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A veces siento, cuando estoy en el chiquero alimentando a los cerdos
siento mucha hambre y frío soledad y un gran vacío
siento, que ya no tengo ganas de seguir viviendo. Pero de pronto, me sorprende un pensamiento
que me da fuerzas y aliento:
Pienso, qué es lo que hago aquí sufriendo si a ti te sobran los afectos
y entonces me levanto y digo…
CIERTO, CÓMO PUDE OLVIDAR ESO QUE SOY EL HIJO DE UN REY TIERNO CIERTO QUE YO SOY TU PREDILECTO Y QUE A TUS OJOS YO SOY EL MEJOR
CIERTO QUE SOY PRÍNCIPE
CIERTO, QUE EN TU CASA HAY ALIMENTO QUE SOY EL HIJO DE LA BENDICIÓN CIERTO, QUE YO SOY TU PREDILECTO
Y QUE A TUS OJOS YO SOY EL MEJOR CIERTO QUE SOY PRÍNCIPE
MMJ producciones. 2006
Álbum: “Soy tu guardián”
En el fondo está el resorte
La expresión finalmente que coloca Lucas, es muy significativa. Existen ocasiones en que reaccionamos luego de golpearnos la cabeza contra la pared. Los hombres somos a veces tan necios que no nos damos cuenta de las cosas hasta no golpearnos duramente con la realidad. Cuántos casos conocemos de gente que descubre lo mal que está recién cuando se dio cuenta que perdió su familia y su trabajo por ese vicio, por esa infidelidad, por esa actitud. Cuánta gente que se deja maltratar toda la vida por el otro hasta que un día, finalmente, reacciona a causa de un violento sacudón que le da la vida.
Pero lo maravilloso de este finalmente de la parábola es la enseñanza esperanzadora que nos deja. En el fondo hay un resorte que nos puede hacer llegar más lejos aún de lo que estábamos antes. Y detrás de ello está Dios, que pudiendo impedir que lleguemos hasta el fondo deja a nuestra libertad la elección de llegar hasta las últimas consecuencias; quizás lo permite por ser el inventor de este principio, en el fondo está el resorte. Él sabe de lo duro que somos de corazón, por eso ha ideado este plan de dejarnos golpear para que reaccionemos y lleguemos a lugares que jamás hemos imaginado.
Esto es lo que vivió el joven de la parábola. Quizás muchos se preguntan por qué razón el padre
no salió a buscarlo a ese país lejano, o por qué si lo amaba tanto no le mandó con sus servidores una canasta de alimentos. Quizás sea porque sabía bien que su hijo debía darse cuenta solo de lo mal que estaba. Y no se daría cuenta hasta no llegar hasta las últimas consecuencias, envidiar a los cerdos. Llevarle comida o ir a buscarlo lo podría haber perpetuado en ese chiquero. Debía esperar su regreso, aún con el corazón destrozado cada día hasta que eso sucediera. Tiene que ver, en definitiva, con el respeto a la libertad de su hijo de volver libremente; debía elegir por sí mismo volver; al fin ya al cabo, esta libertad era el único retazo de dignidad que le quedaba al hijo pródigo en su estadía en aquel país lejano. Esa libertad lo llevaría hasta el resorte.
Y el final de la historia nos demuestra la verdad de este principio, el resorte impulsó al joven no sólo a volver a su hogar, sino a encontrarse con un padre al que jamás había conocido bien; alcanzó una gloria mayor que la que tenía antes que partir; descubrió el amor que nunca antes había experimentado, y que, después de venir de un chiquero se valora aún más.
Quizás vos que estás leyendo este libro estás viviendo la tragedia de ver cómo se está golpeando un ser querido al ir por ese mal camino. Entrégale la causa a Dios, Él es especialista en resortes al final de las situaciones. Confía en Él; si el diablo es poderoso, Dios es TODOPODEROSO para cambiar esa situación de lamento en fiesta.
El discurso para un desconocido Luego de recordar quién era, el hijo pródigo toma papel y tinta y comienza a elaborar un discurso para que su padre lo acepte. Tantos años en el país lejano de la escasez y la necesidad habían provocado en él una mentalidad de esclavo, de mendigo. Se había acostumbrado a pedir por favor una oportunidad, a tener que hacer cosas para que lo quieran. Y lo mismo quiere hacer con su padre, el plan consiste en decirle palabras lo suficientemente convincentes como para que lo vuelva a aceptar en su palacio, ya nunca más como hijo, pero “al menos” como empleado suyo. Al fin y al cabo, ya se había acostumbrado a mendigar las migajas más absurdas que se puedan mendigar, como lo eran las algarrobas de los cerdos. ¿Qué más da mendigarle una migaja a quien tantas veces me llevó en sus brazos jugando con mi pelo mientras me paseaba por aquel magnífico palacio? Ya no había nada más que perder, pues de hecho no tenía más salida…el próximo paso se llamaba muerte.
