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Extraction and Evaluation

2.3 Data Collection

2.3.4 Extraction and Evaluation

El método cartográfico es una variante del conteo directo. Haciendo uso de un Sistema de Información Geográfica (GIS), localizamos individuos, grupos de individuos o nidos/madrigueras al objeto de diferenciarlos entre sí, hábitats potenciales, etc. A través de la acumulación de información sobre su distribución espacial, sabremos a posteriori cuántos hay.

Los métodos de manejo de población actúan sobre las capturas de una parte de los individuos de las poblaciones cinegéticas. Pueden ser los siguientes:

ƒ Capturas acumuladas: es el más viable en la realidad. Aquí partimos de las capturas que declaran los

cazadores de forma anual separando las diferentes modalidades de caza.

ƒ Manejo de índices: se basa en el manejo de “índices de abundancia” antes y después de producirse la

caza.

ƒ Marcaje y recaptura: consiste en “marcar” algunos individuos de la población en estudio. Luego se

calculan los que se “recapturan”. De estos dos valores se calcula el coeficiente de detectabilidad/capturabilidad y, con él, saber cuál es la población real. Existen dos variantes: el método de Petersen para poblaciones cerradas, y el método de Bailey para poblaciones abiertas.

Los métodos de estimas de tamaño o densidad buscan la caracterización del número de individuos en cada unidad de inventario o rodal, al objeto de calcular la media y, por extrapolación, el tamaño de la población. Tenemos los siguientes tipos:

ƒ Itinerarios de censo: consiste en registrar los individuos marcados a lo largo de una línea de

progresión del observador que, a medida que avanza, anota la distancia a la que los animales son observados.

ƒ Batidas: consiste en delimitar un área rodeada de observadores que es barrida sistemáticamente por

una línea de batidores. Los animales censados son registrados por los observadores al abandonar el área censada. Se aplica a grandes mamíferos en medios forestales y es uno de los más fiables, aunque también de los más caros.

ƒ Restos fecales: este seguimiento se hace delimitando zonas de muestreo, limpiando los restos fecales

y tras un determinado tiempo, volviendo a contar los que han aparecido.

Otro tipo de métodos son aquellos que sólo persiguen la obtención del índice de abundancia sin preocuparse de ninguna estrategia que les permita conocer el tamaño de la población o su densidad. La lógica de su aplicación consiste en controlar el esfuerzo aplicado a la obtención de una serie de registros, así como en asumir la constancia de todas las variables determinantes de los coeficientes de capturabilidad y detectabilidad. Tenemos dos tipos:

ƒ Observación directa: aplicable a especies animales fácilmente detectables visual y auditivamente. No

es el caso de las cinegéticas.

ƒ Capturas y huellas: obteniendo índices de abundancia mediante la aplicación de un “esfuerzo de caza”

controlado desde dos aproximaciones diferentes:

a) Índices obtenidos a partir de los resultados aportados por la aplicación sistemática de diferentes modalidades de caza y normas de aprovechamiento.

b) Número de capturas aportados por cada cazador en un espacio cinegético de forma anual y por modalidad de caza.

Los parámetros utilizados con estos métodos son:

a) Tamaño de la población (N): es el número de individuos que ocupa una determinada zona (por

ejemplo, en un coto hay 250 perdices).

b) Densidad de una población (d): es el número de individuos por unidad de superficie (por ejemplo, en

un coto hay 2,5 perdices/Ha).

c) Superficie del coto (S): en hectáreas. Entonces tendremos que:

·

d) Índice de abundancia (I): es una cantidad que refleja las variaciones temporales o espaciales del

tamaño (N) o la densidad (d) o de una población, pero que no estima esos parámetros.

· , ·

En nuestro caso, I es el número de animales detectados aplicando un esfuerzo dado, y K es la proporción de los N (o d) individuos detectados. En los conteos directos se asume que el número de animales detectados es igual al número de animales existente en la población censada. Es decir, K = 1. Entonces:

Las variaciones de I nos permitirán conocer, sobre la base de controlar K, las variaciones de N. Por ejemplo, si a igualdad de esfuerzo de caza se capturan 180 perdices en una temporada, y 90 en la siguiente, podemos suponer que la población se ha reducido a la mitad. Se define K como la

detectabilidad o capturabilidad de una población, es decir, la proporción de animales detectables por

observación directa o capturables mediante algún método adecuado. Depende de la eficacia del observador (a), del comportamiento de la especie (b), de las condiciones del medio (c) y del esfuerzo que aplicamos en la búsqueda o captura de los animales en el área censada (d).

, , ,

El Índice Kilométrico de Abundancia (IKA) es el número de animales detectados u observados por kilómetro recorrido.

El tratamiento real a efectos de censo, muestreo o cálculo de existencias que debemos dar a las especies

cinegéticas dentro del Proyecto, debe contemplar las dificultades propias a las que se enfrenta el técnico por la

enorme complejidad que supone trabajar con este tipo de fauna:

ƒ La pérdida de proporción entre el coste y el esfuerzo exigidos por el censo y la fiabilidad de los resultados obtenidos.

ƒ La diferencia entre las técnicas de muestreo y las técnicas de caza: el factor “observador”. El tipo de observador condicionará mucho la obtención de resultados en la mayoría de los métodos de censo. ƒ La utilización de censos inadecuados para especies migratorias (zorzales, becadas, palomas torcaces,

codornices, tórtolas, acuáticas, etc).

ƒ Las áreas de muestreo en muchas ocasiones no son las propias de la población: no coinciden las “unidades ecológicas” con las “unidades de gestión”.

En el apartado anterior habíamos concluido que los métodos de censo para el cálculo de existencias más utilizados en la actualidad eran dos: los itinerarios de censo y el análisis de capturas. En la tabla siguiente se expone su evaluación.

Tabla 46. Evaluación de los métodos de censo más utilizados actualmente.  

Métodos de Censo Evaluación

Estimas de tamaño o densidad:

Itinerarios de censo

Descartado por los sesgos/errores que produce, que son graves: “son animales de caza porque no se dejan contar”

Aceptado por su sencillez de aplicación, aunque si realmente se ejecuta, es costoso en proporción al precio medio del Proyecto, por lo que no llega a ejecutarse en la realidad y los datos terminan siendo inventados y ajustados a las densidades que el técnico quiere obtener para justificar presiones de caza superiores a las reales: “que salga lo que queremos que salga”.

Índices de abundancia: Capturas

Sigue un protocolo de investigación heurística (ensayo - error) que se aproxima más a la realidad y nos permitirá planificar correctamente.

El coste es mínimo, sólo exige que un conocimiento de la técnica y que el técnico esté

altamente especializado en materia de caza.

A continuación se describen los errores en los diferentes métodos de censo aplicados en la actualidad por los técnicos en sus Proyectos y exigidos por algunas Comunidades Autónomas, errores que nos obligarán a descartar por completo entre otros el más utilizado de ellos, los itinerarios de censo, para la Certificación de la Calidad Cinegética:

ƒ Errores típicos en itinerarios desde vehículos. ƒ Errores típicos en itinerarios a pie.

ƒ Errores típicos con observadores fijos. ƒ Errores típicos entre estaciones.

Los errores típicos en itinerarios desde vehículos son los siguientes: ¾ La red de caminos y pistas forestales suele ser insuficiente e inaccesible.

¾ La banda de recuento alrededor del camino o pista forestal no guarda correlación en su trazado con la distribución superficial de los animales.

¾ Las rutas de los vehículos no son sucesos neutros para las especies cinegéticas y, en consecuencia, condicionan los resultados de muestreo.

¾ Los animales se muestran o no, y por consiguiente se contabilizan o no, en función de factores muchas veces incontrolables (período, climatología, estación, disponibilidad de alimento, celo, etc).

¾ En el transcurso de la temporada de caza los animales se concentran en reservas y zonas de seguridad, cunetas de caminos, etc. Cuando termina la caza, vuelven a dispersarse. El efecto contrario lo harían el paso de otros vehículos antes que el nuestro, o el de los furtivos o viandantes paseando perros.

¾ Los animales suelen salir a los caminos en situaciones meteorológicas concretas. Por ejemplo, en verano hay muchas perdices porque las madres sacan a los pollos a los caminos para comer insectos, refrescarse y bañarse en polvo. También salen tras fuertes lluvias para secarse y airearse.

¾ Cuando los caminos actúan como “bordes de ecotonos” (por ejemplo la transición entre monte y cultivos de cereal), hay mayor número de animales en ellos, pero esto no quiere decir que la densidad media sea tan alta: simplemente que están más concentrados en estas zonas.

¾ Los animales se muestran más fácilmente en períodos de celo y en tiempos de crisis de alimento y de enfermedad.

¾ Los conteos nocturnos sólo valen para algunas especies, y muchas veces la fase lunar tiene una influencia decisiva. Se trata de conteos muy pobres y muy limitados.

Los errores típicos en itinerarios a pie son los siguientes:

¾ Igual que los anteriores, ignorar que el observador no es un suceso neutro para los animales, es decir, prescindir de la más notable capacidad de defensa-huída-ocultación (difidencia) de los animales. Los animales identifican al observador con prontitud y, como suceso imprevisto y no neutro que este es, huyen rápidamente del mismo ocultándose a su observación. De hecho, los animales desconfían más de una persona a pie que de un vehículo.

¾ El efecto de huída y ocultación es tanto mayor cuanto más se separe el observador del aspecto y comportamiento común de los “conocidos” por los animales (guarda, agricultores, etc), o de las rutas que las personas frecuentan (caminos). Por ejemplo, las liebres suelen encamarse en las cunetas, pero saltarán del encame si alguien entra a pie por dentro del barbecho que está pegado a la cuneta, ya que identifican esta conducta como “anormal”.

¾ Los animales conocen sus zonas de escape y ocultación, ocultándose a la vista del observador con rapidez y seguridad, incluso tienden a ocultarse por zonas del monte o campo por los que nunca un observador pasaría.

¾ Los animales se adaptan en función de los riesgos de cada lugar y cada momento. Así, por ejemplo, las liebres y perdices se ocultan en período de caza dentro de los emparrados de vid, y salen cuando esta termina a los barbechos y cereales.

¾ Los animales suelen alterar estacionalmente sus comportamientos gregarios. Por ejemplo, las perdices se desagregan del bando cuando comienza la temporada de caza, mezclándose al final de esta. El conejo joven tras la primavera es expulsado por los adultos de los cados conejeros donde se crió para colonizar otras zonas menos favorables; además, esto unido a su falta de “experiencia”, lo convierte en víctima propiciatoria los primeros días de caza de descaste o control en junio y julio.

Los errores típicos con observadores fijos son los siguientes:

¾ El observador sólo ve los animales que se muestran ante él, y no aquellos que lo han detectado, o que son recelosos de las zonas abiertas y la luz.

¾ El comportamiento normal de los animales varía en función de la especie, la clase de animal, la carga, la calidad y estado fenológico de los pastos, etc. En especies de caza mayor, suelen obtenerse resultados como los siguientes: los machos contados tienen una escasa edad, las hembras son muchas en relación a los machos y se reproducen mucho; o por el contrario muy poco, en relación a las situaciones normales. Este tipo de resultados llegan a determinar relaciones de sexos imposibles biológicamente y tasas de reproducción inviables o que llevarían a la extinción rápida de la especie. ¾ La segregación espacial entre sexos y edades dificulta estos conteos: cada especie, tanto de caza

mayor como de caza menor, es muy diferente.

¾ La relación entre dos conteos con igual técnica, ni tan siquiera llega a poder señalar la variación real de las existencias habidas en el intervalo entre ambos. Por ejemplo, si en el monte pueden comer 8 ciervos y hay 10, saldrán 2; cuando haya 12 saldrán 4, y contaremos el doble, pero no habrá el doble, sino tan sólo un 20% más. Si se celebran monterías o batidas, los resultados de éstas pondrán en evidencia esta afirmación.

¾ El efecto pastoral también produce muchos errores. Este es el caso del conejo y del jabalí, que es típico que se alimenten en el punto de mayor calidad de alimento en cada momento. Por ello, según este se presente en cada ocasión en el monte cerrado, entre los arbustos, o en los pastos limpios o rastrojeras, contabilizaremos un número diferente de animales, cuando tan sólo presentarán una mayor o menor visibilidad en su pastadero actual por esa razón de calidad pastoral instantánea.

¾ Finalmente, ni la pirámide poblacional (como hemos visto las distintas edades y sexos tienen diferentes comportamientos espaciales y visuales), ni tan siquiera la variación numérica de la población, son bien cuantificables y, sin embargo, se insiste erróneamente en trabajar así en muchos trabajos.

Los errores típicos entre estaciones son los siguientes:

¾ La evolución de los cultivos modifica las visualizaciones. Por ejemplo, los animales son más visibles tras las cosechas de cereal o en las primeras etapas de siembra, etc.

¾ Las labores agrícolas condicionan la ubicación de los animales. Por ejemplo, el alzado otoñal de los barbechos hace aumentar las liebres en las cunetas y bordes del monte colindante cuando, realmente no hay un incremento real de los animales.

¾ El paso del ganado desplaza a los animales, especialmente las reses de caza mayor al consumir su alimento o por simple ahuyentamiento.

¾ Las oscilaciones en las disponibilidades de alimento entre años o dentro del año suelen ser más sensibles que las mismas variaciones numéricas de la población. El alimento condiciona que podamos visualizarlos. Así, en lugares, momentos, estaciones o años favorables, los animales se muestran siempre proporcionalmente en menor número, cuando realmente hay más.

¾ El clima condiciona sus desplazamientos. Así, por ejemplo, las liebres no suelen refugiarse en los pinares y, cuando llegan las primeras heladas, comienzan a refugiarse en ellos. Las nieves condicionan el cambio de pastadero de ciervos y gamos. Los conejos se encierran con fríos intensos, lluvias o fuertes vientos; y salen del cado en función del viento, la lluvia, del día soleado o de la simple humedad del cado acumulada por las lluvias pasadas. Todas estas circunstancias meteorológicas concretas en el momento del conteo, e incluso en días anteriores, pueden afectar severamente a estas cuantificaciones.

¾ El estado fisiológico condiciona las observaciones. Por ejemplo, es típico dejar de ver a los corzos machos tras el celo, pues se ocultan tras el celo para recuperarse, igual que les pasa a los ciervos machos mientras sus cuernas rebrotan y crecen. El conejo, la liebre o la perdiz se visualizan con relativa facilidad en el celo.

¾ Los animales se muestran menos en temporada de caza que en otros periodos de mayor tranquilidad para ellos, incluso llegando a cambiar sus zonas habituales por efecto de la caza. Por ejemplo, las liebres galgueadas encaman en los perdederos, los conejos muy cazados permanecen durante todo el día en cados, las palomas abandonan los dormideros tiroteados, etc. En todo esto, especial capacidad para elegir lugares seguros tienen las migratorias, mucho menos ligadas a las querencias concretas que las especies sedentarias, así como las especies de caza mayor.

Los errores anteriores tienen un elemento en común: el nivel de difidencia (ocultación, huída) de los animales frente a sus observadores, que es mucho más elevado de lo que pueda llegar a pensarse. El coeficiente de

difidencia es el cociente entre la población real y los resultados de muestreo. Se trata de un sesgo siempre

existente y siempre inevitable.

Concluyendo, los errores más comunes en los censos actuales se deben a que no se tiene suficientemente en cuenta que el observador no es un suceso neutro y que además es siempre inoportuno: