• No results found

The extent feedback has led to changes in professional practice

Es Lyotard (1987) quien introduce los términos relato y metarrelatos, para referirse a los discursos propios a nivel ideológico, social, político o científico en la modernidad. Es una narración argumentativa con pretensiones justificadas de creencias explicativas de instituciones, la sociedad o la cultura. Lo que caracteriza al metarrelato es su carácter político y totalizante, que busca la imposición de un punto de vista a una comunidad o sociedad específica como verdad absoluta develada. Por ello, en oposición al metarrelato aparecen los microrrelatos o narraciones literarias, cuya fuerza argumentativa proviene de la credibilidad que se genera dentro de un contexto específico, individualista e inmediato.

Los metarrelatos a que se refiere la condición posmoderna son aquellos que han marcado la modernidad: emancipación progresiva de la razón y de la libertad o catastrófica del trabajo (fuente de valor alienado en el capitalismo), enriquecimiento de toda la humanidad a través del progreso de la tecnociencia capitalista, e incluso, si se cuenta al cristianismo dentro de la modernidad (opuesto, por lo tanto, al clasicismo antiguo), salvación de las creaturas por medio de la conversión de las almas vía el relato crístico

del amor mártir. La filosofía de Hegel totaliza todos estos relatos y en este sentido, concentra en sí misma la modernidad especulativa (Lyotard, p. 29).

Por tanto, los metarrelatos son discursos propios, fundados por la fe absoluta en la razón y sustentados en el oscurantismo medieval y la necesidad de imponer las estructuras educativas de conocimiento al igual que los métodos de la ciencia como si fueran dogmas inquebrantables. Así, el principio de libertad se ha impuesto como dominante de las sociedades modernas, permitiendo que en su nombre se sometan sociedades enteras, aún en contra de sus propias tradiciones y cultura.

La modernidad que está marcada por los metarrelatos y que no son más que una autonomía progresiva de la razón y la libertad de independencia creciente del trabajo –basado en el capitalismo–, para el enriquecimiento de la humanidad a través del progreso de la tecnología y la innovación, inclusive, se tiene en cuenta al cristianismo dentro de la modernidad –opuesto a la tradición antigua–, contempla la salvación y la conversión de las almas, por medio del relato salvador cristiano del amor mártir y el sufrimiento. La filosofía de Hegel integra todos estos relatos y concentra en sí misma la modernidad especulativa (Lyotard).

Estos metarrelatos no son mitos en el sentido de fábulas; su finalidad es justificar las instituciones y las prácticas sociales, políticas, las leyes, la ética y la manera de pensar. Pero, a diferencia de los mitos, los metarrelatos no buscan la legitimidad en un acto originario inicial, sino en un futuro que se ha de producir, es decir, una Idea realizable – de libertad, de conocimiento, de colectivismo o de progreso–, posee un valor auténtico porque es universal, que orienta todas las realidades humanas y culturales, y da a la modernidad su característica fundamental; dicho proyecto, es el que Habermas considera aún inacabado y que debe ser retomado y renovado (Lyotard, 1987, p. 30).

Esa necesidad totalizante de los metarrelatos, que se impuso como dogma hasta mediados del siglo XX –perdiendo vigencia en la posmodernidad–, sustentados en su propia legitimación, redundó en sociedades unidimensionales y en formas de totalitarismo agobiante. Los metarrelatos son narraciones que están en todas las culturas y sociedades, y que tienen la

finalidad de dar una visión integrada y coherente, donde tengan explicación los diversos aspectos –a menudo contradictorios de la realidad–, y tienen la función de hacer aceptables las normas por las que se rige una sociedad o cultura y ejercen la función de dar cohesión al grupo y legitimar el sistema de valores e ideales de dichas sociedad o colectivo. Hay que dejar los metarrelatos como narraciones argumentativas, y develar su peligrosidad, porque detrás de estas se esconde el uniformismo total y la alienación del individuo (Lyotard).

Los metarrelatos han servido como instrumentos de justificación que permiten la comprensión de la realidad, entendida esta como si fuere una e indivisible; gracias a estos la modernidad se permitió dar sentido al mundo interpretando los sucesos bajo reglas y parámetros generales e igualitarios. Sin embargo, este alto grado de homogeneidad desdice de la complejidad que le es propia a la existencia y desconoce las múltiples historias significativas que se entretejen de bajo de dicha categoría de relato.

La realidad no se presenta de manera general y cada individuo y sociedad percibe el mundo de manera diferente, es por ello por lo que aparecen los microrrelatos –en la posmodernidad–, que revalidan la subjetividad, en contraposición a las verdades absolutas de los metarrelatos y sus preceptos universalizadores; es así como el hombre afirma su propia relevancia por medio de sus propias vivencias comprensión del mundo.

Los microrrelatos resultan narraciones particulares de vivencias y experiencias individuales, sin pretensiones de verdad o de racionalidad. Simplemente refieren a los conocimientos adquiridos dentro de un contexto específico, filtrados por la visión subjetiva del individuo. Así, los microrrelatos resultan fragmentarios e incidentarios ya que se nutren de la realidad en cómo se vive la vida. Al estar conectados con la vida, los microrrelatos se agotan con la existencia. Es decir que la realidad se vive en y para el presente, extinguiéndose toda ilusión utópica de un mundo trascendente e inmaculado. La esperanza en el futuro o la nostalgia por el pasado no pasan de ser fantasías inútiles que no permiten asimilar el presente inmediato. Por ello Lyotard sostiene que no hay nada que esperar; el punto final de la historia se agota con la existencia de cada individuo.

Si esto es así, la educación perdería todo su sentido. Los individuos limitarían sus narraciones a reproducir solamente sus propias experiencias y vivencias, lo que implicaría esencialmente una vuelta a los estados inferiores a la civilización. Las sociedades devendrían en pequeñas aldeas, aisladas unas de otras. Los metarrelatos en que se fundan los discursos de la posmodernidad desaparecerían sin dejar huella alguna en las futuras posibles sociedades.