Entonces empieza a escribir cómo sería el
discurso: “Padre, he pecado contra Dios y contra ti. Ya no
merezco ser llamado hijo tuyo. Trátame como a uno de tus asalariados.”
Jesús da a entender algo en este discurso: el muchacho no tiene idea de quién es su padre. Este discurso que preparó revela la ignorancia que había en él acerca de su progenitor. Pensaba que su padre ya se habría olvidado de él; que el paso de los años habría endurecido el corazón de aquel rey; que seguramente le habrían llegado las noticias de su mal
comportamiento entre prostitutas; que jamás le perdonaría el haberlo tratado como si estuviese muerto.
Todos los años que había pasado al lado de su padre no fueron suficientes para llegar a conocerlo personalmente, conocer su corazón, su AMOR. De la misma manera nos pasa a veces a los cristianos que creemos conocer bien a Dios, pero ciertos comportamientos nuestros nos revelan que no es así. Somos ignorantes como el hijo pródigo cada vez que cumplimos con ciertos ritos (procesiones, misas, novenas, rosarios, etc.) por miedo a que Dios nos castigue; por miedo a que deje de querernos. No conocemos el Amor de Dios, y por eso queremos satisfacerle con sacrificios. Cuántos cristianos tenemos una larga trayectoria en la Iglesia y le servimos con devoción y sinceridad, pero estamos vaciados de conocimiento de Dios. El Señor nos grita en su Palabra: “Me gusta más el amor que los
sacrificios, y el conocimiento de Dios más que víctimas consumidas por el fuego” (Os 6, 6).
Cuántas prácticas nuestras revelan esa falta de conocimiento de Dios. “Si no toco esa imagen me va
a ir mal” “Si no rezo esa oración me va a ir mal” “Si no hago la oración a esa hora exacta que prometí me va a odiar Dios” “Si no le prendo la velita a todos y cada una de las imágenes me puede suceder una desgracia”…
El conocimiento de Dios es lo que está a punto de experimentar el joven pródigo. El Dios que vos
y yo necesitamos conocer tiene un abrazo que solo se puede experimentar, no se lo puede
escuchando testimonios de otros, ni realizando grandes sacrificios. El Santo Padre Benedicto XVI lo expresa con claridad en su primera encíclica: “No se
comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da nuevo horizonte a la vida, y con ello, una orientación
decisiva”19
Esta es la gran cuestión, no es suficiente querer volver al hogar, es necesario pasar del campo de las palabras y de las ideas al campo de la acción. Es necesario levantarse y volver al hogar.
El retorno al hogar
“Se levantó, pues, y se fue donde su padre.”
No es suficiente tener un buen pensamiento, una buena idea, es necesario llevarla a cabo, pasar de la idea a la acción, de la teoría a la práctica. Esto mismo es lo que hizo el joven de la parábola; un día, finalmente, después de tanto tiempo de vagar en ese país lejano, decide regresar. Y todo comienza con una pequeña acción: LEVANTARSE.
La expresión “Se levantó…” tiene una profunda significancia en esta preciosa novela de amor. Tiene que ver con dejar de estar arrodillado en ese chiquero; tiene que ver con ponerse de pie y saberse superior que esas criaturas sin raciocinio; tiene que ver con recuperar la autoestima tan dañada que tenía. Existen tantas ocasiones en nuestras vidas en
que necesitamos levantarnos de ese sitio en el que por tanto tiempo hemos permanecido arrodillados, tirados, abatidos, derrotados.
¿Cuáles serán las situaciones que en este preciso instante, mientras lees esta página del libro, necesitas dejar de lado para volver a ponerte de pie? Quizás necesites acabar con un hábito oculto que te está abofeteando en la intimidad, un maldito monstruo crónico que te tiene esclavizado hace años y no te deja vivir en paz.
Algunos de estos hábitos tienen nombres propios y suelen generar una obsesiva dependencia compulsiva, se les llama masturbación, pornografía,
drogadicción, alcoholismo, fornicación, adulterio, etc. LEVÁNTATE…vuelve a tu hogar…tu Papá te está
esperando.
Quizás tengas que renunciar a una relación que te está haciendo daño, que te menoscaba la dignidad. Quizás a lo que debas renunciar es a esa postura que tienes frente a tu pareja, o a tus amigos, o compañeros; postura de sumisión absoluta, de dejar que te griten, que te denigren, que te humillen públicamente, que te agredan física y verbalmente, etc. LEVÁNTATE…vuelve a tu hogar…tu Papá te está esperando.
