenaza de una invasión y la presión estaban siempre presentes en la joven nación. Así, la República Popular de Mozambique centró sus esfuerzos en la homogeneización de su territorio y su diferenciación del resto para justificar su independencia como estado. Por eso mantuvo el portugués como lengua que unía a todos los compatriotas y los diferenciaba de sus vecinos.
El régimen socialista de Mozambique no sólo constituía un estorbo al dominio capitalista de la región y una base para el encuentro con otras potencias socialistas, sino que además declaró su crítica abierta contra el apartheid imperante en Sudáfrica hasta el año 1994. Las continuas críticas del sistema de separación racial y el hecho de que los principales opositores sudafricanos a dicho régimen se refugiaran en Maputo y otros lugares del sur de Mozambique, transformó a la República Sudafricana en un enemigo político a pesar de que no hubo ataques manifiestos o reconocidos y de que no se interrumpió el flujo de trabajadores desde el sur de Mozambique a las minas del Transvaal.
“El trabajo migratorio de Mozambique en Sudáfrica continuaba siendo crucialmente importante para la industria minera y continuaba siendo una fuente importante de rendimientos en el periodo postcolonial para millares de familias en el sur de Mozambique, así como para el estado independiente. El discurso político preindependencia, que no solo condenaba la naturaleza de la emigración en el colonialismo, sino que también el sistema de trabajo migratorio como un todo, tuvo que ser ajustado a la realidad económica de Mozambique.” (Covane 2001: 246)
Esta relación tensa con los vecinos fue común a toda la época socialista, aunque, por otra parte el gobierno frelimista encontró el apoyo de ciertos países como Bulgaria en el desarrollo de regadíos, Rusia en un intercambio de maquinaria por derechos pesqueros, Cuba en la formación de técnicos, y otras potencias socialistas que, sin embargo, no se jugaban grandes intereses en la zona.
Con esta situación política es difícil concretar hasta qué punto la guerra fue precipitada desde dentro o desde fuera como afirman muchos hoy en día. Realmente no he encontrado un estudio riguroso de unos acontecimientos que, por recientes, todavía sangran. Sin embargo parece haber un consenso en la opinión de que fue una guerra de desestabilización y de boicot de las estructuras de desarrollo agrícola y social que aún se estaban instaurando en el medio rural. Parece que la evidencia justifica dicha postura ya que el grupo opositor RENAMO (Resistencia Nacional de Mozambique) empleaba la guerra de guerrillas en zonas rurales con saqueos a la población civil y a los medios de producción, sin un ataque urbano o a lugares de importancia estratégica. La función de esta guerrilla sería precipitar el fracaso del desarrollo rural que significaba la base sobre la que pretendía asentarse el país.
Muchos, como este informante acusaron a los asimilados que se habían acostumbrado a la pertenencia a una clase superior y se aliaron a los capitalistas sudafricanos con el pretexto de luchar por el multipartidismo:
“Esos negros, que fueron criados por el régimen colonial ya se sentían amenazados, ya no veían con buenos ojos la posibilidad de sufrir por las ventajas que detentaban. Se aliaron al régimen sudafricano de aquel tiempo.” (16)
De una manera o de otra se constituyó la RENAMO como frente opositor a la FRELIMO, y se hizo fuerte en Gorongoza protagonizando, mediante incursiones rurales, las mayores atrocidades que se pueden cometer en una guerra civil. Era un saqueo de la población civil desarmada con el fin de instaurar el terror en el campo, como nos muestran en detalle los escritos de Lina Magaia (1989) basados en su propia experiencia, la brutalidad no tuvo límite.
La crudeza de la Guerra Civil venía, en su máximo exponente, de los niños soldados que eran reclutados tras romper sus lazos socio-familiares, masacrar a sus familias o adoptarlos para instruirlos en un terror desprendido de cualquier moral independiente de la autoridad. En los saqueos de las aldeas los niños no dudaban ante la indefensión o el respeto a cualquier persona y estas características les convertían en reclutas ideales de un ejército de desestabilización cuyo objetivo es sembrar el pánico en zonas rurales y destruir los incipientes proyectos gubernamentales. El grado de barbarie y los objetivos de la RENAMO, hacen que sea difícil caracterizar los hechos como conflicto o guerra civil, ya que no se trataba de la lucha de dos contingentes armados, sino de un saqueo y una masacre de la población civil. Ante tal situación de continua tragedia e incertidumbre en el mundo rural, la mayoría de la población se vio obligada a dejar sus casas y huir con lo puesto a los principales pueblos y ciudades que tenían destacamento militar propio que garantizase su supervivencia. Los que se quedaban en sus tierras a merced de los “bandidos armados” (aún pervive esta denominación o la de “machanga” haciendo referencia a uno de los líderes de la RENAMO) encontraban con suerte una muerte rápida o un milagro pero eran, de forma general, brutalmente masacrados.
Por lo tanto, el grueso de la población de origen rural, tuvo que desplazarse a los pueblos principales y a unas capitales altamente pobladas ante la avalancha de campesinos que se agolpaban en viviendas improvisadas formando barrios suburbanos y masificando el centro de ciudades que no estaban preparadas para tal densidad de población.
Los campesinos que huían a menudo pasaban días enteros refugiados en la floresta. Una vez a salvo, durmiendo al raso bajo la seguridad de las dependencias policiales o militares de algún pueblo importante, desafiaban su suerte caminando durante horas para trabajar y visitar sus tierras por cortos periodos de
tiempo. Cualquier tipo de desplazamiento conllevaba un riesgo importante ya que los caminos eran asaltados continuamente así como todas las vías de comunicación: puentes, carreteras, trenes… creando un aislamiento en todo el país a veces con la supuesta colaboración de los países limítrofes como narra este interlocutor:
“Los grandes puentes fueron destruidos por Zimbabwe, Rhodesia, por Sudáfrica… no fueron esos de la RENAMO. Fueron esos otros, la RENAMO nunca tuvo aviones para ello, nunca.” (16)
Incluso hoy se puede ver la huella de los ataques a vehículos de los que todavía quedan restos en algunas carreteras. A estos ataques se sumaba el empleo masivo de minas antipersona que ha dejado mutilados en todo el país y, aún hoy, hay zonas rurales en que es peligroso adentrarse. Con estos ataques querían destruir los proyectos que se estaban llevando a cabo pero condenaron además la vida en el campo cuya repoblación fue complicada debido a todos estos destrozos y miedos de una población desubicada tras el desplazamiento de sus tierras con el socialismo y la huída de la aldea con las incursiones de la RENAMO. La principal consecuencia fue una pérdida de referentes identitarios, de relación y de sentido en las vidas de muchas personas que vieron el fin a su pasado empezando una vida nueva en una ciudad o embarcándose en la migración sin saber cuándo podrían regresar.