2.3 Existence of Hierarchical Clusterings
2.3.2 Upper Bounds on the Existence of a Hierarchical Clustering
En contraste con las turbulencias que se daban en el este de Europa, en Sudamérica los colombianos soñaban con acariciar la gloria. La selección de Colombia llegó a Estados Unidos 1994 favorita para levantar la Copa del Mundo. Su triunfo 0-5 contra Argentina, en el mismísimo Monumental de Núñez, sumado a una campaña sin derrotas en la fase clasificatoria, ubicó a los ‘cafeteros’ en un lugar privilegiado para levantar el máximo trofeo del fútbol. Además, Colombia contaba Carlos El ‘Pibe’ Valderrama, quien había sido escogido mejor jugador del continente por la prensa, llevándose consigo el premio ‘Rey de América de 1993’. El enganche colombiano, de melena rubia y bigote espeso, ganó la distinción por encima del brasileño Cafú y el compatriota Freddy Rincón.
Por si esto fuera poco, leyendas del fútbol de la talla de Pelé, Johan Cruyff y Franz Beckenbauer, señalaron a Colombia como máximo candidato a llevarse el Mundial. El triunfalismo debía respirarse cada segundo en el plantel dirigido por Francisco Maturana. A pesar del favoritismo colombiano, todo cambió en el debut ante Rumania. La selección europea goleó 3-1 a Colombia, con goles de Florin Răducioiu y el mítico Gheroghe Hagi. Lo que debía ser el primer escalón de un plantel destinado a ser campeón, fue el prólogo de una de las páginas más tristes del fútbol colombiano.
Como lo aseguró Gabriel Jaime ‘Barrabás’ Gómez, centrocampista colombiano, en una entrevista con la revista SoHo en 2014, los días siguientes a la derrota estuvieron marcados por el nerviosismo. La mañana de la charla técnica del duelo crucial contra Estados Unidos, Francisco Maturana había demorado casi media hora en aparecer, lo cual era extraño en el director técnico. Cuando ‘Barrabás’ Gómez lo buscó, el estratega estaba llorando. Francisco había recibido amenazas de muerte contra él, ‘Barrabás’ Gómez y la familia de ambos, todo porque “gente poderosa del fútbol” no quería que el volante jugará el segundo partido del Mundial.
Además, ‘Barrabas’ Gómez cuenta que su carrera dio vuelta tras las amenazas: “Eso vino de parte de Cali. Fue gente que estaba en el mismo hotel. En los televisores de los hoteles salían mensajes que uno recibía y ahí le llegó el mensaje a Pacho –Maturana–. Yo no le quería parar muchas bolas a eso, y les dije: ‘Yo juego’; en Colombia me habían amenazado muchas veces y no había pasado nada, pero Pacho llegó muy sentido y me dijo que no jugara. No hubo ni siquiera charla técnica, el equipo se bajonió, y entonces ahí decidí que no volvía a jugar fútbol”.
95 El 22 de junio, entre llantos y amenazas, Colombia enfrentó al seleccionado local de Estados Unidos. Entre los 94 mil espectadores estuvo ‘Barrabás’ Gómez, quien nunca más le dio patadas a un balón a nivel profesional.
Ambos equipos se jugaban el paso a segunda ronda del Mundial. A los 34’, el lateral americano Thomas Dooley recibió un cambio de frente al costado izquierdo del campo. Ante la pasividad del combinado colombiano, Dooley avanzó con el balón en diagonal hacia dentro y lanzó un pase rasante con destino al centro-delantero americano. Sin embargo, Andrés Escobar, defensor ‘cafetero’, en un intento por despejar la jugada, se lanzó en barrida y metió el balón en su propio arco. Autogol.
Óscar Córdoba, portero colombiano quien salió a cortar el pase, miró al cielo y se dejó caer mientras la pelota cruzaba el arco. Andrés Escobar, por su parte, se tomó la cabeza en el piso y se levantó, solo para mirar al cuerpo técnico y bajar su mirada al césped del Rose Bowl Stadium, en Los Ángeles. La Selección de Estados Unidos aprovechó el desconcierto colombiano y anotó otro gol empezando el segundo tiempo. Al final, los dirigidos por Francisco Maturana descontaron al 90’, pero eso de nada sirvió. Colombia salía eliminada del Mundial.
La Selección de Colombia venció 2-0 a Suiza cuatro días después, y así terminó su participación en Estados Unidos 1994. Andrés Escobar pidió unos días de descanso tras el Mundial y partió a su natal Medellín, donde jugaba para el Atlético Nacional. El 2 de julio, día en el cual se jugaron dos partidos por los octavos de final del Mundial, Andrés Escobar fue asesinado en el estacionamiento del Estadero El Indio, a las afueras de Medellín.
Según Jesús Albeiro Yepes, fiscal colombiano que llevó el caso, Andrés Escobar estaba junto a tres amigos en una discoteca cercana al Estadero El Indio, donde se tomaron una botella de aguardiente mientras hablaban de fútbol y de la vida. Dentro del lugar, Pedro y Santiago Gallón Henao, hermanos vinculados con el narcotráfico y paramilitarismo en Colombia, habrían matoneado al defensa central por su desempeño en Estados Unidos, gritándole “¡Autogol!, Andrés, ¡Autogol!”.
Andrés Escobar les pidió respeto, pues ante todo era un cabalero dentro y fuera de la cancha. Empero, minutos después en el Estadero El Indio, tanto el futbolista como los hermanos Gallón Henao siguieron discutiendo. El mayor de los hermanos, Santiago, amenazó a Escobar diciéndole que “no sabía con quién se estaba metiendo”. Cuando el escolta de los hermanos Gallón Henao, Humberto Muñoz, escuchó tal frase, no dudó en saciar sus ansias de violencia contra el futbolista. Andrés Escobar fue asesinado con seis tiros en la cabeza.
“Yo estaba entre el carro durmiendo esperando a mi patrón. Y después oí un alboroto y fue cuando vi mucha gente y al patrón mío por ahí... a un lado, y un carro azul parqueado... Yo pensé que de pronto era un tipo muy peligroso o algo así, entonces me asusté y le disparé, pero sin yo saber quién era”, confesó Humberto Muñoz.
Al funeral de Andrés Escobar asistieron decenas de miles de personas, entre ellas el entonces Presidente de Colombia, César Gaviria Trujillo. Los futbolistas de aquella selección de
96 Colombia buscaron refugio en guardaespaldas que los cuidaron de posible “gente poderosa del fútbol”, con igual o peor ánimo de venganza.
Andrés Escobar murió por la insensatez de un hombre, que desenfundó un arma en un momento de alta tensión. De repente, en el país empezaron a correr rumores de apuestas, narcotráfico o bandas armadas ilegales, lo cual tenía mucho sentido en Colombia: un país que canceló el campeonato nacional de 1989 por el asesinato del árbitro Álvaro Ortega, cuyo pecado fue invalidar un gol de chilena; un país cuyos equipos más importantes funcionaron como empresas fachadas para lavar dinero del narcotráfico; un país en el cual algunos exfutbolistas ganan la Copa Libertadores –como Jhon Viafara–, y fueron capturados por enviar droga en lanchas a Norteamérica.
El asesinato de Andrés Escobar le recordó al mundo los terribles problemas de Colombia, un territorio desigual en todos los niveles posibles, donde la cultura mafiosa impera en los sueños de los más pobres. El crimen contra el exfutbolista de Atlético Nacional fue la cereza de del pastel colombiano, que está agujereado por los disparos que son de guerra, pero que deberían ser de gol.