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Ronaldo. El Fenómeno. Llegó remendado al Mundial de Corea-Japón, sobreviviente de una doble lesión de rodilla que lo sacó del fútbol por más de un año, cuando no había nadie mejor que él. Su rodilla derecha fue su única enemiga, pues cuando tenía el balón en los pies, y avanzaba con potencia hasta el arco rival, parecía que el tiempo se detuviese en contra de sus rivales. Sus piernas protegían el balón con gambetas circulares, que desgastaban los ojos y músculos de cualquier adversario. Cuando iba de frente, como en un juego de azar, los defensores escogían derecha o izquierda, pero Ronaldo ganaba todas las veces. Y siempre sonreía, con sus dientes separados, porque de las clases de fútbol alegre que se imparten en Brasil, él fue el mejor de los estudiantes.

Ronaldo marcó ocho goles en siete partidos del Mundial de Corea-Japón, dos de ellos en la gran final contra Alemania. “Queríamos la Copa, pero ¿cómo íbamos a pararlo a él?", recordó Oliver Kahn, portero germano de aquel partido, a quien Ronaldo venció un par de veces en el encuentro más importante de su carrera. En ambas anotaciones, Ronaldo sonrió y levantó su dedo índice derecho hacia el cielo, como dándole gracias a Dios por haberle dibujado tanto talento en los pies.

Brasil obtuvo su pentacampeonato mundial, olvidando las estrategias robóticas del fútbol moderno, y dando rienda suelta a jugadores que llevaron el carnaval de Rio a la cancha. Durante el certamen, y de la mano de ‘El Fenómeno’, nació otra estrella en la galaxia brasileña: Ronaldinho, un morenito con la habilidad de un genio, que nació con un imán de balones en la pierna derecha.

Ronaldo, por su parte, se inmortalizó como el mejor delantero de todos los tiempos, amado por todos y odiado por nadie –ni siquiera por sus rivales–. Lastimosamente, en 2011, Ronaldo tuvo que pagar la cuenta de cobro que su mismo cuerpo le pasó, tras soportar un hipotiroidismo que le hizo subir de peso a limites insanos. Cuando anunció su retiro, el mundo del fútbol se despachó en elogios, pues ‘El Fenómeno’ fue la inspiración de la generación de futbolistas que estaba por venir. “Es mi más grande ídolo”, dijo Karim Benzema. “Para mí, fue el futbolista más completo de la historia”, dijo Miroslav Klose –

110 quien se atrevió a arrebatarle el título como máximo anotador de los Mundiales–. “Es una gran influencia en mi carrera”, dijo Radamel Falcao. “Ronaldo esta solo después de Pelé”, dijo Ricardo Kaká. “Es el mejor delantero que haya visto”, dijo Lionel Messi. “Les decía a mis amigos: ‘Llámame Ronaldo’, cuando jugábamos en la calle”, confesó Zlatan Ibrahimovic, advirtiendo esa ilusión infantil de los futbolistas, que imitan a sus ídolos mientras logran sus primeros pasos.

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112 harles Dempsey fue un delegado neozelandés de la FIFA, que marcó la historia de los Mundiales por lo que no hizo. Su historia empieza el 7 de julio del 2000, durante el sorteo de la sede para la Copa del Mundo de 2006, en Zúrich, cuando la delegación alemana y sudafricana se disputaban la organización del certamen. Después de dos rondas, en las cuales Marruecos e Inglaterra fueron rechazadas, todo parecía indicar que Sudáfrica se haría con la celebración del primer Mundial en su continente. "¡Hagamos historia! Llevemos el Mundial a África", dijo Joseph Blatter, entonces presidente de la FIFA, antes de convocar la tercera ronda de votaciones. Sin embargo, a pesar de las arengas Blatter, quien hubiese tenido la decisión final en caso de empate, el delegado Charles Dempsey, se abstuvo de votar y Alemania ganó el sufragio con un resultado de 12 contra 11.

Una vez conocida la decisión, el gobierno germano inició las obras pertinentes para celebrar una nueva Copa del Mundo, después de lo hecho por Alemania Federal en 1974. El Estadio Olímpico de Berlín, construido para los Juegos Olímpicos de 1936, fue blanco de una inversión de casi 250 millones de euros, cuyo objetivo fue restaurar por completo sus estructuras. Desde luego, las mejores piernas del fútbol debían dar su espectáculo en un escenario acorde con su talento.

El 8 de enero de 2002, mientras el equipo Hertha Berlín realizaba una práctica de fútbol, las alarmas del Estadio Olímpico de Berlín anunciaron que algo no estaba bien. Los constructores del lugar, quienes trabajaban por hacer del estadio un sitio aún más moderno, encontraron –bajo una de las tribunas– una bomba de 250 kilogramos que databa de la Segunda Guerra Mundial. Los especialistas acordonaron el sitio y desactivaron el artefacto que, según las hipótesis más aceptadas, se había caído por error de un avión de guerra inglés, cuando la Alemania de Hitler era reducida por las fuerzas Aliadas. Los futbolistas del Hertha Berlín, valientes como los mismos oficiales antiexplosivos, siguieron entrenándose con normalidad en el estadio.

Luego, en 2004, según la editorial deportiva mexicana Mediotiempo, otro de los estadios en construcción para el Mundial de Alemania 2006 sufrió un percance relacionado con artefactos explosivos. Mientras el nuevo y majestuoso Estadio Allianz Arena, en Múnich, se encontraba en obras avanzadas, dos bombas de la Segunda Guerra Mundial fueron encontradas bajo su superficie. Para solucionar la situación intervinieron oficiales antiexplosivos, quienes cerraron la autopista principal más cercana por precaución.

Por si esto no fuese poco, una semana antes del inicio del Mundial de Alemania 2006, otra bomba fue hallada en el –reconstruido– Estadio Olímpico de Berlín. Un jardinero del lugar, quien trabajaba en el terreno del centro de prensa, alertó a las autoridades cuando encontró un artefacto explosivo dentro de las inmediaciones del escenario. Los periodistas y trabajadores del lugar fueron desalojados ante la emergencia, lo cual resultó fácil porque se hallaban bajo dos grandes carpas instaladas en un jardín. Keith Cooper, portavoz de la FIFA, aseguró que la situación era normal, pues se trataba de una de las ciudades más bombardeadas de la historia. Según la revista española XLSemanal, la cual indagó sobre el tema en 2010, en la actualidad quedan por lo menos 100 mil bombas de los Aliados enterradas en toda Alemania.

113 Luego del percance, los periodistas volvieron a la sala de prensa y prepararon el trabajo que empezaría dentro de poco y que duraría todo un mes. Desde luego, en Alemania 2006, lo único que estalló fue un espectáculo de buen fútbol, cuyos artistas inspiraban a encender el televisor y no apagarlo hasta ver cuál selección se proclamaba campeona. Y no era para menos: Pirlo, Henry, Ronaldo, Ronaldinho, Zidane, Cannavaro, David Villa, Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Francesco Totti, significaban una nómina de lujo para los fanáticos del balompié. Y lo mejor, todos luchando por su bandera, intentando hacerse con la Copa Mundial de Fútbol.