Hoy es el día
Quizás tengas que dejar de lado esa vida sin Dios que estás llevando desde hace ya un tiempo. De seguro hoy es el día más propicio para que empaques
tus maletas de Cerdos City donde tan cómodo te
instalaste a vivir un día. Hoy es el día.20
Hoy es el día de volver a buscar el rostro de Dios en la intimidad de la oración personal. Hoy es el día de volver a esos minutos diarios de oración que tanta gracia te dieron en su momento.
Hoy es el día de recuperar el hábito maravilloso de recibir a Jesús en la Eucaristía, de volver a celebrar la Misa, de volver a confesarte…de volver a tu hogar.
Hoy es el día de volver a leer la Palabra de Dios, de limpiarle las telarañas a tu Biblia, de desempolvarla y volver a escuchar a Dios como lo hacías antes.
Hoy es el día para volver a tu comunidad de donde jamás te debieras haber marchado; pues has comprobado que sin una cobertura espiritual somos presas fáciles del enemigo, y además, somos un simple fosforito aislado, pudiendo ser una llamarada al estar unidos a los demás leños. Jesucristo te necesita; necesita de tus talentos, esos talentos que has estado malgastando para presumir, para que te quieran, para que te aplaudan, para satisfacer tus propios placeres y egoísmos. Eres muy útil para la
20 Muchas veces demoramos nuestro regreso a Dios, sin darnos cuenta que vivir con una pobre imagen de nosotros mismos, con una permanente inseguridad, con tantas carencias afectivas, nos dañan en varias áreas de nuestras vidas; no nos permiten relacionarnos correctamente con los demás, pues todo lo vemos a través de nuestras heridas; no podemos recibir ningún comentario nuestro sin que nos exaspere, vivimos en permanente contienda con los demás, no podemos tener relaciones personales pacíficas, sino que siempre estamos histéricos y demandando más del otro, poniendo sobre su vida una expectativa demasiada alta para poder satisfacer. En el caso de relaciones amorosas, es fácil que todo termine en una gran crisis, pues pretendemos que el otro sea todo lo que hemos perdido en nuestra vida: padre, madre, amigo/a, guía espiritual, etc.
Pero además, vivir así, sin el Amor de Dios, afecta nuestro futuro, porque no podremos llegar a ser todo lo que podríamos llegar a ser con esa carga de heridas emocionales y esa falta de estima personal; lamentablemente nuestro destino, nuestros sueños, se verán opacados de seguir viviendo así.
edificación del Reino, Jesús y tu comunidad te necesitan. Vuelve a tu hogar…hoy es el día.
2. Cuánto he esperado este momento
“Estaba aún lejos, cuando su padre lo vio y sintió compasión…”
Lc 15, 20b
De los más de treinta y cinco mil versículos que contiene la Palabra de Dios, éste, el 20b de Lucas 15 es el más sublime a mi modo de ver. Este es el versículo magno de toda la Biblia para mí; si me dieran a elegir un solo versículo de todas las Sagradas Escrituras para predicar el resto de mi vida elegiría este sin dudarlo un solo segundo. Y tal vez te suene muy subjetiva mi opinión, pero me es menester aclararlo antes de comenzar este segundo capítulo de la segunda parte, para que entiendas la importancia que le doy a esta parte del libro que vas a comenzar a leer.
Los próximos dos capítulos son la razón de ser de todo este libro; son los capítulos claves, esenciales, los capítulos centrales que no puedes dejar de leer. Acompáñame un poco más y lo comprobarás.
La noche del 5 de octubre de 1995 cuando me abracé con el Señor, aquella canción de Martín Valverde “Nadie te ama como yo” me impactó desde el primer verso de la canción: “Cuánto he esperado
Alguien me estaba esperando ya era para mí tan desconcertante. Esa es la espera que vivió el padre del hijo pródigo y que vive nuestro Padre del cielo cada vez que nos alejamos de su Presencia. De esta espera quisiera compartirte en este capítulo.
Asomado desde el balcón
“Estaba aún lejos, cuando su padre lo vio y sintió compasión…”
El hijo pródigo decide volver, se levanta de un salto del chiquero y regresa al hogar. ¿Cuántas cosas le estarían dando vuelta por la cabeza en ese eterno viaje de retorno a su hogar? Lo único que llevaba apretado entre sus dedos era el discurso que había preparado para que su padre lo recibiera como trabajador.
Puedo imaginarme al hijo temblando cada vez más a medida que se va acercando a la casa de su padre; y no es un temblor de frío solamente, sino sobretodo de miedo, de terror de que su padre lo
rechace, lo reprenda, lo castigue.21
21 Este tipo de miedo es algo que no existía cuando el muchacho estaba en su hogar, fue algo que aprendió a tener en el país lejano, en el chiquero. Lejos de Dios acumulamos miedo tras miedo; es incalculable la cantidad de miedos que nos mete Satanás para destruir nuestra imagen divina: miedo a sufrir, miedo a ser felices, miedo a no agradar a los demás, miedo a que no me acepten como soy, miedo a que me olviden, miedo a que me traicionen, miedo a que me abandonen, miedo al qué dirán, miedo a no triunfar, miedo a no aprobar ese examen; miedo a la enfermedad, a la muerte, a la soledad, a la rutina, al fracaso, a la pobreza, a la desilusión, al pecado, al castigo, al rechazo, etc. Vos y yo vivimos en ocasiones con esos miedos; hoy es un día excelente para destruirlos en la Presencia amorosa de Dios; de un Dios que no nos quiere ver con miedos, sino con libertad: “No vuelvan al miedo, ustedes no recibieron un espíritu de
esclavos, sino el espíritu propio de los hijos, que nos permite gritar: ¡Abbá!, o sea ¡Papá!” (Rom 8, 15; Cf. 2 Tim 1, 7)
Hacía unos años que se había marchado sin saludar y dando un portazo vehemente sobre las espaldas de quien toda su vida lo había amado profundamente. Me gusta suponer algunas de las preguntas que en esos kilómetros próximos a la casa de su padre se habría estado haciendo el joven pródigo:
“¿Qué reacción tendrá mi padre cuando uno de sus criados entre a su recinto a avisarle que volví?”
“¿Podrá perdonarme todo el mal que le he hecho?”
“¿Se acordará de mí todavía?”
“¿Aceptará mi propuesta de trabajar como el peor pago de sus sirvientes? ¿Y si me expulsa a las patadas?
Pero de pronto sucede lo absolutamente inesperado. Jesús nombra un detalle maravilloso:
“Estaba aún lejos cuando su padre lo vio”. Esto
significa que lo estaba esperando; que mañana, siesta, tarde y noche se asomaba repetidas veces con los ojos llorosos a mirar desde su balcón si regresaba su hijo, su bebé, su amado…su chiquito que hacía tanto tiempo se había alejado de sus brazos. Cuentan sus criados que lo encontraron más de mil veces asomado desde ese balcón con la mirada perdida en el horizonte.
Y una tarde, una bendita tarde sucede el milagro más glorioso. Me gusta imaginar para cuando sea director de cine que se trata de un atardecer rojizo, como el de la tapa del libro. De pronto, se vuelven a cruzar a lo lejos las miradas. Vamos a analizarlo desde las dos miradas.
El hijo no puede creer lo que ven sus ojos, se le empiezan a romper los esquemas; Él creía que su padre estaría en su recámara hamacándose en su reposera, pero lo ve de pie allí, en el mismo lugar donde estaba parado cuando lo vio partir de casa. De pronto, se le escapa una lágrima que corre por sus congeladas mejillas. “No puede ser…me estaba
esperando” Se dice asimismo mientras se seca las
lágrimas que corren por su rostro. Cuánto hacía que alguien no lo estaba esperando; cuánto tiempo de esperar que los cerdos aunque sea lo miraran sin conseguirlo.
En ese cruce de miradas a lo lejos, el hijo acaba de descubrir una verdad que cambiará para siempre su idea acerca del amor; acaba de descubrir que su padre no había dejado de esperar su regreso; en el abrazo que recibirá posteriormente descubrirá que la pasión con que lo abraza es un indicador de cuánta ansiedad tenía su padre de este reencuentro. Sus esquemas comienzan a desmoronarse…no es el padre que pensaba encontrar.
El padre, ¿Qué decir del padre? Solo quien ha perdido a un hijo debe comprender bien lo que el padre habrá experimentado dentro de él en ese instante en que lo ve volver a su hijo. No había podido volver a sonreír auténticamente desde que su hijito se marchó; nunca más pudo volver a descansar bien, dando vueltas en su cama con la foto de su bebé entre sus manos; no pudo volver a comer en paz, sus entrañas se le removían pensando dónde estaría revolcado su hijo sufriendo el frío y el hambre en un país lejano. Su vida de seguro habrá seguido igual, pero por dentro la angustia lo tenía paralizado.
Pero ese atardecer, como lo había hecho millones de veces ya, se asoma a ver en el horizonte si su hijo quizás regrese a su hogar. Y de repente logra divisar su figura sombreada delante del ocultamiento del sol. Soñó mil veces este momento; no es un