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Chapter 2: Sales Force Integration in New Product Development – A Project-Level

2.4 Methodology

La guerra duró dieciséis largos años, desde la independencia hasta 1992, año en que se firmó la paz en Roma llegando al acuerdo entre las partes firmantes, FRELIMO y RENAMO, e instaurando una democracia parlamentaria y multipartidista en la nueva República de Mozambique.

Desde este momento hasta nuestros días se puede considerar un periodo de reconstrucción nacional en el que no sólo se han vivido las consecuencias de una posguerra, sino que además el país se ha sumergido en un proceso de formación nacional y de definición de lo que es y lo que se espera de Mozambique. Tras la guerra las ciudades se encontraban masificadas y desbordadas en todos los aspectos, especialmente Maputo como explica este informante:

“Es allí donde las personas iban y se concentraban. No es en la ciudad donde se produce, la población de Maputo se triplico en ese poco tiempo, personas que no hacían nada. Y es así hasta hoy…”

“…Exactamente, aquello fue de repente. Invadir una ciudad no puede ser. Habitar una ciudad tiene que ser una cosa bien… a medida que van surgiendo las cosas tienen que ser planificadas para responder a las necesidades, pero allí no fue así, precisamente por causa de la Guerra, estábamos al principio de la Guerra.” (16)

Este éxodo rural provocó, además de la masificación de las ciudades, una escasez de alimentos y el abandono de los pueblos y las tierras de cultivo. Los campos estaban sembrados de minas y hacían difícil el regreso a pesar de las intenciones de los campesinos de regresar a sus tierras que son su fuente productiva en las que están enterrados sus antepasados. La urgente necesidad de limpiar de minas antipersona el territorio, ha hecho que hoy en día Mozambique sea uno de los países punteros en la extracción de minas usando técnicas novedosas y exportando sus conocimientos a otros lugares. La ayuda internacional ha sostenido la economía mozambiqueña desde que se firmó la paz y hoy en día es uno de los países que más ayuda externa recibe. La vuelta al campo se ha producido gradualmente una vez que la seguridad lo ha permitido. La inmensa mayoría de la población del sur ha vuelto a repoblar las aldeas comunales reconstruyendo sus casas y volviendo a la agricultura que siempre significó su base económica complementada por la emigración masculina a Sudáfrica. Algunas familias, en su regreso al campo, prefirieron volver a un hábitat disperso como el que vivían antes de ser concentrados en aldeas comunales en la época socialista. La migración continúa siendo hasta hoy la actividad masculina predominante en la edad de máxima productividad, sin embargo, con el cambio de oportunidades laborales y la barbarie y desubicación vivida por las personas durante la guerra y en los años noventa, los intentos de cruzar la frontera se multiplicaron y generalizaron a ambos sexos a pesar de la peligrosidad del viaje. Muchos se establecieron así definitivamente en el país vecino, aunque manteniendo siempre el vínculo con sus familias y sus tierras.

Los pueblos que durante el conflicto tenían un puesto policial o militar, vieron incrementada su población por la llegada de los refugiados de las aldeas vecinas. Maputo fue el gran lugar de acogida por ser un lugar seguro con mayor capacidad de desarrollo y promoción personal. La gente dormía en los portales, en los trasteros de las casas o en chabolas improvisadas formando barrios de infraviviendas que perviven hoy en día. Esta gente llegada del campo, intentaba reproducir su forma de vida en el entorno urbano y es común ver barrios suburbanos en los que se crían animales, se tienen pequeños huertos, se hacen tareas de forma colectiva y/o se está en contacto continuo con las zonas rurales. (Ver fotografía 3)

La subsistencia, la venta ambulante y los pequeños negocios vienen siendo las únicas salidas para gran parte de una población urbana que maneja unas cifras alarmantes de desempleo.

En cuanto a los avances políticos en la redefinición del país, tras la paz de Roma en el 1992 han surgido varios partidos, aunque los dos principales son los que perpetúan las dos facciones enfrentadas en la Guerra Civil. FRELIMO y RENAMO continúan manteniendo hasta hoy sus nombres y los representantes que protagonizaron el conflicto, el resto de los partidos son prácticamente desconocidos y tienen una representación parlamentaria anecdótica. La FRELIMO no ha perdido ni unas solas elecciones a nivel nacional desde la instauración de la democracia, y a nivel local solo Beira, en el centro del país, ha sido gobernada por la RENAMO y ahora por un partido independiente formado por un escindido de la misma. Este dominio absoluto frelimista parece perpetuarse ya que es difícil que una población que sufrió las consecuencias de los ataques de la RENAMO, acabe votando a dicho partido a pesar de su desvinculación actual de la lucha armada.

Sin embargo, si algo caracteriza a la población es su desvinculación de la política global. Creo que el mozambiqueño vive bastante al margen de un estado impotente que parece vivir ignorando su día a día en el que la toma de decisiones locales y sociales es la que afecta directamente a la vida cotidiana. Por otra parte, como en la mayoría de las democracias modernas, no hay una cultura política que lleve a entender lo que significa votar un programa ni tiene una gran repercusión para la población para que se juzgue como algo necesario. El activismo político crítico, ha existido a través de economistas, periodistas, artistas, asociaciones… pero ha sido acallado o ignorado, sobre todo para una mayoría de población rural que vive ajena a lo que ocurre en las capitales. (Ver fotografía 4)

La improvisación de las manifestaciones y la dura represión por las fuerzas de seguridad hacen que la gente se movilice ante casos muy puntuales y detonantes de una situación insostenible que conduce la rabia hacia una violencia extrema como ocurrió en 2008 tras la subida del precio del pan y del transporte. Sin embargo, fuera de la ciudad, la situación es muy diferente. Se podría calificar a las poblaciones como estando al margen de cualquier tipo de gobierno que no sean las propias leyes consuetudinarias y el respeto por las decisiones de aquellas figuras importantes dentro de la aldea o el hábitat disperso que se comparte, determinadas normalmente por la edad y su rol familiar. La autosuficiencia es la norma, los ingresos monetarios externos vienen más desde Sudáfrica que desde el propio país y, en ese caso, del comercio irregular.

Aún así, perviven en los barrios de las aldeas algunos instrumentos instaurados en la época socialista como el círculo o asamblea de toma de decisiones locales, aunque sigue mediado por representantes de la FRELIMO que dirigen y politizan las sesiones provocando el desinterés de la mayoría de las personas. Un estado que se declara pobre normalmente no llega a las zonas rurales para abastecerlas de servicios, así que la construcción de infraestructuras como la escuela o la iglesia y algunas tareas como la limpieza o la preparación de una fiesta popular, se hacen a través del consenso de los vecinos o la intervención de una ONG en cooperación con el estado. La mayoría de las aldeas no disponen de un destacamento policial, por lo que se vive bajo la autoridad local y la policía solo aparece de manera puntual y cuando se la llama para la mediación en ciertas situaciones de gravedad.

Con la democracia se restablece el diálogo con las autoridades tradicionales que había sido interrumpido en la época socialista. Se analiza la sociedad de una forma más abierta y tolerante con las creencias y el orden social que permanecían arraigados en la población. Se admitió a los régulos o jefes reconocidos por el pueblo aunque fuera de su papel político, se decretó libertad de culto y se tuvo en cuenta a los médicos tradicionales discutiendo sus áreas de acción y su convivencia con la biomedicina.